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jueves, 5 de agosto de 2021

Análisis de la carta que acompaña al motu proprio "Traditionis custodes" del Papa Francisco

Como adelanté en la entrada anterior de este blog, voy a analizar la carta a los obispos que acompañaba al motu proprio "Traditionis custodes".
 
En primer lugar, casi al principio de la carta, hablando sobre los motivos que llevaron a sus predecesores a posibilitar el uso del Misal Romano promulgado por San Pío V, afirma lo siguiente:

"La facultad, concedida por un indulto de la Congregación para el Culto Divino en 1984 y confirmada por San Juan Pablo II en el Motu proprio Ecclesia Dei de 1988, estaba motivada sobre todo por el deseo de favorecer la recomposición del cisma con el movimiento guiado por Mons. Lefebvre. La petición dirigida a los obispos de acoger generosamente las «justas aspiraciones» de los fieles que pedían el uso de ese Misal, tenía por tanto una razón eclesial para recomponer la unidad de la Iglesia".

Tal afirmación no se ajusta a la verdad, que está expuesta de forma meridianamente clara en los documentos que cita, como ya reflejé en la entrada anterior del blog:

"...con la Carta Apostólica «Ecclesia Dei», dada en forma de Motu Proprio, Juan Pablo II exhortó a los obispos a utilizar amplia y generosamente esta facultad en favor de todos los fieles que lo solicitasen. Después de la consideración por parte de nuestro predecesor Juan Pablo II de las insistentes peticiones de estos fieles...".

Dicha medida no estaba destinada únicamente a los fieles de la FSSPX, sino a TODOS los fieles católicos que ya solicitaban (o a TODOS los que lo hiciesen en el futuro), la celebración según el Rito Romano tradicional. ¿Qué cisma había -o hay hoy en día- entre los católicos que desean asistir a la Santa Misa o recibir los sacramentos según los libros litúrgicos anteriores a la reforma de Pablo VI? Ninguno. Así que, no se puede recomponer un cisma inexistente, y, por tanto, la aludida "razón eclesial para recomponer la unidad de la Iglesia" no es cierta.
 
Por otro lado, está bien que la carta vuelva a recordar, como ya hiciera el Papa Benedicto XVI, que...

"...el Sacrificio de la Misa según la edición típica del Misal Romano promulgado por el beato Juan XXIII en 1962, que nunca se ha abrogado...".

Es decir, el Papa Francisco subraya que el Misal de San Pío V (cuya última edición fue la de Juan XXIII de 1962) no ha sido abrogado nunca. Ahora tampoco.
 
En la carta que acompañaba el motu proprio "Summorum Pontificum", Benedicto XVI también dejaba bien claro que su intención no iba dirigida a la FSSPX o a aquellos fieles que rechazan el Concilio Vaticano II (sin indicar qué cosa no aceptaban del mismo):

"Muchas personas que aceptaban claramente el carácter vinculante del Concilio Vaticano II y que eran fieles al Papa y a los Obispos, deseaban no obstante reencontrar la forma, querida para ellos, de la sagrada Liturgia".

Y, además, indica uno de los motivos por los cuales dichos fieles pedían entonces (y siguen prefiriendo hoy) el Rito Romano tradicional, aun siendo jóvenes (no, el motivo no es nostalgia de algo que jamás han conocido):

"Esto sucedió sobre todo porque en muchos lugares no se celebraba de una manera fiel a las prescripciones del nuevo Misal, sino que éste llegó a entenderse como una autorización e incluso como una obligación a la creatividad, lo cual llevó a menudo a deformaciones de la Liturgia al límite de lo soportable".

Trece años después, ¿ha cambiado la situación descrita? No, en muchos casos las celebraciones según el Misal de Pablo VI han empeorado notablemente, pese a los llamamientos y documentos de los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI contra las profanaciones y "abusos" litúrgicos. Por ello, los fieles que asisten o desean asistir a la Santa Misa Tridentina van aumentando, sin prisa pero sin pausa, y no porque "rechacen" el Concilio Vaticano II o el magisterio postconciliar. Sin duda, hay más fieles y clero que sólo usa el Misal de Pablo VI que rechaza justamente lo que el presente motu proprio achaca a la minoría que asiste a la Misa Tridentina, y nadie ha leído aún un motu propio de Francisco limitando el uso del Misal de Pablo VI para fomentar la unidad, sobre todo doctrinal, habiendo un número ingente de personas que sólo usan dicho Misal y que rechaza todos los concilios (incluyendo el último), y gran parte del Magisterio de la Iglesia (también el postconciliar). La motivación aducida (vamos, la excusa), pues, no puede ser más mala.
 
Es cierto que Benedicto XVI dice que con el motu proprio "Ecclesia Dei", Juan Pablo II también quería ayudar a la Fraternidad San Pío X a "reencontrar la plena unidad con el Sucesor de Pedro", pero esa no era ni la única, ni la principal motivación de tal motu proprio, como puede leerse en el mismo. Además, la Iglesia no emite documentos con vistas a que los cumplan supuestos "cismáticos" -si es que se consideraba tales a los miembros y fieles de la FSSPX-, como tampoco emite documentos destinados a que los cumplan los cismáticos ortodoxos. Por razones obvias: si no están sujetos al Romano Pontífice, ¿cómo espera alguien que sean vinculantes para ellos?
 
Francisco continúa en el motu proprio afirmando -sin presentar ni una sola prueba, porque no las tiene, ni las puede tener- que la "oportunidad" (sic) de usar el Rito Romano de siempre...

"...ha sido aprovechada para aumentar las distancias, endurecer las diferencias y construir oposiciones que hieren a la Iglesia y dificultan su progreso, exponiéndola al riesgo de la división".

Resulta paradójico que acuse a los fieles y clero que usan el Misal de San Pío V de exponer a la Iglesia a la división por dificultar su "progreso", cuando está a la vista de todos que quienes dividen son, precisamente, los "progresistas", que rechazan -en todo o en parte- la Fe católica y creen (o quieren que así sea) que ésta ha cambiado hace 50 años, o que puede cambiar ahora (que se lo pregunten a una parte sustancial de la iglesia alemana... de facto, esa sí que está en cisma declarado).
 
Lo que sigue a continuación en la carta de Francisco parece, simplemente, una broma:

"Me duelen por igual los abusos de una parte y de otra en la celebración de la liturgia".

¿Abusos litúrgicos en la celebración según el Misal de San Pío V desde el motu proprio de Juan Pablo II y el de Benedicto XVI? ¿Cuáles? ¡Si ni siquera ha podido señalar uno sólo! Obviamente, eran preguntas retóricas, porque el Papa Francisco sabe perfectamente, como lo sabe todo el mundo, que dichos abusos no existen, a diferencia de los que abundan en innumerables celebraciones con el Misal de Pablo VI.
 
Luego, vuelve a incidir en que los sacerdotes o fieles que usan el Misal de San Pío V (sin especificar, o sea, todos ellos en bloque), rechazan la reforma litúrgica (lo dice como si hubiera que aceptarla como si fuera el undécimo mandamiento del Decálogo: "No rechazarás la reforma litúrgica de Pablo VI"), o, directamente el Concilio Vaticano II en sí (sin haber preguntado a un solo fiel que asista a Misa Tridentina si lo acepta o no, como tampoco se les pregunta a los que van a la Misa de Pablo VI).
 
Lo que viene a continuación, es otra mala excusa:

"Dudar del Concilio es dudar de las propias intenciones de los Padres, que ejercieron solemnemente su potestad colegial cum Petro et sub Petro en el Concilio Ecuménico y, en definitiva, dudar del propio Espíritu Santo que guía a la Iglesia".

De lo que se quejan los mal llamados "tradicionalistas" (para que nos entendamos), es justamente de lo contrario que Francisco les achaca: nadie duda de las intenciones de los Padres conciliares, sino que se sabe y se ve (los progresistas también lo saben y lo ven) que se han incumplido dichas intenciones, como puede observarse en el incumplimiento sistemático del documento conciliar sobre liturgia "Sacrosanctum Concilium". ¿Qué tiene que ver el Espíritu Santo con que los innovadores progresistas se pasasen -y se pasen- por el forro, no sólo las intenciones de los Padres conciliares, sino también el propio documento conciliar que resultó de dichas intenciones? Serán ellos, en todo caso, quienes no crean en el Concilio Vaticano II y en las intenciones de los Padres. Parece un poco injusto y bastante poco misericordioso que un padre, cuando uno de sus dos hijos hace algo mal, castigue al otro hijo. O el padre está ciego, o simplemente prefiere al hijo malo y no le importa ser injusto, lo cual no es propio de un padre (al menos, no de un buen padre).
 
