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domingo, 15 de octubre de 2017

Dos presos peligrosos recién fugados echan por tierra la opinión personal de Francisco, contraria a las Sagradas Escrituras y al Magisterio de la Iglesia, de que la pena de muerte es siempre "inadmisible" y contraria al Evangelio

Dos presos peligrosos recién fugados han echado por tierra la opinión personal de Francisco -contraria a las Sagradas Escrituras y al Magisterio de la Iglesia, incluyendo los escritos de varios Santos y Doctores de la Iglesia, así como la de al menos dos Concilios Ecuménicos Dogmáticos-, de que la pena de muerte es siempre "inadmisible".

La policía italiana acaba de hacer público un suceso que se produjo hace dos semanas, el pasado domingo 1 de octubre. Ese día, dos de los veinte presos invitados a compartir con Francisco un almuerzo, consistente en lasaña y costilleta, en la iglesia de San Petronio de Bolonia (Italia) -profanación aparte-, aprovecharon el festín para escaparse. Se trata de dos napolitanos clasificados como "socialmente peligrosos", que estaban a cargo del capellán de la Casa de Trabajo y Reclusión de Castelfranco-Emilia, un centro de rehabilitación al final de las condenas, que cuenta con una sección para drogadictos y otra para presos socialmente peligrosos -los sociópatas son personas que no muestran empatía por otros, ni remordimientos por sus acciones-.

El referido capellán era el responsable de llevar a los veinte presos a participar en la cuchipanda en el interior del templo, con ayuda de algunos voluntarios que colaboran en programas de rehabilitación. Tras su llegada en el autobús y tras participar "devotamente" en el rezo del Ángelus previo a la comilona, estos dos presos decidieron que era el momento de poner pies en polvorosa. Al sentarse a la mesa, los responsables se dieron cuenta de que quedaban libres dos sillas. Faltaban los dos napolitanos "socialmente peligrosos", que ya son libres para cometer cualquier delito -incluyendo maltratos, violaciones o asesinatos, si les apetece-, gracias a la generosa y misericordiosa invitación de Francisco para profanar reutilizar la iglesia de San Petronio celebrando una francachela en su interior.

Este suceso es uno de los que, en la práctica -la teoría es muy bonita, pero la realidad es muy tozuda-, pone en solfa las recientes afirmaciones de Francisco, en las que expresaba su opinión personal -totalmente opuesta a las Sagradas Escrituras y al Magisterio de la Iglesia, incluyendo lo enseñado por los Apóstoles, Doctores de la Iglesia, los dos últimos Concilios Ecuménicos Dogmáticos y todos los Papas anteriores a él-, de que la pena de muerte es siempre "inadmisible". Dicha opinión la expresó el pasado miércoles 11 de octubre, durante un discurso sobre la pena de muerte en un encuentro organizado por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, con motivo del XXV Aniversario de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica en 1992.

Lo grave de dichas palabras, aparte de la ya acostumbrada y frecuente manipulación o tergiversación a la que suele recurrir Francisco para justificar sus ideas personales en aquellas ocasiones en que éstas son claramente incompatibles con las Sagradas Escrituras, la Doctrina o el Magisterio de la Iglesia, radica en el hecho de que esta vez ha cargado contra toda la Iglesia anterior a él, al tratar de justificar que Ésta se ha equivocado durante más de dos mil años y que el acertado es él. ¿Cuál es su argumento? ¡Que la doctrina progresa! Eufemismo empleado para reconocer que trata, simple y llanamente, de cambiar la doctrina, para lo cual carece de toda potestad, aparte de que el aludido "progreso" de la doctrina al que se refiere Francisco está solemnemente condenado por el Sacrosanto y Ecuménico Concilio Vaticano I.

En el discurso, transcrito íntegramente en español en la página web oficial de la Santa Sede (puede leerse aquí), Francisco ha afirmado:

Esta cuestión no se puede reducir al mero recuerdo de un principio histórico, sin tener en cuenta no sólo el progreso de la doctrina llevado a cabo por los últimos Pontífices, sino también el cambio en la conciencia del pueblo cristiano, que rechaza una actitud complaciente con respecto a una pena que menoscaba gravemente la dignidad humana. Hay que afirmar de manera rotunda que la condena a muerte, en cualquier circunstancia, es una medida inhumana que humilla la dignidad de la persona. Es en sí misma contraria al Evangelio porque con ella se decide suprimir voluntariamente una vida humana, que es siempre sagrada a los ojos del Creador y de la que sólo Dios puede ser, en última instancia, su único juez y garante.

[Y tras citarse a sí mismo, en unas palabras pronunciadas en 2015, continúa]:

Por tanto, a nadie se le puede quitar la vida ni la posibilidad de una redención moral y existencial que redunde en favor de la comunidad.

En los siglos pasados, cuando no se tenían muchos instrumentos de defensa y la madurez social todavía no se había desarrollado de manera positiva, el recurso a la pena de muerte se presentaba como una consecuencia lógica de la necesaria aplicación de la justicia. Lamentablemente, también en el Estado Pontificio se acudió a este medio extremo e inhumano, descuidando el primado de la misericordia sobre la justicia. Asumimos la responsabilidad por el pasado, y reconocemos que estos medios fueron impuestos por una mentalidad más legalista que cristiana. La preocupación por conservar íntegros el poder y las riquezas materiales condujo a sobrestimar el valor de la ley, impidiendo una comprensión más profunda del Evangelio. Sin embargo, permanecer hoy neutrales ante las nuevas exigencias de una reafirmación de la dignidad de la persona nos haría aún más culpables.

Es curioso que el clero "progresista", al que evidentemente pertenece el actual ocupante de la cátedra de San Pedro, cuando se trata del plano meramente material suele anteponer la justicia a la misericordia -por ejemplo, exigiendo "justicia" social y "derechos" y rechazando la simple y cristiana caridad, en la que no se ama al prójimo porque éste se lo merezca, sino por amor a Dios-; pero si se trata de la salvación o condenación eterna de las almas suele hacer justo lo contrario: anteponer -cuando no contraponer- la misericordia a la justicia -como si fueran incompatibles-, presentando una caricatura de Dios, como si Éste fuera un simpático abuelito que malcría a sus nietos consintiéndoles todo, premiándoles siempre y perdonándoles todo, aunque no se arrepientan, ni se corrijan e incluso ni siquiera pidan perdón cuando cometen maldades. Ese dios injusto es incompatible con lo que Dios ha expresado sobre Sí mismo a lo largo de toda la Revelación y que la Iglesia ha transmitido durante más de dos milenios a través de la Sagrada Tradición y el Magisterio de la Iglesia.

Las infumables palabras de Francisco, además de versar sobre un tema del que carece doblemente de potestad -por un lado, es el poder civil, como ha sido siempre, el que decide si sus leyes o códigos penales incluyen o no la pena capital; y, por otro, Francisco no puede cambiar el Magisterio de la Iglesia-, tratan de engañar a los incautos presentando un "progreso" de la doctrina en el Magisterio de los últimos Papas, cuando tal cosa es falsa: San Juan Pablo II sostuvo y expuso el Magisterio que la Iglesia ha enseñado siempre y que permite la pena de muerte en determinadas circunstancias, como se puede comprobar en el Catecismo de la Iglesia Católica que él mismo promulgó. El "progreso" sugerido no fue el paso de la aceptación de la pena de muerte a su condena por parte de la Iglesia o del mismo San Juan Pablo II, sino la mejora en las condiciones de retención de los reos que han cometido crímenes execrables: actualmente, sostenía San Juan Pablo II, pueden darse las condiciones que hagan innecesaria -no que sea inadmisible o inmoral- el recurso a la pena de muerte. En realidad, las palabras del Papa Wojtyła fueron bien claras, aunque más teóricas que prácticas, como se comprueba por los dos presos fugados recientemente o el caso del Capo Guzmán -que además de haber podido escapar, desde la misma cárcel dirigía sus negocios de narcotráfico y podía mandar asesinar a muchas personas-, ejemplo que ya di como respuesta a un comentario en la entrada "El Papa Francisco nuevamente contra el Catecismo de la Iglesia Católica y el Magisterio bimilenario: esta vez a cuenta de la pena de muerte".

Es totalmente deshonesto presentar como "en línea" con lo dicho por Papas anteriores lo que, en realidad, es precisamente lo contrario y una clara ruptura con lo que dichos Papas han enseñado. Esto también lo hemos visto a propósito de "Amoris laetitia", documento en el que, de forma totalmente torticera, se tergiversa el Magisterio pontificio precedente o lo dicho por Santo Tomás de Aquino, para defender justo lo contrario. Y ello, sacando frases de contexto, cuando no cambiándolas directamente, o recortando textos, para poder reinterpretarlos de tal forma que parezca que dicen justo lo contrario de lo que realmente dicen.

Pero el colmo de la deshonestidad se produce cuando, más adelante, se atreve a afirmar, citando a continuación a San Vicente de Lérins -que más que ayudarle en su defensa, evidencia su manipulación-, lo siguiente:

El desarrollo armónico de la doctrina, sin embargo, requiere que se deje de sostener afirmaciones en favor de argumentos que ahora son vistos como definitivamente contrarios a la nueva comprensión de la verdad cristiana. Además, como ya mencionaba san Vicente de Lerins...

