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viernes, 10 de junio de 2016

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo acaba de sentenciar por unanimidad de sus 47 miembros que el "matrimonio homosexual" no es un derecho


El 'matrimonio gay' no es un derecho

Estrasburgo recuerda que el artículo 12 del Convenio consagra “el concepto tradicional del matrimonio como la unión de un hombre y de una mujer” y que no impone a los gobiernos la “obligación de abrir el matrimonio a las personas de mismo sexo”.

El matrimonio de personas del mismo sexo no es un derecho. Ese es el veredicto al que ha llegado por unanimidad el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) con sede en Estrasburgo.

Dicho de otro modo: los países europeos firmantes del Convenio Europeo sobre Derechos Humanos tienen el derecho a decidir esta cuestión como mejor les parezca sin sufrir represalias del tribunal.

El tribunal, que juzgaba el caso de una pareja homosexual a quien el Gobierno francés negó la posibilidad de contraer matrimonio, recordó que el artículo 12 del Convenio consagra “el concepto tradicional del matrimonio como la unión de un hombre y de una mujer” y que no impone a los gobiernos la “obligación de abrir el matrimonio a las personas del mismo sexo”.

En el año 2004 el alcalde de Bègles (Gironda), Noël Mamère, celebró el "matrimonio" simbólico de una pareja homosexual. La unión fue registrada en el registro civil del ayuntamiento, pero posteriormente anulada en 2007 por los tribunales franceses, al ser en aquel momento ilegal la celebración de "matrimonios" entre personas del mismo sexo.

La pareja decidió acudir al TEDH para denunciar que el Gobierno francés había violado los artículos 14, 8 y 12 del Convenio Europeo sobre Derechos Humanos, artículos que prohíben la discriminación y protegen el derecho al respeto a la vida privada y familiar.

Sin embargo, el tribunal europeo ha sentenciado que "los Estados son libres de reservar el matrimonio únicamente a parejas heterosexuales y gozan de un margen de apreciación para decidir acerca de la naturaleza exacta del estatuto otorgado por otros modos de reconocimiento jurídico".

La decisión del TEDH puede resultar absolutamente inevitable a la luz del citado artículo y más que aconsejable en un momento delicado para la instituciones europeas, cuando hay países como Polonia y Hungría que rechazan abiertamente el llamado 'matrimonio gay', en el caso del segundo tipicando en su propia Constitución el matrimonio natural como el único reconocido por el Estado. Sin embargo, y especialmente desde que el Tribunal Supremo de los Estados Unidos proclamase 'constitucional' el matrimonio entre dos hombres o dos mujeres, la tendencia universal ha sido considerarlo una 'conquista social' irreversible.

La reciente sentencia viene a enfriar y templar la propaganda incesante de los grupos LGBT que hacen parecer la aprobación del matrimonio gay como un avance imparable al que solo se resisten, movidos por una profunda homofobia, un puñado de países. La realidad es que solo 17 de los 193 países miembros de la ONU tiene esta institución.

Pero ni siquiera puede alegarse homofobia militante en esos casos, al menos no en su mayoría: 95 de los 176 estados que solo reconocen el matrimonio natural han despenalizado por completo las conductas homosexuales y 88 mantienen protección constitucional sobre los individuos del colectivo LGBT. [Visto en La Gaceta].

El Alto Tribunal de Derechos Humanos reconoce competencia a los Estados para permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo, pero no les impone la obligación de legalizarlo

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), con sede en Estrasburgo, ha fallado, por unanimidad de los 47 jueces que lo integran, que el Convenio Europeo de Derechos Humanos no ampara de forma automática el “derecho” al matrimonio para las parejas homosexuales. La sentencia (puedes verla clicando aquí), hecha pública este jueves por la mañana, se basa principalmente en los artículos 8 (respeto al derecho de la vida privada y familiar) y 12 (derecho al matrimonio y a fundar una familia).

Tras recordar que la regulación del matrimonio está regulada por las leyes de los Estados que han firmado el Convenio -España entre ellos-, los jueces del TEDH recuerdan que el artículo 12 [del Convenio] consagra “el concepto tradicional del matrimonio, a saber, la unión de un hombre y de una mujer” y que no impone a los gobiernos la “obligación de abrir el matrimonio a las personas de mismo sexo”.

En relación con el artículo 8 y alegando también el artículo 14 (principio de no discriminación), la sentencia afirma que “los Estados son libres de reservar el matrimonio únicamente a parejas heterosexuales y gozan de un margen de apreciación para decidir acerca de la naturaleza exacta del estatuto otorgado por otros modos de reconocimiento jurídico”.

El homosexualismo político pretende imponer el ‘matrimonio’ homosexual a todos los países

Dicho de otra forma, el TEDH acepta sin coaccionar, la decisión de cada Estado, sea cual sea: mantener el matrimonio de siempre, legalizar el homosexual u optar por una unión civil. Y por supuesto, reconoce el derecho de cada Estado a cambiar la legalidad vigente.
Se buscaba “forzar” el Convenio

Grégor Puppinck, director de The European Center for Law and Justice, subraya, en relación con esta sentencia, que “si bien sigue siendo oportuno que el Convenio se siga aplicando a las evoluciones sociales, no deja de ser abusivo forzar la ‘evolución’ del contenido del Convenio”.

El caso que ha motivado este fallo es la unión entre dos hombres celebrada en Francia por el líder ecologista Noël Mamère, en su condición de alcalde de Bègles, Lo hizo siguiendo el rito del matrimonio en 2004, nueve años antes de que se legalizara en matrimonio homosexual. [Visto en ForumLibertas].

lunes, 2 de mayo de 2016

S. E. Mons. Athanasius Schneider vuelve a pronunciarse: en esta ocasión, sobre la Exhortación Apostólica "Amoris laetitia", del Papa Francisco (texto completo traducido al español)

Una vez más, S. E. Mons. Athanasius Schneider, obispo titular de Celerina y auxiliar de Santa María de Astaná (Kazajistán), ha vuelto a pronunciarse, como en las dos recientes ocasiones anteriores (ver aquí y aquí), con la claridad que le caracteriza. En esta ocasión, a propósito de la Exhortación Apostólica post-sinodal «Amoris Laetitia», del Papa Francisco, de la que hace una semana hizo pública su reflexión al respecto, que a continuación transcribo en español:

La paradoja de las interpretaciones contradictorias de "Amoris Laetitia"

La exhortación apostólica "Amoris Laetitia" (AL) publicada recientemente, contiene una gran riqueza espiritual y pastoral para la vida en el matrimonio y en la familia cristiana de nuestra época, pero por desgracia en poco tiempo ha provocado interpretaciones contradictorias incluso en el ambiente del episcopado.

Hay obispos y sacerdotes que han declarado pública y abiertamente que AL ha proporcionado una apertura evidente a la comunión para los divorciados vueltos a casar sin preguntarse si viven en una continencia. En este aspecto de la práctica sacramental, que según ellos ha cambiado ahora significativamente, sería de un carácter verdaderamente revolucionario. Interpretando AL en referencia a las uniones irregulares, un presidente de una Conferencia Episcopal ha declarado en un texto publicado en el sitio web de la misma Conferencia: "Se trata de una medida de misericordia, de una apertura del corazón, razón y espíritu para la cual no es necesaria ninguna ley, ni tampoco necesita esperar ninguna directiva o indicación. Se puede y se debe ponerla en práctica inmediatamente".

Tal aviso ha sido confirmado anteriormente en las recientes declaraciones del padre Antonio Spadaro S.J., que después del Sínodo de Obispos de 2015 había escrito que el sínodo había puesto "fundamentos" para el acceso a la comunión de los divorciados vueltos a casar, "abriendo una puerta", todavía cerrada en el sínodo precedente de 2014. Ahora, dice el padre Spadaro en su comentario sobre AL, que su predicción ha sido confirmada. Se dice que el mismo padre Spadaro habría sido parte del grupo de redacción de AL.

El camino para la interpretación abusiva parece haber sido indicado por el cardenal Christoph Schönborn el cual, durante la presentación oficial de AL en Roma, había dicho a propósito de las uniones irregulares: "La gran alegría que me da este documento reside en el hecho que eso supera en un modo coherente la división ideada que distingue entre 'regular' e 'irregular'". Tal afirmación sugería la idea de que no hay ninguna diferencia clara entre un matrimonio válido y sacramental; y una unión irregular, entre pecado venial y mortal.

Por otra parte, hay obispos que han afirmado que AL debe ser leída a la luz del magisterio perenne de la Iglesia y que AL no autoriza la comunión a los divorciados vueltos a casar, ni en casos excepcionales. En principio, tal afirmación es correcta y deseable. De hecho, todo texto del magisterio debe ser en regla general coherente en su contenido con el magisterio precedente, sin ninguna ruptura.

No es ningún secreto que en diversos lugares las personas divorciadas y vueltas a casar son admitidas a la santa comunión, sin que vivan en continencia. Algunas afirmaciones de AL pueden ser realmente usadas para legitimar un abuso ya practicado desde hace cierto tiempo en varios lugares de la vida de la Iglesia.

Algunas afirmaciones de AL son objeto de interpretaciones equívocas

El santo padre Francisco nos ha invitado a todos a ofrecer nuestra propia contribución con la reflexión y con el diálogo sobre las delicadas cuestiones concernientes al matrimonio y la familia: "La reflexión de los pastores y teólogos, si es fiel a la Iglesia, honesta, realista y creativa, nos ayudará a encontrar mayor claridad" (AL, 2).

