lunes, 16 de enero de 2017

Cine y películas sobre sacerdotes (VIII): "Silencio". La película impía de Scorsese que justifica y promociona la apostasía, jaleada y promocionada por la Compañía de Jesús

La película "Silencio", estrenada en Estados Unidos el pasado 23 de diciembre y en España el pasado día de Reyes (6 de enero), ha sido dirigida por Martin Scorsese, de 74 años, y está basada en la novela del escritor japonés Shūsaku Endō, publicada en 1966. Tanto la novela como la película, narran la persecución y el martirio que sufrieron los católicos en el Japón del siglo XVII: dos jesuitas, el P. Ferreira y el P. Rodrigues, son enviados a Japón tras tenerse conocimiento en Roma de la apostasía, en 1633, del misionero jesuita portugués Cristóvão Ferreira, interpretado por Liam Neeson. La película ha costado 46 millones de dólares y el equipo ha contado con 750 personas durante el rodaje, que se realizó en Taiwán.

En la novela, los jesuitas llegan a Japón para predicar el Evangelio, que no tiene buena acogida en una sociedad como la japonesa, tradicionalmente pragmática y materialista, y allí se enfrentan a la persecución, por lo que plantea preguntas como si merece la pena perseverar, cómo perdonar a los perseguidores o cómo resistir las torturas. El portugués P. Sebastião Rodrigues, enviado a Japón para consolar a los perseguidos y juzgar al jesuita apóstata, llegará, también él, a dudar de Jesucristo y a preguntarse por el silencio de Dios ante el sufrimiento de sus fieles.

El "silencio" que da título a la película es el supuesto silencio de Dios ante el martirio de los primeros católicos japoneses. Sin embargo, el P. Rodrigues oye la voz de Jesucristo que le pide apostatar pisando una representación de su rostro. Es significativo que, cuando lo hace, un gallo canta en la distancia, en clara referencia a la traición de Pedro; pero, en este caso, al contrario de lo narrado en los Evangelios, justificando la traición y la apostasía: los jesuitas que abjuran lo hacen por misericordia hacia los simples fieles que, por el contrario, están dispuestos a sacrificar su vida por fidelidad a Jesucristo. Tras la apostasía, el Estado proporcionaba a los sacerdotes apóstatas un nombre nuevo, una esposa japonesa y una vida cómoda. Así, el P. Ferreira y el P. Rodrigues se somenten a la sociedad japonesa de la época, en la que se les da un puesto de prestigio como recompensa por haber abjurado de Cristo.

El título, pues, llama a engaño, pues aunque se nos intente convencer del silencio de Dios ante el sufrimiento y el martirio de los pobres católicos japoneses y el dilema de los jesuitas entre apostatar o permitir ese sufrimiento, Jesús acaba hablando... ¡para pedir la apostasía! Dios calla ante el sufrimiento ajeno, pero habla al P. Rodrigues para perdirle que renuncie a su fe. Lo que se pedía a los jesuitas para probar su apostasía era pisar una imagen de Jesucristo, el cual le dice al jesuita: "Písame". O sea, que para animar a renegar de la fe sí habla. Sólo calla cuando sufres, pero habla para que caigas. Conclusión: es Dios quien incita a pecar y, por tanto, es el responsable del mal.

Pero, ¿cuál fue la realidad histórica? El catolicismo llegó a Japón de la mano de San Francisco Javier, jesuita, en 1549. En apenas sesenta años se logró la conversión de unos trescientos mil japoneses sin recurrir a la fuerza. Ochenta y seis señores feudales se bautizaron oficialmente, y muchos más simpatizaban con el cristianismo. Las primeras generaciones de conversos japoneses tuvieron que enfrentarse a diferentes persecuciones locales instigadas por ingleses y holandeses -protestantes-, por los monjes budistas o por la nobleza local, pese a lo cual hubo muchas conversiones en los primeros años. Pero, el 25 de julio de 1587, el gobernador Hideyoshi decretó el exilio de los jesuitas y a partir de 1600 pasó a ser una Iglesia clandestina, perseguida y que dio muchos mártires, aunque consiguió sobrevivir oculta durante los siguientes 250 años, hasta que las persecuciones, que tuvieron un alcance imperial, finalizaran en 1873. En el perído de persecución hubo 93 jesuitas mártires de la fe, de los que tres ya han sido canonizados -San Pablo Miki, San Juan de Goto y San Diego Kisai-, 37 han sido beatificados y los demás tienen abierta la causa de beatificación. Hasta 1908 los jesuitas no regresaron a Japón.

El sacerdote portugués Cristóvão Ferreira, que había quedado como superior de los jesuitas en Japón tras el martirio de sus predecesores, apostató tras cinco horas de tortura en la fosa de Nagasaki. Su apostasía la detalla el historiador jesuita Hubert Cieslik, experto en Japón, en un estudio realizado en 1974. El P. Ferreira tenía 53 años, era jesuita desde hacía 37 y había sido un misionero clandestino durante 19 años. Había vivido dos décadas de persecución y peligros. Era él quien enviaba a Europa la crónica de los martirios de sus feligreses y compañeros. Pero él cedió en tan sólo cinco horas. Por eso los historiadores hablan del "enigma Ferreira".

Cuando un sacerdote apostataba era liberado y asignado a un templo pagano japonés -sintoísta, budista o confucionista-, y se le obligaba a casarse con una mujer de la clase social más baja: la viuda de algún criminal ejecutado. Por supuesto, permanecía bajo vigilancia. A Ferreira le casaron con la viuda de un criminal extranjero ajusticiado y durante varios años vivió en la pobreza. Usaba nombre y ropas japonesas y se le asignó un templo budista. Después, las autoridades empezaron a contratarlo como traductor de español, portugués y latín en los interrogatorios y juicios de otros misioneros capturados. Más tarde tradujo obras de matemáticas y astronomía. Incluso se le atribuye el libro anticristiano "La superchería desvelada", un libelo propagandístico budista-confucionista escrito en japonés en 1636, que pretendía refutar la doctrina católica. Este panfleto, del que sólo existe una copia manuscrita, fue descubierto por un historiador en la década de 1920.

Novicios jesuitas de todo el mundo comenzaron a ofrecerse voluntarios para morir mártires allí donde la Compañía decidiese, para así expiar la apostasía de Ferreira. Además, al menos tres expediciones de jesuitas llegaron a Japón con el objetivo de traerle de nuevo a la Iglesia. La primera de ellas, comandada por Marcello Mastrilli, llegó en 1637. Mastrilli fue descubierto y torturado durante tres días en la fosa, para finalmente morir decapitado. El segundo grupo estuvo encabezado por Pedro Kibe, que llegó en 1639 y también fue descubierto, muriendo mártir en la fosa. El tercer grupo, el de Antonio Rubino, fue atrapado en 1642. A su juicio acudió el mismo Ferreira como traductor, nueve años desde que apostatara, quien, al parecer, animó a los jesuitas a apostatar para salvar su vida. Tras su muerte en 1650, el apóstata Ferreira fue sepultado en el templo budista de Zuirinji, en Tokio, en una tumba en cuya lápida aún puede leerse su nombre budista: Chuan Joko Sensei.

En el juicio a Rubino y sus compañeros -en el que estuvo Ferreira- las autoridades insistían en que los católicos japoneses, generalmente gente sencilla, sufrían torturas por culpa del fanatismo -las creencias católicas- que los jesuitas, extranjeros, les habían imculcado. Evidentemente, es injusto presentar al apóstata Ferreira como un creyente "razonable" y a los jesuitas mártires que viajaron hasta allí para intentar salvar su alma, arriesgando sus propias vidas, como fanáticos. Igualmente, es impío sugerir la salvación del alma de un sacerdote que renuncia a Cristo por salvar la vida terrena de otros fieles que no están dispuestos a renegar de Él aunque les maten. Y más impío aún plantear que, aunque no salvaran sus almas, a los jesuitas apóstatas les merecía la pena condenarse eternamente para así salvar a sus feligreses.

Como dice S. E. Mons. Robert Barron, obispo auxiliar de la Archidiócesis de Los Ángeles, que ha hecho una crítica de la película, lo que ésta difunde está al servicio de la élite cultural de hoy, bastante similar a la élite cultural japonesa que aparece en la película, que prefiere a los cristianos vacilantes, inseguros, divididos y ansiosos por privatizar su religión, y están dispuestos a desechar a las personas apasionadamente religiosas tildándolas de peligrosas, violentas y, seamos realistas, no tan brillantes. Es justamente la clase de cristianismo que le gusta a la cultura dominante: totalmente privatizado, escondido, inofensivo.

Martín Scorsese ha tardado veinte años en materializar este proyecto. Pero es justo ahora, en pleno papado de un jesuita, cuando por fin ha logrado hacerlo realidad. Y no es casualidad que los jesuitas se haya implicado en esta película. La Compañía de Jesús está detrás del asesoramiento al director, a los actores y de la promoción de la película. "Silencio" se proyectó hace casi dos meses en el Pontificio Instituto Oriental de Roma ante 400 jesuitas, que calificaron la película como "obra maestra, excelente, cargada de espiritualidad y profundidad".

Veamos por qué:
  • El jesuita estadounidense James Martin fue asesor del director durante todo el rodaje. Para él, la película es una obra maestra.
  • La supervisión de las escenas religiosas y la preparación de los actores corrió a cargo del jesuita español Alberto Núñez.
  • Durante el rodaje estuvieron presentes otros dos jesuitas: el estadounidense Jerry Martinson y el italiano Emilio Zanetti.
  • El departamento de prensa de la Compañía de Jesús en España ha elaborado el extenso dosier de prensa -elogioso, naturalmente-.
  • El nefando jesuita Antonio Spadaro, director de "La Civiltà Cattolica", no ha escatimado medios para promocionar la película, incluyendo una larga entrevista a Martin Scorsese -de 22 páginas- en su último número.
  • Hay varias páginas web jesuitas -que obviamente no pienso enlazar- que publican artículos elogiosos de la película y su "espiritualidad".
  • Asimismo, los jesuitas están difundiendo vídeos sobre la película, como el del P. Adolfo Nicolás, ex Superior General de la Compañía de Jesús hasta el año pasado, o la entrevista al jesuita James Martín, mencionado más arriba.
Hasta el Papa Francisco recibió en audiencia privada a Scorsese el pasado 30 de noviembre de 2016, a las 8.45 (antes de la Audiencia general), en el Palacio Apostólico -no hay que olvidar que Martin Scorsese fue el director de la escandalosa y blasfema película "La última tentación de Cristo" (1988). Según un periodista de Variety que asistió al pase privado de la película en el Vaticano, "la audiencia papal privada reunida en el Palacio Apostólico dio el martes, a través de la prensa oficial vaticana, una clara muestra de apoyo a "Silencio", proyecto pasión de Scorsese". La verdad, llama la atención que la apostasía sea celebrada en el Vaticano.

