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miércoles, 28 de febrero de 2018

La Pontificia Comisión 'Ecclesia Dei' concede a la FSSP un indulto para celebrar la Semana Santa según el rito anterior a la reforma de 1955 del Venerable Pío XII

Según informó un comentarista de Rorate Caeli el pasado 16 de febrero (ver aquí), confirmado ayer por GloriaTV (ver aquí), la Pontificia Comisión 'Ecclesia Dei' ha concedido a la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro un indulto de tres años, ad experimentum, por el cual se les permite, en algunas de sus parroquias, el empleo de los Libros Litúrgicos anteriores a la reforma de la Semana Santa llevada a cabo en 1955 por el Venerable Pío PP. XII.

Una de las diferencias con el rito anterior, es que ahora deberá utilizarse la oración por la conversión de los judíos de Viernes Santo promulgada por S. S. Benedicto PP. XVI. Asimismo, otra diferencia es que en los Oficios de Viernes Santo posteriores a 1955 no se ofrece el Santo Sacrificio, a diferencia de lo que ocurría antes de 1955, cuando en la Misa de los Pre-santificados se ofrecía a Dios Padre el Cuerpo de Cristo sacramentado, consagrado el Jueves Santo -aunque era una Misa sin consagración, se ofrecía realmente al Señor sacramentado en Sacrificio-, y ahora va a volver a hacerse.

martes, 6 de febrero de 2018

De mal en peor: el cardenal Reinhard Marx, presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, aprueba la "bendición" de parejas homosexuales

Parece que ya no hay límite para lo peor: el cardenal Reinhard Marx, presidente de la infame Conferencia Episcopal Alemana, aprueba la "bendición" de parejas homosexuales, que se dará, en su opinión, "caso por caso". No es una novedad del todo: ya el mes pasado, su adjunto, Mons. Franz-Josef Bode, pidió abrir un debate sobre que ​​"debemos preguntarnos, dijo, cómo nos relacionamos" con tales parejas, tal vez incluso "involucrarlas en la vida de la Iglesia" y "mientras las acompañamos pastoral y litúrgicamente".

La cuestión se ha acelerado desde junio pasado, cuando el Parlamento permitió las llamadas "bodas" gay: en otoño, se registraron los primeros casos. Hablando el sábado pasado en la estación de radio alemana Bavarian State Broadcasting, para conmemorar su décimo aniversario como arzobispo de Múnich y Frisinga, Marx declaró que se trataba de "cuidado pastoral para casos individuales", aunque se oponga abiertamente al Magisterio de la Iglesia Católica. De hecho, explica el Catecismo: "Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (cf Gn 19, 1-29; Rm 1, 24-27; 1 Co 6, 10; 1 Tm 1, 10), la Tradición ha declarado siempre que 'los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados' (Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Persona humana, 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso" (nº 2357). Y de nuevo en el nº 2359 se especifica que las "personas homosexuales están llamadas a la castidad". De ninguna manera, por tanto, las palabras del cardenal Marx pueden ser aprobadas. Puede leerse la noticia original en italiano, publicada ayer, 5 de febrero, en Corrispondenza Romana.


lunes, 8 de enero de 2018

S. E. Mons. Andreas Laun es el séptimo Prelado en subscribir la reciente "Profesión de las verdades inmutables respecto del matrimonio sacramental" para paliar la crisis provocada por "Amoris laetitia" de Francisco

S. E. Mons. Andreas Laun, Obispo auxiliar de Salzburgo (Austria) hasta el pasado 13 de octubre, en que cumplío los 75 años (no se le concedió ni un sólo día de prórroga) y miembro de los Oblatos de San Francisco de Sales, además de Profesor de Teología Moral en la Facultad de Filosofía y Teología de Heiligenkreuz (Austria), es el séptimo Prelado en subscribir la "Profesión de las verdades inmutables respecto del matrimonio sacramental" (ver aquí) hecha pública el pasado 31 de diciembre, según han informado diferentes medios.

Mons. Laun fue uno de los prelados que hace un año se manifestó favorable a las "dubia" sobre "Amoris laetitia" presentadas a Francisco por los Cuatro Cardenales (S. E. R. Walter Card. Brandmüller, S. E. R. Raymond Leo Card. Burke, S. E. R. Carlo Card. Caffarra y S. E. R. Joachim Card. Meisner), y uno de los firmantes de la Súplica Filial «Declaración de fidelidad a la enseñanza inmutable de la Iglesia sobre el matrimonio y a su ininterrumpida disciplina». Puede leerse la entrevista completa que concedió entonces -en español- en este enlace.

El prelado recordó entonces que un Pontífice no puede cambiar una ley moral de origen divino, del mismo modo que no puede modificar las leyes de la Física.

Estos son los 7 Prelados (1 Cardenal, 4 Arzobispos y 2 Obispos) que han subscrito esta "Profesión" hasta el momento:
  • S. E. R. Jānis S.R.E. Card. Pujats, Arzobispo Metropolitano emérito de Riga (Letonia)
  • S. E. R. Mons. Tomash Peta, Arzobispo Metropolitano de la Archidiócesis de Santa María en Astaná (Kazajistán)
  • S. E. R. Mons. Jan Pawel Lenga, Arzobispo emérito de Karagandasu.
  • S. E. R. Mons. Luigi Negri, Arzobispo emérito de Ferrara-Comacchio (Italia).
  • S. E. R. Mons. Carlo Maria Viganò, Nuncio Apostólico emérito de los Estados Unidos.
  • S. E. Mons. Athanasius Schneider, Obispo auxilar de Santa María en Astaná (Kazajistán)
  • S. E. Mons. Andreas Laun, Obispo auxiliar -recién retirado- de Salzburgo (Austria)
Véanse también estas entradas anteriores relacionadas:



viernes, 5 de enero de 2018

Crisis "Amoris laetitia" y la Comunión de los adúlteros: otro Cardenal se adhiere a la "Profesión de las verdades inmutables respecto del matrimonio sacramental" subscrita ya por cuatro Arzobispos y un Obispo

A los dos Arzobispos y un Obispo que inicialmente hicieron pública la "Profesión de las verdades inmutables respecto del matrimonio sacramental" el pasado 31 de diciembre -S. E. R. Mons. Tomash Peta, Arzobispo Metropolitano de la Archidiócesis de Santa María en Astaná (Kazajistán), S. E. R. Mons. Jan Pawel Lenga, Arzobispo emérito de Karagandasu y S. E. Mons. Athanasius Schneider, Obispo auxilar de Santa María en Astaná-, de la que ya hablé en la anterior entrada (ver aquí), a la que luego se adhirieron otros dos Arzobispos italianos -S. E. R. Mons. Luigi Negri, Arzobispo emérito de Ferrara-Comacchio y S. E. R. el Arzobispo Carlo Maria Viganò, Nuncio Apostólico emérito de los Estados Unidos-, ahora acaba de unirse S. E. R. Jānis S.R.E. Card. Pujats, Arzobispo Metropolitano emérito de Riga (Letonia), al que vemos en la fotografía que ilustra esta entrada y que también ha subscrito el documento, según ha informado Corrispondenza Romana y Marco Tosaiti. Quién nos iba a decir a los católicos hace unas décadas que la defensa de la fe vendría, primordialmente, del Este, de la mano de Obispos provenientes de países que una vez estuvieron tras el Telón de Acero (nótese que Jānis Pujats, que había sufrido la persecución religiosa llevada a cabo por el régimen comunista de la Unión Soviética, de la que entonces formaba parte Letonia, fue creado Cardenal "in pectore" por San Juan Pablo II en febrero de 1998, aunque no fue anunciado públicamente hasta el consistorio del 21 de febrero de 2001, siendo en 2005 uno de los Cardenales electores que eligieron al Papa Benedicto XVI).

Véanse estas dos entradas relacionadas previas:


miércoles, 3 de enero de 2018

Aumenta la crisis de "Amoris laetitia": cuatro Arzobispos y un Obispo hacen profesión de fe católica y niegan que los adúlteros no arrepentidos y sin propósito de enmienda puedan recibir los sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía, además de recordar la verdad católica sobre el sacramento del Matrimonio

Como reza el título de esta entrada, cuatro Arzobispos y un Obispo acaban de hacer pública, a propósito de la crisis provocada por "Amoris laetitia", una profesión de fe católica en la que niegan la posibilidad de administrar los sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía a los adúlteros no arrepentidos y sin propósito de enmienda, y recuerdan la verdad católica sobre el sacramento del Matrimonio .