Analizando con honesta intelectualidad algunas afirmaciones de AL, vistas en su contexto, consta de una dificultad para interpretarla según la doctrina tradicional de la Iglesia. Este hecho se explica por la ausencia de afirmaciones concretas y explícitas de la doctrina y de la práctica constante de la Iglesia, basada en la Palabra de Dios y reiterada por el papa Juan Pablo II que dice: "La Iglesia, no obstante, fundándose en la Sagrada Escritura reafirma su praxis de no admitir a la comunión eucarística a los divorciados que se casan otra vez. Son ellos los que no pueden ser admitidos, dado que su estado y situación de vida contradicen objetivamente la unión de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucaristía. Hay además otro motivo pastoral: si se admitieran estas personas a la Eucaristía, los fieles serían inducidos a error y confusión acerca de la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio. La reconciliación en el sacramento de la penitencia —que les abriría el camino al sacramento eucarístico— puede darse únicamente a los que, arrepentidos de haber violado el signo de la Alianza y de la fidelidad a Cristo, están sinceramente dispuestos a una forma de vida que no contradiga la indisolubilidad del matrimonio. Esto lleva consigo concretamente que cuando el hombre y la mujer, por motivos serios, —como, por ejemplo, la educación de los hijos— no pueden cumplir la obligación de la separación, «asumen el compromiso de vivir en plena continencia, o sea, de abstenerse de los actos propios de los esposos»" (Familiaris Consortio, 84).

El papa Francisco no ha establecido "una nueva normativa general de tipo canónico, aplicable a todos los casos" (AL, no 300). Pero en la nota 336, declara: "Tampoco en lo referente a la disciplina sacramental, puesto que el discernimiento puede reconocer que en una situación particular no hay culpa grave". Refiriéndose evidentemente a los divorciados vueltos a casar el Papa afirma en AL, en el número 305: "A causa de los condicionamientos o factores atenuantes, es posible que, en medio de una situación objetiva de pecado —que no sea subjetivamente culpable o que no lo sea de modo pleno— se pueda vivir en gracia de Dios, se pueda amar, y también se pueda crecer en la vida de la gracia y la caridad, recibiendo para ello la ayuda de la Iglesia". En la nota 351 el Papa aclara la propia afirmación diciendo que: "En ciertos casos, podría ser también la ayuda de los sacramentos".

En el mismo capítulo VIII de AL, en el punto 298, el Papa habla de "los divorciados en nueva unión [...] con nuevos hijos, con probada fidelidad, entrega generosa, compromiso cristiano, conocimiento de la irregularidad de su situación y gran dificultad para volver atrás sin sentir en conciencia que se cae en nuevas culpas. La Iglesia reconoce situaciones en las que «cuando el hombre y la mujer, por motivos serios, —como, por ejemplo, la educación de los hijos— no pueden cumplir la obligación de la separación»". En la nota 329 el Papa cita el documento Gaudium et Spes en un modo, por desgracia, que no es el correcto; porque el Concilio en este caso se refería al matrimonio cristiano válido. La aplicación de esta afirmación, puede causar a los divorciados la impresión de que el matrimonio válido venga asimilado, no en teoría, pero sí en la práctica, a una unión de divorciados.

La admisión de los divorciados vueltos a casar a la santa comunión y sus consecuencias

AL está, sobre todo, falta de citaciones verbales de los principios de la doctrina moral de la Iglesia en la forma en la cual son enunciados el número 84 de la exhortación apostólica Familiaris Consortio y en la encíclica Veritatis Splendor del papa Juan Pablo II, en particular sobre los siguientes temas de una gran importancia: "La opción fundamental" (Veritatis Splendor nos 67-68), "pecado mortal y pecado venial" (ibid., no 69-70), "proporcionalismo, consecuencialismo" (ibid., no 75), "el matrimonio y las normas morales universales e inmutables" (ibid., nos 91ss). Una referencia verbal de Familiaris Consortio no 84 y determinadas reivindicaciones sobresalientes de Veritatis Splendor hacen a AL inatacable de parte de interpretaciones heterodoxas. Pero las alusiones genéricas sobre los principios morales y la doctrina de la Iglesia son ciertamente insuficientes en una materia controversial que es de delicada y de capital importancia.

Algunos representantes del clero y también del episcopado han afirmado ya que según el espíritu del capítulo VIII de AL no se excluye, que en algunos casos excepcionales los divorciados vueltos a casar puedan ser admitidos a la santa comunión sin que estén obligados a vivir en una perfecta continencia.

Admitiendo una parecida interpretación de la carta y del espíritu de AL, se debería aceptar, con honestidad intelectual y en base al principio de no-contradicción, la siguiente conclusión lógica:

El sexto mandamiento divino que prohíbe todo acto sexual fuera del matrimonio válido, ya no sería universalmente válido si se permitieran excepciones. En nuestro caso: los divorciados podrían practicar el acto sexual y también se les anima a perseverar en la "fidelidad" mutua, cfr. AL. 298. Podría por lo tanto darse una "fidelidad", en un estilo de vida directamente contrario a la voluntad expresa de Dios. Fomentar y legitimar actos que son en sí contrarios a la voluntad de Dios, contradicen la revelación divina.

La palabra divina de Cristo: "Que el hombre no separe los que Dios ha unido" (Mt 19, 6) no sería válida siempre y para todos los cónyuges sin excepción.

Sería posible en un caso particular recibir el sacramento de la penitencia y la santa comunión con la intención de continuar violando directamente los mandamientos divinos: "No cometerás adulterio" (Éxodo 20, 14) y "Que el hombre no separe lo que Dios ha unido" (Mt 19,6; Gen 2, 24).

La observancia de este mandamiento y de la Palabra de Dios se haría en estos casos solo en teoría y no en la práctica, induciendo así a que los divorciados vueltos a casar "se engañasen a sí mismos" (Santiago 1, 22). Se podría tener perfectamente la fe en el carácter divino del sexto mandamiento y de la indisolubilidad del matrimonio pero sin las acciones correspondientes.

La palabra divina de Cristo: "El que se separa de su esposa y se casa con otra mujer, comete adulterio contra su esposa; y si la esposa abandona a su marido para casarse con otro hombre, también ésta comete adulterio" (Mc 10, 12) no tendría más validez universal pero admitiría excepciones.

La violación permanente, consciente y libre del sexto mandamiento de Dios y de la sacralidad e indisolubilidad del propio matrimonio válido (en el caso de los divorciados vueltos a casar) no sería más un pecado grave, pero sí que sería una oposición directa a la voluntad de Dios.

Puede haber casos de violación grave, permanente, consciente y libre de los otros mandamientos de Dios (por ejemplo en el caso de un estilo de vida de corrupción financiera), en los cuales podría ser concedido a una determinada persona, a causa de una circunstancia atenuante, el acceso a los sacramentos sin exigir una sincera resolución de evitar, en adelante, los actos de pecado o de escándalo.

La perenne e inefable enseñanza de la Iglesia no sería más universalmente válida, especialmente la enseñanza confirmada por el papa Juan Pablo II en Familiaris Consortio, nº 84, y el papa Benedicto XVI en Sacramentum Caritatis, nº 29, según el cual la condición de los divorciados para recibir los sacramentos sería la continencia perfecta.

La observancia del sexto mandamiento de Dios y de la indisolubilidad del matrimonio sería un ideal no realizable por parte de todos, sino que solo lo sería por una élite.

Las palabras intransigentes de Cristo que advierten a los hombres a guardar los mandamientos de Dios siempre y en toda circunstancia, incluso aceptando el sufrimiento considerable para este propósito, o aceptando la cruz, no sería más válida en su verdad: "si tu mano derecha te lleva al pecado, córtala y aléjala de ti; porque es mejor que pierdas una parte de tu cuerpo y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno" (Mt 5, 30).

Admitir las parejas en "unión irregular" a la santa comunión, permitiéndoles practicar los actos reservados a los cónyuges del matrimonio válido, equivaldría a la usurpación de un poder, pero que no es competente a ninguna autoridad humana, porque se trataría de una reclamación para corregir la misma palabra de Dios.

Peligros de la colaboración de la Iglesia en la difusión de la "plaga del divorcio"

Profesando la doctrina de siempre de Nuestro Señor Jesucristo, la Iglesia nos enseña: "Fiel al Señor, la Iglesia no puede reconocer como matrimonio la unión de divorciados vueltos a casar civilmente. «Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquella; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio» (Mc 10, 11-12). Hacia ellos la Iglesia muestra una atenta solicitud, invitándoles a una vida de fe, a la oración, a las obras de caridad y a la educación cristiana de los hijos; pero no pueden recibir la absolución sacramental, acercarse a la comunión eucarística ni ejercer ciertas responsabilidades eclesiales, mientras dure tal situación, que contrasta objetivamente con la ley de Dios" (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, nº 349).

Vivir en unión matrimonial no válida contradiciendo el mandamiento de Dios y la sacralidad e indisolubilidad del matrimonio, no significa vivir en la verdad. Declarar que la práctica deliberada, libre y habitual de los actos sexuales en una unión matrimonial no válida en algunos casos concretos no sería un pecado grave, no es la verdad, es una mentira grave, y por lo tanto nunca traerá la verdadera alegría del amor. Permitir, por lo tanto, a estas personas recibir la santa comunión significa simulación, hipocresía y mentira. Sigue siendo válida, de hecho, la Palabra de Dios en la Sagrada Escritura: "Quien dice 'yo lo he conocido', y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en él" (1 Jn, 2, 4).