Tal afirmación está condenada con anatema por el Sacrosanto y Ecuménico Concilio Vaticano I (dogmático). Aquí no existe ninguna "nueva comprensión" de la verdad cristiana, sino un burdo intento de cambiar lo que la Iglesia siempre ha enseñado y los cristianos siempre han creído.

Ya expuse ésto mismo el pasado 8 de abril de 2016, cuando, con motivo de la presentación de "Amoris laetitia" en una conferencia dada en el Aula Juan Pablo II de la Sala Stampa de la Santa Sede por los cardenales Lorenzo Baldisseri, secretario general del infausto sínodo de la familia, y Christoph Schönborn, arzobispo de Viena, éste último, en la sesión de preguntas y respuestas, además de citar torticeramente a varios Papas postconciliares -por lo visto, no hubo otros antes, y si los hubo, mejor olvidarlos-, fundamentalmente a San Juan Pablo II y a S. S. Benedicto XVI, para justificar la comunión de los adúlteros -algo que ambos Papas jamás consideraron permisible-, repitió en varias ocasiones la idea, no católica, del "desarrollo orgánico de la doctrina", algo condenado, como ya he dicho, explícita y solemnemente por el Concilio Vaticano I, que en la Constitución dogmática «Filius Dei» sobre la Fe Católica define lo siguiente:

"Así pues, la doctrina de la fe que Dios ha revelado es propuesta no como un descubrimiento filosófico que puede ser perfeccionado por la inteligencia humana, sino como un depósito divino confiado a la esposa de Cristo para ser fielmente protegido e infaliblemente promulgado. De ahí que también hay que mantener siempre el sentido de los dogmas sagrados que una vez declaró la Santa Madre Iglesia, y no se debe nunca abandonar bajo el pretexto o en nombre de un entendimiento más profundo. «Que el entendimiento, el conocimiento y la sabiduría crezcan con el correr de las épocas y los siglos, y que florezcan grandes y vigorosos, en cada uno y en todos, en cada individuo y en toda la Iglesia: pero esto sólo de manera apropiada, esto es, en la misma doctrina, el mismo sentido y el mismo entendimiento»".

En el Canon III del mencionado capítulo IV "Sobre la fe y la razón", se condena solemnemente:

"Si alguno dijere que es posible que en algún momento, dado el avance del conocimiento, pueda asignarse a los dogmas propuestos por la Iglesia un sentido distinto de aquel que la misma Iglesia ha entendido y entiende: sea anatema".

Pero, a pesar de ello, a Francisco le da igual y, poniéndose el mundo por montera, ya en la introducción de "Amoris laetitia" hablaba de "profundizar cuestiones doctrinales y morales" o de "reflexión creativa de los pastores y teólogos para encontrar mayor claridad", en vez de decir claramente "cambiar la doctrina y la moral católicas". Como ya expliqué en otra entrada (ver aquí), los dogmas no "evolucionan", ni existe -como lo expresó el Cardenal Schönborn en la presentación del documento antes referida-, ningún "desarrollo orgánico de la doctrina". Tal subterfugio, por parte de quienes pretenden cambiar la Doctrina y la Moral de la Iglesia con la excusa de una "profundización" o "comprensión mayor" a lo largo del tiempo, para hacerla decir lo contrario de como siempre lo ha entendido la Iglesia, está explícitamente condenado en el Canon III del capítulo IV, "Sobre la fe y la razón", de la Constitución dogmática del Concilio Vaticano I «Filius Dei» sobre la Fe Católica, como ya he señalado.

A pesar de ello, Francisco no ha tenido reparo alguno en sostener que "en la Iglesia es necesaria una unidad de doctrina y de praxis, pero ello no impide que subsistan diferentes maneras de interpretar algunos aspectos de la doctrina o algunas consecuencias que se derivan de ella". Es decir, que puedan "interpretarse" de forma diferente a como siempre lo ha hecho la Iglesia. Exactamente lo que el Concilio Vaticano I condenó solemnemente. Y a continuación lo reitera, afirmando que "esto sucederá hasta que el Espíritu nos lleve a la verdad completa" -idea que vuelve a repetir en el discurso objeto de esta entrada-, como si la Iglesia llevara dos mil años conociendo sólo la verdad a medias o, lo que es peor, malinterpretándola y enseñando falsedades. Como puede verse, esta idea se opone frontalmente a lo que siempre ha creído y enseñado la Iglesia Católica.

Resulta, pues, sorprendente, que recurra precisamente a San Vicente de Lérins para sostener algo contrario a lo que la Iglesia ha creído y enseñado siempre, pues es a este Santo a quien debemos la más conocida cita sobre la inmutabilidad de lo que la Iglesia cree y enseña:

Sostenemos la fe que ha sido creída en todas partes, siempre, por todos
(QVOD VBIQVE QVOD SEMPER QVOD AB OMNIBVS CREDITVM EST)

Es decir, la verdad católica básica que legitima el desarrollo de la doctrina católica deja intacta "la misma doctrina, el mismo sentido y la misma interpretación", exactamente como afirmó el Concilio Vaticano I, que condena justamente lo contrario en el ya mencionado Canon III del capítulo IV, "Sobre la fe y la razón", de la Constitución Dogmática del Concilio Vaticano I «Filius Dei» sobre la Fe Católica.

Centrándonos en el tema que nos ocupa, la pena de muerte, y dejando de lado las prescripciones del Antiguo Testamento sobre la misma, veamos lo que el Evangelio y el Magisterio de la Iglesia ha dicho sobre este tema a lo largo de los más de dos mil años de Historia de la Iglesia:

Santos Evangelios:

“Pero el otro [malhechor] le respondió diciendo: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros la sufrimos con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, este nada malo ha hecho.» Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino». Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc 23,40-43)

“Si he cometido alguna injusticia o crimen digno de muerte, no rehuso morir” (Hch 25,11)

“Sométanse todos a las autoridades constituidas, pues no hay autoridad que no provenga de Dios, y las que existen, por Dios han sido constituidas. De modo que, quien se opone a la autoridad, se rebela contra el orden divino, y los rebeldes se atraerán sobre sí mismos la condenación. En efecto, los magistrados no son de temer cuando se obra el bien, sino cuando se obra el mal. ¿Quieres no temer a la autoridad? Obra el bien, y obtiendrás de ella elogios, pues la autoridad es para ti un servidor de Dios para el bien. Pero, si obras el mal, teme: pues no en vano lleva espada: pues es un servidor de Dios para hacer justicia y castigar al que obra el mal (Rm 13,1-4)

San Clemente de Alejandría:

“Por la salud del cuerpo soportamos hacernos amputar y cauterizar, y aquel que suministra estos remedios es llamado médico, salvador; él amputa algunas partes del cuerpo para que no se enfermen las partes sanas; no es por rencor o maldad hacia el paciente sino según la razón del arte que le sugiere y nadie, por lo tanto, acusaría de maldad al médico por su arte. […] Cuando [la ley] ve a alguien de tal modo que parezca incurable, viéndolo ir por el camino de la extrema injusticia, entonces se preocupa de los otros para que no vayan a la perdición por obra de aquel, y como cortando una parte del cuerpo entero lo manda a la muerte (Stromata)

San Agustín (Doctor de la Iglesia):

“Hay algunas excepciones, sin embargo, a la prohibición de no matar, señaladas por la misma autoridad divina. En estas excepciones quedan comprendidas tanto una ley promulgada por Dios de dar muerte como la orden expresa dada temporalmente a una persona. Pero, en este caso, quien mata no es la persona que presta sus servicios a la autoridad; es como la espada, instrumento en manos de quien la maneja. De ahí que no quebrantaron, ni mucho menos, el precepto de no matarás los hombres que, movidos por Dios, han llevado a cabo guerras, o los que, investidos de pública autoridad, y ateniéndose a su ley, es decir, según el dominio de la razón más justa, han dado muerte a reos de crímenes (La Ciudad de Dios, libro I, c. 21)

“Algunos hombres grandes y santos, que sabían muy bien que esta muerte que separa el alma del cuerpo no se debe temer; sin embargo, según el parecer de aquellos que la temen, castigaron con la pena de muerte algunos pecados, bien para infundir saludable temor a los vivientes, o porque no dañaría la muerte a los que con ella eran castigados, sino el pecado que podría agravarse si viviesen. No juzgaban desconsideradamente aquellos a quienes el mismo Dios había concedido un tal juicio. De esto depende que Elías mató a muchos, bien con la propia mano, o bien con el fuego, fruto de la impetración divina; lo cual hicieron también otros muchos excelentes y santos varones no inconsideradamente, sino con el mejor espíritu, para atender a las cosas humanas” (El Sermón de la Montaña, c. 20, nº 64).

Inocencio III: exigió a los herejes valdenses que reconocieran, como parte de la fe católica, que:

El poder secular puede sin caer en pecado mortal aplicar la pena de muerte, con tal que proceda en la imposición de la pena sin odio y con juicio, no negligentemente sino con la solicitud debida” (DS 795/425, citado por Avery Dulles, Catholicism and Capital Punishment)

Santo Tomás de Aquino (Doctor de la Iglesia):

“Se prohíbe en el decálogo el homicidio en cuanto implica una injuria, y, así entendido, el precepto contiene la misma razón de la justicia. La ley humana no puede autorizar que lícitamente se dé muerte a un hombre indebidamente. Pero matar a los malhechores, a los enemigos de la república, eso no es cosa indebida. Por tanto, no es contrario al precepto del decálogo, ni tal muerte es el homicidio que se prohíbe en el precepto del decálogo” (Suma Teológica, I-II, q.100, a.8, ad 3).