Se trata del S. E. R. Mons. Tomash Peta, Arzobispo Metropolitano de la Archidiócesis de Santa María en Astaná (Kazajistán), S. E. R. Mons. Jan Pawel Lenga, Arzobispo emérito de Karagandasu y S. E. Mons Athanasius Schneider, Obispo auxilar de Santa María en Astaná, quienes hace un año hicieron un llamamiento de oración (ver aquí) para que el Papa Francisco revocara las orientaciones pastorales heterodoxas derivadas de la aplicación de "Amoris laetitia", a los que también se han sumado en este nuevo documento S. E. R. Mons. Luigi Negri, Arzobispo emérito de Ferrara-Comacchio y S. E. R. el Arzobispo Carlo Maria Viganò, Nuncio Apostólico emérito de los Estados Unidos.

En dicho documento, que puede leerse completo en español en este enlace, hacen afirmaciones tan obvias (y católicas) como éstas:
  • Las relaciones sexuales entre personas que no están unidas entre sí por el vínculo de un matrimonio válido son siempre contrarias a la voluntad de Dios.
  • Ninguna circunstancia o finalidad pueden hacer de tales relaciones sexuales una realidad moral positiva y agradables a Dios.
  • La Iglesia no juzga el estado de gracia interno de un fiel, por lo que la no admisibilidad a la Santa Comunión de los adúlteros es un juicio del carácter visible, público y objetivo de su situación, ya que la recepción de los sacramentos depende necesariamente de la situación visible y objetiva de los fieles.
  • No es moralmente lícito tener relaciones sexuales con una persona que no es el propio cónyuge legítimo, para evitar un supuesto otro pecado (no es lícito 'hacer el mal para que venga el bien', según Rom 3, 8).
  • La admisión de tales personas a la Santa Comunión puede ser permitida solamente cuando hacen un sincero propósito de cesar de allí en adelante tales relaciones sexuales y de evitar el escándalo.
  • Las personas que mantienen relaciones sexuales no conyugales de modo habitual, violan con tal estilo de vida el indisoluble vínculo nupcial matrimonial respecto al legítimo cónyuge y por tanto no pueden participar de la Comunión eucarística.
  • El cumplimiento de la voluntad de Dios, revelada en Sus Diez Mandamientos y en Su explícita prohibición del divorcio, constituye el verdadero bien espiritual de las personas aquí en la Tierra, permitiendo así que sean conducidas a la salvación de la vida eterna.
Véase también, al respecto, el siguiente enlace (incluyendo los comentarios):

viernes, 8 de diciembre de 2017

8 de diciembre: solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María (en el CLXIII aniversario de la proclamación del dogma por el beato Pío PP. IX)

Hoy, 8 de diciembre, la Iglesia universal celebra la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María (y especialmente en España, de la que es Patrona), proclamada por el beato Pío PP. IX hace 163 años, el 8 de diciembre de 1854. A continuación, puede leerse el extracto de esta Constitución dogmática, en forma de bula, en la que el Papa definió ex cathedra este dogma mariano que todo católico debe creer:

Constitución Apostólica Ineffabilis Deus, sobre la Inmaculada Concepción, del beato Pío PP. IX, 8 de diciembre de 1854.

Por lo cual, después de ofrecer sin interrupción a Dios Padre, por medio de su Hijo, con humildad y penitencia, Nuestras privadas oraciones y las públicas de la Iglesia, para que se dignase dirigir y afianzar Nuestra mente con la virtud del Espíritu Santo, implorando el auxilio de toda corte celestial, e invocando con gemidos el Espíritu Paráclito, e inspirándonoslo Él mismo, para honra de la Santa e Individua Trinidad, para gloria y prez de la Virgen Madre de Dios, para exaltación de la fe católica y aumento de la cristiana religión, con la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, con la de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, y con la Nuestra: declaramos, afirmamos y definimos que ha sido revelada por Dios, y por consiguiente, que debe ser creída firme y constantemente por todos los fieles, la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original, en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano. Por lo cual, si algunos presumieren sentir en su corazón contra lo que Nos hemos definido, que Dios no lo permita, tengan entendido y sepan además que se condenan por su propia sentencia, que han naufragado en la fe, y que se han separado de la unidad de la Iglesia, y que además, si osaren manifestar de palabra o por escrito o de otra cualquiera manera externa lo que sintieren en su corazón, por lo mismo quedan sujetos a las penas establecidas por el Derecho [...] A nadie, pues, le sea permitido quebrantar esta página de nuestra declaración, manifestación y definición, y oponerse a ella y hacer la guerra con osadía temeraria. Mas, si alguien presumiese intentar hacerlo, sepa que incurrirá en la indignación de Dios y de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo.

Dado en Roma, en San Pedro, el día 8 de diciembre del año de 1854, octavo de Nuestro Pontificado.

Pius PP. IX

Puede leerse el documento completo, en español, en este enlace.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Primera Misa Tridentina Pontifical en Génova desde la reforma litúrgica de Pablo VI, oficiada por el Arzobispo Guido Pozzo en la abadía de los Benedictinos de la Inmaculada de Génova (Italia)

Estas imágenes fueron tomadas el pasado sábado 18 de noviembre, durante la solemne Santa Misa Tridentina Pontifical en el faldistorio, oficiada a las 17:00 horas por S. E. R. Mons. Guido Pozzo, Arzobispo de Bagnoregio y Secretario de la Pontificia Comisión "Ecclesia Dei", en la abadía de San Esteban de la ciudad de Génova (Italia), con motivo del LXX Aniversario de la Encíclica "Mediador Dei" sobre la Sagrada Liturgia, del Venerable Pío PP. XII y el X Aniversario del motu proprio "Summorum Pontificum", de S. S. Benedicto PP. XVI. Después del Evangelio se dio lectura al cordial mensaje enviado por S. E. R. Angelo S.R.E. Card. Bagnasco, Arzobispo de Génova, al Sr. Abad, Dom Paolo Romeo, a Su Excelencia Mons. Pozzo, a los sacerdotes y a los fieles.

El evento, que fue organizado por Una Vox, la Abadía de San Esteban y la Asociación Pío XI, contó en la parte musical con el coro Jubilus, dirigido por el Maestro Enrico Sobrero, que para la ocasión interpretó la "Missa Pontificalis Prima", de Lorenzo Perosi, y los monjes Benedictinos de la Inmaculada cantaron el Propio "In dedicatione basilicarum SS. Petri et Pauli Apostolurum". Tras la celebración, Mons. Nicola Bux impartió una interesante conferencia sobre la Encíclica del Venerable Pío XII. Fotos: Abadía de San esteban (Facebook).

miércoles, 15 de noviembre de 2017

El Arzobispo de Sevilla asiste a la solemne Santa Misa Tridentina oficiada en la Capilla Real de la Catedral de Sevilla por el X Aniversario de "Summorum Pontificum" de S. S. Benedicto XVI

Estas imágenes fueron tomadas el pasado sábado 11 de noviembre, durante la solemne Santa Misa Tridentina oficiada en la en la Capilla Real de la Santa Iglesia Catedral de Sevilla (España), para conmemorar el X aniversario del motu proprio "Summorum Pontificum", de S. S. Benedicto PP. XVI, a la que asistieron varios centenares de fieles, así como S. E. R. Mons. Juan José Asenjo Pelegrina, Arzobispo de Sevilla, que se encargó de la predicación. La celebración litúrgica fue organizada por la Asociación Una Voce Sevilla.

jueves, 2 de noviembre de 2017

Teólogo capuchino obligado a dimitir como asesor de la Conferencia Episcopal de EE.UU. por escribir carta a Francisco sobre la confusión de su pontificado y la maldad de algunos obispos. Texto íntegro de la carta en español

El capuchino P. Thomas Weinandy, O.F.M., Cap., miembro de la Comisión Teológica Internacional y hasta ahora consultor del Comité Doctrinal de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, ha sido despedido ha presentado su dimisión a este último cargo después de habérselo sugerido la propia Conferencia de obispos estadounidenses, tras una reunión mantenida con su secretario general. ¿El motivo? La carta, escrita el pasado mes de julio y que ahora sale a la luz, que envió a Francisco expresándole su preocupación por el rumbo que lleva su pontificado y la maldad de muchos obispos (puede leerse en inglés aquí). El presidente de la Conferencia Episcopal de EE.UU., el cardenal  Daniel Nicholas DiNardo, ha manifestado que en su carta el capuchino no daba el beneficio de la duda a Francisco (ver aquí). Juzguen ustedes mismos:

Santidad:

Escribo esta carta con amor por la Iglesia y sincero respeto hacia su ministerio. Usted es el Vicario de Cristo en la Tierra, el Pastor de su grey, el sucesor de San Pedro y, por lo tanto, la roca sobre la que Cristo construirá su Iglesia. Todos los católicos, clero y laicos por igual, deben dirigirse a usted con lealtad filial y obediencia fundamentadas en la verdad. La Iglesia se dirige a usted con espíritu de fe, con la esperanza de que usted la guíe con amor.

