CIUDAD DEL VATICANO — En lugar de amonestar a los católicos que cohabitan como "pecadores públicos", el jefe del departamento vaticano para interpretar la ley de la Iglesia ha dicho que es más importante considerar "caritativamente" a la pareja con la esperanza de que finalmente se casen.
Y en una entrevista con el Register el 21 de febrero, el cardenal Francesco Coccopalmerio también insistió en su interpretación, publicada en un reciente folleto, del capítulo 8 de Amoris Laetitia (La alegría del amor), la reciente exhortación apostólica del Papa Francisco sobre el matrimonio y la familia, no viola el Derecho Canónico ni la Doctrina de la Iglesia.
Dijo que permitir a algunos divorciados recasados recibir los sacramentos si desean cambiar su situación pecaminosa pero no pueden enmendarla, porque al hacerlo incurrirían en otro pecado, está totalmente en línea con la enseñanza de la Iglesia.
El cardenal Coccopalmerio, presidente del Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos, también habló de una reciente conferencia que dio en el Vaticano en la que abogaba por una comprensión "menos rígida" del sacerdocio, que rechaza esencialmente una noción objetiva y metafísica del sacerdocio, para acercarse a los protestantes.
Su Eminencia, ¿podría por favor ayudar a nuestros lectores a entender su intención al escribir este folleto?
Quería entender exactamente lo que significaba el octavo capítulo [sobre "Acompañar, Discernir e Integrar la Debilidad"] y luego explicárselo a otros. Así que leí esas partes del capítulo octavo, leyendo pero [también] para hacer entender a la gente el sentido y la lógica de todos los puntos, de acuerdo con ciertos temas que me parecían más importantes. Lo más difícil es ver lo que dice el documento sobre los fieles que se encuentran en condiciones irregulares -ver cómo es posible, si es posible, admitir a estos fieles a los sacramentos, tanto la confesión como la Eucaristía, y por qué motivos-.
Así que me interesaba ver lo que el documento dice y luego explicárselo a otros -sólo para hacer sólo una lectura de los pasos [que esto requiere] para ser un poco más claro que el documento-. El documento es muy rico y conjuga muchas cosas, que es importante mantener aparte para examinar con más análisis, más analíticamente.
¿Revisó el Papa la publicación antes de su publicación?
No, no, no. Le di el libro al Papa después de su publicación. Pero en otras ocasiones he hablado con el Papa sobre estas cuestiones, y siempre pensamos lo mismo; También durante los sínodos. Le regalé al Papa el libro después de su publicación, como regalo.
Como sabe, se ha abierto una gran brecha en las interpretaciones. Tenemos a los obispos alemanes y malteses de acuerdo, por un lado. Por otro lado, están el arzobispo Charles Chaput de Filadelfia y también el obispo Steven Lopes del Ordinariato anglicano, entre otros muchos. ¿Cómo clarifica su libro las cosas frente a estas interpretaciones?
Tenemos que distinguir los casos de forma bien precisa, las uniones ilegítimas no se regularizan, porque el matrimonio es indisoluble. Hay fieles que se encuentran en esta situación. Son conscientes de que esta situación no es buena. Ellos quieren cambiar, pero no pueden hacerlo. Porque si lo hicieran, si dejaran esas uniones, se dañaría a personas inocentes.
Piense en una mujer que convive con un hombre casado. Tiene tres niños pequeños. Ya lleva 10 años con ese hombre. Ahora los niños piensan en ella como una madre. Él, su pareja, está muy ligado a esta mujer como amante, como mujer. Si esta mujer fuera a decir: "Dejo esta unión equivocada porque quiero corregir mi vida, pero si hago esto, haría daño a los niños y a mi pareja", entonces podría decir: "Me gustaría, pero No puedo". Precisamente en estos casos, basados en la propia intención de cambiar y en la imposibilidad de cambiar, puedo dar a esa persona los sacramentos, con la esperanza de que la situación se aclare definitivamente.
Pero en tales casos, en los que usted dice que es mejor que una mujer continúe en su situación pecaminosa, ¿Cómo puede ser eso coherente con San Pablo y el Catecismo? Ambos dicen que nunca es permisible hacer el mal deliberadamente para conseguir un bien mayor. ¿Cómo conciliar ambas cosas?
Digamos, si usted está de acuerdo, que si deja esta situación hará daño a la gente. Y entonces, para evitar ese mal, continúo en esa unión en la que ya me encuentro.
Pero esta unión es una situación de pecado.
Sí, aun así...
