jueves, 2 de noviembre de 2017

Teólogo capuchino obligado a dimitir como asesor de la Conferencia Episcopal de EE.UU. por escribir carta a Francisco sobre la confusión de su pontificado y la maldad de algunos obispos. Texto íntegro de la carta en español

El capuchino P. Thomas Weinandy, O.F.M., Cap., miembro de la Comisión Teológica Internacional y hasta ahora consultor del Comité Doctrinal de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, ha sido despedido ha presentado su dimisión a este último cargo después de habérselo sugerido la propia Conferencia de obispos estadounidenses, tras una reunión mantenida con su secretario general. ¿El motivo? La carta, escrita el pasado mes de julio y que ahora sale a la luz, que envió a Francisco expresándole su preocupación por el rumbo que lleva su pontificado y la maldad de muchos obispos (puede leerse en inglés aquí). El presidente de la Conferencia Episcopal de EE.UU., el cardenal  Daniel Nicholas DiNardo, ha manifestado que en su carta el capuchino no daba el beneficio de la duda a Francisco (ver aquí). Juzguen ustedes mismos:

Santidad:

Escribo esta carta con amor por la Iglesia y sincero respeto hacia su ministerio. Usted es el Vicario de Cristo en la Tierra, el Pastor de su grey, el sucesor de San Pedro y, por lo tanto, la roca sobre la que Cristo construirá su Iglesia. Todos los católicos, clero y laicos por igual, deben dirigirse a usted con lealtad filial y obediencia fundamentadas en la verdad. La Iglesia se dirige a usted con espíritu de fe, con la esperanza de que usted la guíe con amor.

Sin embargo, Santidad, su pontificado parece estar marcado por una confusión crónica. La luz de la fe, la esperanza y el amor no está ausente, pero demasiado a menudo está oscurecida por la ambigüedad de sus palabras y acciones. Esto hace que entre los fieles haya una cada vez mayor inquietud, comprometiendo su capacidad de amor, alegría y paz. Permítame poner unos ejemplos.

El primero atañe a la disputa en relación al capítulo octavo de «Amoris Laetitia». No necesito compartir mis propias preocupaciones acerca de su contenido. Otros, no sólo teólogos, sino también cardenales y obispos, ya lo han hecho. La preocupación principal es su manera de enseñar. En «Amoris Laetitia», su guía a veces parece ser intencionadamente ambigua, invitando tanto a una interpretación tradicional del Magisterio de la Iglesia católica sobre el matrimonio y el divorcio, como a una interpretación que parece conllevar un cambio en la enseñanza. Como usted mismo observa, con gran sabiduría, los pastores deben acompañar y animar a las personas que se encuentran en matrimonios irregulares; pero la ambigüedad persiste con respecto al significado real de ese «acompañamiento». Enseñar con una tal falta de claridad puede, inevitablemente, llevar a pecar contra el Espíritu Santo, el Espíritu de la verdad. El Espíritu Santo es entregado a la Iglesia y, sobre todo, a usted, para disipar el error, no para fomentarlo. Además, sólo donde hay verdad puede haber verdadero amor, porque la verdad es la luz que libera a las mujeres y a los hombres de la ceguera del pecado, una oscuridad que mata la vida del alma. Sin embargo, usted parece censurar e incluso mofarse de quienes interpretan el capítulo octavo de «Amoris Laetitia» según la tradición de la Iglesia, tachándoles de fariseos apedreadores representantes de un rigorismo inmisericorde. Esta clase de calumnia es ajena a la naturaleza del ministerio petrino. Parece que algunos de sus consejeros se dedican, lamentablemente, a este tipo de acciones. Dicho comportamiento da la impresión de que sus puntos de vista no puedan sobrevivir a un escrutinio teológico, por lo que deben ser sostenidos mediante ataques «ad hominem».