El Magisterio de la Iglesia nos enseña la validez universal de los diez mandamientos de Dios: "Los diez mandamientos, por expresar los deberes fundamentales del hombre hacia Dios y hacia su prójimo, revelan en su contenido primordial obligaciones graves. Son básicamente inmutables y su obligación vale siempre y en todas partes. Nadie podría dispensar de ellos. Los diez mandamientos están grabados por Dios en el corazón del ser humano" (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2072). Los que han afirmado que los mandamientos de Dios y en particular el mandamiento "No cometerás adulterio" podrían tener excepciones, y en algunos casos la inhabilitación de la culpa del divorcio, son los fariseos y los cristianos agnósticos del segundo y tercer siglo.

Las siguientes afirmaciones del magisterio son todavía válidas porque son parte del magisterio infalible en la forma del magisterio universal y ordinario: "los preceptos negativos de la ley natural son universalmente válidos: obligan a todos y cada uno, siempre y en toda circunstancia. En efecto, se trata de prohibiciones que vetan una determinada acción «semper et pro semper», sin excepciones [...] se dan comportamientos que nunca y en ninguna situación pueden ser una respuesta adecuada [...] La Iglesia ha enseñado siempre que nunca se deben escoger comportamientos prohibidos por los mandamientos morales, expresados de manera negativa en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Como se ha visto, Jesús mismo afirma la inderogabilidad de estas prohibiciones: «Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos...: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás testimonio falso» (Mt 19, 17-18)" (Juan Pablo II, Encíclica Veritatis Splendor, 52).

El magisterio de la Iglesia nos enseña todavía más claramente: La conciencia buena y pura es iluminada por la fe verdadera. Porque la caridad procede al mismo tiempo "de un corazón limpio, de una conciencia recta y de una fe sincera" (1 Tm 1, 5): [3, 9; 2 Tm 1, 3; 1 P 3, 21; Hch 24, 16] (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1794).

En el caso de que un persona cometa actos morales objetivamente graves de plena consciencia, sana de mente, con libre decisión, con el objetivo de repetir estos actos en un futuro, es imposible aplicar el principio de la no-imputabilidad a esta pareja de divorciados vueltos a casar ya que representaría una hipocresía y un sofisma gnóstico. Si la Iglesia admite estas personas, aunque solo en un caso, a la santa comunión, esa contradeciría a los que profesan la doctrina, ofreciendo esas mismas parejas un testimonio contrario públicamente contra la indisolubilidad del matrimonio, contribuyendo así al crecimiento de la "plaga del divorcio" (Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, 47).

Al fin de evitar una tan intolerante y escandalosa contradicción, la Iglesia, interpretando infaliblemente la verdad divina de la ley moral y de la indisolubilidad del matrimonio, ha observado inmutablemente por dos mil años la práctica de admitir a la santa comunión solo a aquellos divorciados que viven en perfecta continencia y "remoto escándalo", sin alguna excepción o privilegio particular.

La primera tarea pastoral que el Señor confirió a su Iglesia fue la enseñanza de la doctrina (ver Mt, 28, 20). La observancia de los mandamientos de Dios está intrínsecamente asociada a la doctrina. Por esta razón la Iglesia siempre ha rechazado la contradicciones entre la doctrina y la vida, calificando una parecida contradicción como gnóstica o como la teoría luterana herética del "simul iustus et peccator". Tras la fe y la vida de la Iglesia no debe existir ninguna contradicción.

Cuando se trata de la observancia del mandamiento expreso de Dios y de la indisolubilidad del matrimonio, no se puede hablar de interpretaciones teológicas opuestas. Si Dios ha dicho: "No cometerás adulterio", ninguna autoridad humana puede decir: "En este caso excepcional o por un fin bueno puedes cometer adulterio".

La siguiente afirmación del papa Francisco es muy importante, donde el Sumo Pontífice habla a propósito de la integración de los divorciados vueltos a casar en la vida de la Iglesia: "Este discernimiento no podrá jamás prescindir de las exigencias de verdad y de caridad del Evangelio propuesto por la Iglesia … Deben garantizarse las condiciones necesarias de humildad, reserva, amor a la Iglesia y a su enseñanza... se evita el riesgo de que un determinado discernimiento lleve a pensar que la Iglesia sostiene una doble moral" (AL, 300). Esta afirmación loable de AL permanece todavía sin ninguna especificación concreta respecto a la cuestión de la obligación de los divorciados vueltos a casar de separarse o al menos de vivir en perfecta continencia.

Cuando se trata de la vida o de la muerte del cuerpo, ningún médico dejaría el caso en la ambigüedad. El médico no puede decirle al paciente: "Debo decidir entre la aplicación de la medicina según la conciencia o respetando las leyes de la medicina". Un comportamiento parecido de parte de un médico es sin duda considerado irresponsable. Y todavía la vida del alma inmortal es más importante, porque de la salud del alma depende su destino para toda la eternidad.

La verdad libertadora de la penitencia y del misterio de la Cruz

Afirmar que los divorciados vueltos a casar no son pecadores públicos significa simular falsamente. Además, ser pecadores es la verdadera condición de todos los miembros de la Iglesia militante en la tierra. Si los divorciados vueltos a casar dicen que sus actos voluntarios y deliberados contra el sexto mandamiento de Dios no son en absoluto pecado o pecado grave, son unos mentirosos y la verdad no está en ellos, como dice san Juan: "Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros". Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos y purificarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos pasar por mentiroso, y su palabra no está en nosotros.

La aceptación de parte de los divorciados vueltos a casar de la verdad que son pecadores e incluso pecadores públicos no resta valor a su esperanza cristiana. Solamente la aceptación de la realidad y de la verdad los hace capaces de interprender el camino de una fructuosa penitencia según la palabra de Jesucristo.

Sería muy saludable para restaurar el espíritu de los primero cristianos y del tiempo de los Padres de la Iglesia, cuanto existía una viva solidaridad de los fieles con los pecadores públicos, y todavía una solidaridad según la verdad. Una solidaridad que no tenía nada de discriminatorio; al contrario, era la participación de toda la Iglesia en el camino penitencial de los pecadores públicos por medio de la oración de intercesión, de las lágrimas, de los actos de expiación y de caridad en su favor.

La exhortación apostólica Familiaris Consortio enseña: "los fieles para que ayuden a los divorciados, procurando con solícita caridad que no se consideren separados de la Iglesia, pudiendo y aun debiendo, en cuanto bautizados, participar en su vida. Se les exhorte a escuchar la Palabra de Dios, a frecuentar el sacrificio de la misa, a perseverar en la oración, a incrementar las obras de caridad y las iniciativas de la comunidad en favor de la justicia, a educar a los hijos en la fe cristiana, a cultivar el espíritu y las obras de penitencia para implorar de este modo, día a día, la gracia de Dios. La Iglesia rece por ellos, los anime, se presente como madre misericordiosa y así los sostenga en la fe y en la esperanza" (nº 84).

Durante el primer siglo, los pecadores públicos eran integrantes de la comunidad orante de los fieles y tenían que implorar de rodillas y con los brazos alzados la intercesión de sus hermanos. Tertuliano nos da un testimonio conmovedor: "Un cuerpo no puede alegrarse mientras que uno de sus miembros sufre. Es necesario que todo entero llore y trabaje para su curación. Cuando tiendes la mano a las rodillas de tus hermanos, es Cristo al que tocas, es Cristo al que imploras. Igualmente, cuando viertan lágrimas por ti, es Cristo quien compadece" (De paenitentia, 10, 5-6). Del mismo modo habla san Ambrosio de Milán: "La Iglesia entera ha tomado sobre sí la carga del pecador público, sufriendo con él por medio de las lágrimas, oraciones y dolores" (De paenitentia, 1, 81).

Es verdad que las formas de la disciplina penitencial de la Iglesia han cambiado, pero el espíritu de esta disciplina debe estar en la Iglesia de todos los tiempos. Hoy, algunos sacerdotes y obispos, basándose en algunas afirmaciones de AL, comienzan a hacer entender a los divorciados vueltos a casar que su condición no equivale al estado objetivo de pecador público. Así les tranquilizan declarándoles que sus actos sexuales no son constituidos pecado grave. Una parecida actitud no corresponde a la verdad. Les privan a los divorciados vueltos a casar de la posibilidad de una conversión radical a la obediencia de la voluntad de Dios, dejando a esas almas en el engaño. Una tal actitud pastoral es muy difícil, y no cuesta nada. No cuesta lágrimas, oraciones y obras de intercesión y de expiación fraterna a favor de los divorciados vueltos a casar.

Al admitir, aunque solo en caso excepcionales, a los divorciados vueltos a casar a la santa comunión sin preguntarles acerca de cesar de practicar los actos contrarios al sexto mandamiento de Dios, declarando además presuntuosamente que sus actos no son pecado, se elige el camino fácil, se evita el escándalo de la cruz. Una parecida pastoral de divorciados vueltos a casar es una pastoral enferma y engañosa. A todos aquellos que propagando un parecido camino fácil a los divorciados vueltos a casar Jesús les dirige todavía hoy estas palabras: "¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres" ahora dice Jesús a sus discípulos: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga" (Mt 16, 23-25).

Acerca de la pastoral de divorciados vueltos casar, hoy se olvida reavivar el espíritu de seguir a Cristo en la verdad de la cruz y de la penitencia, que lleva a una alegría permanente, evitando las alegrías efímeras que pueden conducir a errores. La siguiente palabra del papa san Gregorio Magno es actual y luminosa: "No podemos habituarnos demasiado a nuestro exilio terrestre, la comodidad de esta vida no puede hacernos olvidar nuestra verdadera patria para que el espíritu no se quede dormido en medio de la comodidad. Por este motivo, Dios une a sus dones regalos y castigos, para que todo lo que nos encanta en este mundo, se convierta en amargo y se encienda en el alma aquel fuego que nos lleva siempre al deseo de las cosas celestiales y nos hace progresar. Ese fuego nos duele agradablemente, nos crucifica suavemente y nos entristece alegremente" (En Hez, 2, 4, 3).