Dos jesuitas españoles misioneros en Japón han sido Padres Generales de la Compañía de Jesús: el P. Arrupe (1965-1985) y el P. Adolfo Nicolás (2008-2016). Como también tiene en aquel país su base de operaciones el infame jesuita apóstata Juan Masiá, que el mes pasado -diciembre de 2016- negó la virginidad de la Santísima Virgen María en un libelo publicado en Herejía Digital -que tampoco pienso enlazar-: es coadjutor de la parroquia de Rokko, en Kōbe (Japón) e imparte clases de Bioética en la Universidad Católica Santo Tomás de la diócesis de Osakaes; además es consiliario de la Asociación de Médicos Católicos de Japón, colaborador en comisiones de Bioética de la Conferencia Episcopal Japonesa, colaborador de la Comisión Católica de Justicia y Paz en Tokio, así como de la sección japonesa de la Conferencia Mundial de Religiones por la Paz.

Como ya he señalado más arriba, "La Civiltà Cattolica" ha hecho un gran despliegue para promocionar esta película, incluyendo una reseña de la novela de Endō escrita por el jesuita Ferdinando Castelli en 1973, y publicada de nuevo íntegramente. Además, en el último número de la revista hay un artículo sobre lo que debería ser hoy "la misión en el Japón secularizado", en el que el autor, el jesuita japonés Shun'ichi Takayanagi, considera que es obligatorio realizar "un cambio de paradigma respecto al concepto de misión y a los modos de ejercerla". ¿Será porque el proselitismo es "pecado", como asegura el Papa Francisco, también jesuita? Según Takayanagi, intentar como objetivo el lograr que la gente se bautice, hoy "ya no es posible" y debe ser cambiado por completo. ¿El motivo? Porque "nuestro tiempo está caracterizado por un rápido progreso de la cultura material y por un elevado nivel de vida. El diálogo debe profundizar nuestra concepción de las otras religiones".

Según "La Civiltà Cattolica", el "anticuado" concepto de misión, es decir, "hacer proselitismo y proporcionar conversos a la Iglesia", debe ser sustituido por el "diálogo". Sobre todo en un país como Japón, en el que es normal "ir a un santuario sintoísta y participar en las fiestas budistas y, también, en una liturgia cristiana en Navidad", sin esa "extraña obligación de seguir un determinado credo religioso" y "en una atmósfera cultural vagamente no monoteísta". Takayanagi subraya que los japoneses, aunque están muy abiertos al pluralismo religioso, "se quedan turbados ante ese episodio brutal que puede ser atribuido a raíces religiosas", islámicas pero no sólo -acusación velada de que el cristianismo es criminal y se impone por la fuerza, comparándolo con los terroristas islámicos-.

Takayanagi continúa: "Ciertamente, la religión puede hacer crecer y madurar a los hombres, pero en casos extremos la pertenencia a una religión también puede pervertir la naturaleza humana. ¿Es capaz el cristianismo de impedir el fanatismo y esta especie de perversión? Ésta es para nosotros una pregunta acuciante, que debemos plantearnos en el ejercicio de nuestra actividad misionera. La historia pasada del cristianismo, a este respecto, no es ciertamente intachable [...] En concreto, algunos intelectuales japoneses, aunque de manera vaga y casi inconsciente e inspirándose a la cultura politeísta japonesa, empiezan a preguntarse si las religiones monoteístas pueden mostrarse, en última instancia, verdaderamente tolerantes hacia los miembros de otras religiones [...] Estos intelectuales consideran que el terreno cultural politeísta del sintoísmo japonés puede asegurar un enfoque suave hacia las otras religiones".

El pasado 4 de enero se publicaron amplios pasajes de este artículo de "La Civiltà Cattolica" y en "L'Osservatore Romano" -ya en otras ocasiones "L'Osservatore Romano" ha hecho apología de un paradigma de misión cuyo fin es la "común exigencia humana de valores religiosos", como el que propugna ahora la revista dirigida por Antonio Spadaro-. En resumen, y como señala Sandro Magister, es tiempo de "silencio" también para las misiones católicas. A pesar del decreto "Ad gentes" del Concilio Vaticano II, de la exhortación apostólica "Evangelii nuntiandi" del beato Pablo VI y de la encíclica "Redemptoris missio" de San Juan Pablo II.

La revista Ecclesia recoge las palabras del jesuita James Martin, para quien Scorsese es "muy religioso, muy católico", y que "cuando la he visto por primera vez he llorado: es una gran historia, una gran película". Por lo visto, el director se puso en contacto con él en 2014 para pedirle asesoramiento porque quería entender a los jesuitas -cosa extraña y bastante difícil de creer, porque el mismo Scorsese fue seminarista jesuita: fue novicio jesuita un año en el pequeño seminario del Cathedral College en Nueva York-.

Para "L'Osservatore Romano", donde se publicó la reseña de Ecclesia el 3 de diciembre de 2016, esta película es, en definitiva, una "reflexión sobre la dificultad del discernimiento y de las elecciones que hay que tomar en la propia vida, 'también cuando no está tan claro qué hacer', según explica Martin: 'Por eso veo en la película un mensaje hacia la Iglesia de hoy, con una espiritualidad fuerte, que inspira la fe en Dios'".

Es sospechoso que la novela de Shūsaku Endō se difundiera tanto en los años 60, mientras que las historias de autores cristianos japoneses que muestran ejemplos de mártires constantes no se hayan difundido. Las novelas sobre la fe no son populares entre los editores occidentales, se ha argumentado. Las de apostasía, por lo visto, sí.

El dosier de prensa de los jesuitas explica los hechos históricos y asegura que según "algunas fuentes los padres Chiara y Ferreira recusaron después su apostasía; Ferreira murió por defender la fe en un segundo martirio y Chiara acabó sus días en una inhumana celda de castigo". Lo que no explica el dosier es cuáles son esas nada fiables fuentes que mencionan.

Pero, ¿en qué consiste la impiedad de esta película? Pues, por un lado, en la justificación y disculpa de la apostasía, que se presenta no sólo como aceptable, sino incluso como compatible con la fe. Y, por otro, en que quienes apostatan son sacerdotes, lo cual es más grave, si cabe. Es malvado presentar como "misericordiosos" a quienes niegan a Cristo y como virtud la debilidad de los apóstatas, en lugar de presentar como modelo a quienes resisten el martirio por amor a Él y como virtud su fortaleza en la fe. De esta forma, predisponen al espectador a justificar su propia apostasía llegado el caso, pues lo importante para la sociedad actual es evitar el sufrimiento en esta vida a cualquier precio. Es, llanamente, un rechazo de la cruz, escándalo para los judíos y necedad para los gentiles, como dice la primera Carta a los Corintios (I Cor 1,23-24). Además, pone en duda verdades de fe, intenta enmendar la plana al mismo Jesucristo y contradice la Verdad revelada contenida en los Santos Evangelios. El martirio es presentado como algo malo, a evitar, contradiciendo así el punto 2473 del Catecismo de la Iglesia Católica -para los católicos, salvar la efímera vida terrena apostatando supone perder la Vida eterna, que quien muere mártir tiene asegurada-.

También subyace el mensaje de que el budismo y el cristianismo en el fondo son lo mismo, y que todos los credos son iguales. Naturalmente, esto contradice el mandato de Cristo: "Id y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado" (Mt 28,19-20). Si todas las religiones son igualmente válidas, ¿para qué la evangelización, las misiones y el proselitismo de la Iglesia? Antonio Spadaro lo tiene claro: para él no tienen sentido. Además, en la película queda claro que el cristianismo no puede cuajar en Japón, aunque eso contradiga las palabras del Señor mecionadas antes. Los malos de la película son quienes se obstinan en su fe, que podrían haberse evitado el sufrimiento siendo razonables y renunciando a la misma. Los ganadores, en cambio, son los perseguidores, tanto por la apostasía de los jesuitas, como por la eliminación casi completa del catolicismo en Japón. Los católicos son, claramente, los perdedores de la película, tanto los apóstatas, como los mártires.

Paul Elie en su artículo del New York Times, dice que "como en la novela, la película pone en cuestión la idea misma del martirio cristiano, al proponer que hay casos en que el martirio -que el creyente se agarre a Cristo hasta el terrible final- no es santo, ni siquiera correcto". Paul Elie cree que Scorsese está intentando decir lo mismo que cuando estalló la polémica con "La última tentación de Cristo": Scorsese se creía con derecho a hacer algo "blasfemo" -una escena de sexo de Cristo y María Magdalena- porque tenía una buena intención: mostrar el lado humano de Cristo, mostrar fe y amor por esta dimensión de Cristo. Un acto "malo" para lograr un fin "bueno", algo totalmente condenado por la tradición cristiana, que sostiene que el fin no justifica los medios.

Piden a los cristianos apostatar pisando el "fumie", una imagen de metal de Cristo y la Virgen. Al final, en la novela, el jesuita pisará el "fumie", y lo hará por salvar a sus feligreses, por el amor a los fieles: sentirá que él se pierde, pero salva a otros. Eso se presenta como algo sacrificial, cristiano. Sin embargo, el padre Rodrigues arrastrará, bajo el nombre de Okada Sanemon, una vida humillada e insulsa, una vida anónima y sin entusiasmo, en apariencia alejada de la fe. Según Paul Elie, la opción de Ferreira, una fe interna, disimulada, camuflada, que pacta con el poder, es una forma de inculturación, eficaz y aceptable.

Visto lo visto, no sorprende que uno de los protagonistas de la película sea el actor anticatólico y pro-abortista Liam Neeson, cuyos ataques a la Iglesia Católica y la promoción del aborto en su país natal, Irlanda, fueron públicos y notorios hace poco más de un año (ver aquí). Además, el director de la película ha declarado que el personaje más interesante es, en su opinión, Kichijiro, el traidor o Judas -figura ésta, la del apóstol que traicionó a Cristo, sorprendentemente reivindicada por el propio Papa Francisco como una "pobrecita" víctima arrepentida-.