Segundo. Demasiado a menudo sus formas parecen menospreciar la importancia de la doctrina de la Iglesia. Una y otra vez usted retrata la doctrina como algo muerto, algo útil sólo para ratones de biblioteca, que está lejos de las preocupaciones pastorales de la vida diaria. Quienes le critican han sido acusados –y son palabras suyas– de hacer de la doctrina una ideología. Pero es precisamente la doctrina cristiana –incluyendo las sutiles distinciones relacionadas con creencias fundamentales como la naturaleza trinitaria de Dios, la naturaleza y finalidad de la Iglesia; la Encarnación; la Redención; los sacramentos– la que libera al hombre de las ideologías mundanas y le garantiza que está predicando y enseñando el Evangelio verdadero, dador de vida. Quienes infravaloran la doctrina de la Iglesia se separan de Jesús, autor de la verdad. Y lo único que les queda, entonces, es una ideología; una ideología que se conforma al mundo del pecado y la muerte.

Tercero. Los fieles católicos están desconcertados por su elección de algunos obispos, hombres que no sólo están abiertos a quienes tienen puntos de vista contrarios a la fe cristiana, sino que también les apoyan e incluso les defienden. Lo que escandaliza a los creyentes, e incluso a algunos hermanos obispos, no es sólo el hecho de que usted nombre a estos hombres como pastores de la Iglesia, sino que permanezca callado ante su enseñanza y práctica pastoral, debilitando así el celo de muchos hombres y mujeres que han defendido la auténtica enseñanza católica durante mucho tiempo, a veces arriesgando su propia reputación y bienestar. El resultado: muchos fieles, ejemplo del 'sensus fidelium', están perdiendo la confianza en su pastor supremo.

Cuarto. La Iglesia es un cuerpo, el Cuerpo Místico de Cristo, y el Señor le ha encargado a usted promover y fortalecer su unidad. Pero sus acciones y palabras parecen dedicarse, demasiado a menudo, a hacer lo opuesto. Alentar una forma de «sinodalidad» que permite y fomenta varias opciones doctrinales y morales dentro de la Iglesia sólo puede llevar a una mayor confusión teológica y pastoral. Dicha sinodalidad es insensata y, en la práctica, contraria a la unidad colegial de los obispos.

Santo Padre, todo esto me lleva a la última preocupación. A menudo usted ha hablado acerca de la necesidad de que haya transparencia dentro de la Iglesia, exhortando frecuentemente, sobre todo en los dos últimos sínodos, a que todos, especialmente los obispos, hablen francamente y sin miedo a lo que pudiera pensar el Papa. Pero, ¿se ha dado usted cuenta de que la mayoría de los obispos del mundo están sorprendentemente silenciosos? ¿Por qué? Los obispos aprenden rápido. Y lo que muchos han aprendido de su pontificado es que usted no está abierto a las críticas, sino que le molesta ser objeto de ellas. Muchos obispos están silenciosos porque desean serle leales y, por consiguiente, no expresan –al menos públicamente; otra cosa es si lo hacen en privado– la preocupación que les causa su pontificado. Muchos temen que si hablan francamente, serán marginados o algo peor.

Frecuentemente me he preguntado: «¿Por qué Jesús deja que pase todo esto?». La única respuesta que me viene a la mente es que Jesús quiere manifestar cuán débil es la fe de muchas personas que están dentro de la Iglesia, incluso de muchos, demasiados, obispos. Irónicamente, su pontificado ha dado, a quienes tienen un punto de vista pastoral y teológico perjudicial, permiso y confianza para salir a la luz y exponer su maldad, que antes estaba oculta. Reconociendo esta maldad, la Iglesia necesitará
humildemente renovarse y de esta manera seguir creciendo en santidad.

Santo Padre, rezo constantemente por usted y lo seguiré haciendo. Que el Espíritu Santo le guíe hacia la luz de la verdad y de la vida de amor, para que disipe la maldad que ahora oculta la belleza de la Iglesia de Jesús.