A continuación, como ya ha hecho muchas veces en documentos anteriores, Francisco cita el Magisterio de Papas anteriores fuera de contexto, para intentar darle un significado diferente al que le dieron dichos Papas. En este caso, para acusar a la Misa Tridentina de no cumplir con el deseo de la "participación activa" en la liturgia que supuestamente querían los padres conciliares de acuerdo con la "Mediator Dei" de Pío XII. Pero, ¿qué decía dicho documento de Pío XII al respecto? Vamos a verlo:

Además, «para que el pueblo torne parte más activa en el culto divino, se debe restablecer entre los fieles el uso del canto gregoriano, en la parte que le corresponde. Evidentemente, apremia el que los fieles asistan a las sagradas ceremonias, no como meros espectadores mudos y extraños, sino profundamente penetrados por la belleza de la liturgia; que alternen sus voces con la del sacerdote y coro. Si esto, por la bondad de Dios, se verificare, no ocurrirá que el pueblo responda a lo más con un ligero y tenue murmullo a las preces comunes rezadas en latín o en lengua vulgar». La multitud que asiste atentamente al sacrificio del altar, en el que nuestro Salvador, juntamente con sus hijos redimidos por su sangre, canta el epitalamio de su inmensa caridad, no podrá callar, ya que «el cantar es propio de quien ama», o, corno dice el viejo refrán: «cantar bien es orar dos veces». Así resulta que la Iglesia militante, clero y pueblo juntos, une sus voces a los cantos de la triunfante y de los coros angélicos, y todos a una cantan un sublime y eterno himno de alabanza a la Santísima Trinidad, según aquello: «y nosotros te rogamos que admitas nuestras voces mezcladas con las suyas».

¿De dónde toma Pío XII dicha cita? ¡Del Prefacio del Missale Romanum! (sí, sí, el de San Pío V). Exactamente la misma intención de Juan XXIII y de los Padres conciliares: que se mantuviera el uso del latín y el gregoriano. Pues los del "espíritu del concilio", ni caso. Así que, la participación activa en la liturgia querida por el concilio no era -ni es, ni será, aunque se incumpla- que toda la Misa sea en lengua vulgar o que los cantos sean profanos, ñoños, horteras, o todo a la vez, sino que los fieles -no sólo los sacerdotes- usen el canto gregoriano de forma habitual. ¿Dónde dice algún documento del Concilio Vaticano II que la participación activa de los fieles en la liturgia consista, o deba consistir, en cometer o soportar (pasivamente) los abusos litúrgicos que padecemos los católicos desde hace medio siglo? Además, sólo hay que asistir hoy en día para comprobar cómo los fieles que asisten a la Misa Tridentina participan activamente en la liturgia sin abusos litúrgicos de ningún tipo, ni por su parte, ni por parte del oficiante: la Misa es dialogada entre éste y los fieles, cantan y/o recitan las partes del Ordinario que les corresponden (pudiendo seguirlo en su idioma, pues los misales son bilingües), cambian de postura según indican las rúbricas (lo cual se incumple sistemáticamente en las celebraciones con el Misal de Pablo VI, al que se desobedece), etc. Nadie se queda dormido recostado en su asiento ante interminables "homilías" sociales, nadie repite como un loro larguísimos salmos responsoriales que pocos recuerdan, y, sobre todo, nadie se horroriza de las ocurrencias o de la ideología del cura de turno, totalmente ajena a temas religiosos. Como se ve, son dos maneras de entender lo que es la "participación activa" de los fieles en la liturgia: por un lado lo que quiere la Iglesia, y por otro lo que quieren los innovadores -contra lo que dice la Iglesia-.
 
Después, vuelve a citar de nuevo la Constitución sobre la Sagrada Liturgia "Sacrosanctum Concilium", para defender la aplicación de la reforma litúrgica, entrecomillando lo que dicho documento quería que fuera dicha reforma: «ateniéndose fielmente a la tradición». O sea, justamente lo contrario de lo que se ha visto en el último medio siglo.
 
De nuevo, vuelve a parecer una broma lo que dice a continuación:

"Quienes deseen celebrar con devoción según la forma litúrgica anterior no encontrarán dificultad en encontrar en el Misal Romano, reformado según la mente del Concilio Vaticano II, todos los elementos del Rito Romano, especialmente el canon romano, que es uno de sus elementos más característicos".

Aparte de que el Misal de Pablo VI no cumplió exactamente lo que pedía el documento sobre liturgia del Concilio Vaticano II -y su aplicación mucho menos-, quienes desean celebrar con devoción según el Misal de San Pío V -porque la forma litúrgica anterior a la reforma de Pablo VI no es ésa, sino el Misal de 1965, conocido por algunos como "Misa híbrida"- no sólo encuentran dificultades para encontrar todos los elementos del Rito Romano en el Misal de Pablo VI, sino que es imposible que alguien los encuentre, pues gran parte de ellos han sido eliminados del mismo (en internet hay muchos estudios y cuadros comparativos donde puede verse qué se eliminó, qué se cambió y qué se creó ex profeso para incluirlo en el nuevo Misal).
 
Finalmente, vuelve a acusar injusta y temerariamente a todos los fieles que asisten a la Misa Tridentina de rechazar a la Iglesia y a sus instituciones. ¿Qué significa realmente dicha frase? Los fieles que van a la Misa Tridentina... son Iglesia. La Iglesia está formada por todos los fieles católicos, vivos y difuntos, con Cristo a la cabeza. ¿Quién se rechaza a sí mismo?
 
La siguiente afirmación es de antología:

"Es para defender la unidad del Cuerpo de Cristo que me veo obligado a revocar la facultad concedida por mis predecesores. El uso distorsionado que se ha hecho de ella es contrario a las razones que les llevaron a conceder la libertad de celebrar la misa con el Missale Romanum de 1962".

Para uso distorsionado, el que este documento hace de las intenciones y documentos de todos los Papas hasta el actual: la Misa Tridentina, Gregoriana, Apostólica o tradicional (como se la quiera llamar), no es una concesión de los dos inmediatos predecesores del Papa actual, como él mismo reconoce en este mismo motu proprio, aunque luego se contradiga, sino un derecho concedido a perpetuidad desde que San Pío V promulgara el Misal Romano según el Concilio de Trento hace casi medio milenio. Las razones que llevaron a Juan Pablo II y Benedicto XVI a RECONOCER (no conceder) que nadie había abrogado el Misal de San Pío V, y a su legítimo uso por parte de cualquier sacerdote o fiel católico, nada tiene que ver con ninguna unidad del Cuerpo de Cristo, que rompen, fundamental y sistemáticamente, quienes no creen o rechazan la Fe católica.
 
Conclusión: que como bien dice el motu proprio, la decisión de limitar la Misa Tridentina y la creciente asistencia de fieles a la misma (asistencia no impuesta, sino voluntaria), se debe a lo siguiente:

"Respondiendo a vuestras peticiones [la de un número ínfimo de obispos que odian el Rito Romano de siempre, porque ni lo conocen, ni sabrían oficiarlo], tomo la firme decisión de derogar todas las normas, instrucciones, concesiones y costumbres anteriores al presente Motu Proprio".

El documento deja bien claro que se refiere a las de Juan Pablo II y Benedicto VI, no a las de Pablo VI ni a las conciliares, que también son anteriores a este motu proprio.
 
Por último, afirma que...

"...tras el Concilio de Trento, San Pío V derogó todos los ritos que no podían presumir de una antigüedad probada, estableciendo un único Missale Romanum para toda la Iglesia latina".

Bueno, en realidad San Pío V no hizo tal cosa. La intención del Concilio de Trento era impedir y/o erradicar el error y la herejía, por lo que los libros litúrgicos recientes, de los que se sospechaba que podían contener errores o herejías, fueron eliminados, mientras que todos los demás ritos fueron permitidos: el visigótico, el ambrosiano, el bracarense, el dominico, el cartujo, etc. Y el Rito Romano se remontaba en Roma a los tiempos apostólicos, permaneciendo prácticamente invariable desde San Gregorio Magno (s. VI). San Pío V no se inventó nada: sólo codificó en el Misal el Rito Romano ya existente y lo promulgó para que cualquiera pudiera usarlo libremente, pero no obligatoriamente como rito único (se podían seguir usando los otros ritos, y así se hizo desde entonces).
 
La frase que viene a continuación parece escrita por Perogrullo:

"Durante cuatro siglos, este Missale Romanum promulgado por san Pío V fue, pues, la principal expresión de la lex orandi del Rito Romano".

En realidad son cuatro siglos y medio hasta el día de hoy (algunos se han quedado congelados en los años 60 del siglo XX). Además, el Missale Romanum no era "la principal expresión de la lex orandi del Rito Romano", sino su ÚNICA expresión, al igual que la ÚNICA expresión de la lex orandi del Rito Visigótico era su propio Misal, y del Rito Ambrosiano, el suyo propio, etc.
 