Esta película, además de ser más larga que un día sin pan, es, en definitiva, una película anticatólica y una auténtica ofensa a los católicos, a la Iglesia y a Cristo mismo -de cuyo mensaje se hace una enmienda a la totalidad-, así como una plataforma para promocionar sibilinamente y justificar lo injustificable: la apostasía y la sumisión al poder terrenal de turno para evitar el sufrimiento. Con estas virtudes, no sería raro que le cayera algún Óscar -o más de uno-. Nada recomendable, pues -pese a lo que digan ciertos escritores cursis y redichos que son -eso se creen ellos- más listos y cultos que nadie -y muchísimo más católicos, naturalmente-.

domingo, 15 de enero de 2017

Santa Misa Tridentina de Réquiem en sufragio por el alma de la poetisa Gabriela Mistral, Premio Nobel de Literatura, oficiada en La Serena (Chile)

El pasado sábado 7 de enero, el P. Carlos Bolelli Serra, párroco electo de la parroquia de Nuestra Señora de La Merced de La Higuera y capellán militar en La Serena, ofició la Santa Misa Tridentina de Réquiem, cantada en gregoriano, en la iglesia de Nuestra Señora del Carmen de Montegrande, parroquia de la Inmaculada Concepción de Paihuano, en el Valle de Elqui, perteneciente a la Archidiócesis de La Serena (Chile), en sufragio por el alma de Gabriela Mistral -pseudónimo de Dña. Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga-, Premio Nobel de Literatura y miembro de la Tercera Orden Regular de San Francisco de Asís, en el el LX aniversario de su muerte. La finada recibió su Primera Comunión en la iglesia de Montegrande y sus restos mortales descansan en un mausoleo a pocos pasos del mencionado templo. A la ceremonia acudió gran cantidad de fieles, como se observa en las imágemes, al término de la cual se procedió a dar la absolución al catafalco dispuesto para la ocasión. Mi agradecimiento a D. Hernán Geisse P., por la información y las forografías.

sábado, 14 de enero de 2017

Los obispos de Malta, excomulgados

Los dos únicos obispos con los que contaba Malta, Charles Jude Scicluna, Arzobispo de Malta, y Mario Grech, obispo de Gozo -que aparecen en la foto que abre esta entrada-, han incurrido en excomunión latae sententiae -automática- por sostener públicamente, en un documento oficial publicado por ellos, una herejía condenada solemnemente por el Sacrosanto y Ecuménico Concilio de Trento; a saber: que las personas no pueden evitar pecar y que dejar de hacerlo da lugar a un "daño" mayor. ¿No pecar es un "daño" o algo malo y, por tanto, pecar es un "bien"? Estos dos obispos ya no sólo enseñan la inmoralidad y el error, como también lo están haciendo últimamente otros obispos, sino que dan un paso más allá y sostienen públicamente la herejía. ¡El episcopado está enloqueciendo!

Punto nº 9 de los Criterios para la aplicación del capítulo VIII de Amoris laetitia de los obispos de Malta:

"On the other hand, there are complex situations where the choice of living 'as brothers and sisters' becomes humanly impossible and give rise to greater harm (see AL, note 329)".

["Por otro lado, hay situaciones complejas donde la elección de vivir 'como hermanos y hermanas' se convierte en humanamente imposible y da lugar a un daño mayor (ver AL, nota 329)"].

Es decir: no dicen que a las parejas que viven en adulterio les sea difícil guardar la abstinencia debida, pero que con ayuda de Dios sí les es posible -como afirma el Magisterio de la Iglesia-, sino que afirman, literalmente, que es humanamente imposible cumplir los Mandamientos del Decálogo -en este caso concreto, el sexto-.

Además de incurrir en los anatemas que establecen los cánones del Concilio dogmático de Trento (ver más abajo), contradicen las Sagradas Escrituras 1, el punto 1650 del Catecismo de la Iglesia Católica, el punto 84 de "Familiaris Consortio" de San Juan Pablo II 2, y la Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre la recepción de la comunión eucarística por parte de los fieles divorciados que se han vuelto a casar, publicada por la Congregación para la Doctrina de la Fe -a cuyo frente estaba de Prefecto el entonces Cardenal Joseph Ratzinger-, por mandato de San Juan Pablo II.

Cánones sobre la justificación 3

1568 Dz 828 Can. 18. Si alguno dijere que los mandamientos de Dios son imposibles de guardar, aun para el hombre justificado y constituído bajo la gracia, sea anatema [cf. 804].

1570 Dz 830 Can. 20. Si alguno dijere que el hombre justificado y cuan perfecto se quiera, no está obligado a la guarda de los mandamientos de Dios y de la Iglesia, sino solamente a creer, como si verdaderamente el Evangelio fuera simple y absoluta promesa de la vida eterna, sin la condición de observar los mandamientos, sea anatema [cf. 804].

1572 Dz 832 Can 22. Si alguno dijere que el justificado puede perseverar sin especial auxilio de Dios en la justicia recibida o que con este auxilio no puede, sea anatema [cf. 804 y 806].

Ni que decir tiene que, por mandato apostólico, todos los fieles católicos tienen la grave obligación moral, so pena de cometer pecado mortal, de resistir y no obedecer a estos pastores inicuos que han incurrido en herejía e inducen al pecado, como enseñan las Sagradas Escrituras 4.



1 "...fiel es Dios, que no permitirá que seáis tentados sobre vuestras fuerzas, antes dispondrá con la tentación el éxito, dándoos el poder de resistirla" (I Cor 10,13). Es la consoladora doctrina que expone Santiago (St. 1, 13 y nota), añadiendo aún que de la tentación saldremos mejor que antes (St. 1, 12). "El que de la tentación hace que saquemos provecho, de manera que podamos sostenernos, Él mismo nos asiste a todos y nos da su mano para que alcancemos las eternas coronas por gracia y benignidad de Nuestro Señor Jesucristo, con espléndida aclamación" (S. Crisóstomo).

2 Establece que para poder acercarse a los sacramentos, aquellas parejas que viven en adulterio y no pueden cumplir con la obligación de la separación, "asumen el compromiso de vivir en plena continencia, o sea de abstenerse de los actos propios de los esposos".

3 CTr v 797 ss; Rcht 30 ss; Msi XXXIII 40 A ss; Hrd X 40 B ss; Bar(Th) ad 1547, 14 ss (33, 195 b ss).

4 "Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: 'Es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres'" (Hch 5,29).

viernes, 13 de enero de 2017

Carta del Papa Francisco a los jóvenes con ocasión del Sínodo de 2018

Hoy se acaba de presentar el documento preparatorio de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos -aún no hemos salido del "lío" del último, y ya llega el siguiente-, así como una carta del Papa dirigida a los jóvenes por este motivo. Me voy a centrar únicamente en ésta última.

La Carta del Santo Padre Francisco a los jóvenes con ocasión de la presentación del documento preparatorio de la XV asamblea general ordinaria del sínodo de los obispos, es un documento que consta de 767 palabras, entre las que no aparece ni una sola vez "Jesucristo", sólo aparece una vez "Señor", una sola vez "Espíritu Santo", una vez "Espíritu" -se supone que también el Santo, pero no especifica-, también una sola vez "María" -despojada de cualquier título, como "Nuestra Señora" o simplemente "Virgen"-, dos veces "Jesús", y ocho veces "Dios". Es decir: sólo 14 palabras aluden a Dios -incluyendo a alguna de las Personas de la Santísima Trinidad- y 1 sola a la Virgen -y sin darle este tratamiento, siquiera-.

Además, sólo se hace referencia a seis breves pasajes bíblicos: tres del Antiguo Testamento (Génesis, Éxodo y Jeremías) y tres del Nuevo Testamento (Lucas, Juan y II Corintios).

El resto del texto, es una reiteración del habitual lenguaje del Papa Francisco:
  • sociedad más justa y fraterna
  • periferias del mundo
  • prevaricación, injusticia y guerra
  • chantaje de la violencia
  • opresión
  • ponerse en camino
  • acompañamiento de guías expertos
  • itinerario de discernimiento
  • precariedad y caída
  • misericordia
  • injusticia
  • cultura del descarte
  • globalización de la indiferencia
  • opciones audaces
Me parece que con este arranque no se puede esperar demasiado. ¿Habrá algún consejero o asesor que se atreva a decirle al Papa que se repite demasiado y que este tipo de lenguaje -y lo que representa- no sólo no acerca, sino que aleja a la juventud -y no sólo a ella-?

jueves, 12 de enero de 2017

Los extraños movimientos en la Curia romana y la reciente visita del Cardenal Sarah a Benedicto XVI ¿Qué hay detrás de las reformas de Francisco?

A principios de este mes de enero, el vaticanista Marco Tosatti dio a conocer la purga que se había llevado a cabo en la Congregación para la Doctrina de la Fe, en la que supuestamente el Papa obligó al Cardenal Müller a despedir a tres de sus mejores sacerdotes -despido al que en un primer momento, supuestamente, se resistió-. Este episodio también lo relató Maike Hickson en 1P5 (puede leerse la traducción aquí), haciéndose eco posteriormente otras páginas web.

Ahora, Sandro Magister ha dado el nombre de uno de esos sacerdotes, cuyas supuestas críticas llegaron a oídos del Papa gracias a un delator (ver artículo de Magister más abajo).

Sandro Magister, además, da a conocer otro extraño movimiento en una de las Congregaciones de la Santa Sede, que, quizás sin saberlo -él apunta en otra dirección-, sea la clave para entender muchas de las reformas del Papa Francisco, si no todas ellas. Estamos hablando de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el máximo organismo vaticano en lo referente a la Liturgia, a cuyo frente está su Prefecto: el Cardenal Robert Sarah. Lo que Magister acaba de desvelar es que el Arzobispo inglés Arthur Roche, Secretario de este dicasterio, ha sido puesto por el Papa Francisco al frente de una comisión, cuyo objetivo sería "revisar" (Magister habla de "demoler") la Instrucción "Liturgiam authenticam", de San Juan Pablo II.