“Pues toda parte se ordena al todo como lo imperfecto a lo perfecto, y por ello cada parte existe naturalmente para el todo. Y por esto vemos que, si fuera necesaria para la salud de todo el cuerpo humano la amputación de algún miembro, por ejemplo, si está podrido y puede inficionar a los demás, tal amputación sería laudable y saludable. Pues bien: cada persona singular se compara a toda la comunidad como la parte al todo; y, por tanto, si un hombre es peligroso a la sociedad y la corrompe por algún pecado, laudable y saludablemente se le quita la vida para la conservación del bien común; pues, como afirma 1Co 5,6, un poco de levadura corrompe a toda la masa” (Suma Teológica, II-II, q.64, a.2)

“Esta clase de pecadores, de quienes se supone que son más perniciosos para los demás que susceptibles de enmienda, la ley divina y humana prescriben su muerte. Esto, sin embargo, lo sentencia el juez, no por odio hacia ellos, sino por el amor de caridad, que antepone el bien público a la vida de una persona privada (Suma Teológica, II-II, q.25, a.6, ad 2)

San Alfonso María de Ligorio (Doctor de la Iglesia):

“Duda II: Si, y en qué manera, es lícito matar a un malhechor.

Más allá de la legítima defensa, nadie excepto la autoridad pública puede hacerlo lícitamente, y en este caso sólo si se ha respetado el orden de la ley [...] A la autoridad pública se ha dado la potestad de matar a los malhechores, no injustamente, dado que es necesario para la defensa del bien común” (Theologia Moralis)

Es lícito que un hombre sea ejecutado por las autoridades públicas. Hasta es un deber de los príncipes y jueces condenar a la muerte a los que lo merecen, y es el deber de los oficiales de justicia ejecutar la sentencia; es Dios mismo que quiere que sean castigados” (Instrucciones para el pueblo)

Catecismo de Trento:

“Otra forma de matar lícitamente pertenece a las autoridades civiles, a las que se confía el poder de la vida y de la muerte, mediante la aplicación legal y ordenada del castigo de los culpables y la protección de los inocentes. El uso justo de este poder, lejos de ser un crimen de asesinato, es un acto de obediencia suprema al Mandamiento que prohíbe el asesinato”.

Catecismo de San Pío X:

“¿Hay casos en que es lícito quitar la vida al prójimo? Es lícito quitar la vida al prójimo cuando se combate en guerra justa, cuando se ejecuta por orden de la autoridad suprema la condenación a muerte en pena de un delito y, finamente, en caso de necesaria y legítima defensa de la vida contra un injusto agresor” (nº 415)

León XIII:

“Es un hecho común que las leyes divinas, tanto la que se ha propuesto con la luz de la razón tanto la que se promulgó con la escritura divinamente inspirada, prohíben a cualquiera, de modo absoluto, de matar o herir un hombre en ausencia de una razón pública justa, a menos que se vea obligado por necesidad de defender la propia vida (Encíclica Pastoralis Oficii, 12 de septiembre de 1881)

Venerable Pío XII:

“Aun en el caso de que se trate de la ejecución de un condenado a muerte, el Estado no dispone del derecho del individuo a la vida. Entonces está reservado al poder público privar al condenado del «bien» de la vida, en expiación de su falta, después de que, por su crimen, él se ha desposeído de su «derecho» a la vida (Discurso a los participantes en el I Congreso Internacional de Histopatología del Sistema Nervioso, nº 28, 13 de septiembre de 1952)

San Juan Pablo II:

“Es evidente que, precisamente para conseguir todas estas finalidades, la medida y la calidad de la pena deben ser valoradas y decididas atentamente, sin que se deba llegar a la medida extrema de la eliminación del reo salvo en casos de absoluta necesidad, es decir, cuando la defensa de la sociedad no sea posible de otro modo” (Encíclica Evangelium Vitae, nº 56, 25 de marzo de 1995)

Catecismo de la Iglesia Católica:

“A la exigencia de la tutela del bien común corresponde el esfuerzo del Estado para contener la difusión de comportamientos lesivos de los derechos humanos y las normas fundamentales de la convivencia civil. La legítima autoridad pública tiene el derecho y el deber de aplicar penas proporcionadas a la gravedad del delito. La pena tiene, ante todo, la finalidad de reparar el desorden introducido por la culpa. Cuando la pena es aceptada voluntariamente por el culpable, adquiere un valor de expiación. La pena finalmente, además de la defensa del orden público y la tutela de la seguridad de las personas, tiene una finalidad medicinal: en la medida de lo posible, debe contribuir a la enmienda del culpable. La enseñanza tradicional de la Iglesia no excluye, supuesta la plena comprobación de la identidad y de la responsabilidad del culpable, el recurso a la pena de muerte, si esta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas. Pero si los medios incruentos bastan para proteger y defender del agresor la seguridad de las personas, la autoridad se limitará a esos medios, porque ellos corresponden mejor a las condiciones concretas del bien común y son más conformes con la dignidad de la persona humana” (nº 2266-2267).

Además de las referidas citas, se podrían citar muchísimas más de Padres y Doctores de la Iglesia, Santos y grandes teólogos -San Juan Cristóstomo, San Gregorio Nacianceno, San Efrén, San Ambrosio, San Hilario de Poitiers, San Roberto Belarmino, San Pío V, Pío XI, Inocencio I, San Dámaso, San Bernardo, San Jerónimo, Santo Tomás Moro, San Francisco de Borja, San Francisco de Sales, Francisco de Vitoria, San Felipe Neri, Francisco Suárez, Beato Duns Scoto, etc.-.

Téngase en cuenta que, además de la licitud moral -y a veces hasta el deber- de la pena de muerte como castigo justo y para protección de la sociedad, también se justifica en orden a la salvación eterna de las almas. Nótese que, de no aplicarse, no sólo estaría en juego la vida terrenal de las futuras víctimas en caso de que los asesinos o traidores -que ponen en riesgo la seguridad de una nación y la vida de sus ciudadanos, al posibilitar a sus enemigos que les ataquen o al fomentar guerras y revoluciones- escaparan de prisión o salieran por otros motivos, sino también la posible salvación eterna de dichas víctimas, que quizás podrían salvarse si muriesen más tarde en otras circunstancias, y al quitarles la vida estos asesinos, quizás se condenen; mientras que a ellos, hasta que les ejecuten, se les da la oportunidad de arrepentirse y salvarse -a sus víctimas no, por lo que pierden su vida y puede que también su alma-. Alguien podría argumentar que éso ya lo tiene previsto la Divina Providencia y que si las víctimas se condenan es por sus propias culpas. Naturalmente, uno siempre se condena por sus propios pecados, pero quizás si un asesino no les hubiese matado podrían haberse arrepentido en el futuro. La Divina Providencia también ha previsto la pena de muerte para evitar que otras víctimas se condenen por las razones expuestas.

Queda, pues, meridianamente claro lo que, tanto el Evangelio, como el Magisterio de la Iglesia, ha enseñado siempre sobre este tema, en contraposición con la errada opinión personal de Bergoglio, que acusa al mismo Cristo -quien, pudiendo y debiendo, no contradijo al buen ladrón-, al Apóstol San Pablo, a los citados Santos y Doctores de la Iglesia, así como a varios Sumos Pontífices, de ser "legalistas" y malos cristianos y de no comprender el Evangelio por su "preocupación por conservar íntegros el poder y las riquezas materiales".

Creyendo y afirmando semejantes disparates, no es sorprendente que Francisco concluya diciendo que "no se puede conservar la doctrina sin hacerla progresar, ni se la puede atar a una lectura rígida e inmutable sin humillar la acción del Espíritu Santo". No hay ningún progreso en afirmar lo contrario de lo que siempre ha afirmado la Iglesia. Lo que hay es una ruptura, por más que se la adorne con bellas palabras y esté acorde con el sentimiento de cierta parte de la sociedad occidental actual -muy sensible con los derechos de los victimarios y muy poco con los de las víctimas pasadas, presentes o futuras-. Además de considerar al Espíritu Santo como una especie de veleta que cambia de dirección arbitrariamente, sin lógica alguna, y que ha permitido errar a la Iglesia durante dos milenios hasta la llegada de Bergoglio al solio pontificio, inspirándole sólo a él -como si se tratara de un médium que recibe mensajes del Más Allá-, lo que ha negado a sus antecesores. Si tal visión no fuera tan grave para el bien de las almas -y por la amenaza de que podría modificar el Catecismo-, sería risible, por lo pueril.

Oremos por Francisco, para que debido a sus pensamientos, palabras, obras y omisiones, habida cuenta de su enorme responsabilidad sobre el destino eterno de miles de millones de almas, no acabe dando de bruces con la suya en las calderas de Pedro Botero.

Véase también:


Y sobre la falsa "evolución" de la doctrina:




La noticia sobre la fuga de los presos invitados a la comilona con Francisco puede leerse aquí, y las citas del Magisterio están tomadas de aquí, que a su vez las ha tomado de aquí.

jueves, 5 de octubre de 2017

Francisco ha manifestado su rechazo y el de la Iglesia a la autodeterminación e independencia de Cataluña

Contrariamente al pronunciamiento y toma de postura de algunos obispos partidarios a la autodeterminación e independencia de Cataluña -y en algunos casos, también promotores-, Francisco y el Secretario de Estado de la Santa Sede, el Cardenal Pietro Parolin, han confirmado la postura de la Iglesia contra la autodeterminación de Cataluña, defendiendo "la legalidad constituida".