La supuesta función "unificadora" en la Iglesia que pretende este documento, en el pasado no supuso eliminar ni perseguir las demás expresiones litúrgicas legítimas, ni nadie ha dicho nunca que dichas expresiones no fueran lex orandi (¿qué iban a ser y qué son, si no?). Está meridianamente claro que la unidad que pretende restablecerse en toda la Iglesia de rito romano no es tal: se busca uniformidad, no unidad; y no de acuerdo con el Concilio Vaticano II, ni con ningún documento precedente.
 
Finaliza el motu proprio recordando a los obispos que, como Ordinarios locales, pueden autorizar en sus Iglesias el uso del Misal Romano de San Pío V, que es lo que están haciendo la mayoría de ellos desde que se publicó este motu proprio, de acuerdo con el deseo del Papa Francisco de "prever el bien de quienes están arraigados en la forma de celebración anterior". Evidentemente, en aquellos lugares donde hay grupos de fieles que asisten a la Misa Tridentina, pues donde no hay fieles ni nadie lo pide, no hay nada que autorizar, ni que prohibir. Se insta a los obispos a no erigir nuevas parroquias personales, a pesar del deseo y voluntad de los fieles que forman el «santo Pueblo fiel de Dios», que hará necesario en un futuro no muy lejano, debido a su aumento, la erección de nuevas parroquias personales, o la vuelta a las parroquias normales en aquellos lugares en los que se haya sacado de las mismas, tarea que probablemente corresponderá establecer a un futuro Pontífice.
 
Como conclusión del despropósito que supone el motu proprio y la carta que lo acompaña, y que seguramente explique muchas cosas, aquí van algunos datos:
 
El nuevo Rito de la Misa (Novus Ordo Missae) entró en vigor el 30 de noviembre de 1969, I domingo de Adviento. Jorge Mario Bergoglio fue ordenado sacerdote 20 días después, el 13 de diciembre de 1969. Por tanto, nunca ha oficiado la Santa Misa con el Misal de Juan XXIII de 1962 (la última edición del Misal de San Pío V).
 
Es el primer Papa que no ha oficiado jamás la Misa tradicional desde que se promulgara la Constitución Apostólica 'Quo Primum tempore' de San Pío V, el 14 de julio de 1570 (entró en vigor un mes después), que fijaba el Misal del Rito Romano como habían establecido los cánones y decretos del Concilio de Trento.
 
La Constitución Apostólica 'Missale Romanum', promulgada el 3 de abril de 1969 no abrogó la Constitución Apostólica 'Quo Primum tempore', debido a la declaración de irreformabilidad (sujeta a anatema) contenida en la misma.
 
Desde los tiempos del Papa San Gregorio Magno (590–604) hasta la interpolación de 'San José' por Juan XXIII en 1962, el Canon de la Misa (y todo el Misal Romano desde 1570) ha permanecido prácticamente inalterado. Todas las revisiones del Misal Romano efectuadas por los Papas posteriores a San Pío V, sólo han afectado a las rúbricas o han reformado el calendario litúrgico, no el Rito del Misal propiamente dicho.
 
Como puede apreciarse, el actual Papa, además de desconocer la liturgia anterior a la reforma de Pablo VI, tiene una visión muy sesgada -cuando no deformada- de la misma, así como de su historia desde tiempos apostólicos hasta la época en que él fue seminarista (nada menos que la de la revolución "sesenta-y-ochera"), o de lo que los Papas han hecho o dejado de hacer en materia litúrgica (si lo conociera, no afirmaría las cosas que afirma, pues no se corresponden con la realidad). Repito: Francisco es el único Papa en casi medio milenio que jamás ha oficiado la Santa Misa Tridentina ni siquiera cuando era un simple cura. Y ya se sabe: ¡no se puede amar lo que no se conoce!

viernes, 23 de julio de 2021

Análisis del motu proprio "Traditionis custodes" del Papa Francisco, a una semana de su publicación

Tras 40 meses sin publicar en el blog -por motivos que no vienen al caso-, y tras leer y escuchar muchos artículos, opiniones y comentarios en internet y otros medios de comunicación, me he decidido a analizar someramente el motu proprio 'Traditionis custodes', pues afecta a la liturgia tradicional que siempre he promovido en este blog, y así también despejar dudas y equívocos que se han difundido en otros medios.

Este motu proprio comienza diciendo que sus predecesores (los de Francisco) "concedieron y reglamentaron la facultad de utilizar el Misal Romano publicado por San Juan XXIII en 1962" (que no es otro que la última edición del Misal de San Pío V) "Para promover la concordia y la unidad en la Iglesia [...] en algunas regiones [donde los fieles] se adhirieron a las formas litúrgicas anteriores a la reforma deseada por el Concilio Vaticano II". Sin embargo, dicha adhesión no era geográfica, ni se limitaba a simples regiones concretas.

En realidad, el motu proprio "Summorum Pontificum" de Benedicto XVI aclara perfectamente que la motivación no era promover ninguna "concordia y unidad", sino la preocupación pastoral de Juan Pablo II por dichos fieles:

"...el Sumo Pontífice Juan Pablo II, movido por la preocupación pastoral respecto a estos fieles...".

Lo cual se concretó en el año 1988:

"...con la Carta Apostólica «Ecclesia Dei», dada en forma de Motu Proprio, Juan Pablo II exhortó a los obispos a utilizar amplia y generosamente esta facultad en favor de todos los fieles que lo solicitasen. Después de la consideración por parte de nuestro predecesor Juan Pablo II de las insistentes peticiones de estos fieles...".

Es decir, no sólo Benedicto XVI dio la posibilidad a todos los fieles de usar los libros litúrgicos tradicionales (entre ellos, el Missale Romanum de San Pío V en su última edición), sino que dicha medida se remonta hasta el pontificado e iniciativa de Juan Pablo II. Así, la celebración en iglesias designadas para ello, en simples parroquias o el establecimiento de parroquias personales dedicadas al Rito Romano tradicional, se debió a esa solicitud pastoral con los fieles que solicitaban el Rito Romano tradicional. No se debía, pues, al "...deseo y a la voluntad de sacerdotes individuales que a la necesidad real del «santo Pueblo fiel de Dios»", como afirma "Traditionis custodes".

Esas medidas para dar respuesta a dichas peticiones se tomaron:

"...tras haber escuchado a los Padres Cardenales en el consistorio del 22 de marzo de 2006, y haber reflexionado profundamente sobre cada uno de los aspectos de la cuestión, invocando al Espíritu Santo y contando con la ayuda de Dios...".

Y por ello Benedicto XVI promulgó la Carta Apostólica en forma de motu proprio "Summorum Pontificum".

Como aclaró perfectamente Benedicto XVI (no es que lo estableciera él, sino que simplemente lo recordó) el uso del Rito Romano tradicional (como también cualquiera de los otros ritos de la Iglesia), es una de las expresiónes de la Lex orandi, y estas...

"...expresiones de la «Lex orandi» de la Iglesia en modo alguno inducen a una división de la «Lex credendi» («Ley de la fe») de la Iglesia".

Es decir, el uso del Rito Romano tradicional no induce a dividir lo que creen los fieles (la Lex credendi), como achaca sin pruebas 'Traditionis custodes'. Quienes usan el Rito Romano tradicional, aun suponiendo que fueran divisivos en algún aspecto (de lo cual primero hay que mostrar pruebas concretas, no sólo afirmarlo, ni achacárselo a todos en bloque, lo cual es incierto e injusto), no lo son, en ningún caso, por el mero hecho de usar el Rito Romano anterior a la reforma litúrica de 1969. Si no, ¿habría que concluir que, siguiendo dicho razonamiento, las evidentes y mayores divisiones que se han producido en los últimos 50 años entre sacerdotes y fieles que sólo usan el Misal de Pablo VI se debe al uso de dicho Misal?

Y no sólo las divisiones, sino la no aceptación de multitud de aspectos y decisiones del Concilio Vaticano II (no digamos de Concilios precedentes, que siguen en vigor, por si alguno se ha olvidado), del Magisterio de los Papas postconciliares, y hasta del mismo Credo o el Decálogo, entre muchos de esos miembros del clero y fieles que sólo usan el Novus Ordo. Porque, no nos engañemos: hay muchos más. ¿Metemos a todos en el mismo saco, lo achacamos al Misal de Pablo VI, y prohibimos las Misas en las parroquias con el Novus Ordo, así como la no Ordenación de nuevos sacerdotes que pretendan usarlo? Porque eso es lo que establece y parece pretender "Traditionis custodes" con quienes usan el Rito Romano tradicional, a pesar de ser menos gente, de ser menos divisivos (cuando no en absoluto divisivos) y de creer todo lo que manda la Iglesia, a diferencia de muchos de aquéllos.