Sinceramente en Cristo,

Thomas G. Weinandy, O.F.M., Cap.

31 de julio de 2017

Festividad de San Ignacio de Loyola

Bajo estas líneas puede verse el facsímil de la carta enviada por el cardenal Becciu al P. Thomas Weinandy, fechada el pasado 7 de septiembre, en la que confirma la entrega en mano a Francisco de la carta escrita por el capuchino:

6 comentarios :

  1. A estas alturas, que beneficio de la duda ni que nada. Nada ha sido accidental en este pontificado. El problema es quien se queje, o trate de acercarse a Bergoglio, para hacerlo entrar en razón, será denostado. La carta es sumamente respetuosa y clara y le manifiesta en todo momento fiel adhesión al ministerio Petrino, y finalmente se manifiesta a manera de dudas. Como han sido todas las que le han mandado. el problema es que no responde pero si te reprime o denosta.

    Saludos cordiales.

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  2. Me quedo con estas expresiones en todo su dramatismo: El Espíritu Santo ha sido entregado al Papa para disipar el error no para fomentarlo. Aquí está el "quid" de la cuestión. Todo radica en esta frase: Puede Dios contradecirse?
    La Carta de este Teólogo franciscano -digno hijo del Seráfico Padre y de los Santos Antonio de Padua y Buenaventura- está cargada de sentido de Iglesia y de sensatez. Y cuál ha sido la respuesta de ésta indigna Jerarquía, llena de maldad? Despedirlo inmediatamente.
    Responderá Bergoglio?

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  3. Valiente sacerdote ; la gente empieza a despertar pero ¿ habrá tiempo de evitar , la destrucción total ?

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  4. Es emocionante el relato del Padre Weinandy OFM Cap. Estaba en la Basílica de San Pedro y rezaba en la Capilla del Santísimo Sacramento al Señor y a todos los Santos Papas allí sepultados por la actual situación de la Iglesia. Por la noche no pudo dormir. Se despertó y pidió a Nuestro Señor que si le era grato que escribiera al papa, al día siguiente le diese una señal después de visitar las Basílicas Laterana y Liberiana. Debía ver a una persona conocida a la que no había visto desde muchos años que no fuera de EE. UU. ni de Canadá ni de Gran Bretaña y debía decirle tal persona "Continua la buena escritura". Efectivamente al día siguiente un Arzobispo al que no había visto después de veinte años (después de visitar Letrán y Santa María la Mayor) con un seminarista de testigo, le dijo literalmente "Continua la buena escritura". Dios Nuestro Señor le había dado la señal pedida.
    El relato completo en el Blog italiano, tomado del inglés, "Chiesa e postconcilio" en los últimos posts.
    Gracias, Catholicvs.

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  5. Y asi continua la persecusion de los ortodoxos por el Papa de la Merced, quien al parecer no tiene el mas minimo temor de Dios. Debe Francisco estar esperando una de esas sorpresas del "Dios de Sorpresas" de quien el habla en el momento de su juicio personal. Dios quiera la sorpresa sea para el bien de su alma.

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  6. A los hermanos de habla española, quisiera decirles que un católico anónimo de Uruguay ha leído estas noticias y lo embarga la tristeza. Tristeza por el sufrimiento de Fr. Weinandy por todo su periplo anterior a la redacción de la carta. Y tristeza por el hecho de que el magisterio de Francisco no sea, según su punto de vista y de otros, totalmente satisfactorio para hombres de fe probada y vida profunda. Lo único que me gustaría compartir es que los tiempos tan turbulentos de la sociedad mundial y particular de los pueblos pueden incidir en el ánimo de todos, incluido el del Pontífice Francisco. Desde mi marginal o personal sentimiento, imagino que la paciencia y la espera serena de que Jesús iluminará a todos, quedo en una actitud expectante respecto a estas heridas que sangran entre los católicos. Fraternalmente, Fernando.

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