El mencionado documento constituye la Quinta Instrucción "para la recta aplicación de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia del Concilio vaticano Segundo" (Sacrosanctum Concilium, art. 36), y su título completo es "Liturgiam authenticam. Sobre el uso de las lenguas vernáculas en la publicación de los libros de la liturgia romana". Magister apunta a que la creación de la mencionada comisión cumpliría con las expectativas de modernización del lenguaje litúrgico deseada por los demoledores de la Liturgia católica, y señala que el próximo objetivo de ésta, o de otra comisión, podría ser la "correción" del motu proprio "Summorum pontificum", de S. S. Benedicto XVI.

Incluso aun siendo cierta la creación de dicha comisión, yo no estoy de acuerdo con él en el último punto: no creo que el objetivo del Papa Francisco sea corregir o derogar "Summorum Pontificum", a pesar de que no entienda la atracción por la Liturgia tradicional, especialmente por parte de la gente joven, como él mismo ha expresado en alguna ocasión. Yo diría que el objetivo, más bien, iría en la línea de avanzar por el resbaladizo camino del ecumenismo -tal y como él lo entiende- que ha tomado a lo largo de sus casi cuatro años de pontificado; y en los últimos tiempos a toda velocidad.

Últimamente, casi cada semana, a veces incluso cada día, los fieles católicos nos desayunamos con un nuevo sobresalto. No tanto achacable al "Dios de las sorpresas", como al "Papa de las sorpresas". Es un hecho que cada vez parece haber más gente sorprendida, cuando no escandalizada, por muchas de las palabras, acciones y decisiones del Papa Francisco. Quizás se deba a que no ven un hilo conductor. En este sentido, parece que no muchas personas han reparado en la protestantización paulatina de la Iglesia tras varios cambios y reformas llevados a cabo por el Papa Francisco, los cuales vuelven a apuntar hacia la fijación papal que parece planear sobre todo este pontificado: la unión de los cristianos a cualquier precio (sobre este punto véase esta entrada). Hay medidas obvias y otras que no se entienden si no es bajo esta premisa, y, aunque no soy dado a teorías conspirativas, a uno ya se le hacen los dedos huéspedes. Hasta ahora, que yo sepa, nadie ha señalado ésto, no sé si por prudencia, por miedo, o porque realmente no lo ven. La incomprensión, e incluso las críticas, se han producido sobre cada medida concreta adoptada por la Santa Sede o directamente por el Papa; pero no he encontrado a nadie que haya analizado todo en conjunto llegando a esa conclusión.

Señalaré a continuación varios de estos cambios, documentos firmados y promulgados, así como ciertas decisiones, que podrían indicar un vínculo entre todas ellas tendente a derribar los supuestos obstáculos para lograr la tan ansiada -pese a estar condenada por el Magisterio de la Iglesia- intercomunión. Si tal fuera el caso, se trataría de lograr la unidad a costa de la Verdad, lo cual la Iglesia siempre ha condenado y expresamente prohibido (véase Pío XI y su encíclica "Mortalium animos" aquí):
  • Aparte de la visita papal a Lund (Suecia) el año pasado, ténganse en cuenta los últimos documentos firmados por la jerarquía católica y los protestantes sobre la Eucaristía, sobre Lutero y sobre la conmemoración de la herejía y cisma protestante (ver aquí, aquí y aquí), en los que se llama a Lutero "testigo del evangelio" o se le compara con varios santos católicos; documentos en los que se omite el dogma de la Transubstanciación y se afirma -siendo falso-, que los luteranos creen lo mismo que los católicos sobre la Eucaristía.
  • La posible revisión de la Instrucción "Liturgiam authenticam" sobre la traducción de la Biblia y los textos litúrgicos parece indicar la dirección señalada: a nadie se le escapa que la Santa Misa es un obstáculo para la unión de católicos y protestantes, que sólo puede darse por su aceptación por parte de estos últimos y el retorno a la Iglesia Católica. Además, es un hecho que al Papa no le interesa especialmente lo relacionado con la Liturgia, pero sí está empeñado en la unión de los cristianos. Esta comisión y la subsiguiente "revisión" del documento supondría, pues, el aporte de una cierta apariencia de normalidad y profesionalidad -sería presentado como una mera revisión filológica o actualización al lenguaje actual-, cuando el objetivo no sería otro que adulterar modificar aquellos textos o pasajes que supongan un obstáculo para su aceptación por parte de los protestantes.
  • La misma exhortación "Amoris laetitia", especialmente su capítulo octavo, podría emplearse también para defender la intercomunión, ya que lamina la objetividad de ciertos pecados y, por tanto, las condiciones necesarias para recibir la Comunión quedarían sujetas únicamente a la conciencia de cada individuo -algo condenado por la Iglesia-, a la vez que se socavan los sacramentos del matrimonio y de la penitencia.
  • La aceleración de las nulidades decretada por el Papa Francisco no sólo afectaría a los católicos, sino que haría más aceptable el matrimonio a los protestantes, entre quienes el divorcio está ampliamente aceptado desde hace mucho tiempo.
Ténganse en cuenta, además, estos otros puntos:
  • La comentada posible excepción al celibato sacerdotal con el establecimiento de "viri probati"; en principio sólo amazónicos, como avanzadilla (ver aquí)
  • La elección de un protestante como director del innecesario L'Osservatore Romano argentino (ver aquí).
  • La chocante afirmación del Papa de que el proselitismo es pecado, sumado al similar mensaje transmitido, de forma más o menos subliminal, por la película "Silencio" de Martin Scorsese, patrocinada por los jesuitas y apoyada por la Santa Sede, y a la teoría del inefable Antonio Spadaro al respecto -que será objeto de análisis en una próxima entrada del blog-. Nada cambia tanto la conciencia y mentalidad de la gente que el cine, que lo ve todo el mundo, a diferencia de los documentos papales, que no los lee apenas nadie. Un buen titular tiene más efecto que una buena encíclica, aunque la publicidad o las campañas periodísticas difundan el error y lo transmitido sea falso.
  • Las sorprendentes declaraciones del Papa de que los protestantes no deben convertirse -al catolicismo-, sino ser buenos protestantes, incluso haciéndolo extensible a los fieles de cualquier otra religión.
  • La introducción de una "apóstola" en los Libros litúrgicos. ¿Para establecer próximamente el diaconado femenino en la Iglesia? ¿O, tal vez, para justificar las "sacerdotisas" protestantes? Hay que tener en cuenta que el "sacerdocio" femenino protestante ya es irreversible; recuérdense las varias veces en que el Papa ha recibido, o ha sido recibido, por "obispas". Algo aparentemente sin importancia y sobre lo que nadie ha protestado, pero que, sin duda, tiene alguna finalidad. Si no fuera así, no se habría hecho -hasta ahora la Iglesia jamás ha visto su necesidad en los dos últimos milenios-. Nótese que el decreto por el que se equipara a Santa María Magdalena con el resto de los Apóstoles y se eleva su grado litúrgico (véase el Decreto: la celebración de Santa María Magdalena elevada al grado de fiesta en el Calendario Romano General (3 de junio de 2016), así como la carta que lo acompaña, están firmados por el ya mencionado arzobispo Arthur Roche, Secretario de Culto Divino.
A tenor de todo lo dicho, es claro que la obligación del Papa -de cualquier Papa-, de custodiar y difundir el Depósito de la Fe que ha recibido, no se estaría cumpliendo si el objetivo fuera el señalado más arriba, sino que se estaría cambiando todo para crear otra cosa. Aparentemente, la voluntad del Papa parece encaminarse a la creación de una super-iglesia cristiana, diversa de la Iglesia Católica tal y como la fundó Nuestro Señor y como se ha conservado hasta la actualidad, para propiciar la intercomunión. Con esta perspectiva serían más comprensibles ciertas afirmaciones del Papa, como que "Dios no es católico". Tampoco hay que restar importancia a la agenda del Cardenal Kasper, que va cumpliéndose sin prisa, pero sin pausa. Él mismo ha expresado, en una entrevista concedida el mes pasado al diario italiano Avvenire, su esperanza de que pronto pueda haber una intercomunión con los protestantes, especialmente en los matrimonios mixtos.

Lo que parece claro es que al Papa Francisco no le gusta lo que ha heredado. No le gusta la Iglesia tal y como ha sido hasta ahora; y la quiere cambiar. Quizás se deba a su creencia de que todos seremos juzgados por las obras de misericordia corporales -en este sentido, las espirituales ni las menciona-, su casi exclusivo interés por la labor humanitaria y, en el caso del la unión de los cristianos, el énfasis que ha puesto, como así se refleja en los documentos mencionados anteriormente, en la cooperación ecuménica con los protestantes en la realización de estas tareas de ayuda humanitaria, que es lo único que parece interesarle. Su intención podrá ser buenísima, pero éso no es la Iglesia.

¿Recuerdan lo que pasó con el tema del "Mandatum" o Lavatorio de los pies del Jueves Santo? Hasta hace poco estaba estipulado que sólo se realizase a hombres, no a mujeres. ¿Qué hizo el Papa Francisco al respecto? Al principio, desobedecer las leyes litúrgicas, como podemos ver aquí -exactamente como ya hacía cuando aún no era Papa y estaba en Buenos Aires-; y, a continuación, después del revuelo causado, cambiar los textos litúrgicos para que se pudiera hacer (ver aquí), desvirtuando el significado del propio Mandatum. Tal actitud tiene su lógica: si la Tradición te impide realizar tus planes, cámbiala. Y al que se aferre a la misma o a cualquier documento magisterial precedente, se le señala como "fariseo" y "doctor de la ley", para así neutralizarlo, y ya está. La pregunta que planea en el aire es: ¿los cambios en la Curia son meramente administrativos o para retirar a personas que obstaculicen ciertos planes? El tiempo nos dará la respuesta y veremos si todo esto es cierto.

En cualquier caso, una cosa es constatable con respecto a los cambios llevados a cabo en la Iglesia en las últimas décadas, y especialmente durante el presente pontificado: los protestantes no vuelven y los católicos se marchan; no al protestantismo -salvo a las sectas evangélicas, en Centro y Sudamérica-, sino al indeferentismo religioso, al agnosticismo y al ateísmo. Sirva de ejemplo lo acontecido en Brasil, donde, a pesar de la visita del Papa para celebrar en Río de Janeiro la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ 2013), se acaba de hacer pública la pérdida de nueve millones de católicos en el país desde 2014 (ver aquí). Vamos, todo un logro. Con este panorama, se puede afirmar sin miedo a equivocarse que la popularidad de este Papa está inflada por los medios de comunicación; especialmente por los anticatólicos -que son prácticamente la mayoría-. Pero la realidad es muy tozuda: este Papa llena titulares, pero vacía las iglesias. Si no cambia de consejeros, el desastre es seguro.