¿No es mejor tratar de dejar la situación de pecado completamente?
¿Cómo puedes dejar todo si eso daña a la gente? Es importante que esa persona no quiere estar en esa unión, quiere dejarla, quiere irse, pero no puede hacerlo. Hay que combinar dos cosas: Quiero, pero no puedo. Y no puedo -no por mi propio bien, sino por el bien de otras personas-. No puedo por el bien de otras personas.
Si los dos pueden convivir como hermano y hermana, genial. Pero si no pueden porque hacerlo acabaría con la relación, que debería conservarse por el bien de esas personas, entonces se las arreglan de la mejor manera posible. ¿Lo ve? Eso es. Y parece que todo este complicado asunto tiene una explicación lógica: los motivos. Si otros parten de otros puntos de vista, también pueden llegar a otras conclusiones. Pero yo diría que les faltaría algo de humanidad. No puedo hacer daño a una persona para evitar un pecado en una situación en la que no me he metido; Ya me encuentro en ella, en la que yo, si soy esa mujer, me he metido sin mala intención. Por el contrario, trao de hacer el bien, y en ese momento creía que estaba haciendo el bien, y ciertamente hice el bien. Pero tal vez si, ya desde elprincipio lo hubiera sabido, si supiera con certeza moral que eso es pecado, tal vez no me habría puesto en esa situación. Pero ahora ya me encuentro así: ¿Cómo puedo dar marcha atrás? Una cosa es empezar y otra dejarlo. También son cosas diferentes, ¿no?
¿Cuál es la situación con respecto al primer matrimonio, que sigue siendo válido? ¿También ha pensado en la situación de la otra persona y en la validez de su primer matrimonio, como parece que se ignora en esta discusión?
Fue abandonado por su esposa, ¿no? Uso este ejemplo. Fue abandonado por la esposa, y luego esa [otra] mujer vino en su ayuda.
En cuanto a las parejas que cohabitan, ¿creen que se les debe dar la Comunión en algunos casos?
No, sólo digo lo que se dice en el documento de la exhortación apostólica. Vemos a esta pareja que está cohabitando o sólo civilmente casada, conviviendo, digamos. No es el ideal cristiano. Admitamos que no es lo ideal, lo bueno, no una unión legítima. Pero veamos también que hay algo bueno. Ellos realmente se aman. Todavía no están casados porque no tienen medios suficientes para el futuro. Son personas que hacen el bien en la comunidad en la que se encuentran. Todas esas cosas son positivas.
Tenemos que reconocer eso y tener un diálogo pastoral con esas personas y decir: Reflexionemos juntos sobre ésto. ¿No sería mejor casarse? ¿Cuáles son los obstáculos? ¿Podemos ayudarles como comunidad eclesial? Todo ello para llevarles, paso a paso, a un matrimonio canónico. No podemos decir: "Qué vergüenza: sois pecadores públicos". Comencemos diciendo: "amaos mutuamente. Tenéis razones para no casaros; Al menos sentís que esas razones son importantes para vosotros. También sois buenas pesonas, respetadas por todos". Estas cosas son importantes. Digámoslo. Subrayemos estas cosas. Tratemos el tema, para llegar a la maduración de un matrimonio por la Iglesia.
¿No es mejor decir simplemente que esa situación es pecaminosa, que es mejor estar casado y no seguir viviendo juntos?
Si los dos se aman, quieren casarse. No lo hacen ahora por razones que, para ellos, parecen importantes. ¿Por qué tienes que decirles que se separen? Más bien, deberías decirles: "Vayamos juntos hacia un matrimonio canónico. ¿Será en un año? Bueno. Vamos".
¿Podrían recibir los sacramentos antes de casarse, en su opinión?
No necesariamente tengo que darles la Comunión. Puede haber casos particulares. No es un asunto de permitir la Comunión. Se trata sólo de considerarles benévolamente. Las personas que se encuentran en esas relaciones tienen elementos positivos.
Usted dice que se puede dar la Comunión a pesar de vivir en situaciones que no están de acuerdo con los cánones matrimoniales tradicionales, si expresan el sincero deseo de acercarse a los sacramentos después de un adecuado período de discernimiento. Pero su consejo pontificio explicó en una declaración del año 2000 por qué los Cánones 915 y 916 impiden la admisión de tales parejas a la sagrada Comunión y señala, en lenguaje legal, que no puede cambiarse porque así lo expresó Jesús.
Conozco los cánones de memoria. Los conozco muy bien. Quien está en pecado grave no puede recibir la Eucaristía sin primero confesarse o tener el deseo de confesar si ahora es incapaz de hacerlo.