Además, Benedicto XVI, como también lo hace Francisco en la carta a los obispos que acompaña "Traditionis custodes", recordó (de nuevo, lo recordó, no lo estableció él, y por tanto no puede derogarse lo que es un mero recordatorio de un hecho cierto, por más que se deroge "Summorum Pontificum", que es donde meramente se aclara eso, y no el documento que establece tal hecho) que:

"...es lícito celebrar el Sacrificio de la Misa según la edición típica del Misal Romano promulgado por el beato Juan XXIII en 1962, que NUNCA SE HA ABROGADO".

Ni lo abrogó Pablo VI, ni Juan Pablo II, ni Benedicto XVI, ni, por supuesto, lo ha abrogado Francisco, aunque haya limitado su uso.

Entrando en el articulado de "Traditionis custodes", lo primero que destaca es la imprecisión del texto y la malinterpretación en sus citas:

En el artícuo 1, cuando afirma que los libros litúrgicos promulgados por Pablo VI y [posteriormente retocados por] Juan Pablo II "en conformidad con los decretos del Concilio Vaticano II" son "la única expresión de la lex orandi del Rito Romano", cabe decir, en primer lugar, que éstos no están tan en conformidad con los decretos del Concilio Vaticano II como afirma, pues "Sacrosanctum Concilium", el documento sobre la Sagrada Liturgia del Concilio Vaticano II, se ha incumplido sistemáticamente en muchas de sus partes hasta el día de hoy (por ejemplo, el uso del latín obligatorio, no opcional, aunque se permitan partes en lengua vernácula, o el uso del canto gregoriano); y en segundo lugar, tendría que decir que dichos libros litúrgicos son la "unica expresión" PERMITIDA de la "Lex orandi", si su intención es prohibir el uso del Rito Romano anterior a la reforma de Pablo VI, no que lo que siempre ha sido una de las expresiones de dicha Lex orandi (como también lo son los otros Ritos latinos o los Orientales) se haya convertido por arte de magia en otra cosa, o que su uso dé lugar a creer (Lex credendi) otra cosa diferente a lo que creen quienes usan el Misal de Pablo VI. Porque, se supone que el Novus Ordo no da lugar a creer otra cosa que lo que siempre ha creído la Iglesia. ¿O acaso lo hace o lo pretende?

El artículo 2 permite a los obispos autorizar el uso del Missale Romanum de San Pío V en su edición de 1962 en sus respectivas diócesis, por lo cual, no puede considerarse que los obispos que lo autoricen sean "desobedientes" al Papa, como afirman algunas personas en internet y las redes sociales.

El artículo 3 será inaplicable en casi todos (si no en todos) los casos, pues, ¿cómo se comprueba que "estos grupos no excluyan la validez y la legitimidad de la reforma litúrgica, de los dictados del Concilio Vaticano II y del Magisterio de los Sumos Pontífices"? Los obispos, ¿van a preguntar sobre estos puntos a cada fiel que asista a Misa? Hasta ahora no lo han hecho (y eso que es uno de los motivos aducidos en la carta de acompaña al motu proprio para tomar las decisiones contempladas en "Traditionis custodes"), sino que se han limitado a responder un cuestionario (sólo lo ha hecho un tercio de los obispos), no habiendo ellos -tampoco- encuestado a los fieles para saberlo y sacar conclusiones a partir de sus supuestas respuestas (que tampoco se han dado a conocer). Pero, además, aunque se hubiera hecho y se hiciera (que no se ha hecho, ni se hará), salta a la vista la arbitrariedad e injusticia que supondría hacerlo sólo con los fieles que asisten a Misas tradicionales (muchos de los cuales también asisten a Misas Novus Ordo), y no a quienes asisten al culto con el Misal de Pablo VI.

Tanto el Papa como los obispos saben perfectamente que hay muchos más fieles, de los que sólo usan los libros litúrgicos promulgados por Pablo VI, que cuestionan el Concilio Vaticano II, todos los Concilios anteriores (porque el último no los deroga o invalida, como algunos pretenden dar a entender), el Magisterio de los Sumos Pontífices, tanto preconciliares, como postconciliares (piénsese en 'Humanae Vitae' de Pablo VI, 'Familiaris Consortio' de Juan Pablo II, o la 'Dominus Iesus' sobre la unicidad y universalidad salvífica de Jesucristo y de la Iglesia, por ejemplo), la autoridad papal y hasta el mismo Decálogo, que los que presuntamente cuestionan alguna de esas cosas entre los católicos que usan el Rito Romano tradicional (aunque sólo sea porque, por mera estadística, hay menos fieles de este tipo que de los primeros).

El resto del artículo, y los demás artículos, son meras restricciones: Misa tradicional sí, pero fuera de las parroquias, no erigir nuevas parroquias personales, no autorizar nuevos grupos, etc., que ya han analizado otras páginas web.

Sorprende, asimismo, la prisa en tomar estas medidas: "entrando en vigor inmediatamente". Pero así es como están las cosas, de momento.

Por último, hay que señalar y repetir que la Constitución Apostólica "Quo Primum tempore", promulgada por el Papa San Pío V de acuerdo con los decretos y cánones del Concilio de Trento, no se ha abrogado jamás. Ni lo hizo Pablo VI, ni los Papas posteriores (incluyendo a Francisco), y puede seguir oficiándose la Misa Tridentina y los fieles asistir a la misma, como recordó Benedicto XVI, según establece a perpetuidad dicha Constitución Apostólica:

VII. Además, por autoridad Apostólica y a tenor de la presente, damos concesión e indulto, también a perpetuidad, de que en el futuro sigan por completo este Misal y de que puedan, con validez, usarlo libre y lícitamente en todas las Iglesias sin ningún escrúpulo de conciencia y sin incurrir en castigos, condenas, ni censuras de ninguna especie.
 
VIII. Del mismo modo, estatuimos y declaramos:
 
- Que no han de estar obligados a celebrar la Misa en forma distinta a la establecida por Nos ni Prelados, ni Administradores, ni Capellanes ni los demás Sacerdotes seculares de cualquier denominación o regulares de cualquier Orden; 
- Que no pueden ser forzados ni compelidos por nadie a reemplazar este Misal
- Y que la presente Carta jamás puede ser revocada ni modificada en ningún tiempo, sino que se yergue siempre firme y válida en su vigor.

XII. Así pues, que absolutamente a ninguno de los hombres le sea licito quebrantar ni ir, por temeraria audacia, contra esta página de Nuestro permiso, estatuto, orden, mandato, precepto, concesión, indulto, declaración, voluntad, decreto y prohibición. Más si alguien se atreviere a atacar esto, sabrá que ha incurrido en la indignación de Dios omnipotente y de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo.

Y así lo ha entendido la Iglesia, siempre y en todo lugar, desde que se promulgara hace más de 450 años.

En otra entrada analizaré, Dios mediante, la carta que acompaña a este motu proprio, donde Francisco expone sus motivaciones (con independencia de si las razones aducidas son reales o no, si corren prisa o no, etc.)

martes, 23 de enero de 2018

En poco más de un año se cumple la profecía del Cardenal Zen: la Santa Sede pide renunciar a un obispo católico para que ocupe su puesto uno cismático elegido por el gobierno comunista chino

Hace poco más de un año, en diciembre de 2016, el máximo representante de la Iglesia Católica en China, S. E. R. Joseph S.R.E. Card. Zen Ze-kiun, S.D.B., Arzobispo emérito de Hong Kong (China), escandalizado por la Ostpolitik vaticana, resucitada después de cuatro décadas, y el posible acuerdo de la Santa Sede con el gobierno comunista chino, legó a afirmar que si Francisco concedía al gobierno del Partido Comunista Chino la facultad de elegir obispos, "traicionaría a Cristo" (ver aquí).

Y parece que el tiempo le va dando la razón: según ha informado Asia News, y recoge Infocatólica, por segunda vez en tres meses, la Santa Sede ha pedido la renuncia a S. E. Mons. Zhuang, Obispo católico ordenado secretamente en 2006 con la aprobación del Vaticano; ordenación que no reconoce el gobierno chino, que apoya al obispo excomulgado Mons. José Huang Bingzhang, miembro de la Asamblea nacional del pueblo (el parlamento chino).