Es el espíritu de la auténtica disciplina penitencial de la Iglesia del primer siglo y que perdura en la Iglesia de todos los tiempos hasta hoy. Tenemos el ejemplo conmovedor de la beata Laura del Carmen Vicuña, nacida en Chile en 1981. Sor Azocar, que había curado a Laura, contó: "Me acuerdo que cuando había explicado por primera vez el sacramento del matrimonio, Laura se me acercó, diciendo que si había entendido bien mis palabras, su madre estaba en pecado mortal mientras que estaba con aquel señor. En aquella época, en Junín, una sola familia vivía de acuerdo a la voluntad de Dios". Ahora, Laura multiplicaba las oraciones y las penitencias por su madre. El 2 de junio de 1901 hizo su primera comunión, con gran fervor; escribió estas siguientes notas: "1.- Quiero, o Jesús mío, amarte y servirte para toda la vida; por esto te ofrezco toda mi alma, mi corazón, y todo mi ser entero. 2.- Prefiero morir con sufrimiento, que ofenderte con el pecado; por eso quiero alejarme de todo lo que me puede alejar de ti. 3.- Prometo hacer todo lo posible para que Tú seas siempre más conocido y amado, y al fin reparar las ofensas que todos los días te infligen los hombres que no te aman, especialmente de aquellas personas que están más cerca de mí. -¡Oh Dios mío, concédeme una vida de amor, de mortificación y de sacrificio!" Pero su gran alegría fue eclipsada al ver que su madre, presente en la ceremonia, no recibió la comunión. En el 1902, Laura ofrece su vida por su propia madre que vive con un hombre en unión irregular en Argentina. Laura multiplica las oraciones y las privaciones para obtener la conversión de su madre. Porque horas antes de morir la llama a donde ella. Sabiendo que era el momento supremo, exclama: "Madre, estoy por morir. Se lo he pedido yo a Jesús, y yo he ofrecido mi vida para la gracia de tu retorno. Madre, ¿tendré la alegría ver tu arrepentimiento antes de morir?" Trastornada, su madre le promete: "Mañana a la mañana iré a la iglesia y me confesaré". Laura pide al sacerdote que se acerque y le dice: "Padre, mi madre en este momento promete abandonar aquel hombre; ¡eres testigo de esta promesa!" Y el añade: "¡Reza muy contenta!". Con estas palabras expiró, el 22 de enero de 1904, en Junín de los Andes (Argentina), con 13 años, en los brazos de su madre que volvió a la fe poniendo fin a la unión irregular en la cual vivía.

El ejemplo admirable de la vida de la joven beata Laura es una demostración de cuánto un verdadero católico debe considerar seriamente el sexto mandamiento de Dios y la sacralidad e indisolubilidad del matrimonio. Nuestro Señor Jesucristo nos recomienda evitar incluso la apariencia de una aprobación de una unión irregular o de adulterio. Este mandamiento divino la Iglesia lo ha conservado fielmente y transmitido sin ambigüedad en la doctrina y en la práctica. Ofreciendo su joven vida la beata Laura no interpretó una de las diversas interpretaciones doctrinales o pastorales, sino una verdad divina inmutable y universalmente válida. Una verdad demostrada con la oferta de la vida por parte de un gran número de santos, de san Juan Bautista hasta los simples fieles de nuestros días, cuyos nombres solo Dios conoce.

Necesidad de una "veritatis laetitia"

AL contiene seguro y por fortuna afirmaciones teológicas e indicaciones espirituales y pastorales de gran valor. Todavía, es realmente insuficiente afirmar que AL debería ser interpretada según la doctrina y la práctica tradicional de la Iglesia. Cuando en un documento eclesiástico, que en nuestro caso es desprovisto de carácter definitivo e inefable, encontramos elementos de interpretación y aplicación que podrían tener consecuencias espirituales peligrosas, todos los miembros de la Iglesia, en primer lugar los obispos, que son los colaboradores fraternos del Soberano Pontífice en la colegialidad efectiva, tienen el deber de señalar respetuosamente este hecho y de darles una interpretación auténtica.

Cuando se trata de la fe divina, los mandamientos divinos y de la sacralidad e indisolubilidad del matrimonio, todos los miembros de la Iglesia, desde los simples fieles hasta los más altos representantes del magisterio deben hacer un esfuerzo común para conservar intacto el tesoro de la fe y su aplicación práctica. El Concilio Vaticano II de hecho ha enseñado: "La sagrada tradición, pues, y la Sagrada Escritura constituyen un solo depósito sagrado de la palabra de Dios, confiado a la Iglesia; fiel a este depósito todo el pueblo santo, unido con sus pastores en la doctrina de los Apóstoles y en la comunión, persevera constantemente en la fracción del pan y en la oración (cf. Act., 8,42), de suerte que prelados y fieles colaboran estrechamente en la conservación, en el ejercicio y en la profesión de la fe recibida. Pero el oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios escrita o transmitida ha sido confiado únicamente al magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en el nombre de Jesucristo. Este magisterio, evidentemente, no está sobre la palabra de Dios, sino que la sirve, enseñando solamente lo que le ha sido confiado, por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo la oye con piedad, la guarda con exactitud y la expone con fidelidad, y de este único depósito de la fe saca todo lo que propone como verdad revelada por Dios que se ha de creer. Es evidente, por tanto, que la sagrada tradición, la Sagrada Escritura y el magisterio de la Iglesia, según el designio sapientísimo de Dios, están entrelazados y unidos de tal forma que no tienen consistencia el uno sin el otro, y que, juntos, cada uno a su modo, bajo la acción del Espíritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvación de las almas" (Concilio Vaticano II, Dei Verbum, 10).

Fue el propio Concilio Vaticano II el que fomentó a todos los fieles y sobre todo a los obispos a manifestar sin temor algunos sus preocupaciones y observancias en vista del bien de toda la Iglesia. El famoso obispos y teólogo del Concilio de Trento, Melchor Cano, O.P., pronunció esta memorable frase: "Pedro no se ha olvidado de nuestras mentiras y adulaciones. Aquellos que defienden ciegamente e indiscriminadamente todas las decisiones del Sumo Pontífice, son los que mayormente comprometen la autoridad de la Santa Sede. Se deberían destruir los cimientos en vez de consolidarlos".

Nuestro Señor nos ha enseñado sin ambigüedad explicando en qué consiste el verdadero amor y la verdadera alegría del amor: "El que guarda mis mandamientos después de recibirlos, ése es el que me ama" (Jn 14, 21). Dando a los hombres el sexto mandamiento y la observancia de la indisolubilidad del matrimonio, Dios se lo ha dado a todos sin excepción alguna y no solo a una élite. Ya en el Antiguo Testamento Dios declaró: "Este mandamiento que yo te doy no es superior a tus fuerzas ni está fuera de tu alcance" (Deuteronomio 30, 11) y "Si tú quieres, puedes observar los mandamientos; está en tus manos el ser fiel" (Sirácide 15, 15). Y Jesús dice a todos: "
«¿qué es lo bueno que debo hacer para conseguir la vida eterna?» 17 Jesús contestó: «¿Por qué me preguntas sobre lo que es bueno? Uno solo es el Bueno. Pero si quieres entrar en la vida, cumple los mandamientos». 18 El joven dijo: «¿Cuáles?» Jesús respondió: No matar, no cometer adulterio, no hurtar, no levantar falso testimonio"... (Mt 19, 17-18). La enseñanza de los apóstoles nos ha transmitido la misma doctrina: "Amar a Dios es guardar sus mandatos, y sus mandatos no son una carga" (1 Jn 5, 3).

No hay una vida real, sobrenatural y eterna, sin observancia de los mandamientos de Dios: "Observa sus preceptos y sus mandamientos. He puesto delante de ti la vida y la muerte. ¡Elige la vida!" (Deuteronomio 30, 16-19). Ninguna vida es verdaderamente una vida y una verdadera alegría del amor sin la verdad. "El amor consiste en vivir según sus mandamientos" (2 Jn 6). La alegría del amor consiste en la alegría de la verdad. La vida auténticamente cristiana consiste en la vida y en la alegría de la verdad: "Nada me causa mayor alegría que el saber que mis hijos viven en la verdad" (3 Jn 4).

San Agustín nos explica la intima relación entre la alegría y la verdad: "Si les pregunto a todos si quieren más gozar de esta alegría que proviene de la verdad, que de otra que provenga de la mentira, responderían todos qué más quieren que la alegría que nace de la verdad, y que desean ser felices y bienaventurados, porque la vida bienaventurada es alegría y gozo que nace de la verdad, que es lo mismo que decir, alegría que nace de Vos, que sois la verdad suma, mi luz, mi Dios, vida y salud de mi alma. Todos, pues, quieren esta vida bienaventurada; esta vida, digo, que únicamente es la bienaventurada, todos la quieren: todos, vuelvo a decir, quieren y desean el gozo y alegría de la verdad, pues aunque he tratado a muchos que quisieran engañar a otros, a ninguno he visto que deseara ser engañado" (Confesiones, X, 23).

El tiempo de confusión general por cuanto aguarda la indisolubilidad del matrimonio

Desde hace tiempo, en la vida de la Iglesia, se constata de algunos lugares, un gran abuso en la admisión de los divorciados vueltos a casar a la santa comunión, sin pedirles que vivan en una perfecta continencia. Las afirmaciones poco claras del capítulo VIII de AL han dado un nuevo dinamismo a los propagadores declaradores de la admisión, de los divorciados vueltos a casar a la santa comunión.