El nuevo embajador de España ante la Santa Sede, D. Gerardo Bugallo, ha mantenido una larga y cordial conversación con Francisco y con el secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, tras la ceremonia de presentación de cartas credenciales del embajador español en el Vaticano, durante el curso de la cual han hablado sobre la situación de Cataluña.

Esta conversación tuvo lugar el pasado lunes 2 de octubre en la biblioteca privada de Francisco, donde, tras la recepción protocolaria, tuvieron una conversación que se prolongó unos veinte minutos. Después de que el embajador español transmitiera los saludos de S. M. el Rey Felipe VI y del Gobierno de España, Bergoglio le reiteró la postura de la Santa Sede, contraria a toda autodeterminación que no esté justificada por un proceso de descolonización, y manifestó el rechazo de la Iglesia a toda actitud que no esté basada en el respeto a la legalidad constituida. Tras este encuentro, el embajador español fue recibido en la Secretaría de Estado por el cardenal Pietro Parolin, con quien también mantuvo una conversación durante media hora, en la que el cardenal se pronunció en el mismo sentido que Francisco. Vida Nueva.

martes, 3 de octubre de 2017

El desvergonzado uso político del Evangelio por parte de los clérigos separatistas que fomentan la rebelión en Cataluña (España)

El desvergonzado uso político del Evangelio y la manipulación del mandato expreso de Nuestro Señor Jesucristo por parte de los separatistas catalanes metidos a clérigos, que fomentan la rebelión en Cataluña (España), ha llegado a unos extremos difícilmente compatibles con la moral católica. No sólo por su xenofobia, contraria a la universalidad de nuestra religión, sino por el constante recurso a la mentira y a la manipulación por parte de estos curas impresentables que anteponen sus ideas políticas al cumplimiento del Decálogo, que, entre otras cosas, prohíbe de forma absoluta dar falso testimonio o mentir.

Me gustaría transcribir lo que, sobre la obediencia a la autoridad y a la Ley -actualmente en España la máxima norma es la Constitución Española-, Nuestro Señor manda explícitamente en el Evangelio:

"Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas el camino de Dios con verdad, sin miedo a nadie, porque no miras a la persona de los hombres. Dinos, pues, lo que piensas: ¿es lícito pagar tributo al César o no?" Mas Jesús, conociendo su malicia, repuso: "Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Mostradme la moneda del tributo". Y le presentaron un denario. Preguntóles: "¿De quién es esta figura y la leyenda?" Le respondieron: "del César". Entonces les dijo: "Dad, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios". Oyendo esto, quedaron maravillados, y dejándolo se fueron".
Mt 22,16.

Las propias palabras de Nuestro Señor son bien claras, como lo es también lo que, en este sentido, siempre ha transmitido el Magisterio de la Iglesia, de acuerdo con las mismas: Jesús nos enseña a obedecer a las autoridades -que en aquella época y en Tierra Santa eran los emperadores romanos- y pagar los impuestos, porque su poder viene de Dios (ver también Lc 20,25 y Rm 13,1-7).

Por el contrario, estos separatistas catalanes metidos a clérigos no se empachan de repetir, engañando a sus feligreses, que la desobediencia a la Ley y a las autoridades que ellos subjetivamente no consideren como propias -como mucho, tan "poco propias" como los romanos en la Palestina de tiempos de Jesús, no más, y siempre según su ideología separatista-, está permitida y es legítima, siendo, como lo es, totalmente inmoral y contraria a lo mandado por el propio Jesuscristo, Nuestro Señor.
Pues un ejemplo de esta inmoralidad desvergonzada lo hemos visto hoy mismo en televisión, al ser entrevistado en directo el separatista catalán Cinto Busquet Paredes (sobre estas líneas, en una foto tomada durante otro programa), un presunto cura del pueblo de Calella, en la provincia de Barcelona -si es cura, iba disfrazado para no parecerlo-, que esta misma mañana se mostraba encantado con la profanación de una iglesia en una localidad de Tarragona (ver aquí), usada para contar papeletas amañadas de la votación ilegal del pasado domingo, de la que todo el mundo ha visto ya montones de imágenes del fraude, tanto en foto como en vídeo, pues circulan por todo Internet.

Este sujeto fue uno de los minoritarios curas separatistas que firmaron una declaración conjunta contraria a la Ley y a la voluntad de la mayoría de los catalanes (ver aquí), según él porque los separatistas tienen derecho a cometer delitos, como la obstrucción a la justicia -dice que eso son "derechos fundamentales"- y que por eso deben ser respetados. Todo ello, además, escudándose en la Iglesia. Imagínense el argumento que da cuando le preguntan que a qué derechos se refiere:

"Como sacerdote de la Iglesia Católica Romana [por lo visto ya no es "Apostólica"], te tengo que decir que Jesús dijo que el hombre está por encima del sábado, no el sábado encima por el hombre" (sic). Y tras soltar este improcedente fragmento evangélico mal citado, no se le ocurre otra cosa que sostener la legitimidad de cometer delitos porque "Jesús fue ejecutado legalmente" (gracias a Dios, porque sin Su muerte no habría habido Redención). Es decir: para él lo mejor es que los católicos sean ácratas, porque las leyes son malas, así que se pueden incumplir a voluntad, según nos interese. Y a continuación, dice lo siguiente, refiriéndose a la clerigalla separatista, de la que forma parte: "estamos con nuestros obispos", aludiendo a continuación, de forma expresa, al Arzobispado de Barcelona, cuyo titular es Omella. Arzobispado que, durante el día de hoy, ha secundado la falsa "huelga general" independentista, pese a que las huelgas políticas -no las de carácter laboral- son ilegales (ver aquí), para dar así su apoyo al gobierno regional de Cataluña que ha perpetrado un golpe de estado -gobierno regional que en las últimas Elecciones autonómicas ni siquiera obtuvo la mayoría de votos, por lo que tuvo que recurrir al apoyo de radicales de extrema izquierda, anarquistas y antisistema para poder (des)gobernar-.

Pero no es Omella el peor entre los obispos españoles, ni mucho menos: Novell (en la imagen que abre esta entrada) dio un espectáculo lamentable al promocionar, y colaborar con, la comisión de varios delitos -entre ellos el de sedición, primero, y el de rebelión más tarde- (ver aquí y aquí).
Y también tenemos a un tal "Jaume Pujol" (en realidad, fue bautizado como "Jaime Pujol"), que en Twitter se autodenomina como "arzobispo, presidente" de una inexistente "conferencia episcopal tarraconense" -jamás ha existido, hasta la actualidad, tal cosa-, por lo cual está engañando a la gente públicamente al presentarse como tal (ver aquí).

Para calificar a estos impresentables (sobre cuyo futuro inmediato la Santa Sede debería tomar medidas urgentes -que dudo que tome-, como mínimo por ir contra el bien común y promocionar la rebelión), contamos con varios Arzobispos y Obispos católicos, comenzando por el Primado de España, del que ya di cuenta (ver aquí); el Arzobispo de Oviedo, que ha recordado que "defender la secesión con mentiras, insidias, corrupción y violencia es inmoral y es pecado" (ver aquí); o el Obispo de San Sebastián, que ha dicho que "el callejón en el que se encuentra Cataluña no sólo es ilegal sino profundamente inmoral" (ver aquí).

Finalmente, y sobre todo a los lectores de otros países que no conocen y/o comprenden la situación actual de España, aparte del Agit-prop fomentado y difundido por el gobierno regional de Cataluña (con dinero de todos los españoles, dicho sea de paso, lo cual constituye el delito -otro más- de malversación de fondos) y la posición de la Iglesia al respecto, recomiendo el siguiente artículo del P. José María Iraburu, un poco largo, pero que merece la pena leer: La Iglesia y la unidad nacional de España.

jueves, 28 de septiembre de 2017

El Primado de España pide a los separatistas catalanes pertenecientes al clero, que firmaron una declaración independentista «en sintonía con sus obispos», que se callen y dejen de alentar la comisión de delitos

S. E. R. Mons. Braulio Rodríguez, Arzobispo de Toledo y Primado de España, ha pedido a los escasos 200 y pico separatistas catalanes que pertenecen al clero -en Cataluña hay 2.190 sacerdotes y religiosos según el último nomenclátor de la Conferencia Episcopal Española-, que recientemente firmaron una declaración conjunta contraria a la Ley y a la voluntad de más de la mitad de los catalanes, que no dividan a los católicos. Concretamente, les ha pedido permanecer «razonablemente callados y no emitir opiniones que van un poco más allá de la política». Lo ha manifestado al ser preguntado sobre el tema en la sede del Seminario Conciliar en Toledo, donde se estaba celebrando la apertura oficial del curso académico 2017-2018.

Dichos separatistas, que además pertenecen al clero, dicen actuar «en sintonía con nuestros obispos», refiriéndose a los obispos españoles a cargo de las diócesis de la región de Cataluña, pese a que éstos, ante las intenciones de la minoría separatista, se pronunciaron hace pocos días para pedir «que la sensatez y el deseo de ser justos y fraternos nos guíe a todos». El único representante del episcopado español de Cataluña que apoya abierta y públicamente las pretensiones delictivas de los separatistas es Xavier Novell, al frente de la diócesis de Solsona (provincia de Lérida, España).

