Grupo escultórico de la cripta de Santa Ana, de Barcelona, parcialmente mutilado e incendiado, recuperado tras la Guerra Civil, que se exhibe en la exposición sobre la destrucción del arte y los templos religiosos en el periodo 1936-1939.
Crucifijo que presidió la primera Misa en Barcelona tras la entrada de las tropas franquistas en la ciudad durante la Guerra Civil.La exposición es fruto de tres intensos años de trabajo cuyo fruto es también la publicación de un libro, en el que colabora la Generalidad de Cataluña, que pretende ser “un martirologio de las piezas de arte”. Tanto la exposición como el libro tienen como fuente principal las encuestas que Mosén Manuel Trens recogió tras la Guerra Civil de gran parte de las diócesis de España, en la que cada rector informaba sobre el estado de su Iglesia, el archivo y las obras de arte, durante y después del conflicto bélico.
Mosén Manuel Trens se embarcó en una monumental investigación que sólo pudo completar de forma parcial. En base a unas fichas estandarizadas, escribió a todas las diócesis de España preguntando por todo el patrimonio perdido y el alcance de la destrucción. Comenzó el catálogo por Tarragona, con la edición de unos fascículos titulados "Monumentos sacros de lo que fue la España roja". La ambición de su trabajo le acabó superando. No obstante, la información que consiguió reunir en relación a Barcelona ha permitido ahora armar una recopilación sistemática de lo sucedido durante aquellos años. Unos datos que coinciden con otro informe aportado en el libro, en este caso elaborado en 1938 por la Generalidad republicana, institución a la que se reconoce haber preservado, en parte, la Catedral de Barcelona, el Monasterio de Pedralbes, o el de Montserrat, pero a la que se reprocha su evidente tibieza con los desmanes anarquistas.
En esta encuesta, fechada en 1941 se menciona que 464 retablos de la Diócesis de Barcelona fueron quemaron o se perdieron durante la guerra. También se indica que 172 órganos fueron presa de las llamas, como el de Santa María del Mar, uno de los mejores ejemplares de Europa. En la exposición también se relata cómo la mayoría de los templos barceloneses, salvo media docena, fueron totalmente destruídos. El mayor desastre en la Diócesis de Barcelona se produjo, según el director del museo diocesano barcelonés, en los templos (exceptuando los asesinatos, naturalmente): "Excepto seis o siete, el resto fueron expoliados y quemados, y una treintena completamente arrasados como Santa Maria de Sants o La Bonanova". Por su parte, el citado libro presenta informes republicanos en los que se explica el modo en que se debían quemar las pinturas murales, a las cuales, además de prenderles fuego, se debían rociar con ácido sulfúrico.

Dos imágenes del estado en que quedó la iglesia de Santa María del Mar (Barcelona), en octubre del 36.Las llamas y la rapiña -como puede observarse en los recientemente encontrados diarios del pistolero de la FAI Josep Serra- acabó por ejemplo con 464 retablos (37 de estilo gótico, 44 renacentistas...), que ocuparían 2,5 kilómetros lineales si se pusieran uno junto a otro; también se perdieron o se quemaron 244 órganos (entre ellos, el ya mencionado de Santa María del Mar de Barcelona), junto a centenares de otros objetos artísticos. La destrucción de archivos fue menor, pues en muchos casos fueron ocultados o escondidos: "Sólo se destruyó un 45 por ciento".
Parroquia a parroquia, "El martirio de los templos" arma un sistemático inventario de destrucción y muerte. Un ejemplo tipo, no el más grave, podría ser el de Sant Genís, en L´Ametlla del Valls: "Saqueado en 1936, altares e imágenes fueron quemados en el exterior... el edificio fue usado durante el periodo de revolución como almacén del sindicato agrícola... desaparece una talla de 34 centímetros de la Mare de Déu del Roser, de 1623".