Podemos ahora constatar que el abuso ha empezado a difundirse mayoritariamente en la práctica sentenciosa en cualquier modo legítimo. También existe la confusión por cuanto resguarda las interpretaciones reportadas de las afirmaciones importantes en el capítulo VIII de AL. La confusión alcanza su ápice porque todos, sean los que están a favor de la admisión de los divorciados vueltos a casar a la comunión, sean sus opositores, sostienen que: "La doctrina de la Iglesia en esta materia no ha sido modificada".

Teniendo debida cuenta de las diferencias históricas y doctrinales, nuestra situación muestra algunas similitudes y analogías con la situación de confusión general de la crisis arriana del siglo IV. En aquella época, la fe apostólica tradicional en la verdadera divinidad del Hijo de Dios fue garantizada mediante términos "consustanciales" ("homoousios"), dogmáticamente proclamada por el magisterio universal del concilio de Nicea I. La profunda crisis de la fe, con una confusión casi universal, fue causada principalmente por refutar o evitar utilizar y profesar la palabra "consustancial" ("homoousios"). En vez de utilizar esta expresión, se decide entre el clero y sobre todo entre el episcopado utilizar una fórmula alternativa que era más ambigua e imprecisa como por ejemplo "igual en la sustancia" ("homoiousios") o simplemente "igual" ("homoios"). La fórmula ”homoousios” del magisterio universal de aquel tiempo experimentaba la divinidad plena y verdadera del VERBO en modo tan claro que no dejaba lugar a interpretaciones equívocas.

En los años 357-360 casi el episcopado se convirtió en arriano o semi-arriano a causa del siguiente acontecimiento: en el año 357 el papa Liberio formó una de las fórmulas ambiguas de Sirmo, en la cual había sido eliminado el término "homoousios". También, el Papa excomulgó, de manera escandalosa, a san Atanasio. San Hilario de Poitiers fue el único obispo que lanzó improperios graves al papa Liberio por tales actos de ambigüedad. En el año 359 los sínodos paralelos del episcopado occidental en Rímini y del oriental en Seuleukia habían aceptado las expresiones completamente arrianas, peores todavía que la ambigua fórmula firmada por el papa Liberio. Describiendo la situación de confusión de la época, san Jerónimo se expresó así: "el mundo se quejó y se dio cuenta con asombro que era arriano" ("Ingemuit totus orbis, et arianum se esse miratus est": Adv. Lucif., 19).

Se puede afirmar que nuestra época está caracterizada por una gran confusión respecto a la disciplina sacramental para los divorciados vueltos a casar. Existe un tiempo real en el que esta confusión se expande a vasta escala, si evitamos proponer y proclamar la fórmula del magisterio universal e inefable: "La reconciliación en el sacramento de la penitencia
que abre el camino al sacramento eucarístico– puede ser concedido solo a aquellos que [...] asumen el empeño de vivir en plena continencia, los que se abstienen de los actos propios de los cónyuges" (Juan Pablo II, Familiaris Consortio, 84). Esta fórmula está incompresiblemente ausente en AL. AL contiene, en cambio, una manera inexplicable, en la segunda declaración: ”Es en estas situaciones (de los divorciados vueltos a casar), muchos, conociendo y aceptando la posibilidad de convivir "como hermano y hermana" que la Iglesia les ofrece, señalando que, faltan algunas expresiones de intimidad, "no es raro que la fidelidad se ponga en peligro y pueda venir un compromiso para el bien de los hijos" (AL, 298, n os 329). Tal afirmación deja pensar en una contradicción con la enseñanza perenne del magisterio de la Iglesia, como ha sido formulado en el texto citado de la Familiaris Consortio, 84.

Es urgente que la Santa Sede confirme y proclame nuevamente, eventualmente bajo la forma de la interpretación autentica de AL, la citada fórmula de la Familiaris Consortio, 84. Esta fórmula podría ser considerada, bajo ciertos aspectos, como el "homoousios" de nuestros días. La falta de confirmar de manera oficial y explicita de la fórmula de Familiaris Consortio 84 por parte de la Sede Apostólica podría contribuir a una confusión siempre mayor en la doctrinal. En este modo se crearía una tal situación a la cual se podría en un futuro aplicar la segunda constatación: "Todo el mundo se quejó y se da cuenta con asombro haber aceptado el divorcio en la praxis" ("Ingemuit totus orbis, et divortium in praxi se accepisse miratus est").

Una confusión en la disciplina sacramental en contra de los divorciados vueltos a casar, con la consiguiente implicación doctrinal, contradeciría la naturaleza de la Iglesia católica, así como había sido descrita por san Ireneo en el siglo II: "La Iglesia, habiendo recibido esta predicación y esta fe, aunque la dispersa por el mundo entero, la conserva con cuidado como habitando una sola casa; y del mismo modo cree en esta verdad, como si hubiera una sola alma y un solo corazón; y lo proclama, enseña y transmite, con voz unánime, como si hubiera una sola boca" (Adversus haereses, I, 10, 2).

La Sede de Pedro, es decir, el Soberano Pontífice, es el que garantiza la unidad de la fe y de la disciplina sacramental apostólica. Considerando la confusión que ha sido creada entre los sacerdotes y los obispos en la práctica sacramental por cuanto aguarda a los divorciados vueltos a casar y la interpretación de AL, se puede considerar legítima una llamada a nuestro querido papa Francisco, el vicario de Cristo, y "el dulce Cristo en la Tierra" (Santa Catalina de Siena), para que ordene la publicación de una interpretación autentica de AL, que debería necesariamente contener una declaración explícita del principio disciplinario del magisterio universal e infalible en cuanto a la admisión a los sacramentos de los divorciados vueltos a casar, como es formulado en el número 84 de la Familiaris Consortio.

En la gran confusión arriana del siglo IV, san Basilio el Grande hizo un llamamiento urgente al Papa de Roma para que indicara con sus palabras una clara dirección para obtener finalmente la unidad de pensamiento en la fe y en la caridad (cf. Ep. 70).

Una interpretación autentica de AL de parte de la Santa Sede llevaría una alegría en la claridad ("claritatis laetitia") para toda la Iglesia. Tal claridad garantizaría un amor en la alegría ("amoris laetitia"), un amor y una alegría que no serían según la mente de los hombres, sino según la mente de Dios (cf. Mt 16, 23). Y es esto lo que es contrario a la alegría, la vida y la salvación eterna de los divorciados vueltos a casar y de todos los hombres.

+ Athanasius Schneider, Obispo Auxiliar de la Archidiócesis de María Santísima en Astana, Kazajistán.

[Artículo original en italiano, traducido por D. Gabriello Sabbatelli].

domingo, 31 de enero de 2016

Fotos de la Santa Misa Tridentina en defensa de la Familia y la Civilización Cristiana oficiada antes de la multitudinaria Manifestación del "Family Day 2016" contra la Ley Cirinnà en Roma (Italia)

Como todo el mundo sabe, ayer, sábado 30 de enero, tuvo lugar en Roma (Italia) una multitudinaria manifestación por el Día de la Familia 2016, a la que asistieron millones de personas, para protestar contra la propuesta de ley -la llamada Ley Cirinnà, por el nombre de la senadora del partido del Primer Ministro de Italia que la ha propuesto- que se debatirá el próximo martes 2 de febrero en el Parlamento italiano, por la que se pretenden reconocer legalmente las uniones entre personas del mismo sexo en el país, así como la adopción por parte de estas parejas, cuando el niño es hijo de uno de los dos miembros de la misma. Mientras esto ocurría, en el Vaticano se celebraba la primera Audiencia General extraordinaria -o Jubilar- por el Año de la Misericordia, sin que allí hubiera la más mínima mención a dicha manifestación, ni palabra alguna contra la inicua ley que se debate.

Expuesto lo anterior, cabe destacar que entre los eventos que formaban parte de las celebraciones del Día de la Familia, a las 12:00 horas fue oficiada la Santa Misa Tridentina, en defensa de la familia y de la civilización cristiana -a la que pertenecen estas imágenes-, en la basílica de San Nicola in Carcere, junto al Foro Boario y a 500 metros del Circo Máximo -donde se celebró la gran manifestación-, con gran asistencia de fieles, que abarrotaron el templo hasta los últimos bancos, entre los que se contaban los feligreses de la Parroquia Personal de la Santísima Trinidad de los Peregrinos, que junto a los miembros de la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro, a cuyo cargo está dicha parroquia, partieron de la plaza de Santa Ana, a las 11:30 horas, para participar en esta celebración, organizada por la Coordinadora Nacional de Summorum Pontificum (CNSP o Coordinamento Nazionale del Summorum Pontificum, en italiano).

Nótese que, como ocurre en la Basílica de San Pedro del Vaticano y en otras antiguas basílicas romanas, el oficiante mira "ad Orientem", quedando de cara a los fieles, pese a tratarse del Rito Romano tradicional, en el que habitualmente tanto el sacerdote como éstos miran en la misma dirección.

Las últimas tres fotografías muestran una panorámica del Circo Máximo abarrotado de manifestantes, así como un grupo de jóvenes sacerdotes y otro de frailes, de los que destaca el uso del azlzacuellos y del traje talar, que contrasta con el abandono que, de los mismos, han hecho muchos sacerdotes, fundamentalmente mayores de 60 años, contrariamente a lo que estipula la ley de la Iglesia sobre la vestimenta de los clérigos. MiL.

viernes, 18 de diciembre de 2015

Los católicos ante las Elecciones Generales del 20 de diciembre de 2015

Esta entrada no pretende decir a ningún católico a qué partido político debe votar el próximo domingo 20 de diciembre, sino exponer las diferentes propuestas de los partidos en lo que nos atañe especialmente, que son los Principios-no-negociables recogidos en el punto número 83 de Sacramentum Caritatis, de S. S. Benedicto PP. XVI (los cuatro primeros principios) y en la Declaración de la CCXXV Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (el quinto principio):

1) Defensa de la vida, desde su inicio en la concepción hasta su fin natural.