Por último, debo aclarar que la fotografía que abre esta entrada fue tomada anteayer, martes 10 de enero, durante una visita que S. E. R. Robert S.R.E. Card. Sarah, aún Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y disciplina de los Sacramentos, realizó a S. S. Benedicto XVI, de la que no han trascendido más detalles. ¿Habrá salido el tema de lo acontecido -o por acontecer- en la Congregación que preside? Quizás. En cualquier caso, para estar retirado, el Papa emérito está recibiendo últimamente bastantes visitas... Habrá que prestar atención a próximos acontecimientos en este, previsiblemente, "movido" año de Nuestro Señor de 2017.

Aquí transcribo el artículo de Sandro Magister que he mencionado al principio:

Un despido, una demolición: aquí está la nueva curia

La reforma de la curia vaticana que el papa Francisco está llevando a cabo se cumple en parte a la luz del sol y en parte en las sombras.

Entre las medidas adoptadas recientemente hay dos que son emblemáticas.

*

Respecto a la primera medida ha descorrido el velo el vaticanista Marco Tosatti, cuando el 26 de diciembre dio a conocer la orden dada por el Papa a un jefe de dicasterio para que despidiera sin previso aviso a tres de sus funcionarios, orden dada sin explicación alguna y sin aceptar objeciones.

Hoy se sabe que el dicasterio en cuestión no es de segundo orden, pues es la Congregación para la Doctrina de la Fe. Los tres despedidos gozaban de pleno aprecio por parte de su prefecto, el cardenal Gerhard L. Müller, a su vez objeto de reiterados actos de humillación en público por parte del Papa.

¿Pero de los tres destituidos quién es el funcionario del que Francisco en persona –tal como fue informado por Tosatti– se quejó amargamente por teléfono por haber expresado críticas contra él, las cuales llegaron a oídos del Papa gracias a un delator?

Es el sacerdote Christophe J. Kruijen, de 46 años de edad, holandés al servicio de la Congregación para la Doctrina de Fe desde el 2009, teólogo de reconocido valor, premiado en el 2010 por la embajada de Francia en la Santa Sede con el prestigioso Premio Henri De Lubac, asignado a él en forma unánime por un jurado que incluyó a los cardenales Georges Cottier, Albert Vanhoye y Paul Poupard, por sus tesis teológica titulada: "Salvezza universale o doppio esito del giudizio: sperare per tutti? Contributo allo studio critico di un'opinione teologica contemporanea riguardante la realizzazione della dannazione" [¿Salvación universal o doble resultado del juicio: esperanza para todos? Contribución para el estudio crítico de una opinión teológica contemporánea respecto a la implementación de la condenación], tesis sostenida en la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino, bajo la dirección del teólogo dominico Charles Morerod, posteriormente rector de la misma universidad y hoy obispo de Lausana, Ginebra y Friburgo.

Los "novísimos", es decir, la muerte, el juicio, el infierno y el paraíso, es el tema predilecto de los estudios de Kruijen. Pero también se valora de él un excelente ensayo sobre Edith Stein, la filósofa judía y luego monja carmelita, asesinada en Auschwitz en 1942 y proclamada santa en 1998: "Bénie par la Croix. L'expiation dans l'oeuvre et la vie d'Edith Stein".

En los escritos y en los discursos públicos de monseñor Kruijen no hay una sola palabra de crítica a Francisco. Pero fue suficiente una delación arrancada de una conversación privada suya para hacerlo caer en desgracia con el Papa, quien ha blandido el hacha.

También con esto se hace la reforma de la curia, a las órdenes y con el estilo de Jorge Mario Bergoglio.

*

La segunda medida llevada a cabo en las sombras se refiere a la Congregación para el Culto Divino, de la cual es prefecto el cardenal Robert Sarah, también él objeto de reiteradas humillaciones públicas por parte del Papa, ahora condenado a presidir las oficinas y los hombres que están en contra de él.

Dirigida por el secretario de la Congregación, el arzobispo inglés Arthur Roche, se instituyó por voluntad de Francisco una comisión cuyo objetivo no es la corrección de las degeneraciones de la reforma litúrgica postconciliar –es decir, la "reforma de la reforma" que es el sueño del cardenal Sarah– sino precisamente lo contrario: la demolición de uno de los muros de resistencia a los excesos de los liturgistas postconciliares, la instrucción "Liturgiam authenticam" promulgada en el 2001, la cual fija los criterios para las traducciones de los textos litúrgicos del latín a los idiomas modernos.

Con Benedicto XVI estos criterios fueron posteriormente reforzados, en especial por la voluntad del Papa de mantener firme el "pro multis" del Evangelio y del misal latino en las palabras de la consagración de la sangre de Cristo, contra el "por todos" de muchas traducciones habituales.

Pero Francisco ha dado a entender inmediatamente que la cuestión le era indiferente. Ahora, con la institución de esta comisión, cumple con las expectativas de modernización del lenguaje litúrgico promovidas, por ejemplo, por el liturgista Andrea Grillo, profesor en el Pontificio Ateneo San Anselmo y muy apreciado en la Casa de Santa Marta:

> La traduzione/tradizione impossibile: i punti ciechi di “Liturgiam authenticam”

Están los que temen que después de la demolición de "Liturgiam authenticam" el próximo objetivo de esta o de otra comisión sea la correción de "Summorum pontificum", el documento con el que Benedicto XVI liberalizó la celebración de la misa en rito antiguo.


(Artículo original aquí).

martes, 10 de enero de 2017

El Cardenal Burke explica cómo será la corrección formal al Papa y contradice las recientes declaraciones del Cardenal Müller: "Amoris laetitia es un peligro para la fe y la corrección al Papa se hará"

Como indica el título de esta entrada, y en claro contraste con las palabras dichas por el Cardenal Müller en el programa de televisión italiano "Stanze Vaticane", del canal Tgcom24, comentado durante todo el día en páginas católicas de Internet, el Cardenal Burke ha afirmado en una reciente entrevista, que "Amoris Laetitia" (AL) sí supone un peligro para la fe y que se hará una corrección del Papa. Además, ha añadido que no teme perder la púrputa -cardenalicia-, sino que teme más el juicio de Dios. Fue en una entrevista concedida en exclusiva a M.J. Matt, del periódico The Remnant, que la publicó en su formato de papel el pasado día de Navidad y en formato digital ayer, 9 de enero (ver aquí).

El pasado domingo 8 de enero, el Cardenal Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en una entrevista en la que contradijo su postura previa al respecto (ver aquí), aseguró que no habrá una corrección al Papa a corto plazo porque no hay peligro para la fe: "Una corrección fraterna al Papa me parece muy lejana, en este momento no es posible porque no hay ningún peligro para la fe".

El Cardenal Burke, además, ha vuelto a reiterar que "Amoris laetitia" no es un documento magisterial, como indica el mismo Papa Francisco en dicho documento. Según Burke, algunas afirmaciones confusas del documento, aunque no sean heréticas materialmente, necesitan ser aclaradas, porque pueden inducir a error a los fieles en cuestiones muy serias. Para él, si no llegase una aclaración por parte del Papa el resultado sería devastador.

En cuanto a si teme perder el capelo cardenalicio, Burke ha asegurado que conoce cuál es su deber y que no teme decir la verdad. En cambio, dice temer estar ante Nuestro Señor en el Juicio Final y tener que decirle: "No, no Te defendí cuando estabas siendo atacado y la verdad que Tú enseñaste estaba siendo traicionada".

Al ser preguntado sobre si la situación actual se parece al tiempo de la herejía arriana en el siglo IV, dice que en cierto modo sí: "Ahora están en juego dos verdades de fe: la que se refiere al sacramento del Matrimonio, y la que se refiere al sacramento de la Eucaristía, y si no se pone coto a la confusión actual, llegará un momento que habrá amplios sectores de fieles que no tengan la Fe Católica, como los que se encontró San Anbrosio cuando fue nombrado Arzobispo de Milán".

Y en cuanto a cómo sería esa corrección formal, el Cardenal Burke ha aclarado que no sería muy diferente a las "dubia". En otras palabras, aquellas verdades que parecen ser puestas en cuestión por AL simplemente se cotejarían con lo que la Iglesia ha enseñado, practicado y anunciado siempre en su Magisterio oficial. De esta manera dichos errores serían corregidos.

lunes, 9 de enero de 2017

Fotos de la Santa Misa Tridentina de la solemnidad de la Epifanía del Señor oficiada en Nueva Jersey y en Connecticut (EE.UU.)

Estas imágenes fueron tomadas hace tres días, el pasado viernes 6 de enero, solemnidad de la Epifanía del Señor, durante la Santa Misa Tridentina oficiada en la parroquia de San Juan Evangelista de la ciudad de Jersey, en Nueva Jersey; y durante la solemne Santa Misa Tridentina oficiada el mismo día en la iglesia de Santa María de la localidad de Norwalk, en Connecticut (EE.UU.) Nótese la juventud del sacerdote oficiante en la Misa de Norkwalk. Ciertamente, la Misa tradicional no es cosa de "nostálgicos" del pasado, pues los numerosos sacerdotes jóvenes que, cada vez más, llenan las filas de quienes ofician el Santo Sacrificio según el Rito Romano tradicional, jamás conocieron personalmente dicho pasado, aunque son herederos directos de los miles de sacerdotes y santos que sólo conocieron esa Misa, que sigue tan viva como siempre ha estado, desde que la instituyera Nuestro Señor hace dos milenios. Fotos: Sociedad de San Hugo de Cluny.

sábado, 7 de enero de 2017

Octogésimo noveno aniversario de la encíclica "Mortalium Animos" del Papa Pío XI, en la que condena el ecumenismo y prohíbe a los católicos los encuentros ecuménicos

En la entrada publicada anteayer di cuenta de la publicación, por parte de la Santa Sede, de un documento en el que denomina al heresiarca Martín Lutero "testigo del evangelio", a la vez que compara a San Ignacio de Loyola, San Carlos Borromeo y San Francisco de Sales (Doctor de la Iglesia), con los apóstatas Martín Lutero, Ulrico Zuinglio y Juan Calvino -a los que llama "grandes reformadores"-, y establece oficialmente la conmemoración ecuménica de la herejía y cisma protestante. Puede leerse en el siguiente enlace:

Se veía venir: la página oficial de la Santa Sede denomina al heresiarca Martín Lutero "testigo del evangelio" y establece oficialmente la conmemoración ecuménica de la herejía y cisma protestante

En dicha entrada, también mencioné que ayer, 6 de enero, solemnidad de la Epifanía del Señor, se cumplirían 89 años de la promulgación de la encíclica Mortalium animos del Papa Pío XI, fechada el 6 de enero de 1928. Dicha encíclica fue escrita para defender la Revelación y reiterar la verdadera naturaleza de la Iglesia fundada por Nuestro Señor Jesucristo, condenando al mismo tiempo el ecumenismo en el sentido que el Diccionario de la Real Academia Española da a este término (1. m. Rel. Tendencia o movimiento que intenta la restauración de la unidad entre todas las iglesias cristianas) y prohibiendo a los católicos participar en los encuentros ecuménicos.

