martes, 13 de diciembre de 2016

Con el Cardenal Paul Josef Cordes, Presidente emérito del Pontificio Consejo "Cor Unum", ya son ocho los Cardenales favorables a que el Papa Francisco responda a las "dubia" generadas por "Amoris laetitia"

Las "dubia" presentadas al Papa Francisco por los cuatro Cardenales, S. E. R. Walter Card. Brandmüller, S. E. R. Raymond Leo Card. Burke, S. E. R. Carlo Card. Caffarra y S. E. R. Joachim Card. Meisner, para que aclare varios puntos de "Amoris laetitia" que parecen contradecir la Fe Católica, ya han recibido el apoyo de otros tres Cardenales Prefectos: S. E. R. Gerhard Ludwig Card. Müller, S. E. R. Robert Card. Sarah y S. E. R. George Card. Pell, Prefectos de la Congregación para la Doctrina de la Fe, de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, y de la Secretaría de Economía de la Santa Sede, respectivamente (ver aquí y aquí); de tres obispos: S. E. Mons. Jan Wątroba, Obispo de Rzeszów y Presidente del Consejo para la Familia de la Conferencia Episcopal Polaca, S. E. Mons. Jósef Wróbel, Obispo titular de Suas y auxiliar de Lublin (Polonia), y S. E. Mons. Athanasius Schneider, Obispo titular de Celerina y auxiliar de María Santísima en Astaná (Kazajistán) (ver aquí); y de vientitrés prestigiosos académicos, intelectuales y pastores católicos (ver aquí); a los que ahora se suma otro Cardenal más: S. E. R. Paul Josef Card. Cordes, Presidente emérito del Pontificio Consejo "Cor Unum". Lo ha hecho en una entrevista concedida al portal católico austríaco Kath.net. Así lo relata Infocatólica:

En una entrevista concedida al portal católico austriaco Kath.net, el cardenal Cordes defiende la enseñanza moral tradicional de la Iglesia en lo concerniente al matrimonio y la familia. A lo largo de su historia, explica el purpurado, «la Iglesia nunca ha rechazado el contenido central y la verdad de las enseñanzas de Jesucristo».

En relación a la idea de que las enseñanzas pueden ser modificadas, pregunta «¿Cómo podría la Iglesia declarar como confiable una declaración de Fe, si ésta desestima una declaración anterior y la hace ver como falsa y sin relevancia?»

El Cardenal Cordes recuerda que la Iglesia ha lidiado desde hace mucho tiempo con la cuestión del apoyo a las personas divorciadas vueltas a casar. Luego de nombrar diferentes ejemplos en la historia de la Iglesia (Orígenes, San Basilio el Grande, Concilio de Trento, ConcilioVaticano II), Cordes termina su descripción haciendo referencia al Sínodo de la Familia del año 1980 y la exhortación Apostólica post-sinodal, Familiaris Consortio, del Papa Juan Pablo II. Y advierte en relación al Amoris Laetitia: «Y ahora, repentinamente, se ha encontrado después de todo, ¡una solución magisterial!»

Esta «autorización», según Cordes, «aparece en una nota a pie de página de la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia con el argumento de que bajo ciertas circunstancias, la recepción de los Sacramentos puede ser de beneficio para dichos católicos (los divorciados vueltos a casar) para que puedan crecer en Fe y en Caridad». Sin embargo, el cardenal Cordes asegura que el «fundamento teológico» de éste permiso es poco convincente, y que por el hecho de aparecer como una nota a pie de página, es decir, sin obligatoriedad formal, ciertamente carece del estatus y el rango de un dogma».

Posteriormente, el purpurado también añade lo siguiente: «Los cuatro cardenales han pedido de forma objetiva, que se despejen las dudas acerca del texto (Amoris Laetitia). Sus dubia recibieron un rechazo desproporcionado, me es difícil comprender la indignación que ha causado; me cuesta creer que las personas que se han molestado tanto, estén motivadas por un deseo de conocer la verdad».

Por último, el cardenal Cordes hace una útil referencia a las recientes declaraciones del Cardenal Gerhard Müller, en las que el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe manifiesta que el documento no puede ser interpretado de tal forma que invalide o contradiga documentos anteriores publicados por otros papas o por la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Traducido por Claudia Nuñez, del equipo de traductores de InfoCatólica.

Publicado originalmente en The Wanderer Online Daily.

lunes, 12 de diciembre de 2016

Reportaje y fotos de la Santa Misa Tridentina Prelaticia del Domingo Gaudete oficiada por Mons. Athanasius Schneider en Sevilla (España)

Estas fotografías fueron tomadas ayer, 11 de diciembre, III Domingo de Adviento o Domingo Gaudete, durante la Santa Misa Tridentina Prelaticia, oficiada a las 12:00 horas por S. E. Mons. Athanasius Schneider, obispo titular de Celerina y auxiliar de Santa María en Astaná (Kazajistán), en la iglesia parroquial de la Santa Cruz, sita en el barrio de Santa Cruz de Sevilla (España). Sirviendo en el altar estuvieron el P. Pablo Díez Herrera, capellán de la asociación Una Voce Sevilla, y por el P. Fernando Reyes Rico, párroco de Alcalá del Río, junto a miembros de la Escuela de Acólitos 'Servite Domine' de Una Voce Sevilla. Nótese el empleo de ornamentos de color rosado, correspondientes al Domingo Gaudete.

La parte musical corrió a cargo de la organista Dña. Sonia Vázquez, que se encargó de los motetes gregorianos correspondientes al tiempo litúrgico. Como puede observarse en varias imágenes, el hubo una gran asistencia de fieles, encontrándose el templo completamente lleno. Tras la ceremonia, organizada por la asociación Una Voce Sevilla, hubo una comida de hermandad organizada por Adelante la Fe, y por la tarde Mons. Schneider impartió una conferencia con el título: "María, vencedora de todas las herejías" en el Real Círculo de Labradores, sito en la calle Pedro Caravaca de la capital hispalense. Fotos: D. Antonio Varo. Una Voce Sevilla (Facebook).

domingo, 11 de diciembre de 2016

El Papa Francisco, cinco "dubia", tres filósofos y el gravísimo problema del "saturno"

Anteayer, como en otras ocasiones, Radio Vaticana publicaba la homilía del Papa Francisco durante la Misa diaria en la capilla de la Casa Santa Marta. Al mismo tiempo, se ha dado a conocer el apoyo de tres prestigiosos filósofos católicos a los cuatro Cardenales (Sus Eminencias Reverendísimas Walter Card. Brandmüller, Raymond Leo Card. Burke, Carlo Card. Caffarra y Joachim Card. Meisner) que presentaron sus "dubia" al Papa para que aclarase varios puntos que parecen contradecir la Fe Católica, que se suman así a otros tres Cardenales: Gerhard Ludwig Card. Müller, Robert Card. Sarah y George Card. Pell, Prefectos de la Congregación para la Doctrina de la Fe, de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, y de la Secretaría de Economía de la Santa Sede, respectivamente (ver aquí y aquí), a otros tres obispos (ver aquí), y a vientitrés prestigiosos académicos, intelectuales y pastores católicos que acaban de publicar una nueva declaración de apoyo el día de la Inmaculada (ver aquí).

Sorprende el hecho de que, mientras la preocupación por la deriva que están tomando los acontecimientos en la Iglesia se generaliza y va en aumento, el Papa siga matando mosquitos a cañonazos y sus preocupaciones se centren en un tema tan grave como es... ¡el uso del saturno!

Para entender por qué uno cosas aparentementes tan dispares en una misma entrada del blog, lo mejor será transcribir algunas de las palabras del Papa en la mencionada homilía, tal y como aparecen en Radio Vaticana, y a continuación explicar qué tienen que ver tres filósofos con todo ello. Ilustrando todo ello gráficamente para mayor comprensión de los lectores a quienes no les quede suficientemente claro (la negrita es mía):

Francisco puso en guardia ante los llamados "rígidos" que cargan sobre los fieles cosas cuyo peso ellos no llevan. Y denunció la tentación de la mundanidad que transforma al sacerdote en un funcionario y lo conduce a ser "ridículo".

El Papa se detuvo en los sacerdotes "insatisfechos" que –advirtió– "hacen tanto mal". Viven insatisfechos y buscan siempre nuevos proyectos, “porque su corazón está alejado de la lógica de Jesús” y, por esta razón, “se lamentan o viven tristes”.

El sacerdote auténtico –agregó el Papa Bergoglio– "es un mediador muy cercano a su pueblo", el intermediario, en cambio, hace su trabajo pero después toma otro, "siempre como funcionario", "no sabe qué significa ensuciarse las manos" en medio de la realidad. Y por esta razón –reafirmó– cuando "el sacerdote pasa de mediador a intermediario no es fácil, es triste". Y busca un poco de felicidad "haciéndose ver" y "haciendo sentir su autoridad".

"Pero también para hacerse importantes, los sacerdotes intermediarios emprenden el camino de la rigidez: tantas veces, separados de la gente, no saben lo que es el dolor humano [...] Son rígidos, aquellos rígidos que cargan sobre los fieles tantas cosas que ellos no llevan, como decía Jesús a los intermediarios de su tiempo. La rigidez. Látigo en la mano con el pueblo de Dios: 'Esto no se puede, esto no se puede...'. Y tanta gente que se acerca buscando un poco de consuelo, un poco de comprensión es echada con esta rigidez".

Sin embargo –dijo también el Papa– la rigidez no se puede mantener durante mucho tiempo. Y fundamentalmente es esquizoide: "Terminarás apareciendo rígido pero por dentro serás un desastre". Y con la rigidez, la mundanidad. "Un sacerdote mundano, rígido –dijo Francisco– es un insatisfecho porque ha tomado el camino equivocado":

"A propósito de rigidez y mundanidad, ha sucedido tiempo atrás que ha venido a verme un anciano monseñor de la Curia, que trabaja, un hombre normal, un hombre bueno, enamorado de Jesús y me ha contado que había ido al 'Euroclero' a comprarse un par de camisas y vio ante el espejo a un muchacho –piensa que no tenía más de 25 años, o un sacerdote joven o (que estaba) por convertirse en sacerdote– delante del espejo, con una manta, grande, amplia, con el terciopelo, la cadena de plata y se miraba. Y después tomó el capelo ‘saturno’, se lo puso y se miraba. Un rígido mundano. Y aquel sacerdote –es sabio aquel monseñor, muy sabio– logró superar el dolor, con una broma de sano humorismo y añadió: '¡Y después se dice que la Iglesia no permite el sacerdocio a las mujeres!'. De modo que el oficio que hace el sacerdote cuando se vuelve funcionario termina en lo ridículo, siempre".

Una vez –relató– una persona me "decía que él reconocía a los sacerdotes por la actitud con los niños: si saben acariciar a un niño, sonreír a un niño, jugar con un niño... Es interesante esto porque significa que saben abajarse, acercarse a las pequeñas cosas". En cambio –afirmó– "el intermediario es triste, siempre con aquella cara triste o demasiado seria, cara oscura. El intermediario tiene la mirada oscura, ¡muy oscura! El mediador –reafirmó– es abierto: la sonrisa, la acogida, la comprensión y las caricias".

A cualquiera que haya oído o lea estas palabras, le vendrá a la mente el último gran discurso de Jesús en el Templo, en el que advertía sobre la hipocresía de los escribas y fariseos:

Entonces Jesús habló a las muchedumbres y a sus discípulos, y les dijo: "Los escribas y los fariseos se han sentado en la cátedra de Moisés. Todo lo que ellos os mandaren, hacedlo, y guardadlo; pero no hagáis como ellos, porque dicen, y no hacen".
(Mt 23, 1-3)

Predicar la misericordia a grandes voces y mostrarse inmisericorde con según quiénes, no parece que refleje muy bien aquello de predicar con el ejemplo, ni que constituya un buen ejemplo a seguir.

¿Quiénes son los rígidos? ¿Aquellos pastores que se preocupan de la salvación eterna de las almas a su cuidado, o aquellos otros únicamente procupados de conceder "al pueblo" aquello que quiere oír, aunque le lleve a la perdición y al infierno? Es obligación de un buen pastor, por mandato expreso de Cristo, decir a los fieles "esto se puede" y también "esto no se puede". ¿Era Cristo un "rígido" a combatir? Quizás algunos lo crean. Igual esas personas que supuestamente se acercan a ciertos pastores, no misericordiosos, sino de moral laxa, no buscan un poco de comprensión, sino la aprobación eclesiástica de formas de vida reprobables y la confirmación en sus pecados. Y eso es, trístemente, lo que reciben, en lugar de una caritativa corrección por el bien de su alma. Nunca es suficiente recordar esta advertencia apostólica:

Te conjuro delante de Dios y de Cristo Jesús, el cual juzgará a vivos y a muertos, tanto en su aparición como en su Reino: predica la Palabra, insta a tiempo y a destiempo, reprende, censura, exhorta con toda longanimidad y doctrina. Porque vendrá el tiempo en que no soportarán mas la sana doctrina, antes bien con prurito de oír se amontonarán maestros con arreglo a sus concupiscencias. Apartarán de la verdad el oído, pero se volverán a las fábulas. Por tu parte, sé sobrio en todo, soporta lo adverso, haz obra de evangelista, cumple bien tu ministerio.
(II Tim 4, 1-5)

El monseñor curial que al Papa Francisco le parece tan sabio, hasta el punto de no poder contenerse y contar la anecdóta, ¿qué pretendía decir con su cáustica e inmisericorde frase "¡Y después se dice que la Iglesia no permite el sacerdocio a las mujeres!"? ¿Que quienes llevan saturno, o simplemente visten como sacerdotes, son afeminados? ¿Que son malos pastores? ¿Que son serios y tristes y alejan a los fieles que buscan consuelo? Igual debería medir más sus palabras y mostrarse menos sabio y más misericordioso. Cuanto menos, se me antoja una simpleza pensar que un buen sacerdote sólo es aquel que va vestido de camuflaje, con anticuadas camisas a rayas o a cuadros, más propios de un leñador o de un mantel de pizzería italiana, y que en lugar de rezumar olor de santidad, desprende un vulgar y desagradable tufo a borrego. Y también es una simpleza, cuando no un juicio temerario, juzgar -valga la redundancia- y condenar como "rígido", ahora que tantos repiten lo de "¿quién soy yo para juzgar?", a quienes sólo cumplen con su deber de enseñar a los fieles la sana doctrina por el bien de sus almas, frente a aquellos otros que sólo les regalan el oído y les dicen lo que quieren oír, no buscando su bien espiritual, sino simplemente una éfimera felicidad terrenal que pone en peligro su salvación eterna.
El Papa San Juan XXIII llevando saturno rojo
El Papa San Juan XXIII llevando saturno blanco
El Papa San Juan Pablo II llevando saturno rojo
El Papa San Juan Pablo II, con saturno rojo, saluda a unas religiosas
Un sonriente Papa San Juan Pablo II, con saturno rojo, acaricia a una niña
Un sonriente Papa Benedicto XVI con saturno rojo
Cuatro fotos más de un sonriente Papa, S. S. Benedicto XVI, llevando saturno y besando a dos niños
Es del todo incoherente y contradictorio el corrosivo juicio de este anónimo curial contra quienes llevan saturno, con su supuesto reconocimiento de los buenos pastores por su actitud con los niños. Sirvan estas fotografías de tres grandes Papas -dos de ellos canonizados- llevando saturno, como muestra de que ambas cosas no son incompatibles, y que tal simplificación constituye un mero sofisma y un juicio de valor ajeno completamente a la misericordia que se predica. Esa, y no otra, es la actitud que demuestra rigidez; una rigidez ideológico-clerical que ha quedado congelada, anclada en el tiempo y anquilosada en una eclesialidad iconoclasta más propia de otros tiempos -los años 60 y 70 del siglo XX, concretamente-, que ya sólo defienden unos cuantos viejos -tristes de ver el crudo invierno en que han convertido la primavera que esperaban- ajenos a la realidad actual, que es la de siempre, pues Cristo y su Iglesia están vivos y nunca pasan de moda.
Arturo Sosa, S.I., recién elegido Prepósito General de los jesuitas
Pantalón y zapatones negros asomando ampliamente por debajo de la sotana del Papa Francisco
Al final, uno se pregunta: ¿es más ridículo y triste un sacerdote con saturno o uno disfrazado de laico reñido con la moda? ¿Lo es más un Papa con saturno y calzado de color rojo, que uno con pantalones y zapatones negros bajo la sotana? Pues a las pruebas me remito.

Y mientras el Papa dedica tiempo y energías a combatir tan grave mal para la Iglesia, además de tan extendido -cualquier lector está harto de cruzarse por la calle con varios curas con saturno cada vez que sale a comprar el pan, por ejemplo-, tres importantes y prestigiosos filósofos católicos han hecho público su apoyo a los cuatro Cardenales, y dos de ellos han escrito otra petición al Papa Francisco para que aclare aquellos puntos de "Amoris laetitia" que pueden atentar y ser contrarios al Magisterio de la Iglesia:

Robert Spaemann
En primer lugar, Robert Spaemann, el más destacado filósofo católico de Alemania, en una entrevista concedida el pasado domingo 4 de diciembre al diario católico italiano "Nuova Bussola Quotidiana", subrayó que los cuatro cardenales tenían razón en hacer públicas las "dubia" para abordar la perplejidad que AL ha creado en el episcopado. Amigo personal de S. S. Benedicto XVI y Profesor emérito de la Universidad de Múnich, ha expresado su preocupación por la ambigüedad de AL, a la que se refiere como una "ruptura con la tradición católica".

Estas son algunas de sus reflexiones en dicha entrevista:

"La negativa del Papa a responder al llamamiento de los cuatro Cardenales me llena de gran preocupación, ya que, de alguna manera, el Magisterio supremo en este caso está siendo degradado. El Papa Francisco claramente tiene una profunda aversión a estas decisiones en las que se requiere un 'sí' o un 'no' [...] Cristo, el Señor de la Iglesia, por otra parte siempre dio a sus discípulos la respuesta clara a decisiones de este tipo. A la pregunta específica sobre el adulterio, Él sacudió a los apóstoles con la simplicidad y claridad de su enseñanza [...] Es un grave error pensar que la subjetividad es el último criterio para la administración de los sacramentos. También es cierto que toda acción que va contra la conciencia es mala, pero también se puede actuar de acuerdo con una conciencia errónea. Esta es la clara enseñanza de Santo Tomás de Aquino".

Por otra parte, otros dos prestigiosos filósofos, los Profesores John Finnis y Germain Grisez, también solicitan al Papa Francisco que aclare y condene las interpretaciones incorrectas de "Amoris laetitia" que no son conforme al Magisterio de la Iglesia, y piden a los obispos que se adhieran a su petición, que han hecho efectiva en una carta enviada el pasado 21 de noviembre y dirigida "al Sumo Pontífice Francisco, a todos los obispos en comunión con él y al resto de los fieles cristianos".

"En esta carta le solicitamos al Papa Francisco que condene ocho posiciones contrarias a la fe católica que están recibiendo apoyo, o probablemente lo recibirán, mediante el abuso de su Exhortación Apostólica Amoris laetitia. Les pedimos a todos los obispos que se adhieran a esta solicitud y que pronuncien sus propias condenaciones de las posiciones erróneas que identificamos, reafirmando a la vez las enseñanzas católicas que estas posiciones contradicen", han afirmado. "La carta explica de qué manera quienes proponen las ocho posiciones que nosotros identificamos pueden hallar apoyo en expresiones o en omisiones de la Exhortación Apostólica, y explica cómo estas posiciones son o incluyen errores contra la fe católica".

Estas son las ocho posiciones que enumeran:

  1. Un sacerdote que administra el Sacramento de la Reconciliación puede a veces absolver a un penitente que carece de propósito de enmienda respecto de un pecado en materia grave que pertenece a su forma de vivir continua o que es habitualmente repetitivo.
  2. Algunos de los fieles son demasiado débiles para cumplir los mandamientos de Dios; aunque estén resignados a cometer pecados en materia grave continuos y habituales, pueden vivir en gracia.
  3. No existe ninguna regla moral general que no admita excepciones. Incluso los mandamientos divinos que prohíben clases específicas de actos están sometidos a excepciones en algunas situaciones.
  4. Aun cuando algunos de los preceptos o mandamientos de Dios parecen exigir que uno nunca elija un acto de una de las clases a los que ellos se refieren, en realidad esos preceptos y mandamientos son reglas que expresan ideales y que identifican bienes que uno siempre debiera servir y esforzarse por realizar lo mejor que pueda, atendidas las propias debilidades y la situación concreta, compleja, de cada uno, que puede exigirle a uno elegir un acto en contraste con la letra de la ley.
  5. Si uno tiene en cuenta su situación concreta y sus limitaciones personales, su conciencia puede a veces discernir que realizar un acto de cierta clase incluso contraria al mandamiento divino será hacer lo mejor de que uno es capaz para responder a Dios, que es todo lo que Él reclama, y entonces uno debe elegir realizar ese acto, pero también estar dispuesto a conformarse plenamente al mandamiento divino, si y cuando uno sea capaz de hacerlo.
  6. Elegir provocar la excitación o la satisfacción sexual de uno o de otro u otros es moralmente aceptable a condición solamente de que (1) ningún adulto tenga contacto corporal con un niño; (2) no sea tocado el cuerpo de ningún participante sin su consentimiento claro y libre tanto respecto del modo como de la extensión del contacto; (3) no se haga conscientemente nada que provoque o cree un riesgo excesivo de daño físico significativo, transmisión de alguna enfermedad o embarazo no deseado; y (4) no se transgreda ninguna norma que rija la conducta en general.
  7. Un matrimonio sacramental consumado es indisoluble en el sentido de que los esposos deben siempre fomentar el amor matrimonial y no deben nunca elegir disolver su matrimonio. Pero por causas fuera del control de los esposos y/o por faltas graves de al menos uno de ellos, su relación humana como pareja casada a veces se deteriora hasta que deja de existir. Cuando la relación matrimonial de una pareja ya no existe, su matrimonio se ha disuelto, y al menos una de las partes puede legítimamente obtener un divorcio y casarse de nuevo.
  8. Un católico no necesita creer que muchos seres humanos terminarán en el Infierno.

Esta carta abierta, cuyo original puede leerse en inglés aquí, concluye con las siguientes reflexiones:

"Nuestra carta concluye indicando cómo los pastores y los teólogos que enseñan y ponen en práctica cualquiera de estas ocho posiciones pueden de esa manera causar un perjuicio grave a muchas almas, y señalando algunas formas en que esto puede suceder. También llama la atención sobre el daño que estos errores infligen al matrimonio y a los jóvenes que en otro caso podrían haber participado en una vida matrimonial auténtica con corazones buenos y que podrían haber sido signos del amor esponsal de Cristo por su Iglesia.

Muchos teólogos y pastores que defienden posiciones contrarias a la fe suponen que están tratando de forma realista con los católicos influidos por la cultura secularizada que están rompiendo con la Iglesia o apartándose de ella. Pero su estrategia deja de lado la tradición de la Iglesia y su misión primaria: predicar el Evangelio en todas partes y siempre, y enseñar a los creyentes todo lo que Jesús ha mandado.

La experiencia de las comunidades eclesiales cristianas que han adoptado estrategias similares en los dos siglos pasados sugiere fuertemente que aquellos que hicieron concesiones sobre su identidad cristiana en una generación fueron de poco interés para las generaciones sucesivas. Aquellos a quienes se les ha ordenado actuar en la persona de Jesús hacen bien en enseñar la verdad tal como Él lo hizo y continuó haciendo incluso cuando muchos de sus discípulos dijeron que su palabra les parecía demasiado dura y se alejaron de Él".

John Finnis
John Finnis es Profesor Emérito de Derecho y Filosofía Jurídica de la Universidad de Oxford, Miembro de la Academia Británica (secciones de Derecho y Filosofía), Catedrático Biolchini Family de la Universidad de Notre Dame, Indiana, y Miembro de la Comisión Teológica Internacional de la Santa Sede (1986–91).
Germain Grisez
Germain Grisez es Profesor Emérito de Ética Cristiana de la Universidad Mount St. Mary, Profesor de Filosofía de la Universidad de Georgetown (1957–72) y el Campion College de la Universidad de Regina (1972–79), y Profesor Emérito de Ética Cristiana Most Rev. Harry J. Flynn de la Universidad Mount St. Mary (1979–2009).

No parece que todas las personas citadas en esta entrada sean unos advenedizos indocumentados, por lo que, cuanto menos, se les debería prestar la atención que merecen, tanto por su trayectoria profesional y/o eclesiástica, como por la intención que comparten todos ellos: el bien de las almas y la unidad, en la verdad, de la Santa Iglesia.

Oremos para que así sea, y para que el Papa Francisco cumpla con su deber de confirmarnos en la fe, en lugar de tratar de imponer sus gustos personales y su peculiar visión de la Iglesia, o de tratar de resucitar lo peor de los revolucionarios años en que él se formó como sacerdote.

viernes, 9 de diciembre de 2016

¿Escuchará esta vez? Nueva declaración de apoyo a las "dubia" de los Cuatro Cardenales firmada por 23 académicos y pastores católicos


Declaración en apoyo de las Dubia de los Cuatro Cardenales


Como académicos católicos y pastores de almas, deseamos expresar nuestra profunda gratitud y total apoyo a la valiente iniciativa de cuatro miembros del Colegio Cardenalicio, Sus Eminencias Walter Brandmüller, Raymond Leo Burke, Carlo Caffarra y Joachim Meisner. Como ha sido ampliamente divulgado, estos cardenales han presentado formalmente cinco dubia al Papa Francisco, pidiéndole que aclare cinco puntos fundamentales de la doctrina católica y la disciplina sacramental, cuyo tratamiento en el capítulo 8 de la reciente exhortación apostólica Amoris Laetitia (AL) parece entrar en conflicto con la Escritura y/o la Tradición y la enseñanza de documentos papales anteriores -especialmente con la Encíclica "Veritatis Splendor" del Papa San Juan Pablo II y su Exhortación Apostólica "Familiaris consortio"-. Hasta el momento, el Papa Francisco se ha negado a responder a los cuatro cardenales; Pero como a todos los efectos le están preguntando si los importantes documentos magisteriales arriba mencionados aún requieren nuestro completo asentimiento, creemos que el silencio continuado del Santo Padre podría suponerle que se le acuse de negligencia en el deber del ejercicio del Ministerio Petrino de confirmar a sus hermanos en la fe.

Varios prelados prominentes han criticado con dureza el envío [de las dubia] de los cuatro cardenales, pero sin arrojar ninguna luz sobre sus pertinentes y exhaustivas preguntas. Hemos leído intentos de interpretar la exhortación apostólica dentro de una "hermenéutica de la continuidad" por parte del cardenal Christoph Schönborn y del profesor Rocco Buttiglione; pero nos encontramos con que no logran demostrar su principal afirmación de que los elementos novedosos que se encuentran en AL no ponen en peligro la ley divina, sino que meramente pretenden cambios legítimos en la práctica pastoral y la disciplina eclesiástica.

De hecho, varios comentaristas, sobre todo el profesor Claudio Pierantoni en un nuevo y extenso estudio histórico-teológico, han argumentado que, como resultado de la generalizada confusión y desunión que siguió a la promulgación de AL, ahora la Iglesia universal está llegando a un grave punto crítico en su Historia que muestra alarmantes similitudes con la gran crisis arriana del siglo IV. Durante aquel catastrófico conflicto, la gran mayoría de los obispos, incluyendo incluso al Sucesor de Pedro, dudó hasta de la divinidad de Cristo. Muchos no incurrieron totalmente en la herejía; sin embargo, desarmados por la confusión o debilitados por la timidez, buscaron cómodas fórmulas de compromiso por el bien de la "paz" y la "unidad". Hoy somos testigos de una crisis metastásica parecida, esta vez sobre aspectos fundamentales de la vida cristiana. Se emplea constantemente palabrería [de boquilla] sobre la indisolubilidad del matrimonio, la grave pecaminosidad objetiva de la fornicación, el adulterio y la sodomía, la santidad de la Sagrada Eucaristía y la terrible realidad del pecado mortal. Pero en la práctica, un creciente número de prelados bien posicionados y teólogos está socavando o negando de facto estos dogmas -y, de hecho, la existencia misma de prohibiciones negativas sin excepciones en la ley divina que rige la conducta sexual-, debido a su exagerado o sesgado énfasis en la "misericordia, el "acompañamiento pastoral" y las "circunstancias atenuantes".

Con el Pontífice reinante tocando ahora una muy incierta [dudosísima] retreta [retirada] en esta batalla contra los "principados y potestades" del Enemigo, la barca de Pedro va a la deriva peligrosamente como un barco sin timón, y de hecho, muestra los síntomas de la incipiente desintegración. En tal situación, creemos que todos los Sucesores de los Apóstoles tienen el grave y apremiante deber de manifestarse clara y firmemente, confirmando las enseñanzas morales claramente expuestas en el Magisterio de los Papas anteriores y el Concilio de Trento. Varios obispos y otro cardenal ya han dicho que encuentran las cinco dubia oportunas y apropiadas. Esperamos ardientemente y rogamos fervientemente que muchos más [obispos y cardenales] apoyen públicamente no sólo la respetuosa petición de los cuatro Cardenales para que el Sucesor de Pedro confirme a sus hermanos en esos cinco puntos de la fe "transmitida a los santos una vez para siempre" (Judas 1:3), sino también la sugerencia del Cardenal Burke de que si el Santo Padre no lo hace, los Cardenales se dirijan a él colectivamente con alguna forma de corrección fraterna, en el espíritu de la amonestación de Pablo a su hermano el Apóstol Pedro en Antioquía (cf. Gal 2:11).

Encomendamos este grave problema al cuidado e intercesión celestial de María Inmaculada, Madre de la Iglesia y Destructora de todas las herejías.

8 de diciembre de 2016, Fiesta de la Inmaculada Concepción

(Firmado):

Mons. Ignacio Barreiro Carámbula STD (Doctor en Sagrada Teología), JD (Doctor en Derecho), Capellán y miembro de la Facultad del Foro Romano

Rev. Claude Barthe,
Francia

Dr. Robert Beddard, MA (Oxon et Cantab), D. Phil (Oxon)
Miembro emérito y antiguo Vice-Rector de la Universidad Oriel de Oxford.

Carlos A. Casanova Guerra
Doctor en Filosofía, Profesor Titular,
Universidad Santo Tomás, Santiago de Chile

Salvatore J. Ciresi MA
Escuela de postgrado de Notre Dame de Christendom College
Director del Gremio Bíblico de San Jerónimo

Luke Gormally, PhL
Director Emérito, Centro Linacre para la Ética de la Salud (1981-2000)
Profesor eventual de investigación, Escuela de Derecho Ave María, Ann Arbor, Michigan (2001-2007)
Miembro Ordinario de la Pontificia Academia para la Vida

Rev. Brian W. Harrison OS, MA, enfermedades de transmisión sexual
Profesor Asociado de Teología (jubilado), Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico; Estudiante residente, Centro de estudio de los Oblatos de la Sabiduría, St. Louis, Missouri

Rev. John Hunwicke, MA (Oxon.)
Antiguo Investigador superior, Pusey House, Oxford; Sacerdote del Ordinariato de Nuestra Señora de Walsingham; Miembro, Foro Romano

Peter A. Kwasniewski, Doctor (Filosofía)
Catedrático, Universidad Católica de Wyoming

Rev. Dr. Stephen Morgan DPhil (Oxon)
Jefe del Proyecto de Conversión Académica y Ecónomo
Diócesis de Portsmouth

Don Alfredo Morselli STL
Párroco de la Arquidiócesis de Bolonia

Rev. Richard A. Munkelt Doctor (Filosofía)
Capellán y miembro de la Facultad, Foro Romano

Rev. John Osman MA, STL
Párroco en la Archidiócesis de Birmingham,
Ex capellán católico de la Universidad de Cambridge

Dr. Paolo Pasqualucci
Profesor de Filosofía (jubilado),
Universidad de Perugia

Dr. Claudio Pierantoni
Profesor de Filosofía Medieval en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Chile
Ex Profesor de Historia de la Iglesia y Patrología en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile
Miembro de la Asociación Internacional de Estudios Patrísticos

Dr. John C. Rao D. Phil (Oxon.)
Profesor Asociado de Historia, Universidad de San Juan (ciudad de Nueva York)
Presidente, Foro Romano

Dr. Nicholas Richardson. MA, DPhil (Oxon.)
Miembro emérito y Subsecretario de la Universidad Merton, Oxford
Y ex Rector de Greyfriars (Franciscanos), Oxford.

Dr. Joseph Shaw MA, DPhil (Oxon.) FRSA
Investigador Superior (Filosofía) en el St Benet's Hall, Universidad de Oxford

Dra. Anna M. Silva FAHA,
Investigadora adjunta de la Universidad de Nueva Inglaterra,
Armidale, NSW, Australia.

Michael G. Sirilla
Director del Postgrado de Teología,
Universidad Franciscana de Steubenville, Ohio

Dr. Thomas Stark Catedrático Phil.-Theol.
Hochschule Benedikt XVI, Heiligenkreuz

Rev. Glen Tattersall
Párroco de la parroquia del Beato John Henry Newman, Archidiócesis de Melbourne
Rector, iglesia de San Luis, Melbourne

Rev. Dr. David Watt STL, PhD (Cantab.)
Sacerdote de la Archidiócesis de Perth
Capellán, capilla de Santa Filomena, Málaga

[Texto original (en inglés) en este enlace. Traducción: CATHOLICVS]

jueves, 8 de diciembre de 2016

8 de diciembre: Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María, Patrona de España, de Colombia, de Corea del Sur, de El Salvador, de Estados Unidos, de Filipinas, de Japón, de Nicaragua, de Panamá, de Polonia, de Portugal y de Venezuela

Hoy, 8 de diciembre, se celebra la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María, Patrona de España, de la Infantería Española, del Cuerpo Eclesiástico del Ejército, del Estado Mayor, del Cuerpo Jurídico, de la Farmacia militar, de los Colegios Oficiales de Farmacéuticos y las Facultades de Farmacia.

Es, además, Patrona de Colombia, de Corea del Sur, de El Salvador, de Estados Unidos, de Filipinas, de Japón, de Nicaragua, de Panamá, de Polonia, de Portugal y de Venezuela.


Oremos:

Santísima Virgen Inmaculada, concebida sin pecado original: intercede por nosotros, pecadores, ante Dios Nuestro Señor, para que acorte este tiempo de tribulación que padece su Santa Iglesia. Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Nuevas declaraciones del Papa Francisco: "todo lo que está en Amoris Laetitia fue aprobado en el sínodo por más de dos tercios de los padres". ¿Realmente lo fue? Aquí están los datos de las votaciones

El semanario católico belga "Tertio" acaba de publicar otra nueva entrevista concedida por el Papa Francisco, en la que habla de la exhortación apostólica "Amoris Laetitia". Esto es lo que ha dicho al respecto:

"La experiencia más rica de esto fueron los dos últimos sínodos. Ahí se escuchó a todos los obispos del mundo, con la preparación; a todas las iglesias del mundo: las diócesis, trabajaron. Todo ese material vino. Después volvió. Y volvió una segunda vez al segundo sínodo para completar esto. De ahí salió Amoris Laetitia [...] Entonces, hay una exhortación postsinodal, que es Amoris Laetitia, que es el resultado de dos sínodos, donde trabajó toda la Iglesia, y que el Papa hizo suya. Lo expresa de una manera armónica. Es curioso: todo lo que está ahí [en Amoris Laetitia] en el sínodo fue aprobado por más de dos tercios de los padres. Lo cual es una garantía".

La pregunta que a cualquiera se le viene a la cabeza en primer lugar es: ¿garantía de qué? Incluso en el caso de que así hubiera sido, que no lo fue -como indican los resultados de las votaciones que pongo más abajo-, ¿qué garantizaría esa supuesta mayoría? ¿Acaso puede una mayoría de obispos cambiar la Doctrina y Magisterio irreformable de la Iglesia? Porque, seamos claros: sobre el tema más controvertido y debatido de la exhortación, a saber, la posible admisión de los adúlteros -y otros pecadores no arrepentidos y sin propósito de enmienda- a los sacramentos, dice, literalmente, lo siguiente:

A causa de los condicionamientos o factores atenuantes, es posible que, en medio de una situación objetiva de pecado —que no sea subjetivamente culpable o que no lo sea de modo pleno— se pueda vivir en gracia de Dios, se pueda amar, y también se pueda crecer en la vida de la gracia y la caridad, recibiendo para ello la ayuda de la Iglesia [351]



[351] En ciertos casos, podría ser también la ayuda de los sacramentos. Por eso, «a los sacerdotes les recuerdo que el confesionario no debe ser una sala de torturas sino el lugar de la misericordia del Señor»: Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 44: AAS 105 (2013), 1038. Igualmente destaco que la Eucaristía «no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los débiles» (ibíd, 47: 1039).

Pese a tales afirmaciones, las leyes negativas recogidas en el Decálogo (como "No cometerás adulterio") son de obligado cumplimiento para todo el mundo y en todas las circunstancias, por Derecho Divino y mandato expreso de Nuestro Señor Jesucristo, como ha enseñado la Iglesia siempre y como recoge el Catecismo de la Iglesia Católica. No se puede crecer en la vida de la gracia y la caridad estando en pecado mortal, como es el caso de un adúltero que pretende seguir cometiendo adulterio, ni existe ningún sacramento que pueda "servir de ayuda" -salvo que la persona afectada decida romper la relación adúltera o vivir como "hermano y hermana", como enseña el Magisterio de la Iglesia, y especialmente San Juan Pablo II (Familiaris consortio nº 84), así como la Carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe y la de su Prefecto al respecto-, pues los adúlteros sin arrepentimiento y propósito de la enmienda no pueden acceder a ellos, so pena de recibir sacrílegamente tanto la Penitencia, como la Eucaristía. En cuanto a que la Eucaristía sea alimento para los débiles, ello no justifica su administración a personas que, además de "débiles" -que lo somos todos-, viven en estado de pecado mortal permanente sin propósito de la enmienda, algo totalmente prohibido, de forma infalible e irreformable, por los decretos sobre la Eucaristía del dogmático Sacrosanto Concilio Ecuménico de Trento.

Dicho lo cual, sobre los polémicos puntos tratados en ambos sínodos de la familia y contenidos en "Amoris laetitia", estos son los hechos y los datos:

  1. Los informes finales de los Sínodos, tanto el de 2014 como el de 2015, fueron votados párrafo a párrafo por los Obispos.
  2. Para obtener su aprobación, cada párrafo requería ser votado positivamente por una mayoría cualificada de dos tercios de los Padres con derecho a voto.
  3. En el sínodo de 2014 los Padres con derecho a voto fueron 181, por lo que para afirmar que el Sínodo había aprobado oficialmente un párrafo se necesitaba una mayoría cualificada de dos tercios, que en este caso se obtenía con 123 votos a favor.
  4. El párrafo que describía las dos posturas enfrentadas durante el Sínodo sobre la administración de los sacramentos a los adúlteros, sólo obtuvo 104 votos positivos. Por lo tanto, fue rechazado al no haber conseguido la mayoría cualificada de dos tercios de los votos.
  5. El párrafo concerniente al tratamiento hacia las personas con tendencias homosexuales también fue rechazado por los Padres sinodales, ya que tampoco obtuvo la mayoría cualificada de dos tercios de votos positivos para poder ser aprobado.
  6. Pese a hacer sido rechazado por los Padres sinodales, el Papa Francisco ordenó que dichos párrafos fuera incluidos en el documento final.
  7. El P. Federico Lombardi, entonces director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, tuvo que intentar justificar su inclusión -con poco éxito, pues sólo convenció a los ya convencidos- haciendo la siguiente declaración: "los párrafos que no han conseguido la así llamada ‘mayoría cualificada’ no pueden ser considerados como desestimados, sino mayormente párrafos que no son lo suficientemente maduros para obtener un amplio consenso de la asamblea".
  8. Como tampoco hubo consenso cuando el informe final habló sobre acelerar los procedimientos para la declaración de nulidad de matrimonios, el Papa Francisco no esperó a que los Padres sinodales volvieran a rechazar la propuesta y antes de que se reuniera el sínodo de la familia de ese año, ordenó, por decreto, la reforma del proceso canónico para las causas de declaración de nulidad matrimonial (fue el 8 de septiembre de 2015), en el que introdujo la "presunción de invalidez" del matrimonio, inexistente durante dos mil años de Historia de la Iglesia -el matrimonio siempre se ha considerado "válido" mientras no se demostrara lo contrario-. Cabe recordar que el Papa Francisco hizo pública su creencia personal, indemostrable, de que una gran mayoría de los matrimonios son inválidos.
  9. Del 4 al 25 de octubre de 2015, tuvo lugar la XIV Asamblea General Ordinaria del sínodo de obispos -a la que habitualmente se denomina como "Sínodo de la familia de 2015"-, a cuyo frente el Papa nombró a una mayoría de prelados afines a sus ideas, como el Cardenal Tagle (en la presidencia), el Cardenal Baldisseri (Secretario General), Bruno Forte (Secretario especial) y en el Comité de redacción del informe final, además de Baldisseri y Forte: el Cardenal Wuerl, Víctor Manuel "Tucho" Fernández y Adolfo Nicolás (entonces Prepósito General de los Jesuitas).
  10. El lunes 5 de octubre, justo un día después de que comenzara el Sínodo, se hizo pública una carta escrita por 13 cardenales y dirigida al Papa Francisco, en la que denunciaban ciertas irregularidades que se estaban produciendo -como la elección a dedo de ciertos participantes, la exclusión de otros, o las modificaciones en los procedimientos-, que, según ellos, hacían que dicha reunión de obispos [el pripio Sínodo] parecía estar "diseñada para facilitar resultados predeterminados en cuestiones disputadas importantes". La organización del Sínodo lo negó.
  11. En el Sínodo de 2015 se aumentó el número de Padres con derecho a voto, que pasaron a ser 279 (aunque algunas fuentes señalaron que sólo votaron 270), por lo que la mayoría cualificada para considerar aprobado un párrafo pasó a ser de 186 votos positivos (180 si los votantes fueron los 270 señalados anteriormente).
  12. El párrafo nº 85, que es el que trataba sobre la administración de los sacramentos a los adúlteros, sólo obtuvo 178 votos a favor, no alcanzando así la mayoría cualificada de dos tercios de votos positivos, necesaria para su aprobación (tanto si fueron 270, como si fueron 279 los Padres sinodales que votaron).

Así pues, los párrafos referidos al controvertido tema de la administración de los sacramentos a los adúlteros, no alcanzaron el número de votos suficientes para ser aprobados. Ni en el sínodo de 2014, ni en el de 2015. Pese a ello, el Papa Francisco lo incluyó en la exhortación "Amoris laetitia".

martes, 6 de diciembre de 2016

Escandalosa entrevista al jesuita Spadaro, mano derecha del Papa Francisco, tras descubrirse que usaba cuentas falsas de Twitter para atacar a los Cuatro Cardenales y en la que justifica dar la Comunión a los adúlteros

Antonio Spadaro, S.J., confesor papal jesuita y director de la revista "La Civiltà Cattolica", a quien vemos junto al Papa Francisco en la imagen que abre esta entrada, y que muchos consideran el vice-Papa portavoz del Papa, ha concedido una entrevista exclusiva al portal modernista liberal "Crux", después de que, a instancias suyas, pidiera a Austen Ivereigh que se la realizara. En la misma, hace un intento de negar su intención de insultar en un tweet -que luego eliminó- a los cuatro cardenales (Brandmüller, Burke, Caffarra y Meisner) que enviaron sus "dubia" al Papa Francisco, además de tratar de justificar sus ataques a los mismos lanzados desde diferentes cuentas de Twitter, tras descubrirse que era él quien estaba detrás de dichas cuentas (ver aquí). Además, Spadaro aprovecha para dirigirse a los cuatro cardenales para criticar responder a dichas "dubia", sin tener potestad alguna para hacerlo -ni siquiera van dirigidas a él, como es lógico-. Según Austen Ivereigh, quien le ha realizado dicha entrevista, él mismo le sugirió que aprovechara para responderlas, aunque aclara que Spadaro "no responde en nombre de nadie, sino de él mismo".

Según afirma Spadaro, la carta de los cardenales está siendo usada por "grupos que se sienten marginados" para "aumentar la tensión y crear división dentro de la Iglesia" y por eso atacan "a cualquiera que parezca cercano al Papa". Según él, los ataques se deben a tres factores: 1) que "el Papa Francisco está dando en el clavo", lo cual lleva a 2) "que 'los espíritus se expresen', como diría Bergoglio. El odio y la maldad dirigidos contra él son siempre signos del mal espíritu que no tiene nada que ver con el Evangelio". Y 3) "el tercer punto es que aquellos que son hostiles a Francisco están en los principales grupos encerrados en sí mismos [inclusivos] que no pueden sostener un debate abierto y sereno, y que simplemente se repiten, como en una cámara de eco. Algunos de esos sitios, y las cuentas de Twitter, son simplemente copias de otros".

Cuando se le pregunta sobre el supuesto enfurecimiento del Papa por la carta de los cardenales, Spadaro contesta, histriónicamente, que tal sugerencia le hace reír: "¡Oh, por favor! Tales comentarios me hacen reír", y que "para que Bergoglio se enoje, tiene que ser algo muy diferente. Sus verdaderas preocupaciones son pastorales. Lo que le perturba es la pobreza, la injusticia, el martirio de los cristianos, la violencia, etc., no este tipo de críticas [...] Creo que [el Papa] ve la rabia en algunos sectores como la evidencia de que algunas personas se sienten desafiados por la hermenéutica de la misericordia, por el Evangelio 'sine glossa' [es decir, presentado directamente]".

Al ser preguntado por las recientes declaraciones del Cardenal George Pell, en las que afirmaba que muchos católicos se sienten "desconcertados" por la situación actual que se está produciendo en la Iglesia, y en la que dice que la carta de los cuatro cardenales es "significativa" (ver aquí), a Spadaro sólo se le ha ocurrido decir que "Depende de lo que entendemos por 'significativo'. Sin duda, ha dado aliento a ciertos entornos en los que existe una resistencia a la enseñanza de 'Amoris Laetitia'".

Sobre el silencio del Papa al requerimiento de estos cardenales, dice que el Papa no responde sí o no a "preguntas abstractas", salida por la tangente ante las preguntas concretas que plantean las "dubia". Pero Spadaro dice que el Papa ya ha respondido al "aprobar y fomentar prácticas pastorales positivas. Un ejemplo claro y evidente era su respuesta a los obispos en la zona de Buenos Aires, cuando los alentó y confirmó que su lectura de Amoris Laetitia era correcta", ya que "le encanta responder a las preguntas sinceras que le hacen los pastores", que son quienes "realmente entienden la doctrina católica [...] porque la doctrina no existe con el propósito de debate, sino para la 'salus animarum' ('la salud de las almas') [...] en lugar de la discusión intelectual".

El entrevistador, que se refiere a la carta con las "dubia" como "disidente", le ha preguntado sobre la cuestión de la Comunión a los adúlteros, a lo que Spadaro ha respondido que dichas preguntas ya se habían planteado durante el Sínodo y que "todos los puntos fueron aprobados en el informe final" [lo cual es falso], por lo cual eso supone un "testimonio del alto grado de convergencia alcanzado. Amoris Laetitia es el fruto maduro del sínodo". Según él, "Amoris Laetitia" es "muy clara".

En otro claro ataque a los cuatro cardenales, Spadaro se hace el despistado, como si no hubiera leído lo escrito por ellos sobre sus razones para hacer públicas las "dubia" y dice que "pueden pedir al Santo Padre lo que quieran" pero en "un diálogo bien fundado y discreto, sin la exposición de los medios de comunicación". Según él, que no parece aplicarse el "¿quién soy yo para juzgar?", juzga -valga la redundancia- que "es bastante diferente cuando se usa un diálogo de manera calculada, o cuando las personas plantean preguntas para poner a otra en dificultades, provocando divisiones. Como en este caso".

A la pregunta sobre si "Amoris Laetitia" hace posible la absolución y la Comunión a las personas que están todavía en matrimonio válido, pero que tienen relaciones sexuales con otra, Spadaro afirma que ya se ha respondido a eso claramente: como "Amoris Laetitia" no pasa por alto la dificultad de la "opción" de vivir en continencia, "deja abierta la posibilidad de su admisión al Sacramento de la Reconciliación cuando esta opción es insuficiente". Según él, la continencia no siempre es "factible" e insiste en las "limitaciones que atenúan la responsabilidad y la culpabilidad -particularmente cuando la persona cree que caería en un error peor, y que puede dañar a los hijos de la nueva unión-" [argumento que ha sido ampliamente refutado por infinidad de análisis de la exhortación "Amoris laetitia"]. En tales casos Amoris Laetitia abre la posibilidad del acceso a la Reconciliación y la Eucaristía, que a su vez dispone a una persona a continuar madurando y creciendo, fortalecido por la gracia". No hacen falta muchos más comentarios: Spadaro afirma así que se pueden administrar los sacramentos -al menos a ciertos adúlteros-, aunque no estén arrepentidos ni tengan propósito de la enmienda, contrariamente a lo que afirma la Doctrina y Magisterio de la Iglesia.

En cuanto a la enseñanza de San Juan Pablo II sobre la verdad objetiva y la conciencia en la encíclica "Veritatis Splendor", niega que "Amoris laetitia" siga la "moral situacional", en la que la norma se percibe como algo extrínseco al acto que se lleva a cabo, y aporta como "prueba" el "desarrollo de la comprensión" [condenado solemnemente por el Concilio Vaticano I] y el "compromiso de llevar a cabo lo que es para el bien del hombre en 'en camino'".

NOTA: Se debe a San Vicente de Lérins la fórmula: "Sostenemos la fe que ha sido creída en todas partes, siempre, por todos" (quod ubique, quod semper, quod ab omnibus creditum est), es decir, la verdad católica básica que legitima el desarrollo de la doctrina católica deja intacta "la misma doctrina, el mismo sentido y la misma interpretación", exactamente como afirmó el Concilio Vaticano I, que condena justamente lo contrario en el Canon III del capítulo IV, "Sobre la fe y la razón", de la Constitución dogmática del Concilio Vaticano I «Filius Dei» sobre la Fe Católica:

"Si alguno dijere que es posible que en algún momento, dado el avance del conocimiento, pueda asignarse a los dogmas propuestos por la Iglesia un sentido distinto de aquel que la misma Iglesia ha entendido y entiende: sea anatema".

A continuación, cita de forma sesgada el propio Catecismo de la Iglesia Católica, sacando frases de contexto -como también hace "Amoris laetitia" con los documentos magisteriales que cita- para justificar la apelación a la conciencia individual por encima de la norma moral objetiva que obliga a todos y en toda circunstancia -como siempre ha enseñado la Iglesia-. En un intento de hacer decir a San Juan Pablo II lo que no dijo -de hecho, afirmó justo lo contrario-, Spadaro dice que éste "ya abrió la puerta a una comprensión de la posición de los divorciados vueltos a casar a través del discernimiento de las diferentes situaciones que no son objetivamente idénticas, gracias al fuero interno". Esto es una forma de engaño, pues San Juan Pablo II no abrió ninguna puerta a la Comunión a los adúlteros, sino que la mantuvo cerrada, como siempre ha hecho la Iglesia, enseñando magisterialmente la única posibilidad para que éstos puedan recibir los sacramentos: que vivan "como hermano y hermana", es decir, en completa castidad, aunque compartan el mismo techo. No existe ni un solo texto de San Juan Pablo II que anule la "imputabilidad" al adulterio -ni a ningún otro pecado-, contra la afirmación de Spadaro; ni tampoco por parte de Benedicto XVI, a quien Spadaro también cita intentando hacerle decir lo que no dice, a saber, que no se puede hablar de "pecado mortal en el caso de una nueva unión [...] No puede existir una norma general que sea capaz de cubrir todos los casos particulares. Así como la norma general sigue siendo clara, también queda claro que tal norma no puede cubrir todos los casos de manera objetiva". Concluye su argumento afirmando que se puede "crecer en la vida de gracia y caridad" estando "en una situación objetiva de pecado", y que para ello es necesario recibir la "ayuda de la Iglesia, a través de los sacramentos, incluyendo la Eucaristía". Como es obvio, todas estas afirmaciones son contrarias a la Doctrina y Magisterio infalible de la Iglesia, comenzando por las declaraciones dogmáticas e irreformables del Sacrosanto Concilio Ecuménico de Trento sobre las disposiciones necesarias para recibir el sacramento de la Eucaristía.

Cuando el entrevistador le pregunta si la opinión de un obispo sobre "Amoris laetitia" es tan buena como la de otro, responde sin paliativos que "no", y que los obispos no pueden interpretarla de manera diferente: "La carta del Papa a los obispos de Buenos Aires no deja duda alguna de que los obispos deben implementar la AL de acuerdo con las necesidades locales, y que la AL debe ser correctamente interpretada" [esto es, permitiendo la Comunión a los adúlteros; al menos en ciertos casos].

De forma tendenciosa, el entrevistador de Crux menciona nuevamente a los cuatro cardenales que han enviado al Papa las "dubia", de los que dice que "están todos jubilados o, en el caso de Burke, no dirigen una diócesis", para afirmar a continuación que "es sorprendente cuántos de los críticos de AL son intelectuales laicos, más que pastores" y preguntarle si "siente que hay una división básica en las reacciones a AL entre, por así decirlo, los pastores y los legalistas", a lo que Spadaro contesta que "las mejores reacciones a AL han venido de sacerdotes con larga experiencia pastoral", quienes "han entendido inmediatamente por qué AL habla de la experiencia más que de la teoría abstracta. AL habla de una respuesta pastoral que está atenta a las vidas concretas. Y el Evangelio siempre toma forma dentro de una vida concreta. Así que aquellos que han estado expuestos al ministerio pastoral lo obtienen de inmediato". Por lo visto, el evangelio que menciona Spadaro debe de ser otro diferente al Evangelio, en el que Nuestro Señor condena sin paliativos, clara y contundentemente, el adulterio.

Para intentar paliar tanto desvarío y heterodoxia, concluye afirmando que "el Papa no deja lugar a dudas sobre la enseñanza de la Iglesia y en caso de que exista alguna, dice que 'de ninguna manera debe la Iglesia desistir de proponer el ideal pleno del matrimonio, el plan de Dios en toda su grandeza'". Una vez más, recurre a presentar la indisolubilidad del matrimonio como un "ideal" y no como el mandato taxativo que es, tal y como Nuestro Señor dejó claro. Llama la atención -o no tanto- que intente apoyarse en Nuestro Señor para justificar justo lo contrario de lo enseñado y mandado por Él: "La doctrina de la Iglesia es la del Buen Pastor. El ministerio pastoral no es una aplicación secundaria, ni siquiera pragmática, de la doctrina". Desde luego, la pastoral que defiende Spadaro no lo es; de hecho, es justamente lo contrario, pues contradice la doctrina. Sin embargo, según él es pronto para valorar la aceptación de AL por las diferentes Conferencias Episcopales, pero que, por lo que "ve y percibe", su "sensación es que la gran mayoría de los cardenales y obispos están con él [con el Papa Francisco], y muy pocos se resisten a Amoris Laetitia" [a la interpretación rupturista con el Magisterio de la Iglesia, debería haber especificado].

Y ya que ha sacado a colación al Papa Francisco, sólo cabe repetir lo que ya he dicho en varias ocasiones: con amigos así, ¿quién necesita enemigos? Aunque pretendiera lo contrario, con esta entrevista Spadaro se ha cubierto de gloria.

Puede leerse la entrevista completa, en inglés, en este enlace.