La Santa Sede está a punto de reconocer al obispo excomulgado. AsiaNews, a través de una fuente eclesiástica que prefiere mantenerse anónima, ha informado de que una delegación de la Santa Sede ha viajado a China con el objetivo de alcanzar un acuerdo con el gobierno comunista para lograr que Mons. Huang, el obispo ilegítimo, se convierta en el obispo ordinario de la diócesis, forzndo a S. E. Mons. Zhuang a retirarse. "Mons. Zhuang, al volver a escuchar la petición rompió a llorar", según dicha fuente. Un obispo chino, que pidió mantenerse en el anonimato, dijo a AsiaNews que el Vaticano les ha pedido una opinión acerca de Mons. Huang. "No sé cómo irá a terminar todo esto, pero ésta me parece una solución horrible", agregó.

El Cardenal Joseph Zen ha confirmado las noticias recogidas por AsiaNews. Por lo visto, mientras S. E. Mons. Zhuang era interrogado en Beijing, la delegación vaticana de desplazó hacia el sur del país para reunirse con Mons. Vicente Zhan Silu, uno de los siete obispos ilícitos que aguardan el reconocimiento del Vaticano. Fuentes locales afirman que al obispo ordinario de Mindong, Mons. José Guo Xijin, de la Iglesia subterránea, se le pidió rebajarse a ser el obispo auxiliar de Mons. Zhan o incluso a convertirse en su coadjutor (algo realmente extraño en la Iglesia).

Un sacerdote de la comunidad subterránea de Mindong ha dicho que no estaba al tanto de la visita de la delegación vaticana y que si las cosas se disponen de esta manera incluso "podría pensar en abandonar mi sacerdocio".

Según un artículo del Card. John Tong, publicado en febrero de 2017, el nombramiento de obispos es el eje central en torno al cual giran las negociaciones a puerta cerrada que mantienen China y la Santa Sede. Puede leerse más aquí.

lunes, 8 de enero de 2018

S. E. Mons. Andreas Laun es el séptimo Prelado en subscribir la reciente "Profesión de las verdades inmutables respecto del matrimonio sacramental" para paliar la crisis provocada por "Amoris laetitia" de Francisco

S. E. Mons. Andreas Laun, Obispo auxiliar de Salzburgo (Austria) hasta el pasado 13 de octubre, en que cumplío los 75 años (no se le concedió ni un sólo día de prórroga) y miembro de los Oblatos de San Francisco de Sales, además de Profesor de Teología Moral en la Facultad de Filosofía y Teología de Heiligenkreuz (Austria), es el séptimo Prelado en subscribir la "Profesión de las verdades inmutables respecto del matrimonio sacramental" (ver aquí) hecha pública el pasado 31 de diciembre, según han informado diferentes medios.

Mons. Laun fue uno de los prelados que hace un año se manifestó favorable a las "dubia" sobre "Amoris laetitia" presentadas a Francisco por los Cuatro Cardenales (S. E. R. Walter Card. Brandmüller, S. E. R. Raymond Leo Card. Burke, S. E. R. Carlo Card. Caffarra y S. E. R. Joachim Card. Meisner), y uno de los firmantes de la Súplica Filial «Declaración de fidelidad a la enseñanza inmutable de la Iglesia sobre el matrimonio y a su ininterrumpida disciplina». Puede leerse la entrevista completa que concedió entonces -en español- en este enlace.

El prelado recordó entonces que un Pontífice no puede cambiar una ley moral de origen divino, del mismo modo que no puede modificar las leyes de la Física.

Estos son los 7 Prelados (1 Cardenal, 4 Arzobispos y 2 Obispos) que han subscrito esta "Profesión" hasta el momento:
  • S. E. R. Jānis S.R.E. Card. Pujats, Arzobispo Metropolitano emérito de Riga (Letonia)
  • S. E. R. Mons. Tomash Peta, Arzobispo Metropolitano de la Archidiócesis de Santa María en Astaná (Kazajistán)
  • S. E. R. Mons. Jan Pawel Lenga, Arzobispo emérito de Karagandasu.
  • S. E. R. Mons. Luigi Negri, Arzobispo emérito de Ferrara-Comacchio (Italia).
  • S. E. R. Mons. Carlo Maria Viganò, Nuncio Apostólico emérito de los Estados Unidos.
  • S. E. Mons. Athanasius Schneider, Obispo auxilar de Santa María en Astaná (Kazajistán)
  • S. E. Mons. Andreas Laun, Obispo auxiliar -recién retirado- de Salzburgo (Austria)
Véanse también estas entradas anteriores relacionadas:



viernes, 5 de enero de 2018

Crisis "Amoris laetitia" y la Comunión de los adúlteros: otro Cardenal se adhiere a la "Profesión de las verdades inmutables respecto del matrimonio sacramental" subscrita ya por cuatro Arzobispos y un Obispo

A los dos Arzobispos y un Obispo que inicialmente hicieron pública la "Profesión de las verdades inmutables respecto del matrimonio sacramental" el pasado 31 de diciembre -S. E. R. Mons. Tomash Peta, Arzobispo Metropolitano de la Archidiócesis de Santa María en Astaná (Kazajistán), S. E. R. Mons. Jan Pawel Lenga, Arzobispo emérito de Karagandasu y S. E. Mons. Athanasius Schneider, Obispo auxilar de Santa María en Astaná-, de la que ya hablé en la anterior entrada (ver aquí), a la que luego se adhirieron otros dos Arzobispos italianos -S. E. R. Mons. Luigi Negri, Arzobispo emérito de Ferrara-Comacchio y S. E. R. el Arzobispo Carlo Maria Viganò, Nuncio Apostólico emérito de los Estados Unidos-, ahora acaba de unirse S. E. R. Jānis S.R.E. Card. Pujats, Arzobispo Metropolitano emérito de Riga (Letonia), al que vemos en la fotografía que ilustra esta entrada y que también ha subscrito el documento, según ha informado Corrispondenza Romana y Marco Tosaiti. Quién nos iba a decir a los católicos hace unas décadas que la defensa de la fe vendría, primordialmente, del Este, de la mano de Obispos provenientes de países que una vez estuvieron tras el Telón de Acero (nótese que Jānis Pujats, que había sufrido la persecución religiosa llevada a cabo por el régimen comunista de la Unión Soviética, de la que entonces formaba parte Letonia, fue creado Cardenal "in pectore" por San Juan Pablo II en febrero de 1998, aunque no fue anunciado públicamente hasta el consistorio del 21 de febrero de 2001, siendo en 2005 uno de los Cardenales electores que eligieron al Papa Benedicto XVI).

Véanse estas dos entradas relacionadas previas:


miércoles, 3 de enero de 2018

Aumenta la crisis de "Amoris laetitia": cuatro Arzobispos y un Obispo hacen profesión de fe católica y niegan que los adúlteros no arrepentidos y sin propósito de enmienda puedan recibir los sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía, además de recordar la verdad católica sobre el sacramento del Matrimonio

Como reza el título de esta entrada, cuatro Arzobispos y un Obispo acaban de hacer pública, a propósito de la crisis provocada por "Amoris laetitia", una profesión de fe católica en la que niegan la posibilidad de administrar los sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía a los adúlteros no arrepentidos y sin propósito de enmienda, y recuerdan la verdad católica sobre el sacramento del Matrimonio .

Se trata del S. E. R. Mons. Tomash Peta, Arzobispo Metropolitano de la Archidiócesis de Santa María en Astaná (Kazajistán), S. E. R. Mons. Jan Pawel Lenga, Arzobispo emérito de Karagandasu y S. E. Mons Athanasius Schneider, Obispo auxilar de Santa María en Astaná, quienes hace un año hicieron un llamamiento de oración (ver aquí) para que el Papa Francisco revocara las orientaciones pastorales heterodoxas derivadas de la aplicación de "Amoris laetitia", a los que también se han sumado en este nuevo documento S. E. R. Mons. Luigi Negri, Arzobispo emérito de Ferrara-Comacchio y S. E. R. el Arzobispo Carlo Maria Viganò, Nuncio Apostólico emérito de los Estados Unidos.