2) Defensa de la familia, fundada en el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer, y que constituye la base fundamental de la sociedad.

3) Libertad de educación de los padres, primeros y máximos responsables de la educación de sus hijos.

4) Facilitar y promover el bien común o condiciones necesarias para que individuos, familias, asociaciones y cuerpos intermedios de la sociedad puedan alcanzar su propia perfección y desarrollar sus cualidades, oficios, su vida material, intelectual y religiosa, con el fin de que se respete a las personas, la paz, la seguridad, y la justicia social.

5) Unidad de España (bien moral a preservar por la Conferencia Episcopal Española); soberanía nacional (para preservar esa unidad e independencia, en consonancia con la Historia, alma y destino de nuestra nación) y defensa de la paz (responsabilidad nacional hacia dentro de sus fronteras y hacia el conjunto de las naciones, en defensa del bien común nacional y global).

Del cumplimiento o incumplimiento de estos puntos por parte de los diferentes partidos, los católicos pueden hacerse una idea de a qué partido votar y, sobre todo, a qué partidos no votar, por incumplir uno, varios, o todos estos principios.

En resumen, habrá que fijarse especialmente en la defensa de la vida -aborto, eutanasia- y en la persecución religiosa, que en España se traduce en laicismo cristanofóbico, o, más especialmente, anticatólico. Para este último punto recomiendo este estudio comparativo hecho por el Observatorio para la Libertad Religiosa y de Conciencia.

Desgraciadamente, todos los partidos con representación parlamentaria, sin excepción, suspenden en el apartado de defensa de la vida, lo mismo que los nuevos partidos emergentes, desde Ciudadanos y Podemos, pasando por Vox, el cual, según su programa electoral, aspira a volver a la ley del aborto socialista de 1985.

Recomiendo visitar la página web votarenconciencia, de donde esta tomada la Guía de voto - Análisis de los partidos que abre esta entrada, y que puede ampliarse pinchando sobre ella.

domingo, 25 de octubre de 2015

Traducción al español del discurso íntegro del Papa Francisco con motivo del final del Sínodo, en el que ataca a quienes defienden el Magisterio bimilenario de la Iglesia (Doctrina, Tradición y Moral)

Ayer, con motivo de la finalización de los trabajos del Sínodo de la Familia, el Papa Francisco dio un discurso ante las 270 personas que formaban la asamblea. Bajo estas líneas aparece el texto completo, traducido del italiano por Radio Vaticano (las partes en negrita no tienen desperdicio). Más abajo doy mi opinión al respecto:

Queridas Beatitudes, eminencias, excelencias,

Queridos hermanos y hermanas:

Quisiera ante todo agradecer al Señor que ha guiado nuestro camino sinodal en estos años con el Espíritu Santo, que nunca deja a la Iglesia sin su apoyo.

Agradezco de corazón al Cardenal Lorenzo Baldisseri, Secretario General del Sínodo, a Monseñor Fabio Fabene, Subsecretario, y también al Relator, el Cardenal Péter Erdő, y al Secretario especial, Monseñor Bruno Forte, a los Presidentes delegados, a los escritores, consultores, traductores y a todos los que han trabajado incansablemente y con total dedicación a la Iglesia: gracias de corazón.

Agradezco a todos ustedes, queridos Padres Sinodales, delegados fraternos
, auditores y auditoras, asesores, párrocos y familias por su participación activa y fructuosa.

Doy las gracias igualmente a los que han trabajado de manera anónima y en silencio, contribuyendo generosamente a los trabajos de este Sínodo.

Les aseguro mi plegaria para que el Señor los recompense con la abundancia de sus dones de gracia.

Mientras seguía los trabajos del Sínodo, me he preguntado: ¿Qué significará para la Iglesia concluir este Sínodo dedicado a la familia?

Ciertamente no significa haber concluido con todos los temas inherentes a la familia, sino que ha tratado de iluminarlos con la luz del Evangelio, de la Tradición y de la historia milenaria de la Iglesia, infundiendo en ellos el gozo de la esperanza sin caer en la cómoda repetición de lo que es indiscutible o ya se ha dicho.

Seguramente no significa que se hayan encontrado soluciones exhaustivas a todas las dificultades y dudas que desafían y amenazan a la familia, sino que se han puesto dichas dificultades y dudas a la luz de la fe, se han examinado atentamente, se han afrontado sin miedo y sin esconder la cabeza bajo tierra.

Significa haber instado a todos a comprender la importancia de la institución de la familia y del matrimonio entre un hombre y una mujer, fundado sobre la unidad y la indisolubilidad, y apreciarla como la base fundamental de la sociedad y de la vida humana.

Significa haber escuchado y hecho escuchar las voces de las familias y de los pastores de la Iglesia que han venido a Roma de todas partes del mundo trayendo sobre sus hombros las cargas y las esperanzas, la riqueza y los desafíos de las familias.

Significa haber dado prueba de la vivacidad de la Iglesia católica, que no tiene miedo de sacudir las conciencias anestesiadas o de ensuciarse las manos discutiendo animadamente y con franqueza sobre la familia.

Significa haber tratado de ver y leer la realidad o, mejor dicho, las realidades de hoy con los ojos de Dios, para encender e iluminar con la llama de la fe los corazones de los hombres, en un momento histórico de desaliento y de crisis social, económica, moral y de predominio de la negatividad.

Significa haber dado testimonio a todos de que el Evangelio sigue siendo para la Iglesia una fuente viva de eterna novedad, contra quien quiere «adoctrinarlo» en piedras muertas para lanzarlas contra los demás.

Significa haber puesto al descubierto a los corazones cerrados, que a menudo se esconden incluso dentro de las enseñanzas de la Iglesia o detrás de las buenas intenciones para sentarse en la cátedra de Moisés y juzgar, a veces con superioridad y superficialidad, los casos difíciles y las familias heridas.

Significa haber afirmado que la Iglesia es Iglesia de los pobres de espíritu y de los pecadores en busca de perdón, y no sólo de los justos y de los santos, o mejor dicho, de los justos y de los santos cuando se sienten pobres y pecadores.

Significa haber intentado abrir los horizontes para superar toda hermenéutica conspiradora o un cierre de perspectivas para defender y difundir la libertad de los hijos de Dios, para transmitir la belleza de la novedad cristiana, a veces cubierta por la herrumbre de un lenguaje arcaico o simplemente incomprensible.

En el curso de este Sínodo, las distintas opiniones que se han expresado libremente –y por desgracia a veces con métodos no del todo benévolos– han enriquecido y animado sin duda el diálogo, ofreciendo una imagen viva de una Iglesia que no utiliza «módulos impresos», sino que toma de la fuente inagotable de su fe agua viva para refrescar los corazones resecos.


Y –más allá de las cuestiones dogmáticas claramente definidas por el Magisterio de la Iglesia– hemos visto también que lo que parece normal para un obispo de un continente, puede resultar extraño, casi como un escándalo, para el obispo de otro continente; lo que se considera violación de un derecho en una sociedad, puede ser un precepto obvio e intangible en otra; lo que para algunos es libertad de conciencia, para otros puede parecer simplemente confusión. En realidad, las culturas son muy diferentes entre sí y todo principio general necesita ser inculturado si quiere ser observado y aplicado. El Sínodo de 1985, que celebraba el vigésimo aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II, habló de la inculturación como «una íntima transformación de los auténticos valores culturales por su integración en el cristianismo y la radicación del cristianismo en todas las culturas humanas».

La inculturación no debilita los valores verdaderos, sino que muestra su verdadera fuerza y su autenticidad, porque se adaptan sin mutarse, es más, trasforman pacíficamente y gradualmente las diversas culturas.

Hemos visto, también a través de la riqueza de nuestra diversidad, que el desafío que tenemos ante nosotros es siempre el mismo: anunciar el Evangelio al hombre de hoy, defendiendo a la familia de todos los ataques ideológicos e individualistas.

Y, sin caer nunca en el peligro del relativismo o de demonizar a los otros, hemos tratado de abrazar plena y valientemente la bondad y la misericordia de Dios, que sobrepasa nuestros cálculos humanos y que no quiere más que «todos los hombres se salven»
(1 Tm 2,4), para introducir y vivir este Sínodo en el contexto del Año Extraordinario de la Misericordia que la Iglesia está llamada a vivir.

Queridos Hermanos:

La experiencia del Sínodo también nos ha hecho comprender mejor que los verdaderos defensores de la doctrina no son los que defienden la letra sino el espíritu; no las ideas, sino el hombre; no las fórmulas sino la gratuidad del amor de Dios y de su perdón. Esto no significa en modo alguno disminuir la importancia de las fórmulas, de las leyes y de los mandamientos divinos, sino exaltar la grandeza del verdadero Dios que no nos trata según nuestros méritos, ni tampoco conforme a nuestras obras, sino únicamente según la generosidad sin límites de su misericordia
(cf. Rm 3,21-30; Sal 129; Lc 11,37-54). Significa superar las tentaciones constantes del hermano mayor (cf. Lc 15,25-32) y de los obreros celosos (cf. Mt 20,1-16). Más aún, significa valorar más las leyes y los mandamientos, creados para el hombre y no al contrario (cf. Mc 2,27).

