sábado, 16 de abril de 2016

El "presunto" periodista responsable de escribir sobre Religión en el diario El País atribuye mi análisis de la Exhortación "Amoris laetitia" al sacerdote navarro P. José María Iraburu

Hoy tenía previsto publicar la quinta parte de mi análisis sobre la Exhortación Apostólica "Amoris laetitia" del Papa Francisco, pero un comentarista me ha avisado de un hecho que me ha dejado totalmente perplejo: un presunto periodista de El País llamado Juan González B. -a quien vemos a la derecha en la imagen que abre esta entrada, junto a Mario Javier Sabán, fundador de la asociación "Tarbut Sefarad", dedicada a la divulgación de la cultura judía en España-, y digo "presunto" porque no tengo constancia de que realmente lo sea, y que a raíz de este asunto he sabido que fue senador electo y diputado socialista por Cantabria (sí, sí, del PSOE, ¡cómo no!), ha atribuido la autoría de mi análisis del documento papal al P. José María Iraburu, conocido teólogo y sacerdote navarro al cual simplemente cito, en tercera persona, en la primera parte de mi análisis. No salgo de mi asombro ante el hecho de que tengan en plantilla, nada menos que en El País, a alguien que ni siquiera sabe leer. Porque leer, lo mismo que escribir, no se limita sólo a juntar palabras, sino que, en este caso, implica la comprensión de lo que se lee. Es lo que se conoce como "lectura comprensiva". Y si sabe leer, y a pesar de ello escribe lo que escribe, es, simplemente, un manipulador. Lo cual no me sorprende en absoluto, habida cuenta del medio en el que vierte su fobia anticatólica, acorde con la línea editorial, por más que la camufle entre loas al actual Pontífice.

Como cualquiera puede apreciar si lee en su totalidad la primera parte de mi análisis -no digamos si lee las entradas posteriores dedicadas al mismo tema-, la única vinculación que puede establecerse entre el P. Iraburu y mi artículo es que he citado, en una parte muy concreta del mismo, algo que sí escribió él, aunque la cita ni siquiera es literal, en cuyo caso habría aparecido entrecomillada, como cualquiera, y más si es periodista, debería saber. Concretamente, me refiero al apartado "La anticoncepción acaba imponiéndose en la mayoría de los matrimonios católicos", que aparece en su artículo (346) Sínodo 2015. Relatio final 62-63: la anticoncepción sigue (I). A pesar de no haber puesto un enlace directo a su artículo, cualquiera puede darse cuenta de que difícilmente podría ser autor de mi análisis la misma persona a la que cito en tercera persona en una parte mínima del mismo.

Ni que decir tiene que, que yo esté de acuerdo con el P. Iraburu en aquello escrito por él que simplemente he citado en mi análisis, no significa que el P. Iraburu sea responsable, ni se identifique -ni en todo, ni en parte-, con lo escrito por mí aquí.

Tras leer el libelo del tal Juan González B. en El País, y en concreto en el apartado "Iglesia Católica", que a su vez forma parte del apartado "Política", como puede comprobarse en la dirección de la página web -esa es la idea que tienen de la Religión los de El País-, uno sólo puede llegar a una conclusión: quien se encarga de escribir sobre la Iglesia en dicho diario -tradicionalmente anticatólico, como todo el mundo sabe-, no tiene ni idea del tema, o bien manipula a sabiendas. Puede comprobarse al principio de su escrito, donde dice, literalmente: "Pocas veces un sumo pontífice había sido tan cuestionado por un texto que, en realidad, no cambia doctrina alguna". ¡Naturalmente que no la cambia! Un Papa no puede cambiar ninguna doctrina. Si se dedica a escribir sobre el catolicismo, debería informarse primero, en vez de hacer el ridículo con simplezas de ese cariz. Ni al P. Iraburu, ni a mí, nos habrá leído jamás que el Papa Francisco, ni ningún otro Papa, haya cambiado doctrina alguna. Es una invención de este presunto periodista del "desinformante" El País -en lo que a religión católica se refiere-.

Aprovecho estas líneas para aclarar a El País, así como al autor del mencionado libelo, que la Exhortación objeto de análisis no es, de ninguna manera, un documento doctrinal. En cualquier caso, pueden abandonar toda esperanza de que este Papa, o cualquier otro en el futuro, vaya a cambiar la irreformable Doctrina de la Iglesia, porque el Sumo Pontífice, sea quien sea y tenga las ideas personales que tenga, carece de tal potestad. Que se lean mi análisis completo -que voy publicando por partes y aún no ha concluido-, en vez de ser tan sectarios y catalogar de "rigorismo doctrinal", sin más, lo escrito por mí. Más propiamente puede afirmarse, sin temor a equivocarse, que el "rigorismo doctrinal" -marxista, masónico o de cualquier otra índole- es el suyo, hecho que se aprecia más claramente, si cabe, en la forma tan ruin y sectaria de concluir ese presunto artículo.

Dejo constancia de la aclaración escrita por el propio P. Iraburu en su blog "Reforma o apostasía", que puede leerse aquí, y que a continuación transcribo literalmente:


(372) Bedoya atribuye a Iraburu en EL PAIS un texto que no ha escrito

José María Iraburu, el 15.04.16 a las 6:03 PM

-¿Y quién es Bedoya?

-Es un periodista que escribe en EL PAÍS, sobre todo de temas religiosos

Ayer me avisó un amigo que en EL PAÍS había leído un artículo de Juan G. Bedoya en el que describía y analizaba «la agria polémica» que la Exhortación apostólica post-sinodal del papa Francisco había desatado en el seno de la Iglesia Católica. Al final de su artículo me dedicaba tres párrafos, y en los dos primeros me atribuía un texto de 19 líneas, como un ejemplo –único, no citaba más– que servía de muestra del odioso «rigorismo doctrinal» que según él está resistiendo al Papa en sus enseñanzas y orientaciones.

El fuerte ataque de Bedoya iba directamente contra mi pobre persona, aunque indirectamente contra InfoCatólica. Pero tenía un punto débil: su arma no logró disparar una bala, sino solamente, tup, un corchito. El texto que citaba no era mío. Estaba literalmente copiado del blog CATHOLICVS.

Esta mañana he enviado un burofax al servicio jurídico de EL PAÍS, reclamándoles una rectificación. Los lectores de InfoCatólica, al menos los más asiduos, harán bien en leerlo. Así acabarán de enterarse del asunto, y estarán mejor armados para defendernos del Enemigo.

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Sr. Director de EL PAÍS

Madrid

Vi ayer en la edición digital del Diario de su digna dirección un artículo de Juan G. Bedoya titulado «Los obispos deben “armonizar” sus posiciones para cumplir la aperturista carta del Papa sobre la familia - La exhortación “Amoris laetitia” desata un agrio debate en el seno de la Iglesia católica» (14 abr 2016 - 20:08)

http://politica.elpais.com/politica/2016/04/14/actualidad/1460651399_168902.html

En él me atribuye Bedoya un texto entrecomillado del que yo no soy autor:

«Lo dice sin tapujos el teólogo José María Iraburu Larreta. “Comenzaré por la Introducción de esta exhortación, que ya es, en sí misma, un despropósito. […] …contradiciendo al mismo Evangelio y el Magisterio bimilenario de la Iglesia”, concluye Iraburu».

Ninguna de las 19 líneas de esos dos párrafos citados han sido escritas por mí.

He buscado por internet ese texto y lo he hallado en el blog CATHOLICVS, que no sé a quien pertenece. El post se titula «Análisis de la Exhortación Apostólica post-sinodal “Amoris laetitia”, del Papa Francisco (Parte I)». De allí está copiado por Bedoya literalmente.

http://catholicvs.blogspot.com.es/2016/04/analisis-de-la-exhortacion-apostolica.html

Esta falsa atribución, en la que Bedoya, sirviéndose de un texto que me es totalmente ajeno, me pone falsamente como un ejemplo del «rigorismo doctrinal» contrario a las enseñanzas y orientaciones del Papa Francisco, es altamente perjudicial tanto para mí como para InfoCatólica, portal-web del que soy editor. Por eso le ruego que se publique en su Diario la rectificación necesaria en las condiciones que la Ley exige.

Un cordial saludo

Fdo.: José María Iraburu Larreta

Villava, Navarra 15 abril 2016

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Si hubiera en este lamentable asunto nuevos hechos de importancia, los publicaré como anexos de este mismo artículo.

José María Iraburu, sacerdote

Post-post.- Al leer todo esto, habrá alguno que menee la cabeza y diga «Sin comentarios». Pues eso: dejo cerrada la Sala de Comentarios.

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