Momias de religiosas católicas expuestas al público a la puerta de la iglesia y convento de las Salesas, del Paseo de San Juan (Barcelona), en julio de 1936.El museo también exhibe obras de arte, entre las que destacan fragmentos de la capa hispanoárabe del abad Biure de Sant Cugat (s. XIV), que se creía destruída, pero que apareció fragmentada en museos de EEUU, y que fue devuelta en 1950. Asimismo, se puede ver el informe confidencial elaborado en 1938 por la Generalidad republicana, que da cuenta de la destrucción, cuyos datos coinciden con el informe de la Iglesia. La exposición menciona, por otra parte, que se desconoce el paradero de muchos objetos de orfebrería y platería, así como obras de otros tipos, aunque se sospecha que el destino de las mismas fue México y EE.UU.




Sobre estas líneas, varias imágenes de los efectos de la profanación y destrucción de la Seo de Manresa, llevada a cabo entre septiembre y octubre de 1936.Este es el breve que el pasado día 27 de febrero aparecía en el diario ABC, y el relato que hace Álex Gubern en el mismo diario:
La memoria histórica de la destrucción
ABC Viernes, 27-02-09
Durante la Guerra Civil, y sólo en la archidiócesis de Barcelona, cuarenta iglesias fueron totalmente destruidas y otros quinientos templos parcialmente dañados, profanados o saqueados. Esta faceta de la dura realidad de la memoria histórica, la de la cruel ola de anticlericalismo que desde el verano de 1936 arrasó con todo lo que oliese a religión católica en Barcelona y que acabó con la vida de 300 sacerdotes -1.500 en toda Cataluña-, es el eje de una exposición inaugurada en el Museo Diocesano de la Ciudad Condal bajo el expresivo título de «El martirio de los templos». Innumerables obras de arte perdidas para siempre, enseres religiosos de incalculable valor y la tragedia de la destrucción guiada por el odio irracional son las guías de esta exposición, muy ilustrativa (como muestra la imagen) de que la memoria histórica no es sólo un camino de ida o una moneda de una sola cara. -Cultura
ÀLEX GUBERN | BARCELONA
Durante unos meses, Barcelona fue una gran hoguera. En el verano de 1936, aplastada la rebelión militar y mientras las primeras columnas organizadas por sindicatos y partidos se encaminaban a la que entonces era la primera línea de frente, Aragón, las iglesias ardían. Casi 300 sacerdotes fueron asesinados sólo en Barcelona -1.500 en el conjunto de Cataluña- [Nota: estos datos son inexactos, pues la cifra fue muchísimo mayor, como puede comprobarse por los estudios y documentos que lo acreditan] en una rabiosa ola de anticlericalismo que, a la vez que las patrullas de control de la FAI imponían la revolución social, se llevó también por delante una gran parte del patrimonio histórico y cultural que atesoraba la Iglesia.
Eso también es «memoria histórica», aunque en este caso, y en relación con el patrimonio destruido, «no puede haber reconciliación», simplemente «ya no existe». Así se expresa Josep Martí Bonet, responsable del Museo Diocesano de Barcelona y comisario de la exposición «El martirio de los templos», donde se repasa de manera exhaustiva la destrucción del patrimonio artístico y arquitectónico durante la Guera Civil en la Archidiócesis de Barcelona. La exposición se ha plasmado también en un libro editado con la colaboración de la Generalitat, que se convierte, en palabras de su autor, en un estremecedor «martirologio» de las obras de arte que se perdieron.
40 iglesias destruidas
«La «memoria histórica» puede ser una buena auto terapia si se practica por las dos partes», prosigue Bonet, que señala la exposición del Museo Diocesano sólo como un intento de «hacer patentes las heridas de un notable sector de la tragedia para, a continuación, curarlas».
Como documenta de manera pormenorizada la muestra, el alcance de la destrucción fue masivo: sólo en la archidiócesis de de Barcelona 40 iglesias fueron totalmente destruidas, mientras que todo el resto de templos, hasta llegar a 500 y a excepción de 10, fueron parcialmente dañados, profanados o saqueados. En las otras archidiócesis catalanas se corrió la misma suerte.
Santa María del Mar
Las llamas y, en buen número de casos, directamente la rapiña -como se ha recogido recientemente en la peripecia del pistolero de la FAI Josep Serra- acabó por ejemplo con 464 retablos (37 de estilo gótico, 44 renacentsitas...), que ocuparían 2,5 kilómetros lineales si se pusieran uno junto a otro; también se perdieron o se quemaron 244 órganos, entre ellos el de Santa María del Mar de Barcelona, considerado uno de los mejores de Europa, junto a centenares de otros objetos artísticos.