En dicho documento, que puede leerse completo en español en este enlace, hacen afirmaciones tan obvias (y católicas) como éstas:
  • Las relaciones sexuales entre personas que no están unidas entre sí por el vínculo de un matrimonio válido son siempre contrarias a la voluntad de Dios.
  • Ninguna circunstancia o finalidad pueden hacer de tales relaciones sexuales una realidad moral positiva y agradables a Dios.
  • La Iglesia no juzga el estado de gracia interno de un fiel, por lo que la no admisibilidad a la Santa Comunión de los adúlteros es un juicio del carácter visible, público y objetivo de su situación, ya que la recepción de los sacramentos depende necesariamente de la situación visible y objetiva de los fieles.
  • No es moralmente lícito tener relaciones sexuales con una persona que no es el propio cónyuge legítimo, para evitar un supuesto otro pecado (no es lícito 'hacer el mal para que venga el bien', según Rom 3, 8).
  • La admisión de tales personas a la Santa Comunión puede ser permitida solamente cuando hacen un sincero propósito de cesar de allí en adelante tales relaciones sexuales y de evitar el escándalo.
  • Las personas que mantienen relaciones sexuales no conyugales de modo habitual, violan con tal estilo de vida el indisoluble vínculo nupcial matrimonial respecto al legítimo cónyuge y por tanto no pueden participar de la Comunión eucarística.
  • El cumplimiento de la voluntad de Dios, revelada en Sus Diez Mandamientos y en Su explícita prohibición del divorcio, constituye el verdadero bien espiritual de las personas aquí en la Tierra, permitiendo así que sean conducidas a la salvación de la vida eterna.
Véase también, al respecto, el siguiente enlace (incluyendo los comentarios):

sábado, 9 de diciembre de 2017

Jóvenes católicos vuelven a ser expulsados por la Policía de otra iglesia por rezar el Santo Rosario durante su profanación por un grupo de protestantes convocados por el Cardenal Barbarin

En la imagen, la policía francesa, portando rifles de asalto HK G36, detienen y expulsan por la fuerza a varios jóvenes católicos por rezar el Rosario en la iglesia de San Ireneo de Lyon (Francia).
Jóvenes católicos increpados por la chiquillería ecuménica mientras rezaban el Rosario de rodillas.
El cardenal Barbarin pidiendo a los jóvenes católicos que paren de rezar el Rosario en la iglesia o que se vayan de ella.
Exactamente treinta y tres días (33) después de producirse otra vergonzosa detención de varios jóvenes católicos por rezar el Santo Rosario en una iglesia belga, ante las mismas narices del cardenal Jozef De Kesel (creado por Francisco en 2016), que celebraba un aquelarre culto ecuménico junto a un grupo de herejes protestantes hermanos separados en la catedral de San Miguel y Santa Gúdula de Bruselas, y que no sólo no hizo nada por evitarlo, sino que fue responsable de que se llamara a la policía -nadie se cree que se la avisara sin su conocimiento y permiso, y, lo más probable, sin su sugerencia-, el incidente se ha vuelto a repetir, esta vez en Francia.


En la tarde del pasado 1 de diciembre, Primer Viernes de mes, varios jóvenes volvieron a ser detenidos por la Policía por rezar el Santo Rosario durante otro aquelarre culto ecuménico -la communicatio in sacris está prohibida y condenada por la Iglesia- que se estaba perpetrando desde las 20:30 horas en la iglesia de San Ireneo -aún católica; al menos nominalmente- de la ciudad de Lyon (Francia), como culminación de las "celebraciones" por el V Centenario de la herejía de Lutero. No deja de resultar irónico que el patrón de este templo sea San Ireneo de Lyon, obispo del siglo II d.C. cuya obra más conocida es "Adversus haereses" (Contra los herejes).

Según declaró el pasado sábado 2 de diciembre Alain Escada, presidente del Instituto Civitas, los jóvenes expulsados por la policía pertenecen al Movimiento Juvenil Católico de Francia y a France Jeunesse Civitas, y se reunieron para reparar públicamente este acto de ofensa a Dios y a su Iglesia, en el que se dieron cita el cardenal Philippe Barbarin, arzobispo de Lyon, junto con varios "pastores" protestantes. Lo único que hicieron estos jóvenes fue rezar el Santo Rosario de rodillas, entre insultos y burlas, mientras que algunos de ellos distribuían un folleto explicativo entre empujones. Hasta que "alguien", molesto porque se rezara el Santo Rosario en una iglesia católica, avisó a la policía -varios de cuyos agentes se personaron en el templo portando rifles de asalto o ametralladoras HK G36- para que les detuvieran, cosa que hicieron. "Que hecho tan triste [...] las autoridades religiosas casi han abandonado toda la doctrina católica y permiten que el error invada nuestros lugares sagrados", afirmó Alain Escada, según recogió LSN al informar también sobre este suceso el pasado jueves 7 de diciembre.

Lo más sorprendente es cómo ha tratado el lamentable incidente La Croix. En la información que el conocido diario "católico" publicó el pasado lunes 4 de diciembre, tres días después de producirse este escandaloso suceso -escandaloso que se expulse de una iglesia a fieles católicos por rezar el Santo Rosario, mientras se permite su profanación por actos perpetrados por herejes hermanos separados-, la ex "delegada de ecumenismo" de la archidiócesis de Lyon, Régine Maire, da su versión de los hechos, sin tener ningún reparo ni escrúpulo de conciencia por mentir públicamente -hay que tener en cuenta que el relato falso que ha contado a La Croix lo contradicen las propias fotografías y un vídeo del suceso-.

Según ella, va a poner este incidente en conocimiento de la Conferencia Episcopal Francesa para que aconseje qué hacer en estas situaciones -en román paladino: para que los obispos que la forman ordenen oficialmente expulsar de las iglesias a los católicos que osen molestar a los herejes hermanos separados mediante el rezo del Santo Rosario-. En su ecumaníaca ceguera, esta mujer, para quien parece que el fin justifica los medios, no se empacha de mentir al afirmar que estos jóvenes católicos eran "cabezas rapadas" -como se suele denominar a los grupos de neonazis-. Concretamente, afirmó que iban "con las cabezas rapadas y ropa negra". Sin embargo, como se puede apreciar claramente en las fotografías y el vídeo, varios de estos jóvenes iban vestidos con chaquetas de color gris claro, varios con chaquetas azules, otro con una verde, otro con una marrón... Y, desde luego, ninguno tenía la cabeza rapada. También ha afirmado que estaban "gritando [sic] el Avemaría de forma repetitiva" -por lo visto, esta católica desconoce que el Santo Rosario se reza repitiendo los avemarías-, y que "uno de ellos se subió a un banco para insultar a los participantes", hecho que parece haber visto sólo ella, pues tampoco lo recogen las fotos ni el vídeo, donde se ve que los jóvenes sólo rezaban arrodillados.

Según sigue relatando La Croix, la policía, avisada por alguien de la congregación -¿adivinan por quién?-, llegó al templo y rodeó las cuatro filas de bancos donde los jóvenes rezaban arrodillados, deteniéndoles y sacándoles a la fuerza de la iglesia. "Es una pena. Se supone que es tiempo de paz y hermandad en un contexto parroquial [...] e implicar así a la Virgen María es horrible. Nuestros amigos protestantes se quedaron perplejos y conmocionados", dijo al diario "católico" la ex delegada ecuménica Régine Maire -sin duda, los herejes protestantes hermanos separados deben de estar traumatizados por el hecho de que, pese a los enormes esfuerzos realizados por muchos para que deje de ser así, aún se siga rezando a la Santísima Virgen en el interior de los templos católicos, como se lleva haciendo en los últimos dos milenios-. El diario sigue diciendo que los testigos del suceso mencionan lo "bien organizados" que estaban estos jóvenes. Los lectores ya habrán intuido que para que un subversivo grupo de fieles católicos rece el Santo Rosario en una iglesia católica se requiere una meticulosa planificación previa. En fin, ver para creer.

Puede verse un breve vídeo del incidente en este enlace.

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viernes, 8 de diciembre de 2017

8 de diciembre: solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María (en el CLXIII aniversario de la proclamación del dogma por el beato Pío PP. IX)

Hoy, 8 de diciembre, la Iglesia universal celebra la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María (y especialmente en España, de la que es Patrona), proclamada por el beato Pío PP. IX hace 163 años, el 8 de diciembre de 1854. A continuación, puede leerse el extracto de esta Constitución dogmática, en forma de bula, en la que el Papa definió ex cathedra este dogma mariano que todo católico debe creer:

Constitución Apostólica Ineffabilis Deus, sobre la Inmaculada Concepción, del beato Pío PP. IX, 8 de diciembre de 1854.

Por lo cual, después de ofrecer sin interrupción a Dios Padre, por medio de su Hijo, con humildad y penitencia, Nuestras privadas oraciones y las públicas de la Iglesia, para que se dignase dirigir y afianzar Nuestra mente con la virtud del Espíritu Santo, implorando el auxilio de toda corte celestial, e invocando con gemidos el Espíritu Paráclito, e inspirándonoslo Él mismo, para honra de la Santa e Individua Trinidad, para gloria y prez de la Virgen Madre de Dios, para exaltación de la fe católica y aumento de la cristiana religión, con la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, con la de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, y con la Nuestra: declaramos, afirmamos y definimos que ha sido revelada por Dios, y por consiguiente, que debe ser creída firme y constantemente por todos los fieles, la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original, en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano. Por lo cual, si algunos presumieren sentir en su corazón contra lo que Nos hemos definido, que Dios no lo permita, tengan entendido y sepan además que se condenan por su propia sentencia, que han naufragado en la fe, y que se han separado de la unidad de la Iglesia, y que además, si osaren manifestar de palabra o por escrito o de otra cualquiera manera externa lo que sintieren en su corazón, por lo mismo quedan sujetos a las penas establecidas por el Derecho [...] A nadie, pues, le sea permitido quebrantar esta página de nuestra declaración, manifestación y definición, y oponerse a ella y hacer la guerra con osadía temeraria. Mas, si alguien presumiese intentar hacerlo, sepa que incurrirá en la indignación de Dios y de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo.

