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martes, 23 de enero de 2018

En poco más de un año se cumple la profecía del Cardenal Zen: la Santa Sede pide renunciar a un obispo católico para que ocupe su puesto uno cismático elegido por el gobierno comunista chino

Hace poco más de un año, en diciembre de 2016, el máximo representante de la Iglesia Católica en China, S. E. R. Joseph S.R.E. Card. Zen Ze-kiun, S.D.B., Arzobispo emérito de Hong Kong (China), escandalizado por la Ostpolitik vaticana, resucitada después de cuatro décadas, y el posible acuerdo de la Santa Sede con el gobierno comunista chino, legó a afirmar que si Francisco concedía al gobierno del Partido Comunista Chino la facultad de elegir obispos, "traicionaría a Cristo" (ver aquí).

Y parece que el tiempo le va dando la razón: según ha informado Asia News, y recoge Infocatólica, por segunda vez en tres meses, la Santa Sede ha pedido la renuncia a S. E. Mons. Zhuang, Obispo católico ordenado secretamente en 2006 con la aprobación del Vaticano; ordenación que no reconoce el gobierno chino, que apoya al obispo excomulgado Mons. José Huang Bingzhang, miembro de la Asamblea nacional del pueblo (el parlamento chino).

La Santa Sede está a punto de reconocer al obispo excomulgado. AsiaNews, a través de una fuente eclesiástica que prefiere mantenerse anónima, ha informado de que una delegación de la Santa Sede ha viajado a China con el objetivo de alcanzar un acuerdo con el gobierno comunista para lograr que Mons. Huang, el obispo ilegítimo, se convierta en el obispo ordinario de la diócesis, forzndo a S. E. Mons. Zhuang a retirarse. "Mons. Zhuang, al volver a escuchar la petición rompió a llorar", según dicha fuente. Un obispo chino, que pidió mantenerse en el anonimato, dijo a AsiaNews que el Vaticano les ha pedido una opinión acerca de Mons. Huang. "No sé cómo irá a terminar todo esto, pero ésta me parece una solución horrible", agregó.

El Cardenal Joseph Zen ha confirmado las noticias recogidas por AsiaNews. Por lo visto, mientras S. E. Mons. Zhuang era interrogado en Beijing, la delegación vaticana de desplazó hacia el sur del país para reunirse con Mons. Vicente Zhan Silu, uno de los siete obispos ilícitos que aguardan el reconocimiento del Vaticano. Fuentes locales afirman que al obispo ordinario de Mindong, Mons. José Guo Xijin, de la Iglesia subterránea, se le pidió rebajarse a ser el obispo auxiliar de Mons. Zhan o incluso a convertirse en su coadjutor (algo realmente extraño en la Iglesia).

Un sacerdote de la comunidad subterránea de Mindong ha dicho que no estaba al tanto de la visita de la delegación vaticana y que si las cosas se disponen de esta manera incluso "podría pensar en abandonar mi sacerdocio".

Según un artículo del Card. John Tong, publicado en febrero de 2017, el nombramiento de obispos es el eje central en torno al cual giran las negociaciones a puerta cerrada que mantienen China y la Santa Sede. Puede leerse más aquí.

sábado, 9 de diciembre de 2017

Jóvenes católicos vuelven a ser expulsados por la Policía de otra iglesia por rezar el Santo Rosario durante su profanación por un grupo de protestantes convocados por el Cardenal Barbarin

En la imagen, la policía francesa, portando rifles de asalto HK G36, detienen y expulsan por la fuerza a varios jóvenes católicos por rezar el Rosario en la iglesia de San Ireneo de Lyon (Francia).
Jóvenes católicos increpados por la chiquillería ecuménica mientras rezaban el Rosario de rodillas.
El cardenal Barbarin pidiendo a los jóvenes católicos que paren de rezar el Rosario en la iglesia o que se vayan de ella.
Exactamente treinta y tres días (33) después de producirse otra vergonzosa detención de varios jóvenes católicos por rezar el Santo Rosario en una iglesia belga, ante las mismas narices del cardenal Jozef De Kesel (creado por Francisco en 2016), que celebraba un aquelarre culto ecuménico junto a un grupo de herejes protestantes hermanos separados en la catedral de San Miguel y Santa Gúdula de Bruselas, y que no sólo no hizo nada por evitarlo, sino que fue responsable de que se llamara a la policía -nadie se cree que se la avisara sin su conocimiento y permiso, y, lo más probable, sin su sugerencia-, el incidente se ha vuelto a repetir, esta vez en Francia.


En la tarde del pasado 1 de diciembre, Primer Viernes de mes, varios jóvenes volvieron a ser detenidos por la Policía por rezar el Santo Rosario durante otro aquelarre culto ecuménico -la communicatio in sacris está prohibida y condenada por la Iglesia- que se estaba perpetrando desde las 20:30 horas en la iglesia de San Ireneo -aún católica; al menos nominalmente- de la ciudad de Lyon (Francia), como culminación de las "celebraciones" por el V Centenario de la herejía de Lutero. No deja de resultar irónico que el patrón de este templo sea San Ireneo de Lyon, obispo del siglo II d.C. cuya obra más conocida es "Adversus haereses" (Contra los herejes).

Según declaró el pasado sábado 2 de diciembre Alain Escada, presidente del Instituto Civitas, los jóvenes expulsados por la policía pertenecen al Movimiento Juvenil Católico de Francia y a France Jeunesse Civitas, y se reunieron para reparar públicamente este acto de ofensa a Dios y a su Iglesia, en el que se dieron cita el cardenal Philippe Barbarin, arzobispo de Lyon, junto con varios "pastores" protestantes. Lo único que hicieron estos jóvenes fue rezar el Santo Rosario de rodillas, entre insultos y burlas, mientras que algunos de ellos distribuían un folleto explicativo entre empujones. Hasta que "alguien", molesto porque se rezara el Santo Rosario en una iglesia católica, avisó a la policía -varios de cuyos agentes se personaron en el templo portando rifles de asalto o ametralladoras HK G36- para que les detuvieran, cosa que hicieron. "Que hecho tan triste [...] las autoridades religiosas casi han abandonado toda la doctrina católica y permiten que el error invada nuestros lugares sagrados", afirmó Alain Escada, según recogió LSN al informar también sobre este suceso el pasado jueves 7 de diciembre.

Lo más sorprendente es cómo ha tratado el lamentable incidente La Croix. En la información que el conocido diario "católico" publicó el pasado lunes 4 de diciembre, tres días después de producirse este escandaloso suceso -escandaloso que se expulse de una iglesia a fieles católicos por rezar el Santo Rosario, mientras se permite su profanación por actos perpetrados por herejes hermanos separados-, la ex "delegada de ecumenismo" de la archidiócesis de Lyon, Régine Maire, da su versión de los hechos, sin tener ningún reparo ni escrúpulo de conciencia por mentir públicamente -hay que tener en cuenta que el relato falso que ha contado a La Croix lo contradicen las propias fotografías y un vídeo del suceso-.

Según ella, va a poner este incidente en conocimiento de la Conferencia Episcopal Francesa para que aconseje qué hacer en estas situaciones -en román paladino: para que los obispos que la forman ordenen oficialmente expulsar de las iglesias a los católicos que osen molestar a los herejes hermanos separados mediante el rezo del Santo Rosario-. En su ecumaníaca ceguera, esta mujer, para quien parece que el fin justifica los medios, no se empacha de mentir al afirmar que estos jóvenes católicos eran "cabezas rapadas" -como se suele denominar a los grupos de neonazis-. Concretamente, afirmó que iban "con las cabezas rapadas y ropa negra". Sin embargo, como se puede apreciar claramente en las fotografías y el vídeo, varios de estos jóvenes iban vestidos con chaquetas de color gris claro, varios con chaquetas azules, otro con una verde, otro con una marrón... Y, desde luego, ninguno tenía la cabeza rapada. También ha afirmado que estaban "gritando [sic] el Avemaría de forma repetitiva" -por lo visto, esta católica desconoce que el Santo Rosario se reza repitiendo los avemarías-, y que "uno de ellos se subió a un banco para insultar a los participantes", hecho que parece haber visto sólo ella, pues tampoco lo recogen las fotos ni el vídeo, donde se ve que los jóvenes sólo rezaban arrodillados.