En este sentido, el arrepentimiento debido, las obras y los esfuerzos humanos adquieren un sentido más profundo, no como precio de la invendible salvación, realizada por Cristo en la cruz gratuitamente, sino como respuesta a Aquel que nos amó primero y nos salvó con el precio de su sangre inocente, cuando aún estábamos sin fuerzas
(cf. Rm 5,6).

El primer deber de la Iglesia no es distribuir condenas o anatemas sino proclamar la misericordia de Dios, de llamar a la conversión y de conducir a todos los hombres a la salvación del Señor
(cf. Jn 12,44-50).

El beato Pablo VI decía con espléndidas palabras: «Podemos pensar que nuestro pecado o alejamiento de Dios enciende en él una llama de amor más intenso, un deseo de devolvernos y reinsertarnos en su plan de salvación
[...]. En Cristo, Dios se revela infinitamente bueno [...]. Dios es bueno. Y no sólo en sí mismo; Dios es –digámoslo llorando- bueno con nosotros. Él nos ama, busca, piensa, conoce, inspira y espera. Él será feliz –si puede decirse así–el día en que nosotros queramos regresar y decir: “Señor, en tu bondad, perdóname. He aquí, pues, que nuestro arrepentimiento se convierte en la alegría de Dios».

También san Juan Pablo II dijo que «la Iglesia vive una vida auténtica, cuando profesa y proclama la misericordia
[...] y cuando acerca a los hombres a las fuentes de la misericordia del Salvador, de las que es depositaria y dispensadora».

Y el Papa Benedicto XVI decía: «La misericordia es el núcleo central del mensaje evangélico, es el nombre mismo de Dios
[...] Todo lo que la Iglesia dice y realiza, manifiesta la misericordia que Dios tiene para con el hombre. Cuando la Iglesia debe recordar una verdad olvidada, o un bien traicionado, lo hace siempre impulsada por el amor misericordioso, para que los hombres tengan vida y la tengan en abundancia (cf. Jn 10,10)».

En este sentido, y mediante este tiempo de gracia que la Iglesia ha vivido, hablado y discutido sobre la familia, nos sentimos enriquecidos mutuamente; y muchos de nosotros hemos experimentado la acción del Espíritu Santo, que es el verdadero protagonista y artífice del Sínodo. Para todos nosotros, la palabra «familia» no suena lo mismo que antes, hasta el punto que en ella encontramos la síntesis de su vocación y el significado de todo el camino sinodal.

Para la Iglesia, en realidad, concluir el Sínodo significa volver verdaderamente a «caminar juntos» para llevar a todas las partes del mundo, a cada Diócesis, a cada comunidad y a cada situación la luz del Evangelio, el abrazo de la Iglesia y el amparo de la misericordia de Dios.

Nos ha quedado claro que si se defienden, de acuerdo con la Tradición bimilenaria de la Iglesia, las enseñanzas del Evangelio, éste es, según el Papa, una "piedra muerta para tirar a los demás"; y que quienes así lo hacen o han hecho -lo cual incluye a todos sus predecesores- son "corazones cerrados", que cubren la "novedad cristiana" con "la herrumbre de un lenguaje arcaico".

Según él, el sínodo ha dado una imagen de "una Iglesia que no utiliza «módulos impresos», sino que toma de la fuente inagotable de su fe agua viva para refrescar los corazones resecos".

Por otra parte, como ha visto "que lo que parece normal para un obispo de un continente, puede resultar extraño, casi como un escándalo, para el obispo de otro continente", opina que "todo principio general necesita ser inculturado si quiere ser observado y aplicado".

Además, ha descubierto que "los verdaderos defensores de la doctrina no son los que defienden la letra sino el espíritu; no las ideas, sino el hombre; no las fórmulas sino la gratuidad del amor de Dios y de su perdón". Pero resulta que quienes no defienden la letra, tampoco defienden su espíritu, sino que lo tuercen; quien supuestamente defiende al hombre en contra de los preceptos de Dios, realmente no defiende al hombre, que no es nada sin el Autor de la letra; y en tercer lugar, resulta que el amor de Dios no es gratis, como afirma el Papa Francisco, sino que exige el arrepentimiento. El Evangelio está lleno de ejemplos de cómo Cristo amaba y perdonaba a los pecadores arrepentidos, mientras que empleaba palabras durísimas y condenaba a los pecadores que no se arrepentían. Para estos últimos no había ningún 'amor' ni 'perdón gratuito', sino la repulsa de Nuestro Señor y su amenaza de que, si no se arrepentían, les esperaba el fuego eterno del infierno, donde habrá llanto y crujir de dientes.

Más adelante, el Papa vuelve a invertir las prioridades al señalar: "El primer deber de la Iglesia no es distribuir condenas o anatemas sino proclamar la misericordia de Dios, de llamar a la conversión y de conducir a todos los hombres a la salvación del Señor". Si para la salvación del mayor número posible de personas -pues es dogma de fe que no se van a salvar todas-, es necesario condenar y anatemizar, ese será el primer deber de la Iglesia, por más que se proclame al mismo tiempo la misericordia de Dios; pero eso sí: sin ocultar que para alcanzarla se necesita el arrepentimiento y el propósito de la enmienda. Esa es la llamada a la conversión: el "vete y no peques más" que el Señor siempre repetía a los pecadores arrepentidos.

Llama la atención que, para tratar de defender sus cuestionables ideas, el Papa Francisco sólo cite frases sacadas de contexto de los últimos Papas, silenciando cualquier punto del Magisterio de la Iglesia -incluyendo también el de los Papas postconciliares- que le contradiga.

Por último, afirmar que el Espíritu Santo es el artífice de este sínodo -que en realidad no ha abordado los verdaderos problemas de la familia, sino que ha servido de excusa para intentar cambiar la doctrina y moral de la Iglesia-, cuando en realidad el único artífice ha sido el propio Papa Francisco -Vicario de Cristo, pero en ningún caso oráculo del Espíritu Santo- y su prefijado deseo y voluntad de cambiar la Iglesia, tienta a Dios Todopoderoso, que más pronto que tarde le ha de juzgar.

Según el Papa, para la Iglesia, concluir el Sínodo significa volver verdaderamente a «caminar juntos»... ¡Pues tiene pinta de justo lo contrario! Ha demostrado que en la Iglesia ya hay un cisma de facto, promovido precisamente -al alinearse con herejes de facto- por quien debería ser garantía de unidad: él mismo, que es Papa, mal que le pese, por permisión de Dios, y no necesariamente por Su voluntad.

NOTA: Quienes conocen este blog desde su inicio, hace ya ocho años, saben perfectamente que quien esto escribe no es, ni mucho menos, sedevacantista ni nada parecido, sino que reconoce al Papa Francisco como tal. De ahí el desconcierto ante este escandaloso Pontificado, que prueba perfectamente la infabilidad pontificia, dogma de fe según el cual el Papa sólo es infalible cuando define dogmas ex Cathedra; aunque según el beato Pío PP. IX, en su carta “Tuas libenter” de 1863, el magisterio ordinario de los Papas también es infalible, aunque no defina dogmas, cuando el mismo está confirmado por la Tradición; es decir, cuando la misma doctrina sea enseñada por varios Papas durante un largo período de tiempo -justo lo contrario de lo que hace el actual Papa-.

Dios tenga misericordia del Papa Francisco y le mueva al arrepentimiento. Que quite de su corazón la cerrazón y avidez de novedades, así como la herrumbre de su arcaico y rancio lenguaje -y espíritu- de cura progre setentero. Que deje de escandalizar, atacar e insultar a los fieles católicos, vivos y difuntos -incluyendo a todos sus predecesores-, y de proteger y respaldar a herejes y cismáticos. Por el mismo Señor nuestro Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

viernes, 16 de octubre de 2015

El Sínodo de la Familia comienza a dar miedo (si no lo daba ya)

Después de que hace diez días el Cardenal José Luis Lacunza Maestrojuan (foto de arriba), Presidente de la Conferencia Episcopal Panameña, propusiera en el Sínodo de la Familia que la Iglesia abandonara lo establecido por Nuestro Señor sobre el sacramento del Matrimonio, para volver a la Ley de Moisés que permitía el divorcio (ver aquí), anteayer, 14 de octubre, volvió a intervenir como portavoz de los círculos menores en idioma español para soltar estas "perlas", que pueden leerse en uno de los resúmenes diarios que publica el Boletín de la Oficina de Prensa de la Santa Sede (ver aquí):

"No se puede desconocer que hay muchos valores positivos en otros tipos de familia [...] Un papel no hace el matrimonio y quizá lo hemos rodeado de tantas formalidades que no caben en la mente de los jóvenes que, muchas veces, identifican formalidad con hipocresía".

Me pregunto qué tienen de positivo en el plano espiritual y para la salvación eterna de las almas, que es el primer y principal cometido en el que debe ocuparse la Iglesia, pecados como la fornicación, el concubinato, el adulterio y las relaciones homosexuales, todos ellos condenados tanto en la Sagrada Escritura -comenzando por el Decálogo y terminando en el Evangelio y las Cartas Apostólicas-, como por la Tradición y el Magisterio bimilenario de la Iglesia. Y con respecto a la segunda reflexión de este cardenal, cabe preguntarse si está justificando estas actitudes en los jóvenes, al tiempo que culpando a la Iglesia de los pecados individuales de personas que rechazan las enseñanzas de la misma, inspiradas en la Revelación. ¿Sugiere, por ejemplo, que Nuestro Señor era "hipócrita" por condenar el adulterio? ¿O que la Iglesia lo es por transmitir sus enseñanzas? Ciertamente dice que los jóvenes lo piensan -no creo que hayan preguntado a todos los jóvenes del mundo para saberlo-, pero en un tono en el que parece que se da la razón a dichos supuestos jóvenes.