Dado en Roma, en San Pedro, el día 8 de diciembre del año de 1854, octavo de Nuestro Pontificado.

Pius PP. IX

Puede leerse el documento completo, en español, en este enlace.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Roma vuelve a llenarse de carteles interpelando a Francisco y pidiendo rezar el Rosario para que "Roma vuelva a la fe, la fe preceda a la política, la Virgen preceda a Lutero y el Papa no persiga a sacerdotes y Órdenes que no le gustan"

Ha vuelto a ocurrir lo mismo que hace exactamente diez meses, cuando Roma amaneció empapelada de carteles críticos con Francisco (ver aquí). En aquella ocasión el eco mediático fue inmenso, a pesar de que los carteles fueron rápidamente eliminados de las paredes y muros de Roma, o bien tapados.

En esta ocasión, el formato elegido es de dimensiones más pequeñas, aproximadamente del tamaño de un folio, y no se han pegado en las paredes, sino que se han repartido en lugares donde también aparecen estampitas religiosas (librerías, iglesias, etc.).

A diferencia de los carteles del pasado mes de febrero, cuyo mensaje era bastante duro ("Ah Paquito [o Francisquete], has comisariado Congregaciones, removido sacerdotes, decapitado la Orden de Malta y los Franciscanos de la Inmaculada, ignorado Cardenales... Pero, ¿dónde está tu misericordia?"), ahora se ha optado, sin desechar el mismo tono firme, por pedir a los fieles que recen el Santo Rosario por Francisco, añadiendo las intenciones que se enumeran a continuación, como se observa en la imagen de estos folletos que acompaña esta entrada:
  • Para que Roma vuelva a la Fe
  • Para que la Virgen preceda a Lutero
  • Para que la Fe preceda a la política
  • Para que Pannella y Bonino no sean puestos de ejemplo [periodista y política italianos anticatólicos y defensores del aborto]
  • Para que el Papa se digne hablar con los cardenales antes que con los periodistas
  • Para que el Papa no persiga a los sacerdotes y Órdenes religiosas que no le gustan
  • Para que el Papa no guarde silencio ante quienes luchan por la familia y por la vida.
Naturalmente, no hay nada malo en pedir a los fieles que recen el Rosario -ni tampoco en ninguna de estas peticiones-, pero ponen de manifiesto el descontento que existe entre muchos católicos por la actual situación de la Iglesia y, en concreto, por la dirección tomada en este pontificado.

domingo, 12 de noviembre de 2017

La Iglesia alemana se hunde entre escándalos promovidos por su jerarquía: sacrilegios, simonía, adulterio, aborto, corrupción de menores, homosexualidad, pederastia... ¿Quién da más?

En la imagen, de izquierda a derecha y de arriba a abajo: Reinhard Marx, Heiner Koch, Paul Zulehner y Walter Kasper.
Más que hundirse, en realidad se está pudriendo. Y no tanto la Iglesia, como su jerarquía. Anteayer, viernes 10 de noviembre, en una reunión del Comité de Católicos de Baviera celebrado en Múnich (Alemania), Reinhard Marx, presidente de la Conferencia Episcopal Alemana y miembro del C-9 papal, reveló que Francisco está planteando a sus consejeros la posibilidad de abolir el celibato sacerdotal. Naturalmente, proviniendo de este este personaje, tal revelación bien podría ser mentira. Aunque, habida cuenta de la deriva tomada por este anómalo pontificado desde su mismo inicio, también podría ser cierta. En la misma línea se ha pronunciado el "teólogo" anticatólico austríaco Paul Zulehner -que "presuntamente" es cura-, asegurando en el mismo encuentro que Francisco acabará aboliendo el celibato sacerdotal "si nadie le pega un tiro o le envenena antes".

Nótese que este impresentable cardenal está al frente de una archidiócesis en cuyo seminario, el año pasado, sólo ingresó 1 seminarista... en un país como Alemania, que tiene casi 83 millones de habitantes -en 2016 había censados 82.667.685 habitantes-. Eso sí, la Iglesia alemana es riquísima, debido a la simonía decretada en 2012 por la Conferencia Episcopal Alemana (puede verse el decreto en este enlace). Según dicho decreto de compra-venta de sacramentos, a quien no pague el impuesto religioso se le denegarán los sacramentos -vamos, que quedarán excomulgados-. Resulta escandaloso que en Alemania se administren los sacramentos de forma sacrílega a herejes o a pecadores no arrepentidos (véase aquí el documento por el que aprobaron administrar los sacramentos a los adúlteros), y se les nieguen a quienes no los paguen.

También la semana pasada, y en concreto el pasado lunes 6 de noviembre, nos enteramos a través de LSN (ver aquí), que Heiner Koch, que okupa la archidiócesis de Berlín, ha dado su respaldo personal, y hasta ha escrito el prólogo, de una guía o programa para educadores católicos en el que se les dan "consejos prácticos" para que enseñen a los niños sus "derechos sexuales", entre los que están, nada menos, las relaciones sexuales con adultos siempre que sean consentidas, o la posibilidad de conseguir anticonceptivos o abortar sin el conocimiento paterno. Según este personaje "una iglesia que trata de imponer hoy sus opiniones a las personas está loca".

Estas son algunas de las barbaridades que recoge esta diabólica guía, publicada en la página web oficial de la archidiócesis de Múnich:

Pederastia y fornicación: "En principio, las personas mayores de edad pueden acostarse con menores de edad, siempre que se trate de actos/relaciones sexuales consentidas. Sin embargo, se vuelve difícil cuando los actos o las relaciones sexuales son forzados".

Promiscuidad sexual, fornicación y anticoncepción: "Laura [una hipotética niña] quiere acostarse con su novio y considera diferentes anticonceptivos. Sin embargo, teme que sus padres lo descubran [...] Puede tratar de convencer al médico de que es lo suficientemente madura como para tomar esa decisión [...] Para los menores de 14 años será difícil obtener una receta para anticonceptivos, ya que la ley prohíbe el coito para menores de 14 años [...] En principio, los adolescentes pueden comprar anticonceptivos de venta libre en cualquier farmacia, tales como condones y un diafragma. Si no se siente cómodo pidiéndolos en una farmacia concreta, también puede comprarlos anónimamente en otra".

Aborto: "En el contexto de asesoramiento sobre conflictos durante el embarazo, Milena [otra hipotética chica menor de edad] puede ser informada sobre la posibilidad del aborto. En la consulta, el padre del niño esperado, o incluso sus padres [de ella], pueden estar presentes si así lo desea. Incluso tiene que mostrar que participó en una consulta en caso de que decida terminar con su embarazo. No importa lo que decida Milena, puede obtener asesoramiento y tiene derecho a recibir apoyo psicológico".

Homosexualidad, enfermedades venéreas: La guía también incluye a otras hipotéticas adolescentes en relaciones lésbicas, o a un niño que quiere que le realicen una prueba de enfermedades venéreas sin ser descubierto por sus padres.

Naturalmente, los católicos bávaros se han escandalizado, como no podía ser de otra manera, y han lanzado una petición para exigir que se retire esa guía para pervertir a los niños de la página web de la archidiócesis de Múnich. Puede firmarse la petición en este enlace.