Pero déjeme leerle parte de eso, porque es importante. Dice: "Toda interpretación del Canon 915 que vaya en contra del contenido sustancial del mismo, como ha declarado ininterrumpidamente el Magisterio y la disciplina de la Iglesia a lo largo de los siglos, es claramente engañosa. No se puede confundir el respeto por la redacción de la ley (Canon 17) con el uso indebido de la misma redacción como instrumento para relativizar los preceptos o vaciarlos de su sustancia".
¿Esta declaración sigue en vigor, y, en caso contrario, por qué no declararla ya no vigente?
Siempre está en vigor. Quien está en grave pecado y dice no tengo intención de cambiar: Esos son los Cánones 915 y 916. Pero si alguien dice: "Quiero cambiar, pero en este momento no puedo, porque si lo hago, mataré a la gente", puedo decirles: "Paren ahí. Cuando podáis os daré la absolución y la Comunión". O también puedo insistir en vuestrasintenciones y deciros que no estáis en pecado porque tenéis la intención seria de cambiar, pero en este momento no podéis hacerlo. Hay que compatibilizar ambas cosas ¿Entiende? Esa persona ya está convertida, ya está separada del mal, pero materialmente no puede hacerlo. Es una cuestión de atender esas situaciones. Puede decirlo apresuradamente, pero si una luz no se enciende, puede entender otras interpretaciones. No se preocupe.
Los canonistas dicen que estas normas, 915 y 916, fueron cambiadas en ciertas interpretaciones de Amoris Laetitia.
No han cambiado. No ha cambiado absolutamente nada. En el libro se lo digo a quienes no pueden recibir la absolución y la Eucaristía. Esos son los cánones. Al que dice: "Estoy en pecado grave, pero no quiero cambiar" [la absolución no es posible]. Cuando alguien viene a confesarte y te dice: "Cometí este pecado. Quiero cambiar, pero sé que no soy capaz de cambiar, pero quiero cambiar, "¿qué haces? ¿Le mandarás lejos? No, le absuelves.
¿Para que puedan recibir los sacramentos?
Los sacramentos son la absolución y la Eucaristía. La persona hace las mismas cosas, pero sinceramente quiere cambiar. ¿Ves que hay una imposibilidad en este caso? Uno no puede cambiar inmediatamente.
¿Tienen que cambiar su estilo de vida antes de recibir la comunión?
No, tienen que cambiar su intención, no su estilo de vida. Si esperas a que alguien cambie su estilo de vida, ya no absolverás a nadie. Es la intención. Quiero cambiar aunque sepa que no puedo. Pero he empezado a caminar. Daré pasitos. Rezaré cinco minutos más para que pueda. Lo importante es dar un paso. Si alguien no hace nada, no puedo absolverles. Si alguien dice: "Sí, quiero hacerlo. Haré lo que pueda, como poco", entonces ya está en el camino de la conversión.
¿La disciplina es coherente con la doctrina, según usted?
Perfectamente. La doctrina dice que quien se convierte puede recibir la absolución de los pecados y la Eucaristía. Absolución del pecado significa la Eucaristía; Los dos van juntos. ¿Quién es verdaderamente penitente? ¿Quién se compromete a hacer todo lo que pueda? Si alguien hace sólo una cosa de un centenar, eso ya es algo importante. Esto es lo que hay que entender.
¿Cómo reconoce a un verdadero penitente?
Tienes que prestar atención a lo que el penitente dice. Si sabes -puedes decir si te está engañando-. Pero alguien que viene a la confesión, ya por el hecho de que viene a confesar, significa que tiene la intención de cambiar. En ese momento, en este mundo, donde la confesión es absolutamente por propia voluntad, si alguien viene a confesar, no tiene sentido que venga y no quiera cambiar -yo vengo pero no quiero cambio. Si vengo a confesar, es porque tengo una intención positiva, aunque sea pequeña, pero seria para cambiar. Tienes que poner toda tu atención en esta intención. Haré todo lo que pueda.
Para los divorciados y vueltos a casar, su estado y recibir la comunión es muy público, una posible fuente de escándalo para los demás. ¿Qué dice a este punto?