Nótese que dicha declaración, además de promover la comisión de un delito, vulnera el Código de Derecho Canónico, por lo que el Gobierno de España ha formalizado una protesta ante la Santa Sede por la actitud de estos separatistas consagrados. Tras difundirse el comunicado, el embajador español ante la Santa Sede, Gerardo Bugallo, aprovechó una recepción en la Embajada estadounidense en Roma para entregar en mano al cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado vaticano, una nota verbal de protesta (ver aquí).

Téngase en cuenta, además, que ya en 2006 la Conferencia Episcopal Español se pronunció contra la ruptura de la unidad de España, declarando que no era «moralmente aceptable la secesión».

Según recoge ReL (ver aquí), el Primado de España, que afirmó que el hecho de que [los separatistas del clero] den su opinión sobre este tema puede provocar que «dividan un poco a los miembros de la Iglesia», también dijo que en el caso de que dichos separatistas -que además son curas o religiosos- digan que esos «son los problemas que están viviendo sus fieles», en el resto de España «los demás fieles también estamos sufriendo lo mismo. Es que ese es el tema [...] Parece como si eso fuera una cosa que sucede allí en el nordeste de España que es Cataluña y que los demás estemos en un plácido existir». Asimismo, subrayó que en el resto de España «también tenemos esas dificultades y tenemos también, pues, muchas cosas que entre todos tenemos que ir resolviendo y no separarnos de un todo más grande».

sábado, 2 de septiembre de 2017

Francisco vuelve a hablar: 'Amoris laetitia' y la Comunión a los adúlteros, inmigración, armas, política, laicismo, la guerra justa y el Islam

Anteayer, jueves 31 de agosto, el periodista Andrea Tornielli, nada sospechoso de ser enemigo de Francisco o de atacarle, sino más bien todo lo contrario -de hecho, es uno de sus palmeros oficiales-, publicaba un artículo con varios pasajes del libro "Política y Sociedad", del sociólogo Dominique Wolton -junto a Francisco en la foto que abre esta entrada-, en el que se transcriben doce conversaciones con Francisco, que el diario francés "Le Figaro" ha anticipado. Entre otras cosas, habla sobre los migrantes, sobre el Islam, de política y cuenta anécdotas personales. El artículo de Tornielli comienza relatando cómo Bergoglio, cuando tenía 42 años, fue tratado por una psicoanalista judía a cuya consulta asistió durante medio año -cosa que no interesa a nadie, aunque pueda explicar muchas cosas-,  y luego transcribe lo que Francisco opina sobre varios temas. Es para echarse a llorar. Vean por qué:

Al hablar sobre los migrantes, los refugiados y las guerras del Occidente, Francisco dice que los migrantes principalmente dejan sus tierras debido a la falta de trabajo o a la guerra, porque han sido explotados. Europa ha explotado África. Ha leído que un jefe de estado africano apenas elegido, como primer acto de gobierno presentó al Parlamento una ley para la reforestación de su país, y fue promulgada. Las potencias económicas del mundo habían cortado todos los árboles. Reforestar. La tierra está seca por haber sido explotada y ya no hay trabajo.

Tras estas discutibles afirmaciones, se me ocurren varias preguntas: ¿Por qué vienen migrantes procedentes de países africanos llenos de selvas frondosas donde la tierra no está seca? La descolonización se produjo hace casi medio siglo. ¿Por qué no hubo una invasión de migrantes entonces? Si tan efectivas fueron las primeras medidas tomadas por los jefes de estado africanos, ¿por qué casi medio siglo después tanta gente sale en masa de esos países?

¿Quién hace la guerra ahora? ¿Quién da las armas? Nosotros.

Ese es el planteamiento de Francisco, con todo lo que dicho argumento quiere dar a entender. A lo que se puede objetar diciendo que las armas sirven para defenderse y cualquier país tiene derecho a hacerlo. Los países pobres también. Por eso, si no tienen medios para fabricarlas tienen que comprárselas a quienes las fabrican. Lo que debe condenarse es el tráfico de armas que realizan las mafias y que emplean dictadores, guerrilleros y delincuentes, no la venta legal y justificada de un país a otro.

Sobre la laicidad del Estado (léase "laicismo" en su actual acepción de persecución religiosa), pone el ejemplo de Francia, el único Estado confesionalmente masónico laico de la Unión Europea y uno de los tres únicos países del mundo que lo recoge en su Constitución -junto a EE.UU. y Turquía, cuyos "Padres de la Patria", George Washington y Mustafá Kemal Atatürk, respectivamente, eran masones-. El único problema que ve es que "debemos 'elevar' un poco el nivel de la laicidad, en el sentido de que debe decir que también las religiones son parte de la cultura".

¿La religión es sólo algo cultural? ¿Para quién? ¿Para los ateos? Desde luego, para los creyentes -que es la mayor parte de la población-, no.

A continuación hace una afirmación que es completamente falsa para justificar el supuesto "enriquecimiento" de la inmigración y la mezcla cultural, y, concretamente, de la de origen islámico: "También está la lengua en la cultura. En nuestra lengua española, el 40% de las palabras es árabe. ¿Por qué? Porque estuvieron allí por siete siglos. Y dejaron huella".

Por el contrario, los arabismos del español sólo suponen aproximadamente el 8% del vocabulario total y se calcula que son unas 4000 palabras, incluyendo voces poco usadas. Y eso en cuanto al léxico. Con respecto a la fonética, no hay en español ningún fonema prestado del árabe ni ninguna pronunciación particular: "Todos los estudios realizados sobre correspondencia de fonemas de una lengua a la otra han resultado negativos: los respectivos sistemas fonológicos fueron siempre impermeables el uno al otro" (R. Cano Aguilar, (1999): El español a través de los tiempos, Madrid, Arco/Libros, 1.ª ed. 1988, pp. 52-53).

"Esto no significa que Europa tenga que ser completamente cristiana. Pero es un patrimonio, un patrimonio cultural, que hemos recibido".

De nuevo, para él la religión en general, y el cristianismo en particular, es simplemente algo cultural.

Sobre la guerra justa dice que "Hoy debemos replantear el concepto de 'guerra justa'".

Y, de paso, ¿también "revisar" el Catecismo de la Iglesia Católica al respecto? (como en otros temas con los que sus ideas no coinciden).

Aclara que para defenderse se puede hacer la guerra y considerarla justa. Pero dice que una guerra no se puede definir como 'justa' sino sólo como 'guerra de defensa' porque lo único justo es la paz.

¿Y para qué se hace una guerra si no es para lograr la paz cuando uno ha sido injustamente atacado? Eso es lo que la hace justa, porque una persona, un país, no sólo tiene el derecho, sino también el deber de defenderse.

¿Qué idea tiene Francisco sobre la Iglesia?

Según él, la Iglesia "es el pueblo. Y el Concilio Vaticano II dijo: 'El pueblo de Dios, en su conjunto, no se equivoca'".

¿Se parece en algo esta peculiar noción de la Iglesia a lo que siempre ha considerado la propia Iglesia Católica sobre sí misma? Según el Catecismo de San Pío X, la Iglesia es la Sociedad asistida por el Espíritu Santo que fundó nuestro Señor Jesucristo para santificarnos.

Y en cuanto a su segunda afirmación, el Concilio Vaticano II jamás ha dicho tal cosa. Su afirmación es una tergiversación -como hace en tantas ocasiones- de lo que dice uno de los documentos conciliares; en concreto, "Lumen Gentium":

"La totalidad de los fieles, que tienen la unción del Santo (cf. 1 Jn 2,20 y 27), no puede equivocarse cuando cree, y esta prerrogativa peculiar suya la manifiesta mediante el sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo cuando «desde los Obispos hasta los últimos fieles laicos» presta su consentimiento universal en las cosas de fe y costumbres. Con este sentido de la fe, que el Espíritu de verdad suscita y mantiene, el Pueblo de Dios se adhiere indefectiblemente «a la fe confiada de una vez para siempre a los santos» (Judas 3), penetra más profundamente en ella con juicio certero y le da más plena aplicación en la vida, guiado en todo por el sagrado Magisterio, sometiéndose al cual no acepta ya una palabra de hombres, sino la verdadera palabra de Dios (cf. 1 Ts 2,13)".

Como se ve, lo que este documento conciliar dice es que el Pueblo de Dios, al que también pertenece la jerarquía -a la que él diferencia y excluye, no se sabe muy bien por qué motivo-, no puede equivocarse cuando cree lo que siempre ha creído y enseñado la Iglesia a través del Magisterio, pues está asistida por el Espíritu Santo, y lo pone por obra.

A continuación, expone su idea de lo que debe ser un misionero: "Ve a África, en donde se encuentran muchos misioneros. Queman sus vidas allí. Y hacen revoluciones reales. No para convertir, en otra época se hablaba de conversión, sino para servir".

Vamos, labor humanitaria como la que hace cualquier voluntario de una ONG. ¿Para qué convertir a la gente como mandó Nuestro Señor? Lo importante no es que las personas se salven y vayan al Cielo, sino que vivan lo mejor posible en este mundo.

