martes, 26 de mayo de 2015

Fotos y relato de un reciente bautismo en el Rito Hispano-mozárabe administrado en la víspera de Pentecostés en Filipinas

El pasado sábado 23 de mayo, víspera de Pentecostés, la niña Junífera Clarita Perey Alas, hija menor del matrimonio Alas, fue bautizada de acuerdo con el Rito Hispano-mozárabe, propio de los libros litúrgicos en vigor en 1962 en Filipinas, ceremonia a la que pertenecen estas imágenes. Con todos los objetos necesarios preparados para su utilización en el rito, éste comienzó con la oración del oficiante arrodillado ante el altar mayor. Luego, reunidos todos en el umbral de la iglesia, el sacerdote hizo la admonición antes del sacramento, a la que siguió el primer escrutinio, la exsuflación, la persignación, la imposición de manos y la bendición e imposición de sal. Después del último exorcismo menor -hay cuatro exorcismos, entre ellos el gran exorcismo ante la pila bautismal-, el sacerdote admitió a la niña en la Iglesia, mientras ésta permanecía bajo del extremo izquierdo de su estola. A continuación, entraron en la iglesia y se dirigieron a la pila bautismal, la niña aún sub stolam, sostenida por ambos padrinos, encargados de transmitirle la fe mediante la recitación del Credo de los Apóstoles y el Padrenuestro. Ante la pila, el sacerdote abrió los oídos y la nariz de la niña tocándolos con saliva, para abrirlos y que pueda oler y saborear la Palabra de Dios. Tras imponerle nombre, los padrinos profesaron los votos del bautismo. El sacerdote cambió entonces la capa pluvial y la estola púrpuras por otras de color blanco. Se volvió a hacer la profesión de fe en nombre de la bebé antes del propio acto del bautismo, momento en el que el sacerdote bautizó a la niña derramando tres veces agua bautismal sobre su nuca, tras lo cual la ungió con crisma trazando una cruz sobre la cabeza, como manifestación física de los dones del Espíritu Santo. Después de la crismación, el sacerdote le dio una prenda blanca como signo de la pureza y blancura de la inocencia, y después dio a la madrina una vela encendida como signo del brillo y la luz de las buenas obras. Por último, el sacerdote exhortó a los padrinos sobre su obligación cristiana de instruir a la recién bautizada en los rudimentos de la fe, tañendo finalmente todas las campanas de la iglesia como signo de la alegría. Dei praesidio fultus.

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