La información aportada se basa en la investigación que durante tres años ha llevado a cabo Martí Bonet y su equipo, basada a su vez en la información que en 1941 recopiló mosén Manuel Trens, cuya aventura documental merecería un estudio por sí misma.
La destrucción de archivos fue menor, pues en muchos casos fueron ocultados o escondidos: «Sólo se destruyó un 45 por ciento». Parroquia a parroquia, «El martirio de los templos» arma un sistemático inventario de destrucción y muerte. Un ejemplo tipo, no el más grave, podría ser el de Sant Genís, en L´Ametlla del Valls: «Saqueado en 1936, altares e imágenes fueron quemados en el exterior... el edificio fue usado durante el periodo de revolución como almacén del sindicato agrícola... desaparece una talla de 34 centímetros de la Mare de Déu del Roser, de 1623».
La información aportada se basa en la investigación que durante tres años ha llevado a cabo Martí Bonet y su equipo, basada a su vez en la información que en 1941 recopiló mosén Manuel Trens, cuya aventura documental merecería un estudio por sí misma. Con el convencimiento de que había que sistematizar en un estudio toda la destrucción de los templos en España, Mosén Trens se embarcó en una monumental investigación que sólo pudo completar de manera parcial.
De la revolución al anticuario
En base a unas fichas estandarizadas, escribió a todas las diócesis de España preguntando por todo el patrimonio perdido y el alcance de la destrucción. Comenzó el catálogo por Tarragona con la edición de unos fascículos titulados «Monumentos sacros de lo que fue la España roja». La ambición de su trabajo le acabó superando. No obstante, la información que consiguió reunir en relación a Barcelona ha permitido ahora armar una recopilación sistemática de lo sucedido durante aquellos años. Unos datos que coinciden con otro informe aportado en el libro, en este caso elaborado en 1938 por la Generalitat republicana, institución a la que se reconoce haber preservado, en parte, la Catedral, el Monasterio de Pedralbes o Montserrat, pero a la que se reprocha su evidente tibieza con los desmanes anarquistas.
Transcurridos setenta años de aquellos sucesos, se ha conseguido recuperar algunos de aquellos objetos, piezas de orfebrería o platería, por ejemplo, que algunos trabajos han coincidido en colocar en un itinerario que «solía ser México y después EEUU». De la revolución social al mostrador de un anticuario.
Caricatura del Papa, del dibujante catalán "Grapa", que forma parte de la abundante propaganda anticatólica de la época.
Rev. P. José Samsó, párroco de la Basílica de Santa María, de Mataró (Barcelona), asesinado en septiembre de 1936, y cuyo cadáver pasó varios días a la intemperie, tal y como se muestra en la imagen.
El obispo de Barcelona, S.E.R. Don Manuel Irurita y Almandoz, secuestrado en la Ciudad Condal y asesinado el 3 de diciembre de 1936, en la localidad de Moncada i Reixac, por milicias anarquistas.El Museo Diocesano de Barcelona se encuentra en el antiguo edificio de Pia Almoina, al lado de la catedral. Tiene una notable colección de obras de arte religioso e incluye trabajos extraordinarios, como la cruz románica de plata de Riells del Fai y el crucero del abad Guerau de Clasquerí. Todos los objetos de oro y de plata, pinturas, esculturas y piezas arqueológicas reunidas por la diócesis de Barcelona están en exhibición permanente, y el museo también organiza exposiciones temporales. Los horarios de visita son los siguientes:
Horario de visitas: Todos los días del año de martes a sábado de 10:00 h. a 14:00 h. y de 17:00 h. a 20:00 h. Domingos de 10:00 h. a 13:00 h. Lunes CERRADO. ENTRADA NO GRATUITA.
El horario de la Exposición es el siguiente:
Fecha Inicio: 26 de Febrero de 2009. Fecha fin: 8 de Marzo de 2009
Horario: De martes a sábado, de 10 a 14 y de 17 a 20 h.
Precio: General 6 Euros. Pensionistas, estudiantes, parados y familias numerosas 3 Euros. Menores de 7 años gratuito.



