Luego se mete en el terreno de la moral. Según él, "hay un gran peligro para los predicadores, el de caer en la mediocridad. Condenar solo la moral (le ruego que me persone la expresión) 'de la cintura para abajo'. Pero de los otros pecados, como el odio, la envidia, el orgullo, la vanidad, matar al otro, quitar la vida, no se habla".

¿De dónde se ha sacado tal cosa? No sólo no se ajusta a la realidad, sino que ésta es justamente la contraria: los predicadores, que siempre se han preocupado -y condenado- todos los pecados, no sólo los de 'cintura para abajo', hace décadas que, en el erróneo afán de atraer a la gente -o de no espantarla, supuestamente-, no sólo no predican nada relativo a la moral sexual, ni condenan la inmoralidad de muchas iniciativas legislativas sobre este tema -aborto, manipulación de embriones, ideología de género, vientres de alquiler, homosexualidad, transexualidad, etc.-, sino que guardan un clamoroso silencio, cuando no apoyan algunos de estos pecados directamente, lo cual es notorio, por ejemplo, entre los jesuitas, Orden a la que él mismo pertenece.

Sobre «Amoris laetitia» y la rigidez, dice:

"Lo que está sucediendo realmente es que las personas escuchan que la gente dice: 'No pueden comulgar', 'No pueden hacerlo'. La tentación de la Iglesia está allí. ¡Pero 'no', 'no' y 'no'! Este tipo de prohibición es el que encontramos en el drama de Jesús con los fariseos. ¡El mismo! Los grandes de la Iglesia son los que tienen una visión que va más allá, los que entienden: los misioneros".

¿Se refiere a esos misioneros cuya "misión" no es convertir a las personas, sino simplemente hacer labor asistencial? Además, parece olvidar que en este tema, quienes ciertamente pueden equipararse a los fariseos son quienes, como ellos, quieren "puentear" la voluntad de Dios y, a través de normas humanas, permitir el divorcio -o el repudio-, no querido por Dios y condenado explícitamente por Nuestro Señor Jesucristo, que fue quien dijo "no, no, no" al adulterio. ¿Cómo van a ser fariseos quienes predican lo que Jesucristo dice, y no serlo quienes, como los fariseos de entonces, defienden el actual adulterio institucionalizado? El mundo al revés.

Sobre el homomonio, ninguna condena ni corrección por su parte: lo único que le molesta es que se le llame "matrimonio". Sólo pide que "Llamemos la unión del mismo sexo 'unión civil'". Y se queda más ancho que largo.

Por último, habla del Islam: "Con el islam, como sea, el diálogo está andando bien".

Tan bien, que en los últimos dos años ya van ni se sabe cuántos atentados terroristas en Europa. Y todos ellos perpetrados por musulmanes (incluso cuando muchos medios de comunicación ocultan el país de procedencia de los terroristas o de su familia, diciendo simplemente que era de "nacionalidad francesa" o de "nacionalidad británica", o que era un "desquilibrado mental", en todos los casos se trata de musulmanes; no hay entre ellos ni cristianos, ni judíos, ni budistas, ni taoístas, ni hinduistas, ni animistas africanos).

Y concluye con esta frase: "Creo que les haría bien hacer un estudio crítico sobre El Corán, como hemos hecho con nuestras Escrituras. El método histórico y crítico de interpretación te hará evolucionar".

Tal cosa no va a ocurrir; y lo que ha producido en la Iglesia ese método histórico-crítico de interpretación ha sido ciertamente una 'evolución', pero desde la ortodoxia hacia la heterodoxia, reduciendo todo al ámbito meramente humano y haciendo interpretaciones que niegan la historicidad de los elementos sobrenaturales. El ejemplo más paradigmático es el reciente despropósito lanzado por el Prepósito General de los jesuitas, que afirmó que no podemos conocer lo que Jesús dijo ni quiso decir porque no había grabadoras en su época. ¡Casi nada! ¡Menuda 'evolución' la de los jesuitas y ciertas lumbreras del clero! Mejor no evolucionar. Virgencita, que me quede como estoy.

viernes, 14 de julio de 2017

Ecumenismo bueno y ecumenismo del odio: el cardenal Osoro celebra el 500 aniversario de la herejía protestante en Madrid mientras el jesuita Antonio Spadaro ataca a los católicos "integristas" estadounidenses por luchar contra el aborto o la ideología de género

Hoy mismo, el cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, ha asistido a la inauguración de la conmemoración internacional del quinto centenario de la herejía protestante. El acto, que ha comenzado a las 19:00 horas en el Wizink Center de Madrid, forma parte del programa de actos organizado por la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE). Es la primera vez en la Historia que un representante de la jerarquía católica asiste a dicho contubernio congreso, de los ocho que ha habido hasta ahora -el primero se celebró en 1919-.

Además de Osoro, también ha asistido el ministro de Justicia (del Partido Popular), Rafael Catalá, que entre las perlas que ha soltado reconoce y agradece los frutos de la Reforma para España (¿cuáles?) y la influencia positiva del protestantismo en la sociedad española (sin dar ejemplos). Naturalmente, también ha asistido la comunista alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, que no se pierde una y ha soltado más perlas aún.

Lo único positivo -aunque va a quedar en agua de borrajas- es que la Federación de Entidades Evangélicas ha pedido al Ministerio de Justicia que se pronuncie sobre si la ley LGTB vulnera la libertad religiosa. ¡Como si les fueran a responder positivamente, habiendo sido el gobierno del Partido Popular el que ha elaborado e impuesto dicha ley en la Comunidad de Madrid!

En fin, este es el "ecumenismo bueno", frente al "ecumenismo del odio" (sic) que critica el impresentable Antonio Spadaro en un artículo del otrora diario católico jesuita -hoy libelo de ultraizquierda- La Civiltà Cattolica, publicado tras el visto bueno del Vaticano: La revista La Civiltà Cattolica arremete contra católicos y protestantes conservadores en Estados Unidos, en el que, a dos manos junto al "pastor" protestante nombrado por Francisco como director de la versión argentina de L'Osservatore Romano, atacan a los evangélicos "fundamentalistas" y católicos "integristas" estadounidenses -sobre todo si han votado a Donald Trump en lugar de a la proabortista y anticristiana Hilaria Clinton-, por unirse para luchar por la educación religiosa en las escuelas y contra el aborto, el homomonio o la ideología de género. Ver para creer.

Nota: la fotografía que abre esta entrada, en la que se ve a Carlos Osoro de cachondeo riéndose junto al cardenal Rodríguez Madariaga -miembro del G-9 de Francisco y único cardenal vivo que se ha atrevido a insultar públicamente a otros cardenales (ver aquí)- y al conocido personaje de ultraizquierda y pro-gay conocido como "padre" Ángel -quien, extrañamente, aparece disfrazado de cura, con un alzacuellos seguramente prestado, en lugar de su habitual corbata roja-, no ha sido tomada en el acto de esta tarde, del que aún no hay imágenes gráficas publicadas, sino que es de archivo.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Una imagen vale más que mil palabras: la primera dama estadounidense, Melania Trump, velada... y desvelada, en el Vaticano y Arabia Saudí

Una imagen vale más que mil palabras. Y si es más de una, con mayor motivo. Para muestra, un botón: en la primera fotografía se ve a Melania Trump en el Vaticano, donde Donald Trump ha mantenido un encuentro con Francisco esta misma mañana. En la segunda imagen podemos ver a la primera dama estadounidense hace cuatro días, durante el viaje oficial en el que acompañó a su esposo a Arabia Saudí, posando junto a él y al rey Salmán. Más abajo, conversando con el príncipe heredero, Muhammad bin Naif bin Abdulaziz Al Saud. Y, por último, posando sola en el Vaticano. El velo lo es todo y lo dice todo... o la falta del mismo.

domingo, 23 de abril de 2017

De mal en peor: nuevo mensaje del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso equipara a Buda con Nuestro Señor Jesucristo y promueve la no-violencia medio ambiental y otros disparates

Como reza el título de esta entrada, vamos de mal en peor. Ayer mismo, sábado 22 de abril, el Boletín de la Sala de Prensa de la Santa Sede hizo público un lamentable mensaje del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso con motivo de la festividad budista de Vesakh/Hanamatsuri 2017.

Lejos de dialogar con los paganos para que se conviertan a Cristo, este inútil dicasterio se limita a confirmar a los infieles en el error, siendo su única preocupación, en esta ocasión, la "no-violencia". ¿Y de qué violencia se trata? ¿Pues de cuál va a ser? De "la violencia doméstica, además de la violencia económica, social, cultural, psicológica", y cómo no, de la "violencia contra el medio ambiente, nuestra casa común".

Además, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, este Consejo Pontifico denominado "para el diálogo interreligioso", de lo único que no habla es sobre religión; sobre todo de la verdadera, fundada por Nuestro Señor Jesucristo. Pero sí habla, naturalmente, de la "pobreza endémica y del hambre en el mundo" o de la "carrera de armamentos". Parece una broma que una de las cosas que dice el documento es que "se asiste también a la politización de la religión" -la nueva Curia lo sabe por propia experiencia, claro-, cuando parece que prácticamente los únicos intereses e intervenciones de la Santa Sede durante este pontificado son de carácter político, inmiscuyéndose en asuntos completamente ajenos a la misión de la Iglesia, que ha quedado reducida a cualquier labor más propia de un sindicato de izquierdas o de una ONG laica.