Otro de los Padres sinodales seleccionado por la administración del Sínodo para hablar en una de las ruedas de prensa, el Abad Jeremias Schröder, OSB, Presidente Archiabad de la Congregación Santa Otilia (en la foto sobre estas líneas), también ha sugerido que "las cuestiones sobre la Comunión para los vueltos a casar y el ministerio para la gente homosexual podrían ser delegados a las Conferencias Episcopales". ¿Se imaginan lo que puede ocurrir al respecto en diócesis como las alemanas, a cargo de obispos laxos, cuando no heterodoxos? Lo recoge en un twitt Francis X. Rocca, del Wall Street Journal, que puede verse bajo estas líneas:
Por otra parte, en la rueda de prensa de ayer sobre las aportaciones de los Padres sinodales, el P. Manuel Dorantes, portavoz en idioma español (foto sobre estas líneas), para destacar el asunto de de dar la Comunión sacrílegamente a los adúlteros -a quienes la Santa Sede ahora denomina eufemísticamente como "divorciados vueltos a casar"-, en la que están empeñados algunos Padres sinodales, recurrió a relatar, en su deficiente español, el ejemplo de un niño de padres divorciados y viviendo en adulterio con otras parejas, que el día de su Primera Comunión cometió el sacrilegio de partir con sus propias manos la Sagrada Hostia que acababa de recibir, y llevar un pedazo a cada uno de sus padres para que comulgaran sacrílegamente en pecado mortal. Y lo relató como quien no quiere la cosa, o como si fuese un gesto "heroico". Puede verse el vídeo aquí.

Por último, destaca en este sínodo la guerra de twitts entre quienes defienden el Magisterio y Tradición de la Iglesia, y los que quieren cambiarlo todo. Valga de ejemplo el siguiente, entre un personaje tan siniestro como el P. Antonio Spadaro, S.J., director de la Civiltà Cattolica, y el diácono Nick Donnelly. Así lo relata Adelante la Fe: 

"Este domingo, el amigo personal del papa, ocasional vocero extraoficial (el papa suele hacer uso de él para dar mensajes indirectos) y director del periódico oficial de la Santa Sede, Civiltà Cattolica, el P. Antonio Spadaro SJ, tuvo el descaro de burlarse del constante cambio de reglas del Sínodo (las reglas cambian todos los días) y del permanente clima de temor, censura, y control de la información, al decir que los otros estaban tratando de momificar el Sínodo, en señal de que el 'Sínodo está funcionando'".
Twitt de Antonio Spadaro: Los que quieren un Sínodo rígido y momificado están atacando el método y la comunicación. ¡Significa que el Sínodo funciona!

Por supuesto, esto tiene tanto sentido como decir que un tratamiento médico es exitoso porque el paciente se queja constantemente del dolor agudo e intolerable causado por la medicación – si muere por el tratamiento, entonces, ¡es señal última de éxito! Estos son los genios a cargo de la Santa Iglesia Católica de nuestros días...

P.D. el Diácono Nick Donnelly no tuvo que ir muy lejos para revelar el verdadero significado de la imagen del Padre Spadaro: es la Iglesia fiel la que está siendo amordazada y sofocada.

Caricatura: Cómo detener la momificación de la Iglesia. Reconectar con la verdad de Cristo que da la vida eterna. Remover las (siguientes) vendas que tratan de silenciar a los católicos fieles: Sesgar noticias del Sínodo, Tergiversar Sínodo, Censurar blog de Obispo polaco, Dar plataforma a los heterodoxos, Empujar agenda personal, Retirar credenciales de prensa de católicos fieles.

Tweet de Nick Donnelly: contestación del equipo de Bloqueados por Rosica a la caricatura de la momia de Spadaro.

[ACTUALIZACIÓN: No se pierdan las intervenciones de herejes y cismáticos, que forman parte de los "Círculos menores" por deseo expreso del Papa Francisco; no tienen desperdicio (ver en este enlace del Boletín diario de la Sala de Prensa de la Santa Sede)].

domingo, 22 de febrero de 2015

Nuevo escándalo: portavoz de la Santa Sede en idioma inglés demanda a un blogger católico conservador por criticar su postura sobre el aborto, la familia y otros temas polémicos

Anteayer, viernes 20 de febrero, tuve noticia de este nuevo escándalo que afecta a otra figura "emergente" en el presente Pontificado del Papa Francisco, y del que a lo largo de ayer y esta mañana se están empezando a hacer eco numerosas páginas web y blogs, fundamentalmente en idioma inglés. Se trata del caso del P. Thomas Rosica, a quien vemos "de paisano" a la izquierda, así como, ya vestido de sacerdote, junto al P. Federico Lombardi, portavoz de la Santa Sede.

El P. Rosica es un sacerdote canadiense, asistente en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, encargado de informar a la prensa en el idioma inglés. Es también fundador de la televisión por cable católica canadiense llamada "Sal y Luz". Aunque Rosica defiende públicamente el derecho a la libertad de expresión y de prensa, está tratando de silenciar a un blogger católico que le ha criticado. El pasado martes 17 de febrero, los abogados del P. Rosica enviaron una carta a D. David Domet, que bloguea en un sitio llamado Vox Cantoris, exigiendo que elimine ciertas entradas del blog que "difaman" a Rosica. La carta dice:

Cada una de dichas declaraciones, por separado y en conjunto, de manera expresa y por medio de insinuaciones, son falsas y difamatorias en su sugerencia de que el P. Rosica es deshonesto; sugieren que el P. Rosica no es de fiar; sugieren que el P. Rosica está dispuesto a actuar sin ética para seguir su propia agenda y hacerlo a expensas de otros.

En este sentido, hay una serie de mensajes que criticaban al P. Rosica por su papel en el inusualmente polémico Sínodo Extraordinario de la Familia de octubre pasado en el Vaticano, que atrajo la atención mundial sobre el debate de la jerarquía católica en la actitud de la Iglesia con respecto a la comunión de los divorciados "vueltos a casar" civilmente y a las uniones homosexuales. Algunos temían, y otros esperaban, que la Iglesia estuviera lista para cambiar la doctrina tradicional. El blog Vox Cantoris afirmó que el P. Rosica, que fue uno de los portavoces oficiales del Sínodo, fue clave en los esfuerzos para cambiar, si no la doctrina, al menos la praxis de la Iglesia.

La carta del P. Rosica señala nueve entradas específicas [del blog], entre ellas:

No se equivoquen, amigos, Tom Rosica y el resto de ellos no van a ir en silencio por la noche. Van a trabajar de forma insidiosa durante el próximo año, para que su heterodoxo punto de vista del catolicismo sea aprobado, no doctrinalmente, sino en la práctica. Para el Padre Rosica, no es sino una travesía continua.

En una impresionante reprimenda al pronunciamiento del Presidente de Internet [una ironía] P. Thomas Rosica, de que la Sagrada Familia era "irregular", con el fin de justificar la homoherejía del Sínodo sobre la Familia, el Papa Francisco contradecía en su audiencia de hoy los informes previos del portavoz del Vaticano en idioma Inglés y Director Ejecutivo del nulo canal católico canadiense "Pepper and Darkness" ["Pimienta y Oscuridad", nombre sarcástico en referencia al de su canal de televisión] y ha afirmado que la Sagrada Familia era, de hecho, "regular".

La audiencia estadounidense podría encontrar estos mensajes provocativos y tal vez poco caritativos, pero no legalmente procesables. En Estados Unidos, los bloggers pueden decir prácticamente lo que quieran acerca de una figura pública. Pero este caso está siendo llevado en Canadá, donde el P. Rosica es sacerdote, contra un blogger canadiense.

Una demanda similar fue interpuesta por un sacerdote canadiense contra la página web de noticias y opinión LifeSiteNews. El sacerdote acusó a LSN de difamarle por sugerir que no se ajustaba a la doctrina católica sobre el aborto. El proceso se prolongó durante varios años y terminó costando a LSN más de 250.000 dólares. La demanda terminó porque el sacerdote murió inesperadamente.

El P. Rosica no es ajeno a las hostilidades católicas intramuros. Ha criticado a LSN y a otros medios católicos conservadores por lo que considera su discurso incivil a la opinión pública. Esto llegó a un punto crítico cuando el cardenal O'Malley de Boston permitió, e incluso participó, en una Misa funeral pública por el senador Edward Kennedy, que tal vez fue el "católico" partidario del aborto más conocido de Estados Unidos.

En su carta, los abogados del P. Rosica dicen que Rosica "está sufriendo y ha sufrido daños como consecuencia de las declaraciones falsas y difamatorias mencionadas. Estos daños incluyen daños a su reputación, a su trabajo y a su servicio a la iglesia". Alegan que las entradas del blog también han causado la pérdida de suscriptores a la cadena de televisión de Rosica. Los abogados de Rosica exigen que el blogger "se retracte de todas las declaraciones [efectuadas] en su blog respecto al P. Rosica, inmediata y públicamente, y que le pida disculpas". Si esta petición no se ha producido el 22 de febrero [hoy], "daremos instrucciones para iniciar un procedimiento [legal] en su contra", afirman. Le han dado cinco días para cumplirlo, pero incluso si lo hace, los abogados dicen que aún así pueden demandarle.

En este punto, no está claro lo que el titular de Vox Cantoris hará. Él se identifica a sí mismo como un padre de familia católico sin medios para defenderse de tales acusaciones.

Aparte de la introducción del principio, toda esta información -la parte que aparece con un tamaño de letra más pequeño- ha sido tomada del sitio Kitchener Waterloo Traditional Catholic, que he traducido, así como también he añadido la imagen que abre la entrada, y hecho alguna aclaración -entre corchetes- para que se entienda la traducción.