Sin embargo, Santidad, su pontificado parece estar marcado por una confusión crónica. La luz de la fe, la esperanza y el amor no está ausente, pero demasiado a menudo está oscurecida por la ambigüedad de sus palabras y acciones. Esto hace que entre los fieles haya una cada vez mayor inquietud, comprometiendo su capacidad de amor, alegría y paz. Permítame poner unos ejemplos.

El primero atañe a la disputa en relación al capítulo octavo de «Amoris Laetitia». No necesito compartir mis propias preocupaciones acerca de su contenido. Otros, no sólo teólogos, sino también cardenales y obispos, ya lo han hecho. La preocupación principal es su manera de enseñar. En «Amoris Laetitia», su guía a veces parece ser intencionadamente ambigua, invitando tanto a una interpretación tradicional del Magisterio de la Iglesia católica sobre el matrimonio y el divorcio, como a una interpretación que parece conllevar un cambio en la enseñanza. Como usted mismo observa, con gran sabiduría, los pastores deben acompañar y animar a las personas que se encuentran en matrimonios irregulares; pero la ambigüedad persiste con respecto al significado real de ese «acompañamiento». Enseñar con una tal falta de claridad puede, inevitablemente, llevar a pecar contra el Espíritu Santo, el Espíritu de la verdad. El Espíritu Santo es entregado a la Iglesia y, sobre todo, a usted, para disipar el error, no para fomentarlo. Además, sólo donde hay verdad puede haber verdadero amor, porque la verdad es la luz que libera a las mujeres y a los hombres de la ceguera del pecado, una oscuridad que mata la vida del alma. Sin embargo, usted parece censurar e incluso mofarse de quienes interpretan el capítulo octavo de «Amoris Laetitia» según la tradición de la Iglesia, tachándoles de fariseos apedreadores representantes de un rigorismo inmisericorde. Esta clase de calumnia es ajena a la naturaleza del ministerio petrino. Parece que algunos de sus consejeros se dedican, lamentablemente, a este tipo de acciones. Dicho comportamiento da la impresión de que sus puntos de vista no puedan sobrevivir a un escrutinio teológico, por lo que deben ser sostenidos mediante ataques «ad hominem».

Segundo. Demasiado a menudo sus formas parecen menospreciar la importancia de la doctrina de la Iglesia. Una y otra vez usted retrata la doctrina como algo muerto, algo útil sólo para ratones de biblioteca, que está lejos de las preocupaciones pastorales de la vida diaria. Quienes le critican han sido acusados –y son palabras suyas– de hacer de la doctrina una ideología. Pero es precisamente la doctrina cristiana –incluyendo las sutiles distinciones relacionadas con creencias fundamentales como la naturaleza trinitaria de Dios, la naturaleza y finalidad de la Iglesia; la Encarnación; la Redención; los sacramentos– la que libera al hombre de las ideologías mundanas y le garantiza que está predicando y enseñando el Evangelio verdadero, dador de vida. Quienes infravaloran la doctrina de la Iglesia se separan de Jesús, autor de la verdad. Y lo único que les queda, entonces, es una ideología; una ideología que se conforma al mundo del pecado y la muerte.

Tercero. Los fieles católicos están desconcertados por su elección de algunos obispos, hombres que no sólo están abiertos a quienes tienen puntos de vista contrarios a la fe cristiana, sino que también les apoyan e incluso les defienden. Lo que escandaliza a los creyentes, e incluso a algunos hermanos obispos, no es sólo el hecho de que usted nombre a estos hombres como pastores de la Iglesia, sino que permanezca callado ante su enseñanza y práctica pastoral, debilitando así el celo de muchos hombres y mujeres que han defendido la auténtica enseñanza católica durante mucho tiempo, a veces arriesgando su propia reputación y bienestar. El resultado: muchos fieles, ejemplo del 'sensus fidelium', están perdiendo la confianza en su pastor supremo.

Cuarto. La Iglesia es un cuerpo, el Cuerpo Místico de Cristo, y el Señor le ha encargado a usted promover y fortalecer su unidad. Pero sus acciones y palabras parecen dedicarse, demasiado a menudo, a hacer lo opuesto. Alentar una forma de «sinodalidad» que permite y fomenta varias opciones doctrinales y morales dentro de la Iglesia sólo puede llevar a una mayor confusión teológica y pastoral. Dicha sinodalidad es insensata y, en la práctica, contraria a la unidad colegial de los obispos.

Santo Padre, todo esto me lleva a la última preocupación. A menudo usted ha hablado acerca de la necesidad de que haya transparencia dentro de la Iglesia, exhortando frecuentemente, sobre todo en los dos últimos sínodos, a que todos, especialmente los obispos, hablen francamente y sin miedo a lo que pudiera pensar el Papa. Pero, ¿se ha dado usted cuenta de que la mayoría de los obispos del mundo están sorprendentemente silenciosos? ¿Por qué? Los obispos aprenden rápido. Y lo que muchos han aprendido de su pontificado es que usted no está abierto a las críticas, sino que le molesta ser objeto de ellas. Muchos obispos están silenciosos porque desean serle leales y, por consiguiente, no expresan –al menos públicamente; otra cosa es si lo hacen en privado– la preocupación que les causa su pontificado. Muchos temen que si hablan francamente, serán marginados o algo peor.

Frecuentemente me he preguntado: «¿Por qué Jesús deja que pase todo esto?». La única respuesta que me viene a la mente es que Jesús quiere manifestar cuán débil es la fe de muchas personas que están dentro de la Iglesia, incluso de muchos, demasiados, obispos. Irónicamente, su pontificado ha dado, a quienes tienen un punto de vista pastoral y teológico perjudicial, permiso y confianza para salir a la luz y exponer su maldad, que antes estaba oculta. Reconociendo esta maldad, la Iglesia necesitará
humildemente renovarse y de esta manera seguir creciendo en santidad.

Santo Padre, rezo constantemente por usted y lo seguiré haciendo. Que el Espíritu Santo le guíe hacia la luz de la verdad y de la vida de amor, para que disipe la maldad que ahora oculta la belleza de la Iglesia de Jesús.

Sinceramente en Cristo,

Thomas G. Weinandy, O.F.M., Cap.

31 de julio de 2017

Festividad de San Ignacio de Loyola

Bajo estas líneas puede verse el facsímil de la carta enviada por el cardenal Becciu al P. Thomas Weinandy, fechada el pasado 7 de septiembre, en la que confirma la entrega en mano a Francisco de la carta escrita por el capuchino:

martes, 31 de octubre de 2017

A alguien en el Vaticano se le debería caer la cara de vergüenza: Declaración conjunta de la Santa Sede y la federación luterana sobre la celebración común de la herejía protestante

Los heresiarcas Lutero y Melanchthon en un sello emitido por el Vaticano para celebrar la herejía protestante
[Mis notas en rojo] Declaración conjunta de la Federación Luterana Mundial y el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos al finalizar el 31 de octubre de 2017, el año de conmemoración común de la Reforma [en román paladino: celebración de la herejía protestante], 31.10.2017

El 31 de octubre de 2017, último día del año de conmemoración ecuménica común de la Reforma [segunda vez que denomina "reforma" a la herejía protestante], estamos muy agradecidos por los dones espirituales y teológicos recibidos a través de la Reforma [tercera vez que denomina "reforma" a la herejía protestante y primera mentira pública: la herejía no puede ser un don espiritual o teológico], conmemoración que compartimos juntos y con nuestros asociados ecuménicos [será éso: con sus asociados ecumaníacos, no en mi nombre: yo no conmemoro herejías] del mundo entero. Asimismo, pedimos perdón por nuestros fracasos, las formas en que los cristianos han herido el Cuerpo del Señor y se han ofendido unos a otros durante los 500 años transcurridos desde el inicio de la Reforma hasta hoy [yo no ofendo a un hereje por intentar corregir su error; quienes les animan a continuar en él sí les ofenden, además de a nuestra inteligencia y, peor: a Dios. Cuarta vez que llaman "reforma" a la herejía protestante].