Para lo único que nombra al Señor este documento es para afirmar que "Jesucristo y Buda promovieron la no violencia". Sin duda, deben de estar acordándose del pasaje evangélico que narra la expulsión de los mercaderes del templo a latigazos, o de la sentencia del Señor de Mt 10,34, en que afirmó: "No creáis que he venido a traer la paz sobre la tierra. No he venido a traer la paz, sino la espada".

Pero que la realidad no estropee un bonito discurso político, deben de estar pensando en este Consejo Pontificio: si ésta no se ajusta a la corriente ideológica en boga en los pasillos vaticanos, pues se cambia y Santas Pascuas. ¿No lo creen? A ver cómo se explica, si no, la indisimulada pretensión, manifestada expresamente en este documento, de que se imponga a las nuevas generaciones una interpretación más edulcorada si cabe, aceptable para el mundo actual, de las propias palabras del Señor -ya sabemos por el General de los jesuitas que hay que reinterpretarlas porque en aquella época no había grabadoras-, que, en el colmo de la impiedad, manifiesta lo siguiente: "...impulsar las reformas educativas para evitar la distorsión y la mala interpretación de la historia y de los textos escriturarios". Seguramente, tras esas "reformas educativas" blanditas y misericordiosas, a los niños les enseñarán ¡por fin! y después de más de dos mil años, que Nuestro Señor Jesucristo no echó a latigazos a quienes profanaban el Templo, sino que utilizó un suave plumero con el que les acariciaba o hacía cosquillas, mientras trataba de convencerles para que, siempre voluntariamente, dejaran de profanarlo. Porque, ciertamente, se está refiriendo a las escuelas católicas, ya que la Santa Sede no parece tener potestad alguna para decidir lo que los budistas enseñan a los niños en sus escuelas.

En fin, aquí transcribo en español, tal como lo ha publicado el Boletín de la Oficina de Prensa de la Santa Sede (ver aquí), este mensaje lleno de despropósitos, que pueden juzgar ustedes mismos (la negrita y las notas entre corchetes son mías):

Mensaje del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso con motivo de la festividad budista de Vesakh/Hanamatsuri 2017, 22.04.2017

Vesakh es la festividad más importante para los budistas. Es una conmemoración de los acontecimientos principales de la vida de Buda.

La fiesta de Vesakh/Hanamatsuri 2017, se celebra en los países de cultura budista en diversas fechas, siguiendo las diferentes tradiciones. Este año los países de Asia Oriental la celebran el 3 de mayo, mientras en la mayoría de los países de tradición budista se celebrará el 10 de mayo.

En esa ocasión el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso ha envíado a los budistas el mensaje siguiente.

"Cristianos y budistas: Recorramos juntos los caminos de la no violencia"

Estimados amigos budistas:

1. En nombre del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, enviamos nuestros mejores saludos, buenos deseos y oraciones para Vesakh [un Consejo Pontificio orando por la conmemoración del nacimiento y muerte de Siddhartha Gautamá, "el Buda", fundador de esa falsa religión] ¡Que esta fiesta traiga alegría y paz a todos vosotros, a vuestras familias, comunidades y naciones!.

2. Este año queremos reflexionar con vosotros sobre la urgente necesidad de promover una cultura de paz y no violencia. En nuestro mundo la religión está en los titulares, aunque a veces de maneras contradictorias. Mientras que muchos creyentes se comprometen a promover la paz, otros utilizan la religión para justificar sus actos de violencia y odio. Vemos cómo se ofrecen a las víctimas de la violencia curación y reconciliación, pero también intentos de eliminar todo rastro y memoria del “otro”. Se abre camino la cooperación religiosa mundial, pero se asiste también a la politización de la religión; hay conciencia de la pobreza endémica y del hambre en el mundo y, sin embargo, prosigue la deplorable carrera de armamentos. Esta situación exige una llamada a la no violencia, un rechazo de la violencia en todas sus formas.

3. Jesucristo y Buda promovieron la no violencia [Léanse las propias palabras del Señor y su forma de actuar en, por ejemplo, Mt 10,34 ó Jn 2,15: "Y haciendo un azote de cuerdas, arrojó del Templo a todos, con las ovejas y los bueyes; desparramó las monedas de los cambistas y volcó sus mesas"] y fueron constructores de paz. Como escribe el Papa Francisco: "También Jesús vivió en tiempos de violencia. Él enseñó que el verdadero campo de batalla, en el que se enfrentan la violencia y la paz, es el corazón humano: «Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos» (Mc 7,21)". (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2017 "La no violencia: un estilo de política para la paz", nº 3). El Papa también hace hincapié en que "Jesús trazó el camino de la no violencia, que siguió hasta el final, hasta la cruz, mediante la cual construyó la paz y destruyó la enemistad" (cf. Ef 2,14-16). En consecuencia, "Ser hoy verdaderos discípulos de Jesús significa también aceptar su propuesta de la no violencia" (ibid).

4. Queridos amigos, vuestro fundador, Buda también anunció un mensaje de no violencia y paz, exhortando a todos a "vencer al que está enojado con el no enojarse, al malvado con la bondad, al mísero con la generosidad y al mentiroso con la verdad "(Dhammapada, n. XVII, 3). También enseñó que "la victoria genera enemistad; los perdedores sufren. Viven en paz los pacíficos abandonando la victoria y la derrota "(ibid., XV, 5). Por lo tanto, se dio cuenta de que la conquista de sí mismo vale más que la conquista de otros "aunque uno pueda conquistar mil veces mil hombres en la batalla, el ganador más noble es en cualquier caso el que se vence a sí mismo" (ibid, VIII, 4).
5. A pesar de estas nobles enseñanzas, muchas de nuestras sociedades tienen que hacer frente a las repercusiones de las heridas pasadas y presentes causadas por la violencia y los conflictos. Este fenómeno incluye la violencia doméstica, además de la violencia económica, social, cultural, psicológica, y la violencia contra el medio ambiente, nuestra casa común. Es triste que la violencia engendre otros males sociales, por eso “la elección de la no violencia como forma de vida se vuelve cada vez más una exigencia de responsabilidad en todos los niveles” (Discurso del Santo Padre Francisco con motivo de la presentación de cartas credenciales, 15 de diciembre 2016).

6. Mientras reconocemos el carácter único de nuestras dos religiones, con las que seguimos comprometidos, estamos de acuerdo en que la violencia surge del corazón del hombre, y en que los males de la persona desembocan en los males estructurales. Por lo tanto, estamos llamados a una empresa conjunta: estudiar las causas de la violencia; enseñar a nuestros respectivos seguidores a luchar contra el mal en sus corazones; librar del mal tanto a las víctimas como a los autores de la violencia; formar los corazones y las mentes de todos, especialmente de los niños, a amar y vivir en paz con todo el mundo y el medio ambiente; enseñar que no hay paz sin justicia, ni verdadera justicia sin perdón; invitar a todos a cooperar en la prevención de conflictos y en la reconstrucción de las sociedades quebradas; alentar a los medios de comunicación a evitar y combatir el discurso del odio, y la información sesgada y provocadora; impulsar las reformas educativas para evitar la distorsión y la mala interpretación de la historia y de los textos escriturarios; [Hasta ahora se habían interpretado mal, como todo el mundo sabe, porque no había grabadoras en tiempos de Jesucristo; pero ahora, por fin, el "espíritu" -no sabemos cuál-, ha inspirado a algunos la verdadera interpretación, oculta durante milenios hasta la llegada de esta nueva primavera] y orar por la paz en el mundo recorriendo juntos el camino de la no violencia.

7. Queridos amigos, podemos trabajar activamente para promover en nuestras familias, y en las instituciones sociales, políticas, civiles y religiosas, una nueva forma de vida en que se rechace la violencia y se respete a la persona humana. Con este espíritu os deseamos una vez más una fiesta pacífica y alegre de Vesakh.

Jean-Louis Cardenal Tauran
Presidente

+ Miguel Ángel Ayuso Guixot MCCJ
Secretario

sábado, 26 de noviembre de 2016

El Papa Francisco muestra sus "sentimientos de pesar" por "la triste noticia del fallecimiento" del dictador comunista Fidel Castro

Poco más se puede decir del telegrama enviado por el Papa Francisco al dictador comunista Raúl Castro, hermano del que también fuera dictador comunista en Cuba durante medio siglo, Fidel Castro -a quien el Papa Francisco visitó en dos ocasiones-, recientemente fallecido a la edad de 90 años, que lo que el propio telegrama dice. Se comenta solo. Llama la atención, aparte de las que podrían considerarse fórmulas protocolarias ante un fallecimiento -como pudieran ser un simple "pésame" o "condolencias"-, la reiteración de palabras que expresan tristeza o dolor por la muerte de un dictador comunista -al que el Papa se refiere como "Excelentísimo Señor" y "dignatario"-, liberticida, con muchísimos asesinatos a sus espaldas -sin contar los presos políticos y exiliados-, y enemigo declarado de Cristo y de su Iglesia: "Al recibir la triste noticia", "mis sentimientos de pesar", "ofrezco plegarias por su descanso"...

