domingo, 26 de julio de 2015

Nuestro Señor Jesucristo, ejemplo de Misericordia y Caridad perfectas, se lía a latigazos en el Evangelio de hoy, IX Domingo después de Pentecostés


ET INGRESSVS IN TEMPLVM COEPIT EIICERE VENDENTES IN ILLO ET EMENTES DICENS ILLIS SCRIPTVM EST QVIA DOMVS MEA DOMVS ORATIONIS EST VOS AVTEM FECISTIS ILLAM SPELVNCAM LATRONVM

Y entrando en el Templo, comenzó a echar fuera a los que en él vendían y compraban, diciéndoles: Escrito está: Mi casa es casa de oración (Is. 56,7), mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones (Jr 7,11).

(Seq. S. Evangelii sec. Lucam, 19,45)

Está escrito: "El celo de tu Casa me devora" (Sal. 68,10; Mal. 3,1):

"...porque me devora el celo de tu casa, y los baldones de los que te ultrajan cayeron sobre mí".

Los discípulos aplicaron a Jesús este texto cuando vieron que, en Su santa indignación, arrojaba a golpes, usando un látigo hecho con varias cuerdas, a los mercaderes del Templo (Mt 21,12; Mc 11,15; Lc 19,45; Jn 2,13), porque miraba como propios los intereses de su amado Padre. Tal ha de ser la suerte de los discípulos: como la del Maestro (Jn 15,20). "El que vive en el mundo como en su elemento y encuentra que todo va muy bien y saca ventajas de ostentar su fe, será fácilmente querido y respetado, mas no será por cierto discípulo de Cristo" (cf. 1 Jn 4,4; Lc 6,26; I Cor 4,13; I Tim 6,5, etc.) Es el honor más grande para un cristiano: ser perseguido por los que rechazan o traicionan a Dios (cf. Mt 5,10 ss.; Lc 6,22 s.; Hch 5,41; II Tim 3,13; I Pe 4,15 s.).

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