Lo digo en el libro, es necesario instruir a los fieles que cuando vean a dos divorciados recasados que van a la Eucaristía, no deben decir que la Iglesia dice ahora que su situación es buena, y que por tanto el matrimonio ya no es indisoluble. Deben decir que esas personas tendrán razones examinadas por las autoridades eclesiales a causa de las cuales no pueden cambiar su situación y con la esperanza de que cambien, la Iglesia ha dado importancia a su deseo, su intención de cambiar con la imposibilidad de hacerlo. Por lo tanto, es uno de esos casos en que es posible que la Iglesia diga acércate a la Eucaristía. ¿Lo ve? Es necesario instruir a los fieles al respecto. No debería haber la posibilidad de, como se dice, de escándalo, de falsos juicios. Es necesario instruir a los fieles. ¿Lo ve? Escribí todo ésto.
En estas situaciones pecaminosas, en ciertos casos pueden recibir los sacramentos, pero ¿no tomará la gente ésto como que la Iglesia aprueba su situación de adulterio?
No si se instruye a los fieles y se les dices que no es así. Alguno puede pensar lo que le dé la gana. Pero si está de acuerdo con lo que dice la Iglesia, que se lo explica, ya no puede pensar de manera diferente. Si eres una persona que no entiende, o ve sólo ciertas cosas y otras no, pues vale.
Con respecto a la indisolubilidad del matrimonio, para usted, ¿sigue igual?
Lo mismo, incluso más aún.
Algunos divorciados recasados continúan viviendo en situaciones pecaminosas si así lo desean, pero algunos han dado sus vidas por la indisolubilidad del matrimonio tal y como Cristo enseñó, como Santo Tomás Moro. ¿Fue en vano su martirio?
Paremos, porque sé que no podré explicárselo bien. Esas personas -entiéndase, las mujeres de las que he hablado en el libro- dicen a todo el mundo que el matrimonio es indisoluble: "Estoy en una mala situación. Pero me gustaría cambiarlo precisamente porque el matrimonio es indisoluble. Pero en este momento no puedo hacerlo".
Si sigues diciendo que el matrimonio no es indisoluble, significa que no nos hemos entendido; Pero esa mujer sigue diciendo que el matrimonio es indisoluble. Pero, ¿cómo puede dejar la relación? Él [su cónyuge casado civilmente] se suicidará. Los niños, ¿quién los cuidará? Estarán sin madre. Por lo tanto, ella tiene que seguir así.
Pero esos casos son muy raros.
Genial si son raros, pero existen. Lo he comprobado personalmente.
Pero si son tan raros, ¿por qué el Papa no escribió una nota a todos los obispos diciendo en esos casos se aplicara la doctrina de la Iglesia de manera diferente?
Lo ha escrito [sobre eso].
Pero no habría habido necesidad de los dos sínodos.
Si le leyera el documento, le mostraría los pasajes precisos. No escribí sobre todo eso; está en el documento. Tengo que irme ya. Más que eso, no puedo decirle. No se inquiete. El matrimonio es indisoluble. Esas personas se encuentran en situaciones irregulares. Quieren cambiar, pero no pueden.
Una última cuestión: en una reciente sesión plenaria del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, usted supuestamente alentó a los miembros a impulsar una comprensión menos rígida del sacerdocio, esencialmente diciéndoles que renuncien a una noción objetiva y metafísica del sacerdocio. Su idea era que, como tenemos una comprensión de los diferentes niveles de comunión con la Iglesia entre los bautizados, debemos tener diferentes grados de plenitud del sacerdocio, a fin de permitir a los protestantes a ejercer [como sacerdotes] sin estar completamente ordenados. ¿Qué dijo usted exactamente y por qué lo dijo?
Estaba diciendo que tenemos que reflexionar sobre las cuestiones. Decimos, todo es válido; nada es válido. Tal vez tenemos que reflexionar sobre este concepto de validez o invalidez. El Concilio Vaticano II dijo que hay una verdadera comunión aunque no sea definitiva ni completa. Verá, crearon un concepto no tan concluyente, ni todo ni nada. Hay una comunión que ya es buena, pero faltan algunos elementos. Pero, si dice que faltan algunas cosas y que por tanto no hay nada, se equivoca. Faltan piezas, pero ya hay comunión, pero no es la comunión plena. Lo mismo puede decirse, o algo similar, de la validez o invalidez de la ordenación. Dije: pensemos en ello. Es una hipótesis. Tal vez hay algo, o tal vez no hay nada -un estudio, una reflexión-.
¿El objetivo es la intercomunión?
No, es sólo una reflexión que uno podría hacer. Las consecuencias no se tienen en cuenta. Es sólo una reflexión.
Edward Pentin, corresponsal del Register en Roma.
[TRADUCCIÓN: CATHOLICVS]