También parece una burla que haga extensivo su pesar "al pueblo de esa amada nación", a quien, por lo visto, el Papa deseaba mucho más tiempo de tiranía. Una pena, sí señor. El "no cristiano" es el imperialista Donald Trump, por querer "construir muros" en vez de "tender puentes". En cambio, de éste, que directamente convirtió Cuba en una cárcel tropical, en la que no había necesidad de "muros" porque ya está el océano circundante lleno de tiburones, ni un reproche papal. Y sobre pateras -embarcación pequeña usada para el transporte de inmigrantes ilegales-, ni una palabra: las que invaden Europa se deben al malvado capitalismo, que esquilma los países de origen de quienes emigran. Sin embargo, a los que huían del "paraíso terrenal" caribeño como alma que lleva el diablo, ni mentarlos, que esos eran disidentes egoístas que odiaban el reparto de la riqueza que disfrutan todos los cubanos, como buenos comunistas cristianos.

Sufragios para implorar a Dios la salvación de su alma no ha prometido; pero sí ofrece plegarias para que descanse -sin duda, van a descansar más los cubanos que aún hay vivos en la isla-. Como puede apreciarse, el Papa Francisco sigue, como suele, tan neutral y poco escorado a babor.

Este es el telegrama íntegro, en español, precedido por la introducción que hace la edición de hoy del Boletín Oficial de la Sala de Prensa de la Santa Sede:

Telegrama del Papa por la muerte de Fidel Castro, 26.11.2016

El Santo Padre ha enviado un telegrama de pésame a Raúl Modesto Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba con motivo del fallecimiento a los 90 años de Fidel Castro, ex Presidente del Consejo de Estado y del Gobierno de la República de Cuba. Sigue el texto:
Excelentísimo Señor Raúl Modesto Castro Ruiz
Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros
de la República de Cuba
La Habana

Al recibir la triste noticia del fallecimiento de su querido hermano, el Excelentísimo Señor Fidel Alejandro Castro Ruz, ex Presidente del Consejo de Estado y del Gobierno de la República de Cuba, expreso mis sentimientos de pesar a vuestra excelencia y a los demás familiares del difunto dignatario, así como al gobierno y al pueblo de esa amada nación.

Al mismo tiempo, ofrezco plegarias al señor [en minúscula en la edición en español del Bollettino] por su descanso [omite el adjetivo "eterno" que siempre precede a este sustantivo], y confío a todo el pueblo cubano a la materna intercesión de nuestra señora de la caridad del cobre [en minúscula en la edición en español del Bollettino], patrona de ese país.

Francisco PP.
[Puede verse el original aquí]

miércoles, 9 de noviembre de 2016

La derrota de Hillary Clinton frente a Donald Trump o cómo el Papa Francisco pierde elección tras elección desde el trono de San Pedro

¿Es el Papa Francisco "gafe"? Salvando las distancias, a uno le da la impresión de que se está convirtiendo en el "Zapatero" del Vaticano: no hay causa terrenal que apoye, que no fracase estrepitosamente, pese a las arengas lanzadas desde tan privilegiado púlpito, aumentadas por los altavoces de casi toda la prensa internacional.

Ningún católico duda de que el Papa, cualquier Papa, es infalible cuando habla ex Cathedra. Lo que también les queda bastante claro a cada vez más católicos es que este Papa no ha hablado ex Cathedra ni una sola vez, y que cuando pone de manifiesto sus querencias y expresa sus preferencias personales, especialmente en el ámbito político, no da ni una: si apoya los mal llamados "acuerdos de paz" con los terroristas de las FARC, los colombianos, mayoritariamente católicos, votan en contra en el correspondiente referendum; si Macri no es santo de su devoción, éste vence en las Elecciones de su Argentina natal; si predica y apuesta por el "papeles para todos" -inventado por el socialista José Luis Rodríguez Zapatero muchos años antes de que este Papa okupara la cátedra de San Pedro-, los países del este de Europa se blindan legalmente frente a la invasión de inmigrantes ilegales y hasta el Reino Unido prefiere salirse de la Unión Europea; si asiste a Suecia a celebrar el V Centenario de la herejía y cisma de Martín Lutero, un importante segmento de protestantes expresa públicamente su rechazo; si se niega a venir a España a conmemorar el V Centenario de Santa Teresa de Jesús para no "interferir" en la Elecciones -a Estados Unidos no le ha importado ir aunque "interfiriera"-, el socialismo español se hunde progresivamente en cada cita electoral y la extrema izquierda de los comunistas "Podemos" e "Izquierda Unida" toca techo, estancándose y permitiendo otro gobierno del PP...

Asimismo, el aumento imparable del Frente Nacional de Marine Le Pen en Francia, pese a las maniobras obstructivas de la masonería patria, o el "Brexit" del Reino Unido, fundamentalmente contrario a la invasión migratoria fomentada desde el Vaticano, demuestran la poca influencia que los deseos personales del Papa tienen sobre los electores. Por otro lado, con esta última cita electoral estadounidense queda de manifiesto, una vez más, que las encuentas no sirven para nada -ya ni siquiera para manipular a la población, que era para lo que venían usándose-. El general apoyo de los medios de comunicación y de los grupos de poder a Hillary Clinton no ha tenido el mayoritario apoyo que cabía esperar. De hecho, ni siquiera puede decirse que Trump haya ganado por los pelos: le ha dado una paliza electoral a Hillary Clinton, representante de la anti-Iglesia y enemiga declarada de Cristo: laicista radical, pro-aborto, pro-eutanasia, pro-ideología de género, pro-gay, anti-familia...

Por otra parte, además de las encuestas, la mayor parte de los medios de comunicación, indisimuladamente partidarios de Hillary Clinton, han quedado nuevamente en entredicho. Caso más grave aún es el de Radio Vaticano o la COPE en España, que han quedado totalmente desacreditadas. Para ambos medios, los católicos deberían haber votado al partido demócrata, pues Donald Trump es machista, xenófobo, etc. Radio Vaticano habló incluso de que el voto católico daba 20 puntos de ventaja a Clinton. ¡Pues ni con esas! En el caso de la apuesta de la emisora de los obispos de España, la COPE, por Hillary Clinton, también la ha dejado a los pies de los caballos. De hecho, ahora mismo no deben de salir de su asombro, sólo atinando a dar el absurdo titular: "Un país dividido". Naturalmente: tras unas elecciones, unos ganan y otros pierden. ¿Eso es todo lo que se les ocurre decir? Quien ha ganado ha sido Donald Trump y quien ha perdido -mal perdido- ha sido Hillary Clinton, que en un primer momento ni siquiera se dignó a aparecer públicamente ante los suyos y el resto del país para aceptar la derrota y felicitar a Trump por su victoria.

Lo que salta a la vista es que la habitual injerencia del Papa en política -pese a que lo niegue según sea el caso-, no ha sido suficiente para disuadir a los católicos estadounidenses de votar al partido republicano. Ni siquiera su descalificación explícita a Donald Trump durante el vuelo de regreso a Roma desde México, el pasado mes de febrero, cuando se le preguntó por él por su intención de construir un muro en la frontera del país. Pese al "¿quién soy yo para juzgar?" cuando le preguntaron sobre las relaciones homosexuales, no dudó en descalificar a Trump como "no cristiano" por oponerse a la invasión migratoria fomentada por los grupos de poder. De hecho, Hillary Clinton cerró la campaña electoral en Raleigh, Carolina del Norte, parafraseando al Papa Francisco y pidiendo votar a quien "construya puentes y no muros": “Cuando miréis hacia atrás, podréis decir que votasteis por un país mejor, más justo, en el que construimos puentes y no muros”. Y todo, pese a considerar fanáticos a los cristianos, como han revelado las últimas filtraciones de Wikileaks.

No sabemos cómo gobernará Trump. Pero sí sabemos qué no hará, que incluye toda la política laicista y anticristiana ya impulsada por Obama y que pretendía continuar y ampliar Hillary Clinton. Tampoco pretende cambiar la Iglesia Católica desde dentro para hacerla sumisa, como pretendía Clinton, ni violentarla con la ideología de género o con la obligación de dispensar anticonceptivos o realizar abortos en hospitales católicos. Ahora ya no se nombrará a magistrados de la Corte Suprema con el único mérito de impulsar la ideología de género como prioridad de su agenda, incluso por encima de libertades básicas, como la religiosa y la libertad de conciencia.

Para finalizar, me vienen a la cabeza las relativamente recientes acusaciones lanzadas a diestro y siniestro por uno de los palmeros del Papa Francisco, Andrea Tornielli, cuando fantaseaba con una supuesta trama -sin duda ficticia- de supuestos católicos "contrarios al Papa Francisco", en un vergonzoso y digno de olvido artículo -articulo-ficción, más bien- publicado en el panfleto diario "La Stampa" el pasado 16 de octubre. Ante semejantes disparates, ahora sólo cabe preguntarse: ¿será el votante medio estadounidense, especialmente el católico, un terrible "tradicionalista" anti-Papa y pro-Putin? Pues, por lo visto, sí. Cada día parece más evidente la "conjura mundial" contra el Papa Francisco en lo que a sus prioridades materiales y gustos políticos se refiere.

Lamentable, por otro lado, que en algunos estados donde han ganado los demócratas, a quienes no les duelen prendas en morir matando -y nunca mejor dicho-, hayan aprobado durante estas mismas elecciones la eutanasia en Colorado y el uso de la marihuana en California. ¿Y aún alguien se asombra de que en aquellos estados con un amplio número de católicos, mayoritariamente inmigrantes, también éstos hayan apoyado en un gran porcentaje a Donald Trump?