Nosotros, luteranos y católicos, estamos profundamente agradecidos por el camino ecuménico que hemos recorrido juntos en los últimos 50 años [¿Agradecidos? ¿Por qué motivo motivo? ¿Han vuelto los herejes a la Iglesia Católica? Más bien al contrario: ni ellos vienen, y a los católicos se les espanta] Esa peregrinación, sostenida por nuestra oración común, el culto y el diálogo ecuménico, [la communicatio in sacris está condenada por la Iglesia. Diálogo, el que se quiera, que es gratis -aunque sin proselitismo difícilmente volverán a la Iglesia; pero el culto junto a herejes no le está permitido a un católico] redundó en la eliminación de prejuicios, una mayor comprensión mutua y la identificación de decisivos acuerdos teológicos. [¿Cuáles? ¿Ya creen en el Purgatorio, en los siete sacramentos, en el Santo Sacrificio del Calvario renovado de forma incruenta cada vez que se oficia la Santa Misa, en la Transubstanciación, en el culto de hiperdulía debido a la Santísima Virgen María, en la intercesión y Comunión de los Santos, etc... Me parece a mí que no] Frente a tantas bendiciones a lo largo del camino, elevamos nuestros corazones en alabanza al Dios Trino por la misericordia recibida.

En este día damos una mirada retrospectiva a un año de notables eventos ecuménicos que comenzó el 31 de octubre de 2016 con la oración común luterano-católico romana en Lund, Suecia, en presencia de nuestros asociados ecuménicos. [vergüenza les debería dar, en lugar de congratularse] Durante la presidencia de ese servicio, el papa Francisco y el obispo Munib A. Younan, entonces presidente de la Federación Luterana Mundial, firmaron una declaración conjunta que recoge el compromiso de seguir recorriendo juntos el camino ecuménico hacia la unidad por la que oraba Cristo (cf. Juan 17.21) [Cristo no oró jamás para que los católicos engañasen a quienes están en el error, diciéndoles que da igual la Verdad que la mentira. La Iglesia ya es Una; siempre lo ha sido. Sólo falta que quienes están fuera o se fueron de Ella vuelvan]. Ese mismo día, nuestro servicio conjunto a quienes necesitan nuestra ayuda y solidaridad también se vio fortalecido por una declaración de intención entre Caritas Internationalis y la Federación Luterana Mundial – Servicio Mundial.

El papa Francisco y el presidente Younan declararon juntos: “Muchos miembros de nuestras comunidades anhelan recibir la Eucaristía en una mesa como expresión concreta de la unidad plena. Sentimos el dolor de quienes comparten su vida entera, pero no pueden compartir la presencia redentora de Dios en la mesa de la Eucaristía. [El Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo están presentes de forma real, no simbólica, tras las palabras de la consagración pronunciadas por el sacerdote -es lo que se conoce como Transubstanciación-, que oficia en un altar, no en una mesa de comer, la Santa Misa, que es el mismo Santo Sacrificio del Calvario renovado de forma incruenta, y no sólo una "eucaristía" o alabanza] Reconocemos nuestra conjunta responsabilidad pastoral para responder al hambre y la sed espirituales de nuestro pueblo de de ser uno en Cristo. Anhelamos que sea sanada esta herida en el Cuerpo de Cristo. [Pues ya saben: díganles la Verdad y recen para que se conviertan y regresen a la Iglesia, en lugar de engañarles] Este es el propósito de nuestros esfuerzos ecuménicos, que deseamos que también progresen mediante la renovación de nuestro compromiso con el diálogo teológico.”

Las bendiciones de este año de conmemoración incluyen el hecho de que por primera vez, luteranos y católicos hayan considerado la Reforma desde una perspectiva ecuménica, [No en mi nombre; yo no considero tal cosa, condenada en numerosas encíclicas papales. Quinta vez que llaman "reforma" a la herejía protestante] lo que dio lugar a un nuevo enfoque de los acontecimientos del siglo XVI que llevaron a nuestra separación. [Se mire como se mire, la herejía es la herejía; no hubo "reforma" alguna en la herejía de Lutero. La verdadera Reforma fue la católica, que se conoce como Contrarreforma y que tantos Santos dio a la Iglesia] Reconocemos que si bien el pasado no se puede cambiar, su influencia sobre nosotros hoy en día se puede transformar para que sea un estímulo al crecimiento de la comunión [¿Cómo puede crecer algo que no existe? Sorprendente] y un signo de esperanza a fin de que el mundo supere la división [¿Qué división? La Iglesia jamás se ha dividido, porque no puede; siempre ha sido Una. Lo que hay son personas que se alejan de Ella. A éso se le llama alejamiento o rechazo, no división] y la fragmentación [Ídem]. Una vez más, resultó claro que lo que tenemos en común es mucho más que aquello que nos divide.[Tal afirmación es, simple y llanamente, mentira -por desgracia-]

Nos alegra que la Declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación, [A mí no me alegra nada de nada. ¿Siguen creyendo los herejes que la sola fe justifica al hombre pecador y que éste no precisa del arrepentimiento, cambio de vida y las buenas obras, así como hacer penitencia para el perdón de sus pecados y para poder salvarse? Me da a mí que no] firmada en un acto solemne por la Federación Luterana Mundial y la Iglesia Católica Romana en 1999, también fuera firmada en 2006 por el Consejo Metodista Mundial y por la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas en este año de conmemoración. [Es un evento para lamentar, no para conmemorar] Además, hoy mismo será acogida y recibida por la Comunión Anglicana en una ceremonia solemne en la abadía de Westminster. Sobre esta base nuestras comuniones cristianas [No existe comunión entre la Iglesia y los herejes y cismáticos; decir lo contrario es mentir] pueden construir un vínculo más estrecho de consenso espiritual [la Verdad no se consensúa, ni se presta a acuerdo o votación: la predica la Iglesia y los demás la aceptan o la rechazan] y testimonio común en el servicio del evangelio.

Reconocemos con gratitud, los numerosos eventos de oración y culto comunes que luteranos y católicos celebraron junto con sus asociados ecuménicos en distintas partes del mundo,[Lamentable: la communicatio in sacris está condenada por la Iglesia, como nos recuerdan numerosas encíclicas papales] los encuentros teológicos y las publicaciones significativas que dieron sustancia a este año de conmemoración.

De cara al futuro, nos comprometemos a seguir nuestro camino común, guiados por el Espíritu de Dios, [A tenor de la deriva que han tomado no pocos miembros de la jerarquía de la Iglesia, así como por esta declaración, llena de falsedades, el camino ecumaníaco más bien parece guiado por otro espíritu muy diferente] hacia la mayor unidad [La unidad no puede ser mayor, ni menor: o hay unidad, o no la hay. En la Iglesia siempre la ha habido: sólo hay Una Iglesia, que es la Católica, fundada por Nuestro Señor Jesucristo] de acuerdo a la voluntad de nuestro Señor Jesucristo. Con ayuda de Dios, pretendemos discernir [Malo, malo: esta palabra, inofensiva en sí misma, se ha utilizado en el último año para fomentar las Confesiones y Comuniones sacrílegas por parte de los adúlteros y otros pecadores no arrepentidos ni con propósito de la enmienda] a través de la oración nuestra comprensión de la Iglesia, la Eucaristía y el Ministerio, buscando un consenso sustancial que permita superar las restantes diferencias que existen entre nosotros. [Lo dicho: la Verdad ya ha sido revelada por Cristo de una vez y para siempre, y de esa Revelación es depositaria y transmisora la Iglesia. No hay consenso posible: o los herejes aceptan la Verdad, íntegramente, o permanecerán en el error fuera de la Iglesia] Con profunda alegría y gratitud, confiamos en “que el que comenzó en [nosotros] la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1.6).

sábado, 28 de octubre de 2017

Santa Misa Tridentina Pontifical oficiada por el Cardenal Burke con motivo del X Aniversario del motu proprio "Summorum Pontificum" de Benedicto XVI, en la basílica de San Apolinar en Classe, Rávena (Italia)

Estas imágenes han sido tomadas en la mañana de hoy, sábado 28 de octubre, a las 11:00 horas, durante la solemne Santa Misa Tridentina Pontifical oficiada por S. E. R. Raymond Leo S.R.E Card. Burke, ex Prefecto del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica, Patrón de la ex soberana Orden de Malta (sin funciones) y recientemente vuelto a nombrar por Francisco miembro de la Signatura Apostólica, en la basílica de San Apolinar en Classe, puerto histórico de Rávena (Italia), con motivo del X Aniversario del motu proprio "Summorum Pontificum", de S. S. Benedicto PP. XVI, por el que Su Santidad recordó que el Rito Romano tradicional nunca había sido abrogado y liberalizó totalmente la celebración del Santo Sacrificio de la Misa según el Missale Romanum de San Pío V en su última edición de 1962, por parte de cualquier sacerdote, sin necesidad de permiso o aprobación de ningún obispo.

El evento, al que asistió gran cantidad de fieles y clero, fue organizado por la sección de Emilia-Romagna de la Coordinadora Nacional Summorum Pontificum (CNSP), en colaboración con el Grupo Estable "Cardenal Domenico Bartolucci" de Ravenna y la Asociación Cultural "San Michele Arcangelo". La parte musical corrió a cargo del coro polifónico Gruppo Corale di Castrocaro Terme e Terra del Sole, dirigido por D. Marino Tozzi y el Coro del Cenáculo de Rimini. MiL.

domingo, 22 de octubre de 2017

En la fiesta de San Juan Pablo II sale a la luz la carta de Francisco en la que obliga al Cardenal Sarah, Prefecto de Culto Divino, a hacer pública la intención de Bergoglio de cargarse la Instrucción "Liturgiam Authenticam" de San Juan Pablo II

Hoy, domingo 22 de octubre, fiesta de San Juan Pablo II en el calendario litúrgico del Novus Ordo, se ha hecho pública la carta de Francisco, fechada el pasado domingo 15 de octubre, por la que obliga a S. E. R. Robert S.R.E. Card. Sarah a retractarse (ver nota al final) públicamente de su interpretación -en línea con el Magisterio de sus predecesores- del motu proprio de Francisco "Magnum principium", para que deje claro que la intención de Bergoglio era cargarse dicha Instrucción -el texto habla de derogar algunos puntos, que son precisamente aquellos que dan sentido a la Instrucción del Papa Wojtyła-. Así, además de humillarle públicamente, Francisco obliga a que el Prefecto de Culto Divino envíe esta carta a varias páginas web que hicieron pública su interpretación ortodoxa, para que publiquen la rectificación de Francisco, cuya intención no era la ortodoxa. También debe enviar la carta a todas las Conferencias Episcopales y miembros de su dicasterio, para que a todos quede claro que la intención de Francisco era demoler derogar lo estipulado por San Juan Pablo II -como si nadie lo hubiera notado hasta ahora; en lo referente a la Comunión sacrílega de adúlteros y otros pecadores no arrepentidos, el documento no magisterial "Amoris laetitia" se ha empleado como derogación de facto de la "Familiaris consortio" y la "Veritatis splendor", ambas de San Juan Pablo II, cuya persona y Pontificado no parece haber gustado mucho a Francisco-.

La Instrucción "Liturgiam authenticam, sobre el uso de las lenguas vernáculas en la publicación de los libros de la liturgia romana" es una Instrucción de la Santa Sede, fechada el 28 de marzo de 2001, que estipulaba que en las traducciones de los textos litúrgicos de los originales oficiales en latín, o de la Sagrada Escritura de los originales en hebreo, arameo y griego, "el texto original, en la medida de lo posible, debe traducirse íntegramente y de la manera más exacta, sin omisiones o adiciones en términos de su contenido, y sin paráfrasis o glosas. Cualquier adaptación a las características o la naturaleza de las diversas lenguas vernáculas debe ser sobrio y discreto".

El pasado 3 de septiembre, Francisco firmaba el motu proprio "Magnum principium", para modificar el Código de Derecho Canónico y que las traducciones de los Libros Litúrgicos queden en manos de las Conferencias Episcopales, no teniendo que aprobar ya la Santa Sede dichas traducciones, sino que las "confirmará" directamente. De esta forma se permite a aquellas Conferencias Episcopales heterodoxas -por ejemplo, la alemana- a traducir los textos litúrgicos o las Sagradas Escrituras como les parezca, sin ajustarse a los textos originales.

Ya en una entrada del pasado mes de enero (ver aquí), escribí lo siguiente:

La posible revisión de la Instrucción "Liturgiam authenticam" sobre la traducción de la Biblia y los textos litúrgicos parece indicar la dirección señalada [la de derribar los supuestos obstáculos para lograr la tan ansiada -pese a estar condenada por el Magisterio de la Iglesia- intercomunión con los protestantes]: a nadie se le escapa que la Santa Misa es un obstáculo para la unión de católicos y protestantes, que sólo puede darse por su aceptación por parte de estos últimos y el retorno a la Iglesia Católica. Además, es un hecho que al Papa no le interesa especialmente lo relacionado con la Liturgia, pero sí está empeñado en la unión de los cristianos. Esta comisión y la subsiguiente "revisión" del documento supondría, pues, el aporte de una cierta apariencia de normalidad y profesionalidad -sería presentado como una mera revisión filológica o actualización al lenguaje actual-, cuando el objetivo no sería otro que adulterar modificar aquellos textos o pasajes que supongan un obstáculo para su aceptación por parte de los protestantes.

El 10 de septiembre también publiqué una entrada (ver aquí) en la que, además de transcribir literalmente el motu propio "Magnum principium" de Francisco, confirmaba la sospecha de que lo que Sandro Magister denominó en su momento "la demolición de la Instrucción 'Liturgiam authenticam' de San Juan Pablo II". Y ahora el mismo Francisco confirma con esta carta que ésa, y no otra, era la verdadera intención del nuevo motu propio: derogar aquellos puntos de la Instrucción del Papa polaco que impedían a las Conferencias Episcopales traducir los textos litúrgicos y de las Sagradas Escrituras como les diera la gana. ¿Adivinan cuáles serán las primeras que lo harán? Hagan sus apuestas.

Que quede claro que Francisco tiene toda la potestad para derogar la instrucción "Liturgiam authenticam" entera, si le place. Pero es bueno que todo el mundo conozca sus intenciones y sus métodos. La novedad es que esta vez, para no dar pie a especulaciones o malentendidos, los expone él mismo. Así ahorra a sus corifeos la tarea de tratar de justificarle diciendo que son invenciones de los "enemigos del Papa". Ya lo ha dejado claro él mismo. Carta original, en italiano, en este enlace.

NOTA: En opinión del P. John Zuhlsdorf (ver aquí) Francisco no habría pedido al Cardenal Sarah una rectificación, porque el "Commentaire" (en francés en el original) que algunas páginas web hicieron público y que se atribuyó al Cardenal Sarah, en realidad no sería suyo, como parece sugerir la carta de Francisco. En cualquier caso, lo que sí dejaría clara la carta de Francisco es su intención de revertir lo estipulado por San Juan Pablo II en lo referente a las traducciones de los textos litúrgicos y de las Sagradas Escrituras.

domingo, 15 de octubre de 2017

Dos presos peligrosos recién fugados echan por tierra la opinión personal de Francisco, contraria a las Sagradas Escrituras y al Magisterio de la Iglesia, de que la pena de muerte es siempre "inadmisible" y contraria al Evangelio

Dos presos peligrosos recién fugados han echado por tierra la opinión personal de Francisco -contraria a las Sagradas Escrituras y al Magisterio de la Iglesia, incluyendo los escritos de varios Santos y Doctores de la Iglesia, así como la de al menos dos Concilios Ecuménicos Dogmáticos-, de que la pena de muerte es siempre "inadmisible".

La policía italiana acaba de hacer público un suceso que se produjo hace dos semanas, el pasado domingo 1 de octubre. Ese día, dos de los veinte presos invitados a compartir con Francisco un almuerzo, consistente en lasaña y costilleta, en la iglesia de San Petronio de Bolonia (Italia) -profanación aparte-, aprovecharon el festín para escaparse. Se trata de dos napolitanos clasificados como "socialmente peligrosos", que estaban a cargo del capellán de la Casa de Trabajo y Reclusión de Castelfranco-Emilia, un centro de rehabilitación al final de las condenas, que cuenta con una sección para drogadictos y otra para presos socialmente peligrosos -los sociópatas son personas que no muestran empatía por otros, ni remordimientos por sus acciones-.

El referido capellán era el responsable de llevar a los veinte presos a participar en la cuchipanda en el interior del templo, con ayuda de algunos voluntarios que colaboran en programas de rehabilitación. Tras su llegada en el autobús y tras participar "devotamente" en el rezo del Ángelus previo a la comilona, estos dos presos decidieron que era el momento de poner pies en polvorosa. Al sentarse a la mesa, los responsables se dieron cuenta de que quedaban libres dos sillas. Faltaban los dos napolitanos "socialmente peligrosos", que ya son libres para cometer cualquier delito -incluyendo maltratos, violaciones o asesinatos, si les apetece-, gracias a la generosa y misericordiosa invitación de Francisco para profanar reutilizar la iglesia de San Petronio celebrando una francachela en su interior.

Este suceso es uno de los que, en la práctica -la teoría es muy bonita, pero la realidad es muy tozuda-, pone en solfa las recientes afirmaciones de Francisco, en las que expresaba su opinión personal -totalmente opuesta a las Sagradas Escrituras y al Magisterio de la Iglesia, incluyendo lo enseñado por los Apóstoles, Doctores de la Iglesia, los dos últimos Concilios Ecuménicos Dogmáticos y todos los Papas anteriores a él-, de que la pena de muerte es siempre "inadmisible". Dicha opinión la expresó el pasado miércoles 11 de octubre, durante un discurso sobre la pena de muerte en un encuentro organizado por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, con motivo del XXV Aniversario de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica en 1992.

Lo grave de dichas palabras, aparte de la ya acostumbrada y frecuente manipulación o tergiversación a la que suele recurrir Francisco para justificar sus ideas personales en aquellas ocasiones en que éstas son claramente incompatibles con las Sagradas Escrituras, la Doctrina o el Magisterio de la Iglesia, radica en el hecho de que esta vez ha cargado contra toda la Iglesia anterior a él, al tratar de justificar que Ésta se ha equivocado durante más de dos mil años y que el acertado es él. ¿Cuál es su argumento? ¡Que la doctrina progresa! Eufemismo empleado para reconocer que trata, simple y llanamente, de cambiar la doctrina, para lo cual carece de toda potestad, aparte de que el aludido "progreso" de la doctrina al que se refiere Francisco está solemnemente condenado por el Sacrosanto y Ecuménico Concilio Vaticano I.

En el discurso, transcrito íntegramente en español en la página web oficial de la Santa Sede (puede leerse aquí), Francisco ha afirmado:

Esta cuestión no se puede reducir al mero recuerdo de un principio histórico, sin tener en cuenta no sólo el progreso de la doctrina llevado a cabo por los últimos Pontífices, sino también el cambio en la conciencia del pueblo cristiano, que rechaza una actitud complaciente con respecto a una pena que menoscaba gravemente la dignidad humana. Hay que afirmar de manera rotunda que la condena a muerte, en cualquier circunstancia, es una medida inhumana que humilla la dignidad de la persona. Es en sí misma contraria al Evangelio porque con ella se decide suprimir voluntariamente una vida humana, que es siempre sagrada a los ojos del Creador y de la que sólo Dios puede ser, en última instancia, su único juez y garante.

[Y tras citarse a sí mismo, en unas palabras pronunciadas en 2015, continúa]:

Por tanto, a nadie se le puede quitar la vida ni la posibilidad de una redención moral y existencial que redunde en favor de la comunidad.

En los siglos pasados, cuando no se tenían muchos instrumentos de defensa y la madurez social todavía no se había desarrollado de manera positiva, el recurso a la pena de muerte se presentaba como una consecuencia lógica de la necesaria aplicación de la justicia. Lamentablemente, también en el Estado Pontificio se acudió a este medio extremo e inhumano, descuidando el primado de la misericordia sobre la justicia. Asumimos la responsabilidad por el pasado, y reconocemos que estos medios fueron impuestos por una mentalidad más legalista que cristiana. La preocupación por conservar íntegros el poder y las riquezas materiales condujo a sobrestimar el valor de la ley, impidiendo una comprensión más profunda del Evangelio. Sin embargo, permanecer hoy neutrales ante las nuevas exigencias de una reafirmación de la dignidad de la persona nos haría aún más culpables.

Es curioso que el clero "progresista", al que evidentemente pertenece el actual ocupante de la cátedra de San Pedro, cuando se trata del plano meramente material suele anteponer la justicia a la misericordia -por ejemplo, exigiendo "justicia" social y "derechos" y rechazando la simple y cristiana caridad, en la que no se ama al prójimo porque éste se lo merezca, sino por amor a Dios-; pero si se trata de la salvación o condenación eterna de las almas suele hacer justo lo contrario: anteponer -cuando no contraponer- la misericordia a la justicia -como si fueran incompatibles-, presentando una caricatura de Dios, como si Éste fuera un simpático abuelito que malcría a sus nietos consintiéndoles todo, premiándoles siempre y perdonándoles todo, aunque no se arrepientan, ni se corrijan e incluso ni siquiera pidan perdón cuando cometen maldades. Ese dios injusto es incompatible con lo que Dios ha expresado sobre Sí mismo a lo largo de toda la Revelación y que la Iglesia ha transmitido durante más de dos milenios a través de la Sagrada Tradición y el Magisterio de la Iglesia.

Las infumables palabras de Francisco, además de versar sobre un tema del que carece doblemente de potestad -por un lado, es el poder civil, como ha sido siempre, el que decide si sus leyes o códigos penales incluyen o no la pena capital; y, por otro, Francisco no puede cambiar el Magisterio de la Iglesia-, tratan de engañar a los incautos presentando un "progreso" de la doctrina en el Magisterio de los últimos Papas, cuando tal cosa es falsa: San Juan Pablo II sostuvo y expuso el Magisterio que la Iglesia ha enseñado siempre y que permite la pena de muerte en determinadas circunstancias, como se puede comprobar en el Catecismo de la Iglesia Católica que él mismo promulgó. El "progreso" sugerido no fue el paso de la aceptación de la pena de muerte a su condena por parte de la Iglesia o del mismo San Juan Pablo II, sino la mejora en las condiciones de retención de los reos que han cometido crímenes execrables: actualmente, sostenía San Juan Pablo II, pueden darse las condiciones que hagan innecesaria -no que sea inadmisible o inmoral- el recurso a la pena de muerte. En realidad, las palabras del Papa Wojtyła fueron bien claras, aunque más teóricas que prácticas, como se comprueba por los dos presos fugados recientemente o el caso del Capo Guzmán -que además de haber podido escapar, desde la misma cárcel dirigía sus negocios de narcotráfico y podía mandar asesinar a muchas personas-, ejemplo que ya di como respuesta a un comentario en la entrada "El Papa Francisco nuevamente contra el Catecismo de la Iglesia Católica y el Magisterio bimilenario: esta vez a cuenta de la pena de muerte".

Es totalmente deshonesto presentar como "en línea" con lo dicho por Papas anteriores lo que, en realidad, es precisamente lo contrario y una clara ruptura con lo que dichos Papas han enseñado. Esto también lo hemos visto a propósito de "Amoris laetitia", documento en el que, de forma totalmente torticera, se tergiversa el Magisterio pontificio precedente o lo dicho por Santo Tomás de Aquino, para defender justo lo contrario. Y ello, sacando frases de contexto, cuando no cambiándolas directamente, o recortando textos, para poder reinterpretarlos de tal forma que parezca que dicen justo lo contrario de lo que realmente dicen.

Pero el colmo de la deshonestidad se produce cuando, más adelante, se atreve a afirmar, citando a continuación a San Vicente de Lérins -que más que ayudarle en su defensa, evidencia su manipulación-, lo siguiente:

El desarrollo armónico de la doctrina, sin embargo, requiere que se deje de sostener afirmaciones en favor de argumentos que ahora son vistos como definitivamente contrarios a la nueva comprensión de la verdad cristiana. Además, como ya mencionaba san Vicente de Lerins...

Tal afirmación está condenada con anatema por el Sacrosanto y Ecuménico Concilio Vaticano I (dogmático). Aquí no existe ninguna "nueva comprensión" de la verdad cristiana, sino un burdo intento de cambiar lo que la Iglesia siempre ha enseñado y los cristianos siempre han creído.

Ya expuse ésto mismo el pasado 8 de abril de 2016, cuando, con motivo de la presentación de "Amoris laetitia" en una conferencia dada en el Aula Juan Pablo II de la Sala Stampa de la Santa Sede por los cardenales Lorenzo Baldisseri, secretario general del infausto sínodo de la familia, y Christoph Schönborn, arzobispo de Viena, éste último, en la sesión de preguntas y respuestas, además de citar torticeramente a varios Papas postconciliares -por lo visto, no hubo otros antes, y si los hubo, mejor olvidarlos-, fundamentalmente a San Juan Pablo II y a S. S. Benedicto XVI, para justificar la comunión de los adúlteros -algo que ambos Papas jamás consideraron permisible-, repitió en varias ocasiones la idea, no católica, del "desarrollo orgánico de la doctrina", algo condenado, como ya he dicho, explícita y solemnemente por el Concilio Vaticano I, que en la Constitución dogmática «Filius Dei» sobre la Fe Católica define lo siguiente:

"Así pues, la doctrina de la fe que Dios ha revelado es propuesta no como un descubrimiento filosófico que puede ser perfeccionado por la inteligencia humana, sino como un depósito divino confiado a la esposa de Cristo para ser fielmente protegido e infaliblemente promulgado. De ahí que también hay que mantener siempre el sentido de los dogmas sagrados que una vez declaró la Santa Madre Iglesia, y no se debe nunca abandonar bajo el pretexto o en nombre de un entendimiento más profundo. «Que el entendimiento, el conocimiento y la sabiduría crezcan con el correr de las épocas y los siglos, y que florezcan grandes y vigorosos, en cada uno y en todos, en cada individuo y en toda la Iglesia: pero esto sólo de manera apropiada, esto es, en la misma doctrina, el mismo sentido y el mismo entendimiento»".

En el Canon III del mencionado capítulo IV "Sobre la fe y la razón", se condena solemnemente:

"Si alguno dijere que es posible que en algún momento, dado el avance del conocimiento, pueda asignarse a los dogmas propuestos por la Iglesia un sentido distinto de aquel que la misma Iglesia ha entendido y entiende: sea anatema".

Pero, a pesar de ello, a Francisco le da igual y, poniéndose el mundo por montera, ya en la introducción de "Amoris laetitia" hablaba de "profundizar cuestiones doctrinales y morales" o de "reflexión creativa de los pastores y teólogos para encontrar mayor claridad", en vez de decir claramente "cambiar la doctrina y la moral católicas". Como ya expliqué en otra entrada (ver aquí), los dogmas no "evolucionan", ni existe -como lo expresó el Cardenal Schönborn en la presentación del documento antes referida-, ningún "desarrollo orgánico de la doctrina". Tal subterfugio, por parte de quienes pretenden cambiar la Doctrina y la Moral de la Iglesia con la excusa de una "profundización" o "comprensión mayor" a lo largo del tiempo, para hacerla decir lo contrario de como siempre lo ha entendido la Iglesia, está explícitamente condenado en el Canon III del capítulo IV, "Sobre la fe y la razón", de la Constitución dogmática del Concilio Vaticano I «Filius Dei» sobre la Fe Católica, como ya he señalado.

A pesar de ello, Francisco no ha tenido reparo alguno en sostener que "en la Iglesia es necesaria una unidad de doctrina y de praxis, pero ello no impide que subsistan diferentes maneras de interpretar algunos aspectos de la doctrina o algunas consecuencias que se derivan de ella". Es decir, que puedan "interpretarse" de forma diferente a como siempre lo ha hecho la Iglesia. Exactamente lo que el Concilio Vaticano I condenó solemnemente. Y a continuación lo reitera, afirmando que "esto sucederá hasta que el Espíritu nos lleve a la verdad completa" -idea que vuelve a repetir en el discurso objeto de esta entrada-, como si la Iglesia llevara dos mil años conociendo sólo la verdad a medias o, lo que es peor, malinterpretándola y enseñando falsedades. Como puede verse, esta idea se opone frontalmente a lo que siempre ha creído y enseñado la Iglesia Católica.

Resulta, pues, sorprendente, que recurra precisamente a San Vicente de Lérins para sostener algo contrario a lo que la Iglesia ha creído y enseñado siempre, pues es a este Santo a quien debemos la más conocida cita sobre la inmutabilidad de lo que la Iglesia cree y enseña:

Sostenemos la fe que ha sido creída en todas partes, siempre, por todos
(QVOD VBIQVE QVOD SEMPER QVOD AB OMNIBVS CREDITVM EST)

Es decir, la verdad católica básica que legitima el desarrollo de la doctrina católica deja intacta "la misma doctrina, el mismo sentido y la misma interpretación", exactamente como afirmó el Concilio Vaticano I, que condena justamente lo contrario en el ya mencionado Canon III del capítulo IV, "Sobre la fe y la razón", de la Constitución Dogmática del Concilio Vaticano I «Filius Dei» sobre la Fe Católica.

Centrándonos en el tema que nos ocupa, la pena de muerte, y dejando de lado las prescripciones del Antiguo Testamento sobre la misma, veamos lo que el Evangelio y el Magisterio de la Iglesia ha dicho sobre este tema a lo largo de los más de dos mil años de Historia de la Iglesia:

Santos Evangelios:

“Pero el otro [malhechor] le respondió diciendo: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros la sufrimos con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, este nada malo ha hecho.» Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino». Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc 23,40-43)

“Si he cometido alguna injusticia o crimen digno de muerte, no rehuso morir” (Hch 25,11)

“Sométanse todos a las autoridades constituidas, pues no hay autoridad que no provenga de Dios, y las que existen, por Dios han sido constituidas. De modo que, quien se opone a la autoridad, se rebela contra el orden divino, y los rebeldes se atraerán sobre sí mismos la condenación. En efecto, los magistrados no son de temer cuando se obra el bien, sino cuando se obra el mal. ¿Quieres no temer a la autoridad? Obra el bien, y obtiendrás de ella elogios, pues la autoridad es para ti un servidor de Dios para el bien. Pero, si obras el mal, teme: pues no en vano lleva espada: pues es un servidor de Dios para hacer justicia y castigar al que obra el mal (Rm 13,1-4)

San Clemente de Alejandría:

“Por la salud del cuerpo soportamos hacernos amputar y cauterizar, y aquel que suministra estos remedios es llamado médico, salvador; él amputa algunas partes del cuerpo para que no se enfermen las partes sanas; no es por rencor o maldad hacia el paciente sino según la razón del arte que le sugiere y nadie, por lo tanto, acusaría de maldad al médico por su arte. […] Cuando [la ley] ve a alguien de tal modo que parezca incurable, viéndolo ir por el camino de la extrema injusticia, entonces se preocupa de los otros para que no vayan a la perdición por obra de aquel, y como cortando una parte del cuerpo entero lo manda a la muerte (Stromata)

San Agustín (Doctor de la Iglesia):

“Hay algunas excepciones, sin embargo, a la prohibición de no matar, señaladas por la misma autoridad divina. En estas excepciones quedan comprendidas tanto una ley promulgada por Dios de dar muerte como la orden expresa dada temporalmente a una persona. Pero, en este caso, quien mata no es la persona que presta sus servicios a la autoridad; es como la espada, instrumento en manos de quien la maneja. De ahí que no quebrantaron, ni mucho menos, el precepto de no matarás los hombres que, movidos por Dios, han llevado a cabo guerras, o los que, investidos de pública autoridad, y ateniéndose a su ley, es decir, según el dominio de la razón más justa, han dado muerte a reos de crímenes (La Ciudad de Dios, libro I, c. 21)

“Algunos hombres grandes y santos, que sabían muy bien que esta muerte que separa el alma del cuerpo no se debe temer; sin embargo, según el parecer de aquellos que la temen, castigaron con la pena de muerte algunos pecados, bien para infundir saludable temor a los vivientes, o porque no dañaría la muerte a los que con ella eran castigados, sino el pecado que podría agravarse si viviesen. No juzgaban desconsideradamente aquellos a quienes el mismo Dios había concedido un tal juicio. De esto depende que Elías mató a muchos, bien con la propia mano, o bien con el fuego, fruto de la impetración divina; lo cual hicieron también otros muchos excelentes y santos varones no inconsideradamente, sino con el mejor espíritu, para atender a las cosas humanas” (El Sermón de la Montaña, c. 20, nº 64).

Inocencio III: exigió a los herejes valdenses que reconocieran, como parte de la fe católica, que:

El poder secular puede sin caer en pecado mortal aplicar la pena de muerte, con tal que proceda en la imposición de la pena sin odio y con juicio, no negligentemente sino con la solicitud debida” (DS 795/425, citado por Avery Dulles, Catholicism and Capital Punishment)

Santo Tomás de Aquino (Doctor de la Iglesia):

“Se prohíbe en el decálogo el homicidio en cuanto implica una injuria, y, así entendido, el precepto contiene la misma razón de la justicia. La ley humana no puede autorizar que lícitamente se dé muerte a un hombre indebidamente. Pero matar a los malhechores, a los enemigos de la república, eso no es cosa indebida. Por tanto, no es contrario al precepto del decálogo, ni tal muerte es el homicidio que se prohíbe en el precepto del decálogo” (Suma Teológica, I-II, q.100, a.8, ad 3).

“Pues toda parte se ordena al todo como lo imperfecto a lo perfecto, y por ello cada parte existe naturalmente para el todo. Y por esto vemos que, si fuera necesaria para la salud de todo el cuerpo humano la amputación de algún miembro, por ejemplo, si está podrido y puede inficionar a los demás, tal amputación sería laudable y saludable. Pues bien: cada persona singular se compara a toda la comunidad como la parte al todo; y, por tanto, si un hombre es peligroso a la sociedad y la corrompe por algún pecado, laudable y saludablemente se le quita la vida para la conservación del bien común; pues, como afirma 1Co 5,6, un poco de levadura corrompe a toda la masa” (Suma Teológica, II-II, q.64, a.2)

“Esta clase de pecadores, de quienes se supone que son más perniciosos para los demás que susceptibles de enmienda, la ley divina y humana prescriben su muerte. Esto, sin embargo, lo sentencia el juez, no por odio hacia ellos, sino por el amor de caridad, que antepone el bien público a la vida de una persona privada (Suma Teológica, II-II, q.25, a.6, ad 2)

San Alfonso María de Ligorio (Doctor de la Iglesia):

“Duda II: Si, y en qué manera, es lícito matar a un malhechor.

Más allá de la legítima defensa, nadie excepto la autoridad pública puede hacerlo lícitamente, y en este caso sólo si se ha respetado el orden de la ley [...] A la autoridad pública se ha dado la potestad de matar a los malhechores, no injustamente, dado que es necesario para la defensa del bien común” (Theologia Moralis)

Es lícito que un hombre sea ejecutado por las autoridades públicas. Hasta es un deber de los príncipes y jueces condenar a la muerte a los que lo merecen, y es el deber de los oficiales de justicia ejecutar la sentencia; es Dios mismo que quiere que sean castigados” (Instrucciones para el pueblo)

Catecismo de Trento:

“Otra forma de matar lícitamente pertenece a las autoridades civiles, a las que se confía el poder de la vida y de la muerte, mediante la aplicación legal y ordenada del castigo de los culpables y la protección de los inocentes. El uso justo de este poder, lejos de ser un crimen de asesinato, es un acto de obediencia suprema al Mandamiento que prohíbe el asesinato”.

Catecismo de San Pío X:

“¿Hay casos en que es lícito quitar la vida al prójimo? Es lícito quitar la vida al prójimo cuando se combate en guerra justa, cuando se ejecuta por orden de la autoridad suprema la condenación a muerte en pena de un delito y, finamente, en caso de necesaria y legítima defensa de la vida contra un injusto agresor” (nº 415)

León XIII:

“Es un hecho común que las leyes divinas, tanto la que se ha propuesto con la luz de la razón tanto la que se promulgó con la escritura divinamente inspirada, prohíben a cualquiera, de modo absoluto, de matar o herir un hombre en ausencia de una razón pública justa, a menos que se vea obligado por necesidad de defender la propia vida (Encíclica Pastoralis Oficii, 12 de septiembre de 1881)

Venerable Pío XII:

“Aun en el caso de que se trate de la ejecución de un condenado a muerte, el Estado no dispone del derecho del individuo a la vida. Entonces está reservado al poder público privar al condenado del «bien» de la vida, en expiación de su falta, después de que, por su crimen, él se ha desposeído de su «derecho» a la vida (Discurso a los participantes en el I Congreso Internacional de Histopatología del Sistema Nervioso, nº 28, 13 de septiembre de 1952)

San Juan Pablo II:

“Es evidente que, precisamente para conseguir todas estas finalidades, la medida y la calidad de la pena deben ser valoradas y decididas atentamente, sin que se deba llegar a la medida extrema de la eliminación del reo salvo en casos de absoluta necesidad, es decir, cuando la defensa de la sociedad no sea posible de otro modo” (Encíclica Evangelium Vitae, nº 56, 25 de marzo de 1995)

Catecismo de la Iglesia Católica:

“A la exigencia de la tutela del bien común corresponde el esfuerzo del Estado para contener la difusión de comportamientos lesivos de los derechos humanos y las normas fundamentales de la convivencia civil. La legítima autoridad pública tiene el derecho y el deber de aplicar penas proporcionadas a la gravedad del delito. La pena tiene, ante todo, la finalidad de reparar el desorden introducido por la culpa. Cuando la pena es aceptada voluntariamente por el culpable, adquiere un valor de expiación. La pena finalmente, además de la defensa del orden público y la tutela de la seguridad de las personas, tiene una finalidad medicinal: en la medida de lo posible, debe contribuir a la enmienda del culpable. La enseñanza tradicional de la Iglesia no excluye, supuesta la plena comprobación de la identidad y de la responsabilidad del culpable, el recurso a la pena de muerte, si esta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas. Pero si los medios incruentos bastan para proteger y defender del agresor la seguridad de las personas, la autoridad se limitará a esos medios, porque ellos corresponden mejor a las condiciones concretas del bien común y son más conformes con la dignidad de la persona humana” (nº 2266-2267).

Además de las referidas citas, se podrían citar muchísimas más de Padres y Doctores de la Iglesia, Santos y grandes teólogos -San Juan Cristóstomo, San Gregorio Nacianceno, San Efrén, San Ambrosio, San Hilario de Poitiers, San Roberto Belarmino, San Pío V, Pío XI, Inocencio I, San Dámaso, San Bernardo, San Jerónimo, Santo Tomás Moro, San Francisco de Borja, San Francisco de Sales, Francisco de Vitoria, San Felipe Neri, Francisco Suárez, Beato Duns Scoto, etc.-.

Téngase en cuenta que, además de la licitud moral -y a veces hasta el deber- de la pena de muerte como castigo justo y para protección de la sociedad, también se justifica en orden a la salvación eterna de las almas. Nótese que, de no aplicarse, no sólo estaría en juego la vida terrenal de las futuras víctimas en caso de que los asesinos o traidores -que ponen en riesgo la seguridad de una nación y la vida de sus ciudadanos, al posibilitar a sus enemigos que les ataquen o al fomentar guerras y revoluciones- escaparan de prisión o salieran por otros motivos, sino también la posible salvación eterna de dichas víctimas, que quizás podrían salvarse si muriesen más tarde en otras circunstancias, y al quitarles la vida estos asesinos, quizás se condenen; mientras que a ellos, hasta que les ejecuten, se les da la oportunidad de arrepentirse y salvarse -a sus víctimas no, por lo que pierden su vida y puede que también su alma-. Alguien podría argumentar que éso ya lo tiene previsto la Divina Providencia y que si las víctimas se condenan es por sus propias culpas. Naturalmente, uno siempre se condena por sus propios pecados, pero quizás si un asesino no les hubiese matado podrían haberse arrepentido en el futuro. La Divina Providencia también ha previsto la pena de muerte para evitar que otras víctimas se condenen por las razones expuestas.

Queda, pues, meridianamente claro lo que, tanto el Evangelio, como el Magisterio de la Iglesia, ha enseñado siempre sobre este tema, en contraposición con la errada opinión personal de Bergoglio, que acusa al mismo Cristo -quien, pudiendo y debiendo, no contradijo al buen ladrón-, al Apóstol San Pablo, a los citados Santos y Doctores de la Iglesia, así como a varios Sumos Pontífices, de ser "legalistas" y malos cristianos y de no comprender el Evangelio por su "preocupación por conservar íntegros el poder y las riquezas materiales".

Creyendo y afirmando semejantes disparates, no es sorprendente que Francisco concluya diciendo que "no se puede conservar la doctrina sin hacerla progresar, ni se la puede atar a una lectura rígida e inmutable sin humillar la acción del Espíritu Santo". No hay ningún progreso en afirmar lo contrario de lo que siempre ha afirmado la Iglesia. Lo que hay es una ruptura, por más que se la adorne con bellas palabras y esté acorde con el sentimiento de cierta parte de la sociedad occidental actual -muy sensible con los derechos de los victimarios y muy poco con los de las víctimas pasadas, presentes o futuras-. Además de considerar al Espíritu Santo como una especie de veleta que cambia de dirección arbitrariamente, sin lógica alguna, y que ha permitido errar a la Iglesia durante dos milenios hasta la llegada de Bergoglio al solio pontificio, inspirándole sólo a él -como si se tratara de un médium que recibe mensajes del Más Allá-, lo que ha negado a sus antecesores. Si tal visión no fuera tan grave para el bien de las almas -y por la amenaza de que podría modificar el Catecismo-, sería risible, por lo pueril.

Oremos por Francisco, para que debido a sus pensamientos, palabras, obras y omisiones, habida cuenta de su enorme responsabilidad sobre el destino eterno de miles de millones de almas, no acabe dando de bruces con la suya en las calderas de Pedro Botero.

Véase también:


Y sobre la falsa "evolución" de la doctrina:




La noticia sobre la fuga de los presos invitados a la comilona con Francisco puede leerse aquí, y las citas del Magisterio están tomadas de aquí, que a su vez las ha tomado de aquí.