Según sigue relatando La Croix, la policía, avisada por alguien de la congregación -¿adivinan por quién?-, llegó al templo y rodeó las cuatro filas de bancos donde los jóvenes rezaban arrodillados, deteniéndoles y sacándoles a la fuerza de la iglesia. "Es una pena. Se supone que es tiempo de paz y hermandad en un contexto parroquial [...] e implicar así a la Virgen María es horrible. Nuestros amigos protestantes se quedaron perplejos y conmocionados", dijo al diario "católico" la ex delegada ecuménica Régine Maire -sin duda, los herejes protestantes hermanos separados deben de estar traumatizados por el hecho de que, pese a los enormes esfuerzos realizados por muchos para que deje de ser así, aún se siga rezando a la Santísima Virgen en el interior de los templos católicos, como se lleva haciendo en los últimos dos milenios-. El diario sigue diciendo que los testigos del suceso mencionan lo "bien organizados" que estaban estos jóvenes. Los lectores ya habrán intuido que para que un subversivo grupo de fieles católicos rece el Santo Rosario en una iglesia católica se requiere una meticulosa planificación previa. En fin, ver para creer.

Puede verse un breve vídeo del incidente en este enlace.

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martes, 31 de octubre de 2017

A alguien en el Vaticano se le debería caer la cara de vergüenza: Declaración conjunta de la Santa Sede y la federación luterana sobre la celebración común de la herejía protestante

Los heresiarcas Lutero y Melanchthon en un sello emitido por el Vaticano para celebrar la herejía protestante
[Mis notas en rojo] Declaración conjunta de la Federación Luterana Mundial y el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos al finalizar el 31 de octubre de 2017, el año de conmemoración común de la Reforma [en román paladino: celebración de la herejía protestante], 31.10.2017

El 31 de octubre de 2017, último día del año de conmemoración ecuménica común de la Reforma [segunda vez que denomina "reforma" a la herejía protestante], estamos muy agradecidos por los dones espirituales y teológicos recibidos a través de la Reforma [tercera vez que denomina "reforma" a la herejía protestante y primera mentira pública: la herejía no puede ser un don espiritual o teológico], conmemoración que compartimos juntos y con nuestros asociados ecuménicos [será éso: con sus asociados ecumaníacos, no en mi nombre: yo no conmemoro herejías] del mundo entero. Asimismo, pedimos perdón por nuestros fracasos, las formas en que los cristianos han herido el Cuerpo del Señor y se han ofendido unos a otros durante los 500 años transcurridos desde el inicio de la Reforma hasta hoy [yo no ofendo a un hereje por intentar corregir su error; quienes les animan a continuar en él sí les ofenden, además de a nuestra inteligencia y, peor: a Dios. Cuarta vez que llaman "reforma" a la herejía protestante].

Nosotros, luteranos y católicos, estamos profundamente agradecidos por el camino ecuménico que hemos recorrido juntos en los últimos 50 años [¿Agradecidos? ¿Por qué motivo motivo? ¿Han vuelto los herejes a la Iglesia Católica? Más bien al contrario: ni ellos vienen, y a los católicos se les espanta] Esa peregrinación, sostenida por nuestra oración común, el culto y el diálogo ecuménico, [la communicatio in sacris está condenada por la Iglesia. Diálogo, el que se quiera, que es gratis -aunque sin proselitismo difícilmente volverán a la Iglesia; pero el culto junto a herejes no le está permitido a un católico] redundó en la eliminación de prejuicios, una mayor comprensión mutua y la identificación de decisivos acuerdos teológicos. [¿Cuáles? ¿Ya creen en el Purgatorio, en los siete sacramentos, en el Santo Sacrificio del Calvario renovado de forma incruenta cada vez que se oficia la Santa Misa, en la Transubstanciación, en el culto de hiperdulía debido a la Santísima Virgen María, en la intercesión y Comunión de los Santos, etc... Me parece a mí que no] Frente a tantas bendiciones a lo largo del camino, elevamos nuestros corazones en alabanza al Dios Trino por la misericordia recibida.

En este día damos una mirada retrospectiva a un año de notables eventos ecuménicos que comenzó el 31 de octubre de 2016 con la oración común luterano-católico romana en Lund, Suecia, en presencia de nuestros asociados ecuménicos. [vergüenza les debería dar, en lugar de congratularse] Durante la presidencia de ese servicio, el papa Francisco y el obispo Munib A. Younan, entonces presidente de la Federación Luterana Mundial, firmaron una declaración conjunta que recoge el compromiso de seguir recorriendo juntos el camino ecuménico hacia la unidad por la que oraba Cristo (cf. Juan 17.21) [Cristo no oró jamás para que los católicos engañasen a quienes están en el error, diciéndoles que da igual la Verdad que la mentira. La Iglesia ya es Una; siempre lo ha sido. Sólo falta que quienes están fuera o se fueron de Ella vuelvan]. Ese mismo día, nuestro servicio conjunto a quienes necesitan nuestra ayuda y solidaridad también se vio fortalecido por una declaración de intención entre Caritas Internationalis y la Federación Luterana Mundial – Servicio Mundial.

El papa Francisco y el presidente Younan declararon juntos: “Muchos miembros de nuestras comunidades anhelan recibir la Eucaristía en una mesa como expresión concreta de la unidad plena. Sentimos el dolor de quienes comparten su vida entera, pero no pueden compartir la presencia redentora de Dios en la mesa de la Eucaristía. [El Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo están presentes de forma real, no simbólica, tras las palabras de la consagración pronunciadas por el sacerdote -es lo que se conoce como Transubstanciación-, que oficia en un altar, no en una mesa de comer, la Santa Misa, que es el mismo Santo Sacrificio del Calvario renovado de forma incruenta, y no sólo una "eucaristía" o alabanza] Reconocemos nuestra conjunta responsabilidad pastoral para responder al hambre y la sed espirituales de nuestro pueblo de de ser uno en Cristo. Anhelamos que sea sanada esta herida en el Cuerpo de Cristo. [Pues ya saben: díganles la Verdad y recen para que se conviertan y regresen a la Iglesia, en lugar de engañarles] Este es el propósito de nuestros esfuerzos ecuménicos, que deseamos que también progresen mediante la renovación de nuestro compromiso con el diálogo teológico.”

Las bendiciones de este año de conmemoración incluyen el hecho de que por primera vez, luteranos y católicos hayan considerado la Reforma desde una perspectiva ecuménica, [No en mi nombre; yo no considero tal cosa, condenada en numerosas encíclicas papales. Quinta vez que llaman "reforma" a la herejía protestante] lo que dio lugar a un nuevo enfoque de los acontecimientos del siglo XVI que llevaron a nuestra separación. [Se mire como se mire, la herejía es la herejía; no hubo "reforma" alguna en la herejía de Lutero. La verdadera Reforma fue la católica, que se conoce como Contrarreforma y que tantos Santos dio a la Iglesia] Reconocemos que si bien el pasado no se puede cambiar, su influencia sobre nosotros hoy en día se puede transformar para que sea un estímulo al crecimiento de la comunión [¿Cómo puede crecer algo que no existe? Sorprendente] y un signo de esperanza a fin de que el mundo supere la división [¿Qué división? La Iglesia jamás se ha dividido, porque no puede; siempre ha sido Una. Lo que hay son personas que se alejan de Ella. A éso se le llama alejamiento o rechazo, no división] y la fragmentación [Ídem]. Una vez más, resultó claro que lo que tenemos en común es mucho más que aquello que nos divide.[Tal afirmación es, simple y llanamente, mentira -por desgracia-]

Nos alegra que la Declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación, [A mí no me alegra nada de nada. ¿Siguen creyendo los herejes que la sola fe justifica al hombre pecador y que éste no precisa del arrepentimiento, cambio de vida y las buenas obras, así como hacer penitencia para el perdón de sus pecados y para poder salvarse? Me da a mí que no] firmada en un acto solemne por la Federación Luterana Mundial y la Iglesia Católica Romana en 1999, también fuera firmada en 2006 por el Consejo Metodista Mundial y por la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas en este año de conmemoración. [Es un evento para lamentar, no para conmemorar] Además, hoy mismo será acogida y recibida por la Comunión Anglicana en una ceremonia solemne en la abadía de Westminster. Sobre esta base nuestras comuniones cristianas [No existe comunión entre la Iglesia y los herejes y cismáticos; decir lo contrario es mentir] pueden construir un vínculo más estrecho de consenso espiritual [la Verdad no se consensúa, ni se presta a acuerdo o votación: la predica la Iglesia y los demás la aceptan o la rechazan] y testimonio común en el servicio del evangelio.

Reconocemos con gratitud, los numerosos eventos de oración y culto comunes que luteranos y católicos celebraron junto con sus asociados ecuménicos en distintas partes del mundo,[Lamentable: la communicatio in sacris está condenada por la Iglesia, como nos recuerdan numerosas encíclicas papales] los encuentros teológicos y las publicaciones significativas que dieron sustancia a este año de conmemoración.

De cara al futuro, nos comprometemos a seguir nuestro camino común, guiados por el Espíritu de Dios, [A tenor de la deriva que han tomado no pocos miembros de la jerarquía de la Iglesia, así como por esta declaración, llena de falsedades, el camino ecumaníaco más bien parece guiado por otro espíritu muy diferente] hacia la mayor unidad [La unidad no puede ser mayor, ni menor: o hay unidad, o no la hay. En la Iglesia siempre la ha habido: sólo hay Una Iglesia, que es la Católica, fundada por Nuestro Señor Jesucristo] de acuerdo a la voluntad de nuestro Señor Jesucristo. Con ayuda de Dios, pretendemos discernir [Malo, malo: esta palabra, inofensiva en sí misma, se ha utilizado en el último año para fomentar las Confesiones y Comuniones sacrílegas por parte de los adúlteros y otros pecadores no arrepentidos ni con propósito de la enmienda] a través de la oración nuestra comprensión de la Iglesia, la Eucaristía y el Ministerio, buscando un consenso sustancial que permita superar las restantes diferencias que existen entre nosotros. [Lo dicho: la Verdad ya ha sido revelada por Cristo de una vez y para siempre, y de esa Revelación es depositaria y transmisora la Iglesia. No hay consenso posible: o los herejes aceptan la Verdad, íntegramente, o permanecerán en el error fuera de la Iglesia] Con profunda alegría y gratitud, confiamos en “que el que comenzó en [nosotros] la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1.6).

lunes, 30 de octubre de 2017

Aumenta el escándalo: varios jóvenes expulsados por la fuerza y detenidos por la policía por rezar el Rosario en la catedral de Bruselas mientras un grupo de protestantes la profanaban celebrando el 5º centenario de la herejía protestante junto al cardenal De kesel, nombrado por Francisco (fotos del suceso)

Anteayer, sábado 28 de octubre, la Santa Iglesia Catedral de San Miguel y Santa Gúdula de Bruselas (Bélgica), fue profanada por un grupo de personas, mayormente ancianas, que participaban en un ritual perpetrado en el principal templo católico de la capital belga, para "celebrar" el quinto centenario de la herejía protestante.

La profanación no sólo fue perpetrada por protestantes, uno de cuyos "pastores" -Steven H. Fuite- se encontraba "predicando" cuando los jóvenes comenzaron a rezar el Santo Rosario, sino que también participaban en ella algunos cismáticos hermanos separados -aunque menos separados que los herejes hermanos separados protestantes, así como Jozef De Kesel, cardenal creado por Francisco en 2016 y que fuera protegido del infame Godfried Danneels, uno de los miembros, confesado por él mismo (ver aquí), de la mafia de Sankt Gallen, conciliábulo de varios cardenales centroeuropeos que conspiró para evitar la elección como Papa de S. S. Benedicto XVI, así como para elegir a su sucesor, con el fin de "modernizar" la Iglesia.

Cabe recordar que Jozef De Kesel, a quien por lo visto le importa un rábano que la communicatio in sacris esté condenada por la Iglesia, es autor del libro "Église et famille: ce qui pourrait changer" (Iglesia y la familia: esto podría cambiar), en el que afirma que las parejas homosexuales, los católicos viviendo en adulterio y las parejas amancebadas deben recibir "algún tipo de bendición en la Iglesia", para lo que propone una "diversidad de rituales" que reconozcan la "exclusividad y estabilidad de la relación" (ver aquí).

Pues ante la mirada impertérrita de semejante personaje -si no fue él quien llamó a la policía o mandó que la llamaran, al menos sí permitió su intervención-, los jóvenes fueron expulsados a la fuerza de la catedral y detenidos, para que no molestasen con su postura (de rodillas) y su oración a la Santísima Virgen María (el rezo del Santo Rosario) a los herejes protestantes hermanos separados allí congregados.

Es curioso que los audífonos, también conocidos como sonotones, de muchos de los allí reunidos -a tenor de la edad media de los asistentes, muchos de ellos los llevarían- fueran tan sensibles a las oraciones de varios jóvenes y, sin embargo, no se les acoplaran -o les pitasen- con la estridente reverberación que seguramente provocaría
en las amplias naves de la catedral el sonido de la guitarra eléctrica que se empleó en el aquelarre la ceremonia, como se observa en la última imagen. Así están las cosas en la nueva "primavera" de la Iglesia. ¡Ven Señor Jesús!

Puede verse la noticia publicada por el diario Le Soir aquí; y el vídeo de lo acontecido en el siguiente enlace:


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lunes, 23 de octubre de 2017

El secretario de la Conferencia Episcopal Italiana nombrado a dedo por Francisco afirma que la herejía protestante "fue un acontecimiento del Espíritu Santo", mientras la revista oficial de los jesuitas insiste en que el heresiarca Martín Lutero fue "un testigo de la fe" y un "renovador del anuncio evangélico"

Nunzio Galantino, obispo emérito de Cassano all'Ionio (en la imagen que abre esta entrada, escondiendo la cruz pectoral en el bolsillo), que estudió en el seminario regional de Benevento en plena revolución marxista del 68 (época en la que también asistió al seminario Bergoglio), es secretario general de la Conferencia Episcopal Italiana, primero 'ad interim' desde el 28 de diciembre de 2013 y luego confirmado por 5 años el 25 de marzo de 2014, no por elección de los obispos italianos, sino por designación a dedo por Francisco.

Pues bien, según recoge el diario Faro di Roma (ver aquí), este personaje ha afirmado, en una intervención durante el Congreso promovido por el ateneo del Papa para "celebrar" -nada menos- el quinto centenario de la herejía protestante, llevado a cabo en la Pontificia Universidad Lateranense, que "la reforma iniciada por Martín Lutero hace 500 años fue un acontecimiento del Espíritu Santo".

Además de esa barbaridad, también añadió que "la reforma responde a la verdad expresada en la fórmula Ecclesia semper reformanda [...] Ha sido el mismo Lutero el que no se ha considerado artífice de la reforma escribiendo: 'mientras yo dormía, Dios reformaba la Iglesia' [...] También hoy la Iglesia necesita una reforma. Y también hoy Dios es el único que la puede realizar".

Para él, "el amor de Lutero por la Palabra anticipa la sacramentalidad de la Palabra afirmada por el Concilio Vaticano II" [de las solemnes condenas al heresiarca alemán efectuadas por el Sacrosanto y Ecuménico Concilio de Trento no dice nada] y considera el conciliábulo de Lund de finales de octubre de 2016 (ver aquí), al que asistió Francisco, como un "gesto profético".

A ésto se suma la ofensiva de los jesuitas a través de su revista oficial "La Civiltà Cattolica", dirigida por el infame Antonio Spadaro y que recibe el visto bueno de la Santa Sede antes de publicarse, en la que se vuelve a insistir, en un reciente artículo del también jesuita Giancarlo Pani, con motivo del quinto centenario de la herejía protestante, en que el heresiarca Martín Lutero fue "un testigo de la fe" y un "renovador del anuncio evangélico" (ver aquí).

¡Casi nada! Prepárense para los fastos de final de este mes.

domingo, 22 de octubre de 2017

En la fiesta de San Juan Pablo II sale a la luz la carta de Francisco en la que obliga al Cardenal Sarah, Prefecto de Culto Divino, a hacer pública la intención de Bergoglio de cargarse la Instrucción "Liturgiam Authenticam" de San Juan Pablo II

Hoy, domingo 22 de octubre, fiesta de San Juan Pablo II en el calendario litúrgico del Novus Ordo, se ha hecho pública la carta de Francisco, fechada el pasado domingo 15 de octubre, por la que obliga a S. E. R. Robert S.R.E. Card. Sarah a retractarse (ver nota al final) públicamente de su interpretación -en línea con el Magisterio de sus predecesores- del motu proprio de Francisco "Magnum principium", para que deje claro que la intención de Bergoglio era cargarse dicha Instrucción -el texto habla de derogar algunos puntos, que son precisamente aquellos que dan sentido a la Instrucción del Papa Wojtyła-. Así, además de humillarle públicamente, Francisco obliga a que el Prefecto de Culto Divino envíe esta carta a varias páginas web que hicieron pública su interpretación ortodoxa, para que publiquen la rectificación de Francisco, cuya intención no era la ortodoxa. También debe enviar la carta a todas las Conferencias Episcopales y miembros de su dicasterio, para que a todos quede claro que la intención de Francisco era demoler derogar lo estipulado por San Juan Pablo II -como si nadie lo hubiera notado hasta ahora; en lo referente a la Comunión sacrílega de adúlteros y otros pecadores no arrepentidos, el documento no magisterial "Amoris laetitia" se ha empleado como derogación de facto de la "Familiaris consortio" y la "Veritatis splendor", ambas de San Juan Pablo II, cuya persona y Pontificado no parece haber gustado mucho a Francisco-.

La Instrucción "Liturgiam authenticam, sobre el uso de las lenguas vernáculas en la publicación de los libros de la liturgia romana" es una Instrucción de la Santa Sede, fechada el 28 de marzo de 2001, que estipulaba que en las traducciones de los textos litúrgicos de los originales oficiales en latín, o de la Sagrada Escritura de los originales en hebreo, arameo y griego, "el texto original, en la medida de lo posible, debe traducirse íntegramente y de la manera más exacta, sin omisiones o adiciones en términos de su contenido, y sin paráfrasis o glosas. Cualquier adaptación a las características o la naturaleza de las diversas lenguas vernáculas debe ser sobrio y discreto".

El pasado 3 de septiembre, Francisco firmaba el motu proprio "Magnum principium", para modificar el Código de Derecho Canónico y que las traducciones de los Libros Litúrgicos queden en manos de las Conferencias Episcopales, no teniendo que aprobar ya la Santa Sede dichas traducciones, sino que las "confirmará" directamente. De esta forma se permite a aquellas Conferencias Episcopales heterodoxas -por ejemplo, la alemana- a traducir los textos litúrgicos o las Sagradas Escrituras como les parezca, sin ajustarse a los textos originales.

Ya en una entrada del pasado mes de enero (ver aquí), escribí lo siguiente:

La posible revisión de la Instrucción "Liturgiam authenticam" sobre la traducción de la Biblia y los textos litúrgicos parece indicar la dirección señalada [la de derribar los supuestos obstáculos para lograr la tan ansiada -pese a estar condenada por el Magisterio de la Iglesia- intercomunión con los protestantes]: a nadie se le escapa que la Santa Misa es un obstáculo para la unión de católicos y protestantes, que sólo puede darse por su aceptación por parte de estos últimos y el retorno a la Iglesia Católica. Además, es un hecho que al Papa no le interesa especialmente lo relacionado con la Liturgia, pero sí está empeñado en la unión de los cristianos. Esta comisión y la subsiguiente "revisión" del documento supondría, pues, el aporte de una cierta apariencia de normalidad y profesionalidad -sería presentado como una mera revisión filológica o actualización al lenguaje actual-, cuando el objetivo no sería otro que adulterar modificar aquellos textos o pasajes que supongan un obstáculo para su aceptación por parte de los protestantes.

El 10 de septiembre también publiqué una entrada (ver aquí) en la que, además de transcribir literalmente el motu propio "Magnum principium" de Francisco, confirmaba la sospecha de que lo que Sandro Magister denominó en su momento "la demolición de la Instrucción 'Liturgiam authenticam' de San Juan Pablo II". Y ahora el mismo Francisco confirma con esta carta que ésa, y no otra, era la verdadera intención del nuevo motu propio: derogar aquellos puntos de la Instrucción del Papa polaco que impedían a las Conferencias Episcopales traducir los textos litúrgicos y de las Sagradas Escrituras como les diera la gana. ¿Adivinan cuáles serán las primeras que lo harán? Hagan sus apuestas.

Que quede claro que Francisco tiene toda la potestad para derogar la instrucción "Liturgiam authenticam" entera, si le place. Pero es bueno que todo el mundo conozca sus intenciones y sus métodos. La novedad es que esta vez, para no dar pie a especulaciones o malentendidos, los expone él mismo. Así ahorra a sus corifeos la tarea de tratar de justificarle diciendo que son invenciones de los "enemigos del Papa". Ya lo ha dejado claro él mismo. Carta original, en italiano, en este enlace.

NOTA: En opinión del P. John Zuhlsdorf (ver aquí) Francisco no habría pedido al Cardenal Sarah una rectificación, porque el "Commentaire" (en francés en el original) que algunas páginas web hicieron público y que se atribuyó al Cardenal Sarah, en realidad no sería suyo, como parece sugerir la carta de Francisco. En cualquier caso, lo que sí dejaría clara la carta de Francisco es su intención de revertir lo estipulado por San Juan Pablo II en lo referente a las traducciones de los textos litúrgicos y de las Sagradas Escrituras.

domingo, 15 de octubre de 2017

Dos presos peligrosos recién fugados echan por tierra la opinión personal de Francisco, contraria a las Sagradas Escrituras y al Magisterio de la Iglesia, de que la pena de muerte es siempre "inadmisible" y contraria al Evangelio

Dos presos peligrosos recién fugados han echado por tierra la opinión personal de Francisco -contraria a las Sagradas Escrituras y al Magisterio de la Iglesia, incluyendo los escritos de varios Santos y Doctores de la Iglesia, así como la de al menos dos Concilios Ecuménicos Dogmáticos-, de que la pena de muerte es siempre "inadmisible".

La policía italiana acaba de hacer público un suceso que se produjo hace dos semanas, el pasado domingo 1 de octubre. Ese día, dos de los veinte presos invitados a compartir con Francisco un almuerzo, consistente en lasaña y costilleta, en la iglesia de San Petronio de Bolonia (Italia) -profanación aparte-, aprovecharon el festín para escaparse. Se trata de dos napolitanos clasificados como "socialmente peligrosos", que estaban a cargo del capellán de la Casa de Trabajo y Reclusión de Castelfranco-Emilia, un centro de rehabilitación al final de las condenas, que cuenta con una sección para drogadictos y otra para presos socialmente peligrosos -los sociópatas son personas que no muestran empatía por otros, ni remordimientos por sus acciones-.

El referido capellán era el responsable de llevar a los veinte presos a participar en la cuchipanda en el interior del templo, con ayuda de algunos voluntarios que colaboran en programas de rehabilitación. Tras su llegada en el autobús y tras participar "devotamente" en el rezo del Ángelus previo a la comilona, estos dos presos decidieron que era el momento de poner pies en polvorosa. Al sentarse a la mesa, los responsables se dieron cuenta de que quedaban libres dos sillas. Faltaban los dos napolitanos "socialmente peligrosos", que ya son libres para cometer cualquier delito -incluyendo maltratos, violaciones o asesinatos, si les apetece-, gracias a la generosa y misericordiosa invitación de Francisco para profanar reutilizar la iglesia de San Petronio celebrando una francachela en su interior.

Este suceso es uno de los que, en la práctica -la teoría es muy bonita, pero la realidad es muy tozuda-, pone en solfa las recientes afirmaciones de Francisco, en las que expresaba su opinión personal -totalmente opuesta a las Sagradas Escrituras y al Magisterio de la Iglesia, incluyendo lo enseñado por los Apóstoles, Doctores de la Iglesia, los dos últimos Concilios Ecuménicos Dogmáticos y todos los Papas anteriores a él-, de que la pena de muerte es siempre "inadmisible". Dicha opinión la expresó el pasado miércoles 11 de octubre, durante un discurso sobre la pena de muerte en un encuentro organizado por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, con motivo del XXV Aniversario de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica en 1992.

Lo grave de dichas palabras, aparte de la ya acostumbrada y frecuente manipulación o tergiversación a la que suele recurrir Francisco para justificar sus ideas personales en aquellas ocasiones en que éstas son claramente incompatibles con las Sagradas Escrituras, la Doctrina o el Magisterio de la Iglesia, radica en el hecho de que esta vez ha cargado contra toda la Iglesia anterior a él, al tratar de justificar que Ésta se ha equivocado durante más de dos mil años y que el acertado es él. ¿Cuál es su argumento? ¡Que la doctrina progresa! Eufemismo empleado para reconocer que trata, simple y llanamente, de cambiar la doctrina, para lo cual carece de toda potestad, aparte de que el aludido "progreso" de la doctrina al que se refiere Francisco está solemnemente condenado por el Sacrosanto y Ecuménico Concilio Vaticano I.

En el discurso, transcrito íntegramente en español en la página web oficial de la Santa Sede (puede leerse aquí), Francisco ha afirmado:

Esta cuestión no se puede reducir al mero recuerdo de un principio histórico, sin tener en cuenta no sólo el progreso de la doctrina llevado a cabo por los últimos Pontífices, sino también el cambio en la conciencia del pueblo cristiano, que rechaza una actitud complaciente con respecto a una pena que menoscaba gravemente la dignidad humana. Hay que afirmar de manera rotunda que la condena a muerte, en cualquier circunstancia, es una medida inhumana que humilla la dignidad de la persona. Es en sí misma contraria al Evangelio porque con ella se decide suprimir voluntariamente una vida humana, que es siempre sagrada a los ojos del Creador y de la que sólo Dios puede ser, en última instancia, su único juez y garante.

[Y tras citarse a sí mismo, en unas palabras pronunciadas en 2015, continúa]:

Por tanto, a nadie se le puede quitar la vida ni la posibilidad de una redención moral y existencial que redunde en favor de la comunidad.

En los siglos pasados, cuando no se tenían muchos instrumentos de defensa y la madurez social todavía no se había desarrollado de manera positiva, el recurso a la pena de muerte se presentaba como una consecuencia lógica de la necesaria aplicación de la justicia. Lamentablemente, también en el Estado Pontificio se acudió a este medio extremo e inhumano, descuidando el primado de la misericordia sobre la justicia. Asumimos la responsabilidad por el pasado, y reconocemos que estos medios fueron impuestos por una mentalidad más legalista que cristiana. La preocupación por conservar íntegros el poder y las riquezas materiales condujo a sobrestimar el valor de la ley, impidiendo una comprensión más profunda del Evangelio. Sin embargo, permanecer hoy neutrales ante las nuevas exigencias de una reafirmación de la dignidad de la persona nos haría aún más culpables.

Es curioso que el clero "progresista", al que evidentemente pertenece el actual ocupante de la cátedra de San Pedro, cuando se trata del plano meramente material suele anteponer la justicia a la misericordia -por ejemplo, exigiendo "justicia" social y "derechos" y rechazando la simple y cristiana caridad, en la que no se ama al prójimo porque éste se lo merezca, sino por amor a Dios-; pero si se trata de la salvación o condenación eterna de las almas suele hacer justo lo contrario: anteponer -cuando no contraponer- la misericordia a la justicia -como si fueran incompatibles-, presentando una caricatura de Dios, como si Éste fuera un simpático abuelito que malcría a sus nietos consintiéndoles todo, premiándoles siempre y perdonándoles todo, aunque no se arrepientan, ni se corrijan e incluso ni siquiera pidan perdón cuando cometen maldades. Ese dios injusto es incompatible con lo que Dios ha expresado sobre Sí mismo a lo largo de toda la Revelación y que la Iglesia ha transmitido durante más de dos milenios a través de la Sagrada Tradición y el Magisterio de la Iglesia.

Las infumables palabras de Francisco, además de versar sobre un tema del que carece doblemente de potestad -por un lado, es el poder civil, como ha sido siempre, el que decide si sus leyes o códigos penales incluyen o no la pena capital; y, por otro, Francisco no puede cambiar el Magisterio de la Iglesia-, tratan de engañar a los incautos presentando un "progreso" de la doctrina en el Magisterio de los últimos Papas, cuando tal cosa es falsa: San Juan Pablo II sostuvo y expuso el Magisterio que la Iglesia ha enseñado siempre y que permite la pena de muerte en determinadas circunstancias, como se puede comprobar en el Catecismo de la Iglesia Católica que él mismo promulgó. El "progreso" sugerido no fue el paso de la aceptación de la pena de muerte a su condena por parte de la Iglesia o del mismo San Juan Pablo II, sino la mejora en las condiciones de retención de los reos que han cometido crímenes execrables: actualmente, sostenía San Juan Pablo II, pueden darse las condiciones que hagan innecesaria -no que sea inadmisible o inmoral- el recurso a la pena de muerte. En realidad, las palabras del Papa Wojtyła fueron bien claras, aunque más teóricas que prácticas, como se comprueba por los dos presos fugados recientemente o el caso del Capo Guzmán -que además de haber podido escapar, desde la misma cárcel dirigía sus negocios de narcotráfico y podía mandar asesinar a muchas personas-, ejemplo que ya di como respuesta a un comentario en la entrada "El Papa Francisco nuevamente contra el Catecismo de la Iglesia Católica y el Magisterio bimilenario: esta vez a cuenta de la pena de muerte".

Es totalmente deshonesto presentar como "en línea" con lo dicho por Papas anteriores lo que, en realidad, es precisamente lo contrario y una clara ruptura con lo que dichos Papas han enseñado. Esto también lo hemos visto a propósito de "Amoris laetitia", documento en el que, de forma totalmente torticera, se tergiversa el Magisterio pontificio precedente o lo dicho por Santo Tomás de Aquino, para defender justo lo contrario. Y ello, sacando frases de contexto, cuando no cambiándolas directamente, o recortando textos, para poder reinterpretarlos de tal forma que parezca que dicen justo lo contrario de lo que realmente dicen.

Pero el colmo de la deshonestidad se produce cuando, más adelante, se atreve a afirmar, citando a continuación a San Vicente de Lérins -que más que ayudarle en su defensa, evidencia su manipulación-, lo siguiente:

El desarrollo armónico de la doctrina, sin embargo, requiere que se deje de sostener afirmaciones en favor de argumentos que ahora son vistos como definitivamente contrarios a la nueva comprensión de la verdad cristiana. Además, como ya mencionaba san Vicente de Lerins...

Tal afirmación está condenada con anatema por el Sacrosanto y Ecuménico Concilio Vaticano I (dogmático). Aquí no existe ninguna "nueva comprensión" de la verdad cristiana, sino un burdo intento de cambiar lo que la Iglesia siempre ha enseñado y los cristianos siempre han creído.

Ya expuse ésto mismo el pasado 8 de abril de 2016, cuando, con motivo de la presentación de "Amoris laetitia" en una conferencia dada en el Aula Juan Pablo II de la Sala Stampa de la Santa Sede por los cardenales Lorenzo Baldisseri, secretario general del infausto sínodo de la familia, y Christoph Schönborn, arzobispo de Viena, éste último, en la sesión de preguntas y respuestas, además de citar torticeramente a varios Papas postconciliares -por lo visto, no hubo otros antes, y si los hubo, mejor olvidarlos-, fundamentalmente a San Juan Pablo II y a S. S. Benedicto XVI, para justificar la comunión de los adúlteros -algo que ambos Papas jamás consideraron permisible-, repitió en varias ocasiones la idea, no católica, del "desarrollo orgánico de la doctrina", algo condenado, como ya he dicho, explícita y solemnemente por el Concilio Vaticano I, que en la Constitución dogmática «Filius Dei» sobre la Fe Católica define lo siguiente:

"Así pues, la doctrina de la fe que Dios ha revelado es propuesta no como un descubrimiento filosófico que puede ser perfeccionado por la inteligencia humana, sino como un depósito divino confiado a la esposa de Cristo para ser fielmente protegido e infaliblemente promulgado. De ahí que también hay que mantener siempre el sentido de los dogmas sagrados que una vez declaró la Santa Madre Iglesia, y no se debe nunca abandonar bajo el pretexto o en nombre de un entendimiento más profundo. «Que el entendimiento, el conocimiento y la sabiduría crezcan con el correr de las épocas y los siglos, y que florezcan grandes y vigorosos, en cada uno y en todos, en cada individuo y en toda la Iglesia: pero esto sólo de manera apropiada, esto es, en la misma doctrina, el mismo sentido y el mismo entendimiento»".

En el Canon III del mencionado capítulo IV "Sobre la fe y la razón", se condena solemnemente:

"Si alguno dijere que es posible que en algún momento, dado el avance del conocimiento, pueda asignarse a los dogmas propuestos por la Iglesia un sentido distinto de aquel que la misma Iglesia ha entendido y entiende: sea anatema".

Pero, a pesar de ello, a Francisco le da igual y, poniéndose el mundo por montera, ya en la introducción de "Amoris laetitia" hablaba de "profundizar cuestiones doctrinales y morales" o de "reflexión creativa de los pastores y teólogos para encontrar mayor claridad", en vez de decir claramente "cambiar la doctrina y la moral católicas". Como ya expliqué en otra entrada (ver aquí), los dogmas no "evolucionan", ni existe -como lo expresó el Cardenal Schönborn en la presentación del documento antes referida-, ningún "desarrollo orgánico de la doctrina". Tal subterfugio, por parte de quienes pretenden cambiar la Doctrina y la Moral de la Iglesia con la excusa de una "profundización" o "comprensión mayor" a lo largo del tiempo, para hacerla decir lo contrario de como siempre lo ha entendido la Iglesia, está explícitamente condenado en el Canon III del capítulo IV, "Sobre la fe y la razón", de la Constitución dogmática del Concilio Vaticano I «Filius Dei» sobre la Fe Católica, como ya he señalado.

A pesar de ello, Francisco no ha tenido reparo alguno en sostener que "en la Iglesia es necesaria una unidad de doctrina y de praxis, pero ello no impide que subsistan diferentes maneras de interpretar algunos aspectos de la doctrina o algunas consecuencias que se derivan de ella". Es decir, que puedan "interpretarse" de forma diferente a como siempre lo ha hecho la Iglesia. Exactamente lo que el Concilio Vaticano I condenó solemnemente. Y a continuación lo reitera, afirmando que "esto sucederá hasta que el Espíritu nos lleve a la verdad completa" -idea que vuelve a repetir en el discurso objeto de esta entrada-, como si la Iglesia llevara dos mil años conociendo sólo la verdad a medias o, lo que es peor, malinterpretándola y enseñando falsedades. Como puede verse, esta idea se opone frontalmente a lo que siempre ha creído y enseñado la Iglesia Católica.

Resulta, pues, sorprendente, que recurra precisamente a San Vicente de Lérins para sostener algo contrario a lo que la Iglesia ha creído y enseñado siempre, pues es a este Santo a quien debemos la más conocida cita sobre la inmutabilidad de lo que la Iglesia cree y enseña:

Sostenemos la fe que ha sido creída en todas partes, siempre, por todos
(QVOD VBIQVE QVOD SEMPER QVOD AB OMNIBVS CREDITVM EST)

Es decir, la verdad católica básica que legitima el desarrollo de la doctrina católica deja intacta "la misma doctrina, el mismo sentido y la misma interpretación", exactamente como afirmó el Concilio Vaticano I, que condena justamente lo contrario en el ya mencionado Canon III del capítulo IV, "Sobre la fe y la razón", de la Constitución Dogmática del Concilio Vaticano I «Filius Dei» sobre la Fe Católica.

Centrándonos en el tema que nos ocupa, la pena de muerte, y dejando de lado las prescripciones del Antiguo Testamento sobre la misma, veamos lo que el Evangelio y el Magisterio de la Iglesia ha dicho sobre este tema a lo largo de los más de dos mil años de Historia de la Iglesia:

Santos Evangelios:

“Pero el otro [malhechor] le respondió diciendo: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros la sufrimos con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, este nada malo ha hecho.» Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino». Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc 23,40-43)

“Si he cometido alguna injusticia o crimen digno de muerte, no rehuso morir” (Hch 25,11)

“Sométanse todos a las autoridades constituidas, pues no hay autoridad que no provenga de Dios, y las que existen, por Dios han sido constituidas. De modo que, quien se opone a la autoridad, se rebela contra el orden divino, y los rebeldes se atraerán sobre sí mismos la condenación. En efecto, los magistrados no son de temer cuando se obra el bien, sino cuando se obra el mal. ¿Quieres no temer a la autoridad? Obra el bien, y obtiendrás de ella elogios, pues la autoridad es para ti un servidor de Dios para el bien. Pero, si obras el mal, teme: pues no en vano lleva espada: pues es un servidor de Dios para hacer justicia y castigar al que obra el mal (Rm 13,1-4)

San Clemente de Alejandría:

“Por la salud del cuerpo soportamos hacernos amputar y cauterizar, y aquel que suministra estos remedios es llamado médico, salvador; él amputa algunas partes del cuerpo para que no se enfermen las partes sanas; no es por rencor o maldad hacia el paciente sino según la razón del arte que le sugiere y nadie, por lo tanto, acusaría de maldad al médico por su arte. […] Cuando [la ley] ve a alguien de tal modo que parezca incurable, viéndolo ir por el camino de la extrema injusticia, entonces se preocupa de los otros para que no vayan a la perdición por obra de aquel, y como cortando una parte del cuerpo entero lo manda a la muerte (Stromata)

San Agustín (Doctor de la Iglesia):

“Hay algunas excepciones, sin embargo, a la prohibición de no matar, señaladas por la misma autoridad divina. En estas excepciones quedan comprendidas tanto una ley promulgada por Dios de dar muerte como la orden expresa dada temporalmente a una persona. Pero, en este caso, quien mata no es la persona que presta sus servicios a la autoridad; es como la espada, instrumento en manos de quien la maneja. De ahí que no quebrantaron, ni mucho menos, el precepto de no matarás los hombres que, movidos por Dios, han llevado a cabo guerras, o los que, investidos de pública autoridad, y ateniéndose a su ley, es decir, según el dominio de la razón más justa, han dado muerte a reos de crímenes (La Ciudad de Dios, libro I, c. 21)

“Algunos hombres grandes y santos, que sabían muy bien que esta muerte que separa el alma del cuerpo no se debe temer; sin embargo, según el parecer de aquellos que la temen, castigaron con la pena de muerte algunos pecados, bien para infundir saludable temor a los vivientes, o porque no dañaría la muerte a los que con ella eran castigados, sino el pecado que podría agravarse si viviesen. No juzgaban desconsideradamente aquellos a quienes el mismo Dios había concedido un tal juicio. De esto depende que Elías mató a muchos, bien con la propia mano, o bien con el fuego, fruto de la impetración divina; lo cual hicieron también otros muchos excelentes y santos varones no inconsideradamente, sino con el mejor espíritu, para atender a las cosas humanas” (El Sermón de la Montaña, c. 20, nº 64).