Cabe recordar otros hitos, igualmente escandalosos, de la evolución -más bien involución a épocas pre-cristianas- experimentada por la jerarquía "católica" alemana en los últimos tiempos, que recogí en otra entrada (ver aquí):
  • El cardenal alemán Walter Kasper espera compartir la Comunión eucarística con los protestantes en situaciones particulares, especialmente respecto a los matrimonios y familias mixtas (ver aquí).
  • El mismo cardenal Walter Kasper, además de ser el principal impulsor de dar la Comunión a los adúlteros durante los últimos Sínodos de la Familia de 2014 y 2015, ha sostenido herejías públicamente, sin que se haya retractado hasta la fecha (ver aquí y aquí).
  • El Cardenal alemán Reinhard Marx, del Consejo de Cardenales (C9) que asesora al Papa Francisco, promueve dar la Comunión a los adúlteros (ver aquí).
  • La página web oficial de la Conferencia Episcopal Alemana publica un artículo que dice que "la anticoncepción le da a las mujeres 'una nueva libertad'" y que hay que ver la "homosexualidad como algo bueno" (ver aquí).
  • La Conferencia Episcopal Alemana aprueba la píldora abortiva del día después (PDD) en los hospitales católicos alemanes (ver aquí).
Palabra del Señor:

"Guardaos de los falsos profetas, los cuales vienen a vosotros disfrazados de ovejas, mas por dentro son lobos rapaces. Los conoceréis por sus frutos. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Asimismo todo árbol bueno da frutos sanos, y todo árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede llevar frutos malos, ni un árbol malo frutos buenos. Todo árbol que no produce buen fruto, es cortado y echado al fuego. De modo que por sus frutos los conoceréis".
(Mt 7, 15:20)

jueves, 2 de noviembre de 2017

Teólogo capuchino obligado a dimitir como asesor de la Conferencia Episcopal de EE.UU. por escribir carta a Francisco sobre la confusión de su pontificado y la maldad de algunos obispos. Texto íntegro de la carta en español

El capuchino P. Thomas Weinandy, O.F.M., Cap., miembro de la Comisión Teológica Internacional y hasta ahora consultor del Comité Doctrinal de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, ha sido despedido ha presentado su dimisión a este último cargo después de habérselo sugerido la propia Conferencia de obispos estadounidenses, tras una reunión mantenida con su secretario general. ¿El motivo? La carta, escrita el pasado mes de julio y que ahora sale a la luz, que envió a Francisco expresándole su preocupación por el rumbo que lleva su pontificado y la maldad de muchos obispos (puede leerse en inglés aquí). El presidente de la Conferencia Episcopal de EE.UU., el cardenal  Daniel Nicholas DiNardo, ha manifestado que en su carta el capuchino no daba el beneficio de la duda a Francisco (ver aquí). Juzguen ustedes mismos:

Santidad:

Escribo esta carta con amor por la Iglesia y sincero respeto hacia su ministerio. Usted es el Vicario de Cristo en la Tierra, el Pastor de su grey, el sucesor de San Pedro y, por lo tanto, la roca sobre la que Cristo construirá su Iglesia. Todos los católicos, clero y laicos por igual, deben dirigirse a usted con lealtad filial y obediencia fundamentadas en la verdad. La Iglesia se dirige a usted con espíritu de fe, con la esperanza de que usted la guíe con amor.

Sin embargo, Santidad, su pontificado parece estar marcado por una confusión crónica. La luz de la fe, la esperanza y el amor no está ausente, pero demasiado a menudo está oscurecida por la ambigüedad de sus palabras y acciones. Esto hace que entre los fieles haya una cada vez mayor inquietud, comprometiendo su capacidad de amor, alegría y paz. Permítame poner unos ejemplos.

El primero atañe a la disputa en relación al capítulo octavo de «Amoris Laetitia». No necesito compartir mis propias preocupaciones acerca de su contenido. Otros, no sólo teólogos, sino también cardenales y obispos, ya lo han hecho. La preocupación principal es su manera de enseñar. En «Amoris Laetitia», su guía a veces parece ser intencionadamente ambigua, invitando tanto a una interpretación tradicional del Magisterio de la Iglesia católica sobre el matrimonio y el divorcio, como a una interpretación que parece conllevar un cambio en la enseñanza. Como usted mismo observa, con gran sabiduría, los pastores deben acompañar y animar a las personas que se encuentran en matrimonios irregulares; pero la ambigüedad persiste con respecto al significado real de ese «acompañamiento». Enseñar con una tal falta de claridad puede, inevitablemente, llevar a pecar contra el Espíritu Santo, el Espíritu de la verdad. El Espíritu Santo es entregado a la Iglesia y, sobre todo, a usted, para disipar el error, no para fomentarlo. Además, sólo donde hay verdad puede haber verdadero amor, porque la verdad es la luz que libera a las mujeres y a los hombres de la ceguera del pecado, una oscuridad que mata la vida del alma. Sin embargo, usted parece censurar e incluso mofarse de quienes interpretan el capítulo octavo de «Amoris Laetitia» según la tradición de la Iglesia, tachándoles de fariseos apedreadores representantes de un rigorismo inmisericorde. Esta clase de calumnia es ajena a la naturaleza del ministerio petrino. Parece que algunos de sus consejeros se dedican, lamentablemente, a este tipo de acciones. Dicho comportamiento da la impresión de que sus puntos de vista no puedan sobrevivir a un escrutinio teológico, por lo que deben ser sostenidos mediante ataques «ad hominem».

Segundo. Demasiado a menudo sus formas parecen menospreciar la importancia de la doctrina de la Iglesia. Una y otra vez usted retrata la doctrina como algo muerto, algo útil sólo para ratones de biblioteca, que está lejos de las preocupaciones pastorales de la vida diaria. Quienes le critican han sido acusados –y son palabras suyas– de hacer de la doctrina una ideología. Pero es precisamente la doctrina cristiana –incluyendo las sutiles distinciones relacionadas con creencias fundamentales como la naturaleza trinitaria de Dios, la naturaleza y finalidad de la Iglesia; la Encarnación; la Redención; los sacramentos– la que libera al hombre de las ideologías mundanas y le garantiza que está predicando y enseñando el Evangelio verdadero, dador de vida. Quienes infravaloran la doctrina de la Iglesia se separan de Jesús, autor de la verdad. Y lo único que les queda, entonces, es una ideología; una ideología que se conforma al mundo del pecado y la muerte.

Tercero. Los fieles católicos están desconcertados por su elección de algunos obispos, hombres que no sólo están abiertos a quienes tienen puntos de vista contrarios a la fe cristiana, sino que también les apoyan e incluso les defienden. Lo que escandaliza a los creyentes, e incluso a algunos hermanos obispos, no es sólo el hecho de que usted nombre a estos hombres como pastores de la Iglesia, sino que permanezca callado ante su enseñanza y práctica pastoral, debilitando así el celo de muchos hombres y mujeres que han defendido la auténtica enseñanza católica durante mucho tiempo, a veces arriesgando su propia reputación y bienestar. El resultado: muchos fieles, ejemplo del 'sensus fidelium', están perdiendo la confianza en su pastor supremo.

Cuarto. La Iglesia es un cuerpo, el Cuerpo Místico de Cristo, y el Señor le ha encargado a usted promover y fortalecer su unidad. Pero sus acciones y palabras parecen dedicarse, demasiado a menudo, a hacer lo opuesto. Alentar una forma de «sinodalidad» que permite y fomenta varias opciones doctrinales y morales dentro de la Iglesia sólo puede llevar a una mayor confusión teológica y pastoral. Dicha sinodalidad es insensata y, en la práctica, contraria a la unidad colegial de los obispos.

Santo Padre, todo esto me lleva a la última preocupación. A menudo usted ha hablado acerca de la necesidad de que haya transparencia dentro de la Iglesia, exhortando frecuentemente, sobre todo en los dos últimos sínodos, a que todos, especialmente los obispos, hablen francamente y sin miedo a lo que pudiera pensar el Papa. Pero, ¿se ha dado usted cuenta de que la mayoría de los obispos del mundo están sorprendentemente silenciosos? ¿Por qué? Los obispos aprenden rápido. Y lo que muchos han aprendido de su pontificado es que usted no está abierto a las críticas, sino que le molesta ser objeto de ellas. Muchos obispos están silenciosos porque desean serle leales y, por consiguiente, no expresan –al menos públicamente; otra cosa es si lo hacen en privado– la preocupación que les causa su pontificado. Muchos temen que si hablan francamente, serán marginados o algo peor.

Frecuentemente me he preguntado: «¿Por qué Jesús deja que pase todo esto?». La única respuesta que me viene a la mente es que Jesús quiere manifestar cuán débil es la fe de muchas personas que están dentro de la Iglesia, incluso de muchos, demasiados, obispos. Irónicamente, su pontificado ha dado, a quienes tienen un punto de vista pastoral y teológico perjudicial, permiso y confianza para salir a la luz y exponer su maldad, que antes estaba oculta. Reconociendo esta maldad, la Iglesia necesitará
humildemente renovarse y de esta manera seguir creciendo en santidad.

Santo Padre, rezo constantemente por usted y lo seguiré haciendo. Que el Espíritu Santo le guíe hacia la luz de la verdad y de la vida de amor, para que disipe la maldad que ahora oculta la belleza de la Iglesia de Jesús.

Sinceramente en Cristo,

Thomas G. Weinandy, O.F.M., Cap.

31 de julio de 2017

Festividad de San Ignacio de Loyola

Bajo estas líneas puede verse el facsímil de la carta enviada por el cardenal Becciu al P. Thomas Weinandy, fechada el pasado 7 de septiembre, en la que confirma la entrega en mano a Francisco de la carta escrita por el capuchino: