En Lourdes (Francia), cuatro años después de la definición dogmática de la Inmaculada Concepción, la Santísima Virgen se apareció a una sencilla pastorcita -hoy Santa María Bernarda-, y le dijo: "Yo soy la Inmaculada Concepción" (1858). Desde aquel lugar irradia por todo el mundo el poder de Dios, por intercesión de María, para curar los cuerpos y las almas (Col.).
OREMVS
DEVS QVI PER IMMACVLATAM VIRGINIS CONCEPTIONEM DIGNVM FILIO TVO HABITACVLVM PRAEPARASTI SVPPLICES A TE QVAESVMVS VT EIVSDEM VIRGINIS APPARITIONEM CELEBRANTES SALVTEM MENTIS ET CORPORIS CONSEQVAMVR PER EVDEM DOMINVM... AMEN
Oremos
¡Oh Dios!, que por la Inmaculada Concepción de la Virgen preparaste digna morada a tu Hijo: rogámoste humildemente, que celebrando la Aparición de la misma Virgen, consigamos la salud del alma y del cuerpo. Por el mismo Señor... Amén.




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