Inocencio III: exigió a los herejes valdenses que reconocieran, como parte de la fe católica, que:

El poder secular puede sin caer en pecado mortal aplicar la pena de muerte, con tal que proceda en la imposición de la pena sin odio y con juicio, no negligentemente sino con la solicitud debida” (DS 795/425, citado por Avery Dulles, Catholicism and Capital Punishment)

Santo Tomás de Aquino (Doctor de la Iglesia):

“Se prohíbe en el decálogo el homicidio en cuanto implica una injuria, y, así entendido, el precepto contiene la misma razón de la justicia. La ley humana no puede autorizar que lícitamente se dé muerte a un hombre indebidamente. Pero matar a los malhechores, a los enemigos de la república, eso no es cosa indebida. Por tanto, no es contrario al precepto del decálogo, ni tal muerte es el homicidio que se prohíbe en el precepto del decálogo” (Suma Teológica, I-II, q.100, a.8, ad 3).

“Pues toda parte se ordena al todo como lo imperfecto a lo perfecto, y por ello cada parte existe naturalmente para el todo. Y por esto vemos que, si fuera necesaria para la salud de todo el cuerpo humano la amputación de algún miembro, por ejemplo, si está podrido y puede inficionar a los demás, tal amputación sería laudable y saludable. Pues bien: cada persona singular se compara a toda la comunidad como la parte al todo; y, por tanto, si un hombre es peligroso a la sociedad y la corrompe por algún pecado, laudable y saludablemente se le quita la vida para la conservación del bien común; pues, como afirma 1Co 5,6, un poco de levadura corrompe a toda la masa” (Suma Teológica, II-II, q.64, a.2)

“Esta clase de pecadores, de quienes se supone que son más perniciosos para los demás que susceptibles de enmienda, la ley divina y humana prescriben su muerte. Esto, sin embargo, lo sentencia el juez, no por odio hacia ellos, sino por el amor de caridad, que antepone el bien público a la vida de una persona privada (Suma Teológica, II-II, q.25, a.6, ad 2)

San Alfonso María de Ligorio (Doctor de la Iglesia):

“Duda II: Si, y en qué manera, es lícito matar a un malhechor.

Más allá de la legítima defensa, nadie excepto la autoridad pública puede hacerlo lícitamente, y en este caso sólo si se ha respetado el orden de la ley [...] A la autoridad pública se ha dado la potestad de matar a los malhechores, no injustamente, dado que es necesario para la defensa del bien común” (Theologia Moralis)

Es lícito que un hombre sea ejecutado por las autoridades públicas. Hasta es un deber de los príncipes y jueces condenar a la muerte a los que lo merecen, y es el deber de los oficiales de justicia ejecutar la sentencia; es Dios mismo que quiere que sean castigados” (Instrucciones para el pueblo)

Catecismo de Trento:

“Otra forma de matar lícitamente pertenece a las autoridades civiles, a las que se confía el poder de la vida y de la muerte, mediante la aplicación legal y ordenada del castigo de los culpables y la protección de los inocentes. El uso justo de este poder, lejos de ser un crimen de asesinato, es un acto de obediencia suprema al Mandamiento que prohíbe el asesinato”.

Catecismo de San Pío X:

“¿Hay casos en que es lícito quitar la vida al prójimo? Es lícito quitar la vida al prójimo cuando se combate en guerra justa, cuando se ejecuta por orden de la autoridad suprema la condenación a muerte en pena de un delito y, finamente, en caso de necesaria y legítima defensa de la vida contra un injusto agresor” (nº 415)

León XIII:

“Es un hecho común que las leyes divinas, tanto la que se ha propuesto con la luz de la razón tanto la que se promulgó con la escritura divinamente inspirada, prohíben a cualquiera, de modo absoluto, de matar o herir un hombre en ausencia de una razón pública justa, a menos que se vea obligado por necesidad de defender la propia vida (Encíclica Pastoralis Oficii, 12 de septiembre de 1881)

Venerable Pío XII:

“Aun en el caso de que se trate de la ejecución de un condenado a muerte, el Estado no dispone del derecho del individuo a la vida. Entonces está reservado al poder público privar al condenado del «bien» de la vida, en expiación de su falta, después de que, por su crimen, él se ha desposeído de su «derecho» a la vida (Discurso a los participantes en el I Congreso Internacional de Histopatología del Sistema Nervioso, nº 28, 13 de septiembre de 1952)

San Juan Pablo II:

“Es evidente que, precisamente para conseguir todas estas finalidades, la medida y la calidad de la pena deben ser valoradas y decididas atentamente, sin que se deba llegar a la medida extrema de la eliminación del reo salvo en casos de absoluta necesidad, es decir, cuando la defensa de la sociedad no sea posible de otro modo” (Encíclica Evangelium Vitae, nº 56, 25 de marzo de 1995)

Catecismo de la Iglesia Católica:

“A la exigencia de la tutela del bien común corresponde el esfuerzo del Estado para contener la difusión de comportamientos lesivos de los derechos humanos y las normas fundamentales de la convivencia civil. La legítima autoridad pública tiene el derecho y el deber de aplicar penas proporcionadas a la gravedad del delito. La pena tiene, ante todo, la finalidad de reparar el desorden introducido por la culpa. Cuando la pena es aceptada voluntariamente por el culpable, adquiere un valor de expiación. La pena finalmente, además de la defensa del orden público y la tutela de la seguridad de las personas, tiene una finalidad medicinal: en la medida de lo posible, debe contribuir a la enmienda del culpable. La enseñanza tradicional de la Iglesia no excluye, supuesta la plena comprobación de la identidad y de la responsabilidad del culpable, el recurso a la pena de muerte, si esta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas. Pero si los medios incruentos bastan para proteger y defender del agresor la seguridad de las personas, la autoridad se limitará a esos medios, porque ellos corresponden mejor a las condiciones concretas del bien común y son más conformes con la dignidad de la persona humana” (nº 2266-2267).

Además de las referidas citas, se podrían citar muchísimas más de Padres y Doctores de la Iglesia, Santos y grandes teólogos -San Juan Cristóstomo, San Gregorio Nacianceno, San Efrén, San Ambrosio, San Hilario de Poitiers, San Roberto Belarmino, San Pío V, Pío XI, Inocencio I, San Dámaso, San Bernardo, San Jerónimo, Santo Tomás Moro, San Francisco de Borja, San Francisco de Sales, Francisco de Vitoria, San Felipe Neri, Francisco Suárez, Beato Duns Scoto, etc.-.

Téngase en cuenta que, además de la licitud moral -y a veces hasta el deber- de la pena de muerte como castigo justo y para protección de la sociedad, también se justifica en orden a la salvación eterna de las almas. Nótese que, de no aplicarse, no sólo estaría en juego la vida terrenal de las futuras víctimas en caso de que los asesinos o traidores -que ponen en riesgo la seguridad de una nación y la vida de sus ciudadanos, al posibilitar a sus enemigos que les ataquen o al fomentar guerras y revoluciones- escaparan de prisión o salieran por otros motivos, sino también la posible salvación eterna de dichas víctimas, que quizás podrían salvarse si muriesen más tarde en otras circunstancias, y al quitarles la vida estos asesinos, quizás se condenen; mientras que a ellos, hasta que les ejecuten, se les da la oportunidad de arrepentirse y salvarse -a sus víctimas no, por lo que pierden su vida y puede que también su alma-. Alguien podría argumentar que éso ya lo tiene previsto la Divina Providencia y que si las víctimas se condenan es por sus propias culpas. Naturalmente, uno siempre se condena por sus propios pecados, pero quizás si un asesino no les hubiese matado podrían haberse arrepentido en el futuro. La Divina Providencia también ha previsto la pena de muerte para evitar que otras víctimas se condenen por las razones expuestas.

Queda, pues, meridianamente claro lo que, tanto el Evangelio, como el Magisterio de la Iglesia, ha enseñado siempre sobre este tema, en contraposición con la errada opinión personal de Bergoglio, que acusa al mismo Cristo -quien, pudiendo y debiendo, no contradijo al buen ladrón-, al Apóstol San Pablo, a los citados Santos y Doctores de la Iglesia, así como a varios Sumos Pontífices, de ser "legalistas" y malos cristianos y de no comprender el Evangelio por su "preocupación por conservar íntegros el poder y las riquezas materiales".

Creyendo y afirmando semejantes disparates, no es sorprendente que Francisco concluya diciendo que "no se puede conservar la doctrina sin hacerla progresar, ni se la puede atar a una lectura rígida e inmutable sin humillar la acción del Espíritu Santo". No hay ningún progreso en afirmar lo contrario de lo que siempre ha afirmado la Iglesia. Lo que hay es una ruptura, por más que se la adorne con bellas palabras y esté acorde con el sentimiento de cierta parte de la sociedad occidental actual -muy sensible con los derechos de los victimarios y muy poco con los de las víctimas pasadas, presentes o futuras-. Además de considerar al Espíritu Santo como una especie de veleta que cambia de dirección arbitrariamente, sin lógica alguna, y que ha permitido errar a la Iglesia durante dos milenios hasta la llegada de Bergoglio al solio pontificio, inspirándole sólo a él -como si se tratara de un médium que recibe mensajes del Más Allá-, lo que ha negado a sus antecesores. Si tal visión no fuera tan grave para el bien de las almas -y por la amenaza de que podría modificar el Catecismo-, sería risible, por lo pueril.

Oremos por Francisco, para que debido a sus pensamientos, palabras, obras y omisiones, habida cuenta de su enorme responsabilidad sobre el destino eterno de miles de millones de almas, no acabe dando de bruces con la suya en las calderas de Pedro Botero.

Véase también:


Y sobre la falsa "evolución" de la doctrina:




La noticia sobre la fuga de los presos invitados a la comilona con Francisco puede leerse aquí, y las citas del Magisterio están tomadas de aquí, que a su vez las ha tomado de aquí.

jueves, 5 de octubre de 2017

Francisco ha manifestado su rechazo y el de la Iglesia a la autodeterminación e independencia de Cataluña

Contrariamente al pronunciamiento y toma de postura de algunos obispos partidarios a la autodeterminación e independencia de Cataluña -y en algunos casos, también promotores-, Francisco y el Secretario de Estado de la Santa Sede, el Cardenal Pietro Parolin, han confirmado la postura de la Iglesia contra la autodeterminación de Cataluña, defendiendo "la legalidad constituida".

El nuevo embajador de España ante la Santa Sede, D. Gerardo Bugallo, ha mantenido una larga y cordial conversación con Francisco y con el secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, tras la ceremonia de presentación de cartas credenciales del embajador español en el Vaticano, durante el curso de la cual han hablado sobre la situación de Cataluña.

Esta conversación tuvo lugar el pasado lunes 2 de octubre en la biblioteca privada de Francisco, donde, tras la recepción protocolaria, tuvieron una conversación que se prolongó unos veinte minutos. Después de que el embajador español transmitiera los saludos de S. M. el Rey Felipe VI y del Gobierno de España, Bergoglio le reiteró la postura de la Santa Sede, contraria a toda autodeterminación que no esté justificada por un proceso de descolonización, y manifestó el rechazo de la Iglesia a toda actitud que no esté basada en el respeto a la legalidad constituida. Tras este encuentro, el embajador español fue recibido en la Secretaría de Estado por el cardenal Pietro Parolin, con quien también mantuvo una conversación durante media hora, en la que el cardenal se pronunció en el mismo sentido que Francisco. Vida Nueva.

sábado, 30 de septiembre de 2017

El Cardenal Burke vuelve al Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica por decisión de Francisco, según ha informado la Santa Sede

El Boletín de la Sala de Prensa de la Santa Sede de hoy, 30 de septiembre de 2017, informa de forma escueta, en el apartado de "Renuncias y nombramientos", sobre el nombramiento de nuevos miembros del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica, entre los que Francisco ha incluido a S. E. R. Raymond Leo S.R.E. Card. Burke, ex Prefecto de dicho Tribunal, del que fue destituido por el mismo Francisco hace casi tres años, el 8 de noviembre de 2014 (ver aquí).

De esta forma, el Cardenal Burke, uno de los cuatro cardenales que enviaron las dubia (ver aquí) a Francisco sobre "Amoris laetitia" (ver aquí), de los dos que aún quedan vivos, volvería al Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica, aunque esta vez en calidad de simple miembro.

Como se observa en la captura de pantalla sobre estas líneas, así lo recoge el Bollettino en su versión en español (el color rojo es mío):

Nombramiento de miembros del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica

El Santo Padre ha incluido entre los miembros del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica a los Eminentísimos Señores Cardinales Agostino Vallini, Edoardo Menichelli, y Raymond Leo Burke y a los Excelentísimo Monseñores Frans Daneels, Johannes Willibrordus Maria Hendriks.

jueves, 28 de septiembre de 2017

El Primado de España pide a los separatistas catalanes pertenecientes al clero, que firmaron una declaración independentista «en sintonía con sus obispos», que se callen y dejen de alentar la comisión de delitos

S. E. R. Mons. Braulio Rodríguez, Arzobispo de Toledo y Primado de España, ha pedido a los escasos 200 y pico separatistas catalanes que pertenecen al clero -en Cataluña hay 2.190 sacerdotes y religiosos según el último nomenclátor de la Conferencia Episcopal Española-, que recientemente firmaron una declaración conjunta contraria a la Ley y a la voluntad de más de la mitad de los catalanes, que no dividan a los católicos. Concretamente, les ha pedido permanecer «razonablemente callados y no emitir opiniones que van un poco más allá de la política». Lo ha manifestado al ser preguntado sobre el tema en la sede del Seminario Conciliar en Toledo, donde se estaba celebrando la apertura oficial del curso académico 2017-2018.

Dichos separatistas, que además pertenecen al clero, dicen actuar «en sintonía con nuestros obispos», refiriéndose a los obispos españoles a cargo de las diócesis de la región de Cataluña, pese a que éstos, ante las intenciones de la minoría separatista, se pronunciaron hace pocos días para pedir «que la sensatez y el deseo de ser justos y fraternos nos guíe a todos». El único representante del episcopado español de Cataluña que apoya abierta y públicamente las pretensiones delictivas de los separatistas es Xavier Novell, al frente de la diócesis de Solsona (provincia de Lérida, España).

Nótese que dicha declaración, además de promover la comisión de un delito, vulnera el Código de Derecho Canónico, por lo que el Gobierno de España ha formalizado una protesta ante la Santa Sede por la actitud de estos separatistas consagrados. Tras difundirse el comunicado, el embajador español ante la Santa Sede, Gerardo Bugallo, aprovechó una recepción en la Embajada estadounidense en Roma para entregar en mano al cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado vaticano, una nota verbal de protesta (ver aquí).

Téngase en cuenta, además, que ya en 2006 la Conferencia Episcopal Español se pronunció contra la ruptura de la unidad de España, declarando que no era «moralmente aceptable la secesión».

Según recoge ReL (ver aquí), el Primado de España, que afirmó que el hecho de que [los separatistas del clero] den su opinión sobre este tema puede provocar que «dividan un poco a los miembros de la Iglesia», también dijo que en el caso de que dichos separatistas -que además son curas o religiosos- digan que esos «son los problemas que están viviendo sus fieles», en el resto de España «los demás fieles también estamos sufriendo lo mismo. Es que ese es el tema [...] Parece como si eso fuera una cosa que sucede allí en el nordeste de España que es Cataluña y que los demás estemos en un plácido existir». Asimismo, subrayó que en el resto de España «también tenemos esas dificultades y tenemos también, pues, muchas cosas que entre todos tenemos que ir resolviendo y no separarnos de un todo más grande».