Cabe señalar que el texto oficial de esta encíclica, así como el de todas las encíclicas escritas con anterioridad al presente pontificado, en que se ha abandonado el idioma oficial de la Iglesia en la redacción de los documentos papales, está escrito en latín.

Esta encíclica no se encuentra traducida al español en la página web oficial de la Santa Sede, donde sí aparece traducida al portugués (PT), al inglés (UK), al francés (FR) y al italiano (IT), difiriendo las traducciones hasta en el propio título:

  • DE VERA RELIGIONIS VNITATE FOVENDA (Latín)
  • Sobre la promoción de la verdadera unidad de religión (PT)
  • Sobre la unidad religiosa (UK)
  • Sobre la unidad de la Iglesia verdadera (FR)
  • Sobre la defensa de la verdad revelada por Jesús (IT)
Como puede verse, los matices en las traducciones van modificando sensiblemente el sentido del texto original, hasta llegar a la traducción en italiano, donde directamente han traducido lo que les ha dado la gana, aunque no sea lo que de verdad dice el original en latín. No he cotejado cada una de las traducciones oficiales en las diferentes lenguas, pero como el resto del texto de la encíclica responda al mismo criterio empleado para traducir el título de la misma, da miedo pensar en lo que se estará transmitiendo en las diferentes lenguas, habida cuenta de lo políticamente incorrecto de su contenido hoy en día.

Para no hacer excesivamente larga esta entrada, dejaré que hable la misma encíclica, el mismo Papa, la misma Iglesia, a través de su traducción íntegra al español -que puede encontrarse, afortunadamente, con relativa facilidad en Internet-. Recomiendo vívamente su lectura, ya que es un hecho que, aparte de sus títulos, pocos católicos conocen el contenido de las encíclicas papales; no digamos si éstas son "pre-conciliares". En el caso que nos ocupa, su contenido es de rabiosa actualidad. Tómense su tiempo, medítenla y saquen sus propias conclusiones:

CARTA ENCÍCLICA
MORTALIUM ANIMOS
DEL SUMO PONTÍFICE
PAPA PÍO XI
A LOS REVMOS. SEÑORES PADRES PATRIARCAS,
PRIMADOS, ARZOBISPOS, OBISPOS
Y OTROS ORDINARIOS DE LUGARES
EN PAZ Y UNIÓN CON LA SEDE APOSTÓLICA

ACERCA DE CÓMO SE HA DE FOMENTAR
LA VERDADERA UNIDAD RELIGIOSA


Venerables Hermanos: Salud y bendición apostólica

1. Ansia universal de paz y fraternidad

Nunca quizás como en los actuales tiempos se ha apoderado del corazón de todos los hombres un tan vehemente deseo de fortalecer y aplicar al bien común de la sociedad humana los vínculos de fraternidad que, en virtud de nuestro común origen y naturaleza, nos unen y enlazan a unos con otros.

Porque no gozando todavía las naciones plenamente de los dones de la paz, antes al contrario, estallando en varias partes discordias nuevas y antiguas, en forma de sediciones y luchas civiles y no pudiéndose además dirimir las controversias, harto numerosas, acerca de la tranquilidad y prosperidad de los pueblos sin que intervengan en el esfuerzo y la acción concordes de aquellos que gobiernan los Estados, y dirigen y fomentan sus intereses, fácilmente se echa de ver --mucho más conviniendo todos en la unidad del género humano-, porque son tantos los que anhelan ver a las naciones cada vez más unidas entre sí por esta fraternidad universal.

2. La fraternidad en religión. Congresos ecuménicos

Cosa muy parecida se esfuerzan algunos por conseguir en lo que toca a la ordenación de la nueva ley promulgada por Jesucristo Nuestro Señor. Convencidos de que son rarísimos los hombres privados de todo sentimiento religioso, parecen haber visto en ello esperanza de que no será difícil que los pueblos, aunque disientan unos de otros en materia de religión, convengan fraternalmente en la profesión de algunas doctrinas que sean como fundamento común de la vida espiritual. Con tal fin suelen estos mismos organizar congresos, reuniones y conferencias, con no escaso número de oyentes e invitar a discutir allí promiscuamente a todos, a infieles de todo género, de cristianos y hasta a aquellos que apostataron miserablemente de Cristo o con obstinada pertinacia niegan la divinidad de su Persona o misión.

3. Los católicos no pueden aprobarlo

Tales tentativas no pueden, de ninguna manera obtener la aprobación de los católicos, puesto que están fundadas en la falsa opinión de los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia, buenas y laudables, pues, aunque de distinto modo, todas nos demuestran y significan igualmente el ingénito y nativo sentimiento con que somos llevados hacia Dios y reconocemos obedientemente su imperio.

Cuantos sustentan esta opinión, no sólo yerran y se engañan, sino también rechazan la verdadera religión, adulterando su concepto esencial, y poco a poco vienen a parar al naturalismo y ateísmo; de donde claramente se sigue que, cuantos se adhieren a tales opiniones y tentativas, se apartan totalmente de la religión revelada por Dios.

4. Otro error - La unión de todos los cristianos. - Argumentos falaces

Pero donde con falaz apariencia de bien se engañan más fácilmente algunos, es cuando se trata de fomentar la unión de todos los cristianos. ¿Acaso no es justo -suele repetirse- y no es hasta conforme con el deber, que cuantos invocan el nombre de Cristo se abstengan de mutuas recriminaciones y se unan por fin un día con vínculos de mutua caridad? ¿Y quién se atreverá a decir que ama a Jesucristo, sino procura con todas sus fuerzas realizar los deseos que El manifestó al rogar a su Padre que sus discípulos fuesen una sola cosa? (1). y el mismo Jesucristo ¿por ventura no quiso que sus discípulos se distinguiesen y diferenciasen de los demás por este rasgo y señal de amor mutuo: En esto conocerán todos que sois mis discípulos, en que os améis unos a otros? (2). ¡Ojalá -añaden- fuesen una sola cosa todos los cristianos! Mucho más podrían hacer para rechazar la peste de la impiedad, que, deslizándose y extendiéndose cada más, amenaza debilitar el Evangelio.

5. Debajo de esos argumentos se oculta un error gravísimo

Estos y otros argumentos parecidos divulgan y difunden los llamados "pancristianos"; los cuales, lejos de ser pocos en número, han llegado a formar legiones y a agruparse en asociaciones ampliamente extendidas, bajo la dirección, las más de ellas, de hombres católicos, aunque discordes entre sí en materia de fe.

6. La verdadera norma de esta materia

Exhortándonos, pues, la conciencia de Nuestro deber a no permitir que la grey del Señor sea sorprendida por perniciosas falacias, invocamos vuestro celo, Venerables Hermanos, para evitar mal tan grave; pues confiamos que cada uno de vosotros, por escrito y de palabra, podrá más fácilmente comunicarse con el pueblo y hacerle entender mejor los principios y argumentos que vamos a exponer, y en los cuales hallarán los católicos la norma de lo que deben pensar y practicar en cuanto se refiere al intento de unir de cualquier manera en un solo cuerpo a todos los hombres que se llaman católicos.


7. Sólo una Religión puede ser verdadera: la revelada por Dios

Dios, Creador de todas las cosas, nos ha creado a los hombres con el fin de que le conozcamos y le sirvamos. Tiene, pues, nuestro Creador perfectísimo derecho a ser servido por nosotros. Pudo ciertamente Dios imponer para el gobierno de los hombres una sola ley, la de la naturaleza, ley esculpida por Dios en el corazón del hombre al crearle: y pudo después regular los progresos de esa misma ley con sólo su providencia ordinaria. Pero en vez de ella prefirió dar El mismo los preceptos que habíamos de obedecer; y en el decurso de los tiempos, esto es desde los orígenes del género humano hasta la venida y predicación de Jesucristo, enseñó por Sí mismo a los hombres los deberes que su naturaleza racional les impone para con su Creador. "Dios, que en otro tiempo habló a nuestros padres en diferentes ocasiones y de muchas maneras, por medio de los Profetas, nos ha hablado últimamente por su Hijo Jesucristo"(3). Por donde claramente se ve que ninguna religión puede ser verdadera fuera de aquella que se funda en la palabra revelada por Dios, revelación que comenzada desde el principio, y continuada durante la Ley Antigua, fue perfeccionada por el mismo Jesucristo con la Ley Nueva. Ahora bien: si Dios ha hablado -y que haya hablado lo comprueba la historia- es evidente que el hombre está obligado a creer absolutamente la revelación de Dios, y a obedecer totalmente sus preceptos. y con el fin de que cumpliésemos bien lo uno y lo otro, para gloria de Dios y salvación nuestra, el Hijo Unigénito de Dios fundó en la tierra su Iglesia.

8. La única Religión revelada es la de la Iglesia Católica

Así pues, los que se proclaman cristianos es imposible no crean que Cristo fund6 una Iglesia, y precisamente una sola. Mas, si se pregunta cuál es esa Iglesia conforme a la voluntad de su Fundador, en esto ya no convienen todos. Muchos de ellos, por ejemplo, niegan que la Iglesia de Cristo haya de ser visible, a lo menos en el sentido de que deba mostrarse como un solo cuerpo de fieles, concordes en una misma doctrina y bajo un solo magisterio y gobierno. Estos tales entienden que la Iglesia visible no es más que la alianza de varias comunidades cristianas, aunque las doctrinas de cada una de ellas sean distintas.

Sociedad perfecta, externa, visible

Pero es lo cierto que Cristo Nuestro Señor instituyó su Iglesia como sociedad perfecta, externa y visible por su propia naturaleza, a fin de que prosiguiese realizando, de allí en adelante, la obra de la salvación del género humano, bajo la guía de una sola cabeza (4), con magisterio de viva voz (5) y por medio de la administración de los sacramentos (6), fuente de la gracia divina; por eso en sus parábolas afirmó que era semejante a un reino (7), a una casa (8), a un aprisco (9), y a una grey (10). Esta Iglesia, tan maravillosamente fundada, no podía ciertamente cesar ni extinguirse, muertos su Fundador y los Apóstoles que en un principio la propagaron, puesto que a ella se le había confiado el mandato de conducir a la eterna salvación a todos los hombres, sin excepción de lugar ni de tiempo: "Id, pues, e instruid a todas las naciones" (11). y en el cumplimiento continuo de este oficio, ¿acaso faltará a la Iglesia el valor ni la eficacia, hallándose perpetuamente asistida con la presencia del mismo Cristo, que solemnemente le prometió: "He aquí que yo estaré siempre con vosotros, hasta la consumación de los siglos"? (12) Por tanto, la Iglesia de Cristo no sólo ha de existir necesariamente hoy, mañana y siempre, sino también ha de ser exactamente la misma que fue en los tiempos apostólicos, si no queremos decir -y de ello estamos muy lejos- que Cristo Nuestro Señor no ha cumplido su propósito, o se engañó cuando dijo que las puertas del infierno no habían de prevalecer contra ella (13).

9. Un error capital del movimiento ecuménico en la pretendida unión de iglesias cristianas

Y aquí se Nos ofrece ocasión de exponer y refutar una falsa opinión de la cual parece depender toda esta cuestión, y en la cual tiene su origen la múltiple acción y confabulación el de los católicos que trabajan, como hemos dicho, por la unión de las iglesias cristianas. Los autores de este proyecto no dejan de repetir casi infinitas veces las palabras de Cristo: "Sean todos una misma cosa. Habrá un solo rebaño y un solo pastor" (14), mas de tal manera :las entienden, que, según ellos, sólo significan un deseo y una aspiración de Jesucristo, deseo que todavía no se ha realizado. Opinan, pues, que la unidad de fe y de gobierno, nota distintiva de la verdadera y única Iglesia de Cristo, no ha existido casi nunca hasta ahora, y ni siquiera hoy existe: podrá, ciertamente, desearse, y tal vez algún día se consiga, mediante la concordante impulsión de las voluntades; pero en entre tanto, habrá que considerarla sólo como un ideal.

La pretendida "división" de la Iglesia

Añaden que la Iglesia, de suyo o por su propia naturaleza, está dividida en partes, esto es, se halla compuesta de varias comunidades distintas, separadas todavía unas de otras, y coincidentes en algunos puntos de doctrina, aunque discrepantes en lo demás, y cada una con los mismos derechos exactamente que las otras; y que la Iglesia sólo fue única y una, a lo sumo desde la edad apostólica hasta tiempos de los primeros Concilios Ecuménicos. Sería necesario pues -dicen-, que, suprimiendo y dejando a un lado las controversias y variaciones rancias de opiniones, que han dividido hasta hoy a la familia cristiana, se formule se proponga con las doctrinas restantes una norma común de fe, con cuya profesión puedan todos no ya reconocerse, sino sentirse hermanos. y cuando las múltiples iglesias o comunidades estén unidas por un pacto universal, entonces será cuando puedan resistir sólida y fructuosamente los avances de la impiedad...

Esto es así tomando las cosas en general, Venerables Hermanos; mas hay quienes afirman y conceden que el llamado Protestantismo ha desechado demasiado desconsideradamente ciertas doctrinas fundamentales de la fe y algunos ritos del culto externo ciertamente agradables y útiles, los que la Iglesia Romana por el contrario aún conserva; añaden sin embargo en el acto, que ella ha obrado mal porque corrompió la religión primitiva por cuanto agregó y propuso como cosa de fe algunas doctrinas no sólo ajenas sino más bien opuestas al Evangelio, entre las cuales se enumera especialmente el Primado de jurisdicción que ella adjudica a Pedro y a sus sucesores en la sede Romana.

En el número de aquellos, aunque no sean muchos, figuran también los que conceden al Romano Pontífice cierto Primado de honor o alguna jurisdicción o potestad de la cual creen, sin embargo, que desciende no del derecho divino sino de cierto consenso de los fieles. Otros en cambio aun avanzan a desear que el mismo Pontífice presida sus asambleas, las que pueden llamarse "multicolores". Por lo demás, aun cuando podrán encontrarse a muchos no católicos que predican a pulmón lleno la unión fraterna en Cristo, sin embargo, hallarás pocos a quienes se ocurre que han de sujetarse y obedecer al Vicario de Jesucristo cuando enseña o manda y gobierna. Entre tanto asevera que están dispuestos a actuar gustosos en unión con la Iglesia Romana, naturalmente en igualdad de condiciones jurídicas, o sea de iguales a igual: mas si pudieran actuar no parece dudoso de que lo harían con la intención de que por un pacto o convenio por establecerse tal vez, no fueran obligados a abandonar sus opiniones que constituyen aun la causa por qué continúan errando y vagando fuera del único redil de Cristo.

10. La Iglesia Católica no puede participar en semejantes uniones

Siendo todo esto así, claramente se ve que ni la Sede Apostólica puede en manera alguna tener parte en dichos Congresos, ni de ningún modo pueden los católicos favorecer ni cooperar a semejantes intentos; y si lo hiciesen, darían autoridad a una falsa religión cristiana, totalmente ajena a la única y verdadera Iglesia de Cristo.

11. La verdad revelada no admite transacciones

¿Y habremos Nos de sufrir -cosa que sería por todo extremo injusta- que la verdad revelada por Dios, se rindiese y entrase en transacciones? Porque de lo que ahora se trata es de defender la verdad revelada. Para instruir en la fe evangélica a todas las naciones envió Cristo por el mundo todo a los Apóstoles; y para que éstos no errasen en nada, quiso que el Espíritu Santo les enseñase previamente toda la verdad (15); ¿y acaso esta doctrina de los Apóstoles ha descaecido del todo, o siquiera se ha debilitado alguna vez en la Iglesia, a quien Dios mismo asiste dirigiéndola y custodiándola? Y si nuestro Redentor manifestó expresamente que su Evangelio no sólo era para los tiempos apostólicos, sino también para las edades futuras, ¿habrá podido hacerse tan obscura e incierta la doctrina de la Fe, que sea hoy conveniente tolerar en ella hasta las opiniones contrarias entre sí? Si esto fuese verdad, habría que decir también que el Espíritu Santo infundido en los apóstoles, y la perpetua permanencia del mismo Espíritu en la Iglesia, y hasta la misma predicación de Jesucristo, habría perdido hace muchos siglos toda utilidad y eficacia; afirmación que sería ciertamente blasfema.

12. La Iglesia Católica depositaria infalible de la verdad

Ahora bien: cuando el Hijo Unigénito de Dios mandó sus legados que enseñasen a todas las naciones, impuso a todos los hombres la obligación de dar fe a cuanto les fuese enseñado por los testigos predestinados por Dios (16); obligación que sancionó de este modo: el que creyere y fuere bautizado, se salvará; mas el que no creyere será condenado (17). Pero ambos preceptos de Cristo, uno de enseñar y otro de creer, que no pueden dejar de cumplirse para alcanzar la salvación eterna, no pueden siquiera entenderse si la Iglesia no propone, íntegra y clara la doctrina evangélica y si al proponerla no está ella exenta de todo peligro de equivocarse, Acerca de lo cual van extraviados también los que creen que sin duda existe en la tierra el depósito de la verdad, pero que para buscarlo hay que emplear tan fatigosos trabajos, tan :continuos estudios y discusiones, que apenas basta la vida de un hombre para hallarlo y disfrutarlo: como si el benignísimo Dios hubiese, hablado por medio de los Profetas y de su Hijo Unigénito para que lo revelado por éstos sólo pudiesen conocerlo unos pocos, y ésos ya ancianos; y como si esa revelación no tuviese por fin enseñar la doctrina moral y dogmática, por la cual se ha de regir el hombre durante el curso de su vida moral,

13. Sin fe, no hay verdadera caridad

Podrá parecer que dichos "pancristianos", tan atentos a unir las iglesias, persiguen el fin nobilísimo de fomentar la caridad entre todos los cristianos, Pero, ¿cómo es posible que la caridad redunde en daño de la fe? Nadie, ciertamente, ignora que San Juan, el Apóstol mismo de la caridad, el cual en su Evangelio parece descubrirnos los secretos del Corazón Santísimo de Jesús, y que solía inculcar continuamente a sus discípulos el nuevo precepto Amaos unos a los otros, prohibió absolutamente todo trato y comunicación con aquellos que no profesasen, íntegra y pura, la doctrina de Jesucristo: Si alguno viene a vosotros y no trae esta doctrina, no le recibáis en casa, y ni siquiera le saludéis (18), Siendo, pues, la fe íntegra y sincera, como fundamento y raíz de la caridad, necesario es que los discípulos de Cristo estén unidos principalmente con el vínculo de la unidad de fe.

14. Unión irrazonable

Por tanto, ¿cómo es posible imaginar una confederación cristiana, cada uno de cuyos miembros pueda, hasta en materias de fe, conservar su sentir y juicio propios aunque contradigan al juicio y sentir de los demás? ¿y de qué manera, si se nos quiere decir, podrían formar una sola y misma Asociación de fieles los hombres que defienden doctrinas contrarias, como, por ejemplo, los que afirman y los que niegan que la sagrada Tradición es fuente genuina de la divina Revelación; los que consideran de institución divina la jerarquía eclesiástica, formada de Obispos, presbíteros y servidores del altar, y los que afirman que esa Jerarquía se ha introducido poco a poco por las circunstancias de tiempos y de cosas; los que adoran a Cristo realmente presente en la Sagrada Eucaristía por la maravillosa conversión del pan y del vino, llamada "transubstanciación", y los que afirman que el Cuerpo de Cristo está allí presente sólo por la fe, o por el signo y virtud del Sacramento; los que en la misma Eucaristía reconocen su doble naturaleza de sacramento y sacrificio, y los que sostienen que sólo es un recuerdo o conmemoración de la Cena del Señor; los que estiman buena y útil la suplicante invocación de los Santos que reinan con Cristo, sobre todo de la Virgen María Madre de Dios, y la veneración de sus imágenes, y los que pretenden que tal culto es ilícito por ser contrario al honor del único Mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo? (19).


15. Resbaladero hacia el indiferentismo y el modernismo

Entre tan grande diversidad de opiniones, no sabemos cómo se podrá abrir camino para conseguir la unidad de la Iglesia, unidad que no puede nacer más que de un solo magisterio, de una sola ley de creer y de una sola fe de los cristianos. En cambio, sabemos, ciertamente que de esa diversidad de opiniones es fácil el paso al menosprecio de toda religión, o"indiferentismo", y al llamado "modernismo", con el cual los que están desdichadamente inficionados, sostienen que la verdad dogmática no es absoluta sino relativa, o sea, proporcionada a las diversas necesidades de lugares y tiempos, y a las varias tendencias de los espíritus, no hallándose contenida en una revelación inmutable, sino siendo de suyo acomodable al a vida de los hombres.

Además, en lo que concierne a las cosas que han de creerse, de ningún modo es lícito establecer aquélla diferencia entre las verdades de la fe que llaman fundamentales y no fundamentales, como gustan decir ahora, de las cuales las primeras deberían ser aceptadas por todos, las segundas, por el contrario, podrían dejarse al libre arbitrio de los fieles; pues la virtud de la fe tiene su causa formal en la autoridad de Dios revelador que no admite ninguna distinción de esta suerte. Por eso, todos los que verdaderamente son de Cristo prestarán la misma fe al dogma de la Madre de Dios concebida sin pecado original como, por ejemplo, al misterio de la augusta Trinidad; creerán con la misma firmeza en el Magisterio infalible del Romano Pontífice, en el mismo sentido con que lo definiera el Concilio Ecuménico del Vaticano, como en la Encarnación del Señor.

No porque la Iglesia sancionó con solemne decreto y definió las mismas verdades de un modo distinto en diferentes edades o en edades poco anteriores han de tenerse por no igualmente ciertas ni creerse del mismo modo. ¿No las reveló todas Dios?

Pues, el Magisterio de la Iglesia el cual por designio divino fue constituido en la tierra a fin de que las doctrinas reveladas perdurasen incólumes para siempre y llegasen con mayor facilidad y seguridad al conocimiento de los hombres aun cuando el Romano Pontífice y los Obispos que viven en unión con él, lo ejerzan diariamente, se extiende, sin embargo, al oficio de proceder oportunamente con solemnes ritos y decretos a la definición de alguna verdad, especialmente entonces cuando a los errores e impugnaciones de los herejes deben más eficazmente oponerse o inculcarse en los espíritus de los fieles, más clara y sutilmente explicados, puntos de la sagrada doctrina.

Mas por ese ejercicio extraordinario del Magisterio no se introduce, naturalmente ninguna invención, ni se añade ninguna novedad al acervo de aquellas verdades que en el depósito de la revelación, confiado por Dios a la Iglesia, no estén contenidas, por lo menos implícitamente, sino que se explican aquellos puntos que tal vez para muchos aun parecen permanecer oscuros o se establecen como cosas de fe los que algunos han puesto en tela de juicio.

16. La única manera de unir a todos los cristianos

Bien claro se muestra, pues, Venerables Hermanos, por qué esta Sede Apostólica no ha permitido nunca a los suyos que asistan a los citados congresos de acatólicos; porque la unión de los cristianos no se puede fomentar de otro modo que procurando el retorno de los disidentes a la única :y verdadera Iglesia de Cristo, de la cual un día desdichadamente se alejaron; a aquella única y verdadera Iglesia que todos ciertamente conocen y que por la voluntad de su Fundador debe permanecer siempre tal cual El mismo la fundó para la salvación de todos. Nunca, en el transcurso de los siglos, se contaminó esta mística Esposa de Cristo, ni podrá contaminarse jamás, como dijo bien San Cipriano: No puede adulterar la Esposa de Cristo; es incorruptible y fiel. Conoce una sola casa y custodia con casto pudor la santidad de una sola estancia (20). Por eso se maravillaba con razón el santo Mártir de que alguien pudiese creer que esta unidad, fundada en la divina estabilidad y robustecida por medio de celestiales sacramentos, pudiese desgarrarse en la Iglesia, y dividirse por el disentimiento de las voluntades discordes (21). Porque siendo Porque siendo el cuerpo místico de Cristo, esto es, la Iglesia, uno (22), compacto y conexo (23), lo mismo que su cuerpo físico, necedad es decir que el cuerpo místico puede constar de miembros divididos y separados; quien, pues, no está unido con él no es miembro suyo, ni está unido con su cabeza, que es Cristo (24).

17. La obediencia al Romano Pontífice

Ahora bien, en esta única Iglesia de Cristo nadie vive y nadie persevera, que no reconozca y acepte con obediencia la suprema autoridad de Pedro y de sus legítimos sucesores. ¿No fue acaso al Obispo de Roma a quien obedecieron, como a sumo Pastor de las almas, los ascendientes de aquellos que hoy yacen anegados en los errores de Focio, y de otros novadores?

Alejáronse ¡ay! los hijos de la casa paterna, que no por eso se arruinó ni pereció, sostenida como está perpetuamente por el auxilio de Dios. Vuelvan, pues, al Padre común, que olvidando las injurias inferidas ya a la Sede Apostólica, los recibirá amantísimamente. Porque, si, como ellos repiten, desean asociarse a Nos y a los Nuestros, ¿Por qué no se apresuran a venir a la Iglesia, madre y maestra de todos los fieles de Cristo (25). Oigan como clamaba en otro tiempo Lactancio: Sólo la Iglesia Católica es la que conserva el culto verdadero, Ella es la fuente de la verdad, la morada de la Fe, el templo de Dios, quienquiera que en él no entre o de él salga, perdido ha la esperanza de vida y de salvaci6n, Menester es que nadie se engañe a sí mismo con pertinaces discusiones, Lo que aquí se ventila es la vida y la salvaci6n,´a la cual si no se atiende con diligente cautela, se perderá y se extinguirá (26).

18. Llamamiento a las sectas disidentes

Vuelvan, pues, a la Sede Apostó1ica, asentada en esta ciudad de Roma, que consagraron con su sangre los Príncipes de los Apóstoles San Pedro y San Pablo, a la Sede raíz y matriz de la Iglesia Católica (27); vuelvan los hijos disidentes, no ya con el deseo y la esperanza de que la Iglesia de Dios vivo, la columna y el sostén de la verdad (28) abdique de la integridad de su fe, y consienta los errores de ellos, sino para someterse al magisterio y al gobierno de ella. Pluguiese al Cielo alcanzásemos felizmente Nos, lo que no alcanzaron tantos predecesores Nuestros; el poder abrazar con paternales entrañas a los hijos que tanto nos duele ver separados de Nos por una funesta división.

Plegaria a Cristo y a Maria

Y ojalá Nuestro Divino Salvador, el cual quiere que todos los hombres se salven y vengan al conocimiento de la verdad (29), oiga Nuestras ardientes oraciones para que se digne llamar ala unidad de la Iglesia a cuantos están separados de ella.

Con este fin, sin duda importantísimo, invocamos y queremos que se invoque la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Divina Gracia, debeladora de todas las herejías y Auxilio de los cristianos, para que cuanto antes nos alcance la gracia de ver alborear el deseadísimo día en que todos los hombres oigan la voz de su divino Hijo, y conserven la unidad del Espíritu Santo con el vínculo de la paz (30).

19. Conclusión y Bendición Apostólica

Bien comprendéis, Venerables Hermanos, cuánto deseamos Nos este retorno, y cuánto anhelamos que así lo sepan todos Nuestros hijos, no solamente los católicos, sino también los disidentes de Nos; los cuales, si imploran humildemente las luces del cielo, reconocerán, sin duda, a la verdadera Iglesia de Cristo, y entrarán, por fin, en su seno, unidos con Nos en perfecta caridad. En espera de tal suceso, y como prenda y auspicio de los divinos favores, y testimonio de Nuestra paternal benevolencia, a vosotros, Venerables Hermanos, y a vuestro Clero y pueblo, os concedemos de todo corazón la Apostólica Bendición.

Dado en San Pedro de Roma, el día 6 de enero, fiesta de la Epifanía de Nuestro Señor Jesucristo, el año 1928, sexto de Nuestro Pontificado.

PÍO PP. XI



NOTAS
[1] Juan 17, 21.
[2] Juan 13, 35.
[3] Hebr. 1, 1-2.
[4] Mat. 16, 18; Luc. 22, 32; Juan 21, 15-17.
[5] Marc. 16, 15.
[6] Juan 3, 5; 6, 59; 18, 18; 20, 22.
[7] Mat. 13, 24, 31, 33, 34, 31, 47.
[8] Mat. 16, 18.
[9] Juan 10, 16.
[10] Juan 21, 15-17.
[11] Mat. 28, 19.
[12] Mat. 28, 20.
[13] Mat. 16, 18.
[14] Juan 17, 21; 10, 16.
[15] Juan 16, 13.
[16] Hech. 10, 41
[17] Marc. 16, 16.
[18] II Juan vers. 10.
[19] I Tim. 2, 5.
[20] S. Cipr. de la unidad de la Iglesia (Migne Pl. 4, col. 518-519).
[21] S. Cipr. de la unidad de la Iglesia (Migne Pl. 4, col. 519-B y 520-A).
[22] I Cor. 12, 12.
[23] Efes. 4, 15.
[24] Efes. 5, 30; 1, 22.
[25] Conc. Lateran. IV, c. 5 (Denz.-Umb 436)
[26] Lactancio Div. Inst. 4, 30 (Corp. Ser. E. Lat., vol. 19, pág. 397, 11-12; Migne Pl. 6, col 542-B a 543-A)
[27] S. Cipr. carta 38 a Cornelio 3. (Entre las cartas de S. Cornelio Papa III; Migne Pl. 3. col. 733-B).
[28] I Tim. 3, 15.
[29] I Tim. 2, 4.
[30